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Sentir una dureza al bañarse y una punción complicada aceleraron el inicio del tratamiento: “¿Cuánto tiempo me queda?”

Una mañana de noviembre de 2021, Carina Cortez, mientras se bañaba, sintió una dureza significativa en una de sus mamas, que pese a que no le generaba ningún tipo de dolor decidió adelantar su control anual (mamografía y ecografía mamaria).

Al día siguiente de los estudios, cuenta, visitó a Bibiana, su ginecóloga de muchos años y patóloga mamaria. Ella decidió realizarle una punción que resultó “complicada” porque no entraba la aguja y además, decidieron que lo mejor era avanzar con una resonancia para ver de qué tamaño era el tumor que habían detectado.

Un tumor con características muy específicas

“Cuando Bibi vio los estudios me dijo que nos estábamos enfrentando a un carcinoma con algunas características muy puntuales que se iban a ir confirmando con la biopsia y demás estudios. Su acompañamiento fue muy importante para mí, su mirada profesional muy clara me dio mucha seguridad y tranquilidad”, dice.

A Carina le llegó el resultado por mail y dice que en ese momento se asustó.

-¿Qué es esto? -le preguntó a Bibi, mientras le reenviaba por WhatsApp el contenido del correo electrónico.

-Tenés un carcinoma triple negativo. Tenemos que ir confirmando con los demás estudios -le respondió.

-¿Cuánto tiempo me queda de vida? -le preguntó, mientras las lágrimas caían sobre su mejilla.

-No se habla de tiempos. Siempre hay tratamientos. Se avecina un finde XL. Tenemos que hacer dos quimios en diciembre.

“Esos días fueron un torbellino”

En el lapso de una semana y media se decidió que Carina debía realizarse cuatro ciclos de quimioterapia endovenosa.

“Esos días fueron un torbellino, así llegaba el cáncer a mi vida. Con las quimios subí mucho la vara porque había tenido la experiencia de mi mamá (en 2003) y habían sido muy traumáticas para ella. Cuando me tocó arrancar, las acepté y si bien fueron muy duras, cada una de ellas, el resultado fue que el tumor se había reducido por completo”.

Adaptarse a su nueva imagen fue menos complicado. Carina cuenta que cuando se vio pelada, inmediatamente sintió que ese nuevo “look” le gustaba. Por eso, le pidió a una amiga que le pasara la maquinita: “Me sentí muy libre, no soportaba nada en la cabeza, solo gorras. Cuando salía el sol me gustaba levantarme y maquillarme, estaba sanándome en todos los sentidos”.

Un sentimiento “inexplicable”

En relación a las quimios, sostiene que la hicieron sentirse más fuerte ante diferentes circunstancias y que luego de la última sesión decidió festejar el final del ciclo con sus seres queridos. “Fue un sentimiento inexplicable, era como que estaba renaciendo. Mis hijos y mi nieta fueron de sorpresa al sanatorio y luego cenamos todos juntos en casa con mi mamá y amigos. Descubrí en la práctica que el amor sana en todas sus formas, en los detalles más mínimos”.

Luego de las quimios, en marzo de 2022 a Carina le realizaron una mastectomía unilateral y más tarde 25 sesiones de radioterapia y un genético positivo PALB2.

“Me enojé mucho con la radioterapia, sabía que debía hacerlo, pero le dije a Darío (su oncólogo) que no quería y él, con todo su profesionalismo y su sensibilidad, me respondió que el tumor era muy grande y que había cosas que los médicos, quizás, no veían y con este tratamiento ellos se iban a quedar más tranquilos”.

Además de los médicos y del amor incondicional de sus amigos, durante esos momentos adversos Carina también se apoyó en la fe. Especialmente en Las Guadalupanas, un grupo de 11 amigas de diferentes edades y realidades con quienes comparte la misma fe.

“Compartir la amistad desde la fe te hace hermanas y aún más cuando caminás de la mano de María. Nos conocimos hace muchos años en una comunidad orante llamada Nuestra Señora de Guadalupe y de ahí pasaron muchos años: alegrías, tristezas, casamientos, enfermedades, divorcios, abuelazgo, maternidad y siempre acompañándonos desde la oración unas a otras”.

Una mala noticia

Para finales de septiembre de 2023 en un control de rutina que le indicó su oncólogo se observó que una imagen en el pulmón, que ya venía siguiendo, había crecido de una manera muy llamativa.

Entonces, Carina debió realizar una interconsulta con cirujanos torácicos, se hizo un PET, mientras aguardaba la cirugía programada para el 30 de octubre.

“Consultar cirujanos, tener que volver a tomar licencia laboral, no planificar vacaciones y tocar un órgano tan vital. Parecía que todo volvía a empezar. Con mi psicóloga, Beatriz, trabajamos mucho en todo ese tiempo el paso del cáncer en mi vida. Fue difícil sentirme nuevamente limitada en las diferentes áreas de mi vida, pero estaba ahí parada ante la vida de la mano de Dios que siempre puso a los profesionales indicados en mi camino y esta no iba a ser la excepción”.

Sus tres grandes amores

Cuenta que le sacaron dos nódulos, que la cirugía resultó exitosa y en la actualidad se encuentra realizando, otra vez, quimioterapia.

Carina está orgullosa de la relación que tiene con su familia más cercana: sus hijos: Gonzalo (30) y Magalí (28) y su nieta Olivia de apenas tres añitos. “Son mi vida entera. Gon y Magui cada día me hacen mejor persona y Oli llena mi vida de colores y alegrías”.

¿Hay un antes y un después del cáncer en tu vida?

Muchas veces, no recuerdo como era antes. Porque todo cobró otro sentido. No puedo decir que el cáncer fue algo negativo porque no estaría siendo sincera. Llegó y pudimos encontrarnos a tiempo y a destiempo. A tiempo de saber que teníamos que luchar por erradicarlo. Y a destiempo porque todo lo vi con más claridad. Mi vida entera se iluminó para ver que había que ajustar, cambiar, erradicar, alimentar. El cáncer y yo nos hicimos amigos. Se resignificó mi vida por completo.

¿Qué les dirías a las personas que tienen cáncer?

Que del minuto uno hablen del cáncer, que lo nombren, lo hagan visible. Así se lo enfrenta, se lo comienza a aceptar y nuestra red de contención también puede hacerlo.

¿Con qué cosas soñás?

Con hacer cosas que tengo pendiente como, por ejemplo, nadar en aguas abiertas, viajar con mis hijos. Que vivamos cerca, compartir tiempo de calidad con ellos y con los que amo. Y, si Dios quiere, seguir sanando el cáncer que aunque nos amigamos quiero erradicarlo de mi vida.

LA NACION

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