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César Luis Menotti, el DT que marcó la bisagra y cambió para siempre al fútbol argentino

Sus últimas apariciones lo mostraban como la figura patriarcal de un fútbol argentino que él mismo se encargó de revolucionar cinco décadas atrás. Claro que César Luis Menotti, fallecido ayer a los 85 años, gozaba del reconocimiento generalizado por haber conducido a la selección argentina a su primer título mundial. Pero sería por demás injusto asociar su peso específico sólo a ese hecho puntual y exitoso. Claro que cuesta tomar conciencia de la dimensión cabal del enorme protagonismo del “Flaco”. Porque no sólo fue el director técnico del inolvidable festejo del ‘78, un logro que, acaso, ni siquiera haya representado su aporte más valioso a la causa de nuestro deporte más popular.

La figura del “Flaco” está al nivel de los máximos exponentes del “querido fútbol argentino”, como a él le gustaba llamarlo. Parafraseando terminología moderna, sería algo así como uno de los influencers más destacados de nuestro fútbol. ¿A la altura de Maradona o Messi? Sí, en esa misma dimensión, aunque desde otro ámbito con menos pantalla y aplausos. Conocedor como pocos del fenómeno integral de la pelota, siempre lo enfocó como un hecho cultural.

Dolor en el fútbol por la muerte de César Luis Menotti

En 1974, fue Menotti quien rescató a la actividad futbolera argentina de la profunda pendiente en la que estaba sumida hace décadas, como un barco a la deriva. Eran tiempos en los que ya no podíamos consolarnos ni con el título de “campeones morales”, el calificativo que nos autoadjudicábamos después de fracasos disfrazados. Justo hace medio siglo, Menotti llegó para colocarle una bisagra que dividió a nuestro fútbol en un antes y un después de su paso por la AFA.

Indiscutido para la mayoría y también cuestionado por otros que asociaron canallescamente su figura al momento político del país, Menotti fue, sin dudas, el hombre que encontró la llave para elevar la potencialidad del fútbol argentino del escrito al hecho. Desembarcó inmediatamente después del “cachetazo” recibido en el Mundial ‘74, donde quedó expuesta claramente la dolorosa distancia que separaba a Argentina de la elite mundial.

Fue él quien entendió que los malos resultados no eran consecuencia de la mala elección de un entrenador y de los futbolistas, sino que la cuestión tenía una complejidad mucho más profunda. Así fue que, a la hora de negociar, puso sobre la mesa algunas cuestiones de peso que nunca se había atendido: un plan de trabajo a largo alcance, declarar a la selección como prioridad uno y, sobre todo, una revisión de las estructuras del fútbol nacional, ampliando el espectro deportivo mucho más allá de la avenida General Paz. En pocas palabras, que el fútbol argentino se convierta en eso: mismo: un abanico tan amplio como el país.

De fuertes convicciones, las que más de una vez le generaron choques frontales, nunca se aferró a un puesto si no era para darle su impronta que, claramente, no se agotaba en lo estrictamente futbolístico.

Lírico en extremo, tanto en su época de jugador como en la de técnico, siempre se jactó de mirar más allá de la próxima fecha. En sus inicios como jugador pasó por Argentino de Marcos Juárez, su trampolín fue en Rosario Central desde donde se proyectó a la selección nacional, Racing Club y Boca Juniors, entre otros. Hábil, de toque preciso y gran remate, alguna vez fue cuestionado por su escaso despliegue en la cancha. “Lo único que falta es que para jugar al fútbol, además tenga que correr”, les respondía convencido de sus virtudes.

El DT que le ganó al futbolista

Defensor de “la nuestra” como estilo e identidad de juego, rivalizó con las tendencias europeizantes de algunos entrenadores. Si bien fue un jugador de reconocidas condiciones, su dimensión mayor en el fútbol la consiguió a partir de su rol de entrenador. En esa función, “el César” hizo escuela bajo la tutela de Miguel Antonio Juárez, un destacado director técnico con quien compartió equipo en su época de futbolista del Canalla. “El Gitano”, exjugador de Belgrano, fue quien le enseñó los primeros secretos de la profesión y lo tuvo como asistente hasta que César cobró vuelo propio.

Una breve experiencia en Newell’s Old Boys, fue la antesala de su explosivo despegue como DT, en Huracán. Con los de Parque Patricios quedó inmortalizado al ganar el Metropolitano de 1973 dictando cátedra de buen fútbol, con jugadores que rápidamente entraron en sintonía con su estilo: René Houseman, Miguel Brindisi, Carlos Babington, Omar Larrosa y Roque Avallay.

El 6 de septiembre de 1974, Menotti arregló su primera vinculación con la AFA para hacerse cargo de la selección. Después del fracaso de Alemania ‘74 y ya con vistas al Mundial de Argentina, su joven estampa -tenía 35 años- no aparecía como la más adecuada para resistir un puesto que había “dinamitado” a figuras consagradas como Enrique Sívori, juan José Pizzuti, Adolfo Pedernera y Vladislao Cap.

Con visión federal

Apareció con un proyecto bajo el brazo y exigió cambios de estructuras y que la selección sea considerada una prioridad. Y lo más importante: integró al interior y defendió la necesidad de un fútbol federal. Lo suyo no fue retórica: confeccionó seleccionados regionales y pobló la selección con jujeños, salteños, tucumanos, mendocinos y, especialmente, cordobeses. Así aparecieron valores de Talleres (en diciembre de 1979 le convocó ¡12 jugadores! entre la Mayor y la Olímpica), Belgrano, Instituto y Racing, quienes disfrutaron del derecho de ser considerados argentinos, un privilegio reservado hasta entonces a los clubes porteños y rosarinos.

Y en 1978, sólo cuatro años después de recibir una brasa caliente, el fútbol argentino miró al resto del mundo desde arriba con un equipo integrado por cinco jugadores surgidos de la selección del interior (Osvaldo Ardiles, Luis Galván, Miguel Oviedo, Daniel Valencia y Julio Villa) y otros cinco del combinado de Santa Fe (Mario Kempes, Leopoldo Luque, Américo Gallego, Héctor Baley y Daniel Killer)

“Viajo mucho al interior y es una crueldad. El otro día fui a Lincoln y jugaba el equipo del pueblo, pero la gente estaba viendo al Real Madrid. Yo jugué en Marcos Juárez y si teníamos un partido en San Jerónimo, no quedaba ni el gato. Representar a tu ciudad, era algo muy fuerte. Cuando la legislación deportiva es chiquita, hay caldo de cultivo para el negocio salvaje. Yo no le tengo miedo a la palabra negocio, porque hemos vivido del fútbol, pero es evidente que está mal repartido”, le dijo a este periodista en 2015, en una de sus habituales visitas a Córdoba.

Revolucionario hasta la médula, en ese mismo reportaje siguió bregando por un fútbol federal. “Si vos tenés la decisión de hacer un fútbol auténticamente nacional -sostenía-, hay que partir de la base que hay equipos que tienen que jugar en Primera sí o sí. Por ejemplo, Talleres y Belgrano no pueden faltar, Atlético Tucumán y San Martín, tampoco. Los mendocinos, los jujeños… Hay un montón de equipos del interior con poder de convocatoria más grande que los que subieron a Primera, pero el fútbol argentino siempre utilizó una metodología perversa en su estructura”.

En 2018, después del fracaso de la selección en el Mundial de Rusia, Claudio Tapia, un dirigente no alineado precisamente del lado federal, tuvo la inspiración de convocarlo a sumarse en la transición hacia Qatar 2022. En ese camino, Menotti realizó sus últimos aportes y al final cosechó su última alegría deportiva.

Mario Kempes, quien bajo su tutela logró el triple título de campeón, goleador y mejor jugador en un Mundial, lo recordó desde Estados Unidos como “la persona que revolucionó el fútbol y el que sentó las bases para que Argentina consiga los objetivos que se han logrado”. Emocionado, “el Matador” aseguró que Menotti fue quien “puso esa piedra angular que se necesita para de ahí en más hacer todas las cosas bien. Ya son varios los que nos han abandonado del ‘78, pero yo creo que allá arriba se juntarán a hablar de fútbol”.

Nos dejó “el Flaco” y se nos cae un lagrimón. Pero detrás suyo queda una huella de enseñanza grande. Como la de un padre. Gracias por tanto. El fútbol argentino te va a extrañar.

​La Voz

​Sus últimas apariciones lo mostraban como la figura patriarcal de un fútbol argentino que él mismo se encargó de revolucionar cinco décadas atrás. Claro que César Luis Menotti, fallecido ayer a los 85 años, gozaba del reconocimiento generalizado por haber conducido a la selección argentina a su primer título mundial. Pero sería por demás injusto asociar su peso específico sólo a ese hecho puntual y exitoso. Claro que cuesta tomar conciencia de la dimensión cabal del enorme protagonismo del “Flaco”. Porque no sólo fue el director técnico del inolvidable festejo del ‘78, un logro que, acaso, ni siquiera haya representado su aporte más valioso a la causa de nuestro deporte más popular.La figura del “Flaco” está al nivel de los máximos exponentes del “querido fútbol argentino”, como a él le gustaba llamarlo. Parafraseando terminología moderna, sería algo así como uno de los influencers más destacados de nuestro fútbol. ¿A la altura de Maradona o Messi? Sí, en esa misma dimensión, aunque desde otro ámbito con menos pantalla y aplausos. Conocedor como pocos del fenómeno integral de la pelota, siempre lo enfocó como un hecho cultural.Dolor en el fútbol por la muerte de César Luis MenottiEn 1974, fue Menotti quien rescató a la actividad futbolera argentina de la profunda pendiente en la que estaba sumida hace décadas, como un barco a la deriva. Eran tiempos en los que ya no podíamos consolarnos ni con el título de “campeones morales”, el calificativo que nos autoadjudicábamos después de fracasos disfrazados. Justo hace medio siglo, Menotti llegó para colocarle una bisagra que dividió a nuestro fútbol en un antes y un después de su paso por la AFA.Indiscutido para la mayoría y también cuestionado por otros que asociaron canallescamente su figura al momento político del país, Menotti fue, sin dudas, el hombre que encontró la llave para elevar la potencialidad del fútbol argentino del escrito al hecho. Desembarcó inmediatamente después del “cachetazo” recibido en el Mundial ‘74, donde quedó expuesta claramente la dolorosa distancia que separaba a Argentina de la elite mundial.Fue él quien entendió que los malos resultados no eran consecuencia de la mala elección de un entrenador y de los futbolistas, sino que la cuestión tenía una complejidad mucho más profunda. Así fue que, a la hora de negociar, puso sobre la mesa algunas cuestiones de peso que nunca se había atendido: un plan de trabajo a largo alcance, declarar a la selección como prioridad uno y, sobre todo, una revisión de las estructuras del fútbol nacional, ampliando el espectro deportivo mucho más allá de la avenida General Paz. En pocas palabras, que el fútbol argentino se convierta en eso: mismo: un abanico tan amplio como el país.De fuertes convicciones, las que más de una vez le generaron choques frontales, nunca se aferró a un puesto si no era para darle su impronta que, claramente, no se agotaba en lo estrictamente futbolístico.Lírico en extremo, tanto en su época de jugador como en la de técnico, siempre se jactó de mirar más allá de la próxima fecha. En sus inicios como jugador pasó por Argentino de Marcos Juárez, su trampolín fue en Rosario Central desde donde se proyectó a la selección nacional, Racing Club y Boca Juniors, entre otros. Hábil, de toque preciso y gran remate, alguna vez fue cuestionado por su escaso despliegue en la cancha. “Lo único que falta es que para jugar al fútbol, además tenga que correr”, les respondía convencido de sus virtudes.El DT que le ganó al futbolistaDefensor de “la nuestra” como estilo e identidad de juego, rivalizó con las tendencias europeizantes de algunos entrenadores. Si bien fue un jugador de reconocidas condiciones, su dimensión mayor en el fútbol la consiguió a partir de su rol de entrenador. En esa función, “el César” hizo escuela bajo la tutela de Miguel Antonio Juárez, un destacado director técnico con quien compartió equipo en su época de futbolista del Canalla. “El Gitano”, exjugador de Belgrano, fue quien le enseñó los primeros secretos de la profesión y lo tuvo como asistente hasta que César cobró vuelo propio.Una breve experiencia en Newell’s Old Boys, fue la antesala de su explosivo despegue como DT, en Huracán. Con los de Parque Patricios quedó inmortalizado al ganar el Metropolitano de 1973 dictando cátedra de buen fútbol, con jugadores que rápidamente entraron en sintonía con su estilo: René Houseman, Miguel Brindisi, Carlos Babington, Omar Larrosa y Roque Avallay.El 6 de septiembre de 1974, Menotti arregló su primera vinculación con la AFA para hacerse cargo de la selección. Después del fracaso de Alemania ‘74 y ya con vistas al Mundial de Argentina, su joven estampa -tenía 35 años- no aparecía como la más adecuada para resistir un puesto que había “dinamitado” a figuras consagradas como Enrique Sívori, juan José Pizzuti, Adolfo Pedernera y Vladislao Cap.Con visión federalApareció con un proyecto bajo el brazo y exigió cambios de estructuras y que la selección sea considerada una prioridad. Y lo más importante: integró al interior y defendió la necesidad de un fútbol federal. Lo suyo no fue retórica: confeccionó seleccionados regionales y pobló la selección con jujeños, salteños, tucumanos, mendocinos y, especialmente, cordobeses. Así aparecieron valores de Talleres (en diciembre de 1979 le convocó ¡12 jugadores! entre la Mayor y la Olímpica), Belgrano, Instituto y Racing, quienes disfrutaron del derecho de ser considerados argentinos, un privilegio reservado hasta entonces a los clubes porteños y rosarinos.Y en 1978, sólo cuatro años después de recibir una brasa caliente, el fútbol argentino miró al resto del mundo desde arriba con un equipo integrado por cinco jugadores surgidos de la selección del interior (Osvaldo Ardiles, Luis Galván, Miguel Oviedo, Daniel Valencia y Julio Villa) y otros cinco del combinado de Santa Fe (Mario Kempes, Leopoldo Luque, Américo Gallego, Héctor Baley y Daniel Killer)“Viajo mucho al interior y es una crueldad. El otro día fui a Lincoln y jugaba el equipo del pueblo, pero la gente estaba viendo al Real Madrid. Yo jugué en Marcos Juárez y si teníamos un partido en San Jerónimo, no quedaba ni el gato. Representar a tu ciudad, era algo muy fuerte. Cuando la legislación deportiva es chiquita, hay caldo de cultivo para el negocio salvaje. Yo no le tengo miedo a la palabra negocio, porque hemos vivido del fútbol, pero es evidente que está mal repartido”, le dijo a este periodista en 2015, en una de sus habituales visitas a Córdoba.Revolucionario hasta la médula, en ese mismo reportaje siguió bregando por un fútbol federal. “Si vos tenés la decisión de hacer un fútbol auténticamente nacional -sostenía-, hay que partir de la base que hay equipos que tienen que jugar en Primera sí o sí. Por ejemplo, Talleres y Belgrano no pueden faltar, Atlético Tucumán y San Martín, tampoco. Los mendocinos, los jujeños… Hay un montón de equipos del interior con poder de convocatoria más grande que los que subieron a Primera, pero el fútbol argentino siempre utilizó una metodología perversa en su estructura”.En 2018, después del fracaso de la selección en el Mundial de Rusia, Claudio Tapia, un dirigente no alineado precisamente del lado federal, tuvo la inspiración de convocarlo a sumarse en la transición hacia Qatar 2022. En ese camino, Menotti realizó sus últimos aportes y al final cosechó su última alegría deportiva.Mario Kempes, quien bajo su tutela logró el triple título de campeón, goleador y mejor jugador en un Mundial, lo recordó desde Estados Unidos como “la persona que revolucionó el fútbol y el que sentó las bases para que Argentina consiga los objetivos que se han logrado”. Emocionado, “el Matador” aseguró que Menotti fue quien “puso esa piedra angular que se necesita para de ahí en más hacer todas las cosas bien. Ya son varios los que nos han abandonado del ‘78, pero yo creo que allá arriba se juntarán a hablar de fútbol”.Nos dejó “el Flaco” y se nos cae un lagrimón. Pero detrás suyo queda una huella de enseñanza grande. Como la de un padre. Gracias por tanto. El fútbol argentino te va a extrañar. 

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