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Xi Jinping llega a Europa con el objetivo de relanzar las relaciones con el bloque, que desconfía de Pekín

PARIS.– El presidente chino Xi Jinping llegó hoy a París para una visita oficial de 48 horas que estará dominada por la guerra de Ucrania y las tormentosas relaciones comerciales entre el régimen de Pekín y la Unión Europea (UE). Pero, justamente para no crear un nuevo agravamiento de las tensiones internacionales, el presidente francés Emmanuel Macron parece decidido a utilizar guantes de terciopelo durante toda la estadía, evitando así que este acontecimiento diplomático derive en desacuerdos capaces de perturbar la frágil armonía que reina entre ambos países.

Hacía cinco años que Xi no ponía un pie en Francia. Esta vez llegó precedido por una espesa atmósfera de desconfianza debido a la clara posición pro-rusa que mantiene Pekín desde el comienzo de la guerra en Ucrania, hace 26 meses. En ese contexto, Francia y sus 26 aliados de la Unión Europea (UE) fruncieron el ceño cuando Xi reveló que, al término de su visita a París, prolongará su gira con fugaces etapas a Serbia y Hungría, dos países que mantienen excelentes relaciones con Moscú y están abiertos a la influencia china.

“Macrón se puso guantes, pero Xi llegó por su parte en puntas de pies”, comentó con ironía la ex embajadora en Pekín, Sylvie Bermann.

Para contrarrestar las maniobras de China, Macrón invitó a participar en las conversaciones a Olaf Scholz y a Ursula von der Leyen

Macron envió a su primer ministro Gabriel Attal al aeropuerto de Orly para recibir a XI “al más alto nivel”. Ese gesto diplomático poco habitual reveló el interés francés de lograr que nada consiga empañar el viaje del hombre fuerte de Pekín, pues esta visita —en definitiva— fue organizada para celebrar el 60° aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países. En la época se trató de un gesto político de significación mayor: siete años antes del sorpresivo viaje del secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger a Pekín, en julio de 1971, la iniciativa del presidente Charles de Gaulle buscaba posicionar a Francia afuera de los bloques ideológicos de la guerra fría. Ahora, París se esfuerza todavía en demostrar que es una fiel aliada de Estados Unidos, pero conservando siempre una actitud independiente con respecto a Washington.

Para contrarrestar las maniobras de China, que siempre procura introducir pequeñas cuñas entre los miembros de la UE, Macrón invitó a participar en las conversaciones al canciller alemán Olaf Scholz y a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. Todos los detalles diplomáticos fueron medidos para que sean elocuentes sin resultar estridentes. Con ese gesto de unidad, los tres dirigentes aspiran a mostrar que Europa no debe ser considerada como un racimo de países, sino como una potencia de 450 millones de habitantes que, con un PIB de 14,5 billones de euros, ocupa el tercer lugar mundial, detrás de Estados Unidos, pero delante de Japón e India.

Este año, a diferencia de la visita organizada en 2014 para celebrar el 50° aniversario del establecimiento de relaciones, no habrá cena de gala en el castillo de Versalles y una Torre Eiffel iluminada de rojo. Hace diez años se habían firmado contratos por 10.000 millones de euros. Pero las heridas abiertas durante la crisis del Covid y las barreras comerciales levantadas por China enfriaron la atmósfera que reinaba en aquel momento.

El tema dominante de las conversaciones será la guerra de Ucrania y la posición de Pekín frente a las ambiciones de su “aliado estratégico” ruso

Sin fasto ni despliegue, Francia confía en restablecer los vínculos que pretendió instaurar de Gaulle cuando decidió que había llegado el momento de “reconocer la realidad” del nuevo mundo. Por eso, el protocolo prevé un viaje a los Pirineos para crear una atmósfera más personal de conversaciones. En un gesto íntimo de acercamiento, Macrón logró que Xi aceptara visitar Tourmalet, pequeño pueblo de montaña, donde reposan los restos de la abuela del presidente francés, figura tutelar desde su niñez. Después almorzarán en el restaurante “L’Etape du Berger”, del filósofo-cocinero Eric Abadie, donde degustarán un menú típico de la región compuesto por Brigitte Macron.

Como ahora también llegó el momento de reconocer las nuevas realidades, el tema dominante de las conversaciones será la guerra de Ucrania y la posición de Pekín frente a las ambiciones de su “aliado estratégico” ruso. Tanto Macron como Von der Leyen y Scholz buscarán persuadir al líder chino de que reduzca la actividad de ciertas empresas chinas que “contribuyen de manera significativa al esfuerzo de guerra ruso”. En todo caso, reiterarán que la estabilidad mundial depende, en gran medida, del respeto de “ciertas líneas rojas”.

Xi Jinping va a revelar su verdadero estado de ánimo frente a Europa en la segunda parte de su viaje, en Serbia y Hungría, dos países dirigidos por los presidentes más cercanos de Rusia y China

Ayer, en una columna publicada sorprendentemente en el diario Le Figaro —el más conservador de la prensa francesa—, el líder comunista afirmó llegar a Francia con tres anuncios: “Abrir los mercados chinos a las empresas occidentales, comprender lo que significa la crisis ucraniana para los europeos y declararse una vez más apegado al mutuo respeto y a la coexistencia pacífica entre los Estados”.

Pero Xi Jinping va a revelar su verdadero estado de ánimo frente a Europa en la segunda parte de su viaje, en Serbia y Hungría, dos países dirigidos por los presidentes más cercanos de Rusia y China. El líder de Pekín aceptó viajar a Belgrado para conmemorar el 25° aniversario del bombardeo a la embajada de China, en plena guerra en la ex Yugoslavia, realizado por un avión norteamericano de la OTAN que provocó tres muertos y abrió una grave crisis ente Washington y Pekín.

En ese momento el gobierno del presidente Bill Clinton argumentó que se había tratado de “un error. Pero seguramente Xi Jinping aprovechará ese precedente para actualizar las acusaciones de “agresividad” contra Occidente —en particular Estados Unidos— considerado como principal responsable de los actuales conflictos en Ucrania y Oriente Medio. Antes de emprender su regreso a Pekín, donde próximamente recibirá a su “amigo” Vladimir Putin, hará escala en Budapest para entrevistarse con el primer ministro húngaro Viktor Orban. Además de establecer algunos acuerdos económicos, esa visita tendrá un valor significativo para el líder iliberal, que atraviesa un momento particularmente difícil y necesita reforzar su poder.

LA NACION

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