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Estudiantes, un legítimo campeón de la Copa de la Liga: crónica de la consagración ante Vélez

Ser campeón es haber acumulado puntos y méritos desde el primer partido de un torneo. Es haber sido constante como para llegar a una final, en la que todo puede suceder, tal lo que sucedió en el Madre de Ciudades de Santiago del Estero, en el que Estudiantes de La Plata, un legítimo finalista y campeón, fue superado durante buena parte del partido por su juvenil y a la vez atrevido adversario, Vélez Sársfield.

Si algo hay de indiscutible en la coronación del equipo platense es precisamente su regularidad y también su combatividad, lo que le permitió salvar momentos duros, adversos, como cuando tras ser superado claramente por Boca Juniors, en el partido anterior, pareció que su derrotero terminaba en Córdoba.

Pero no; no claudicaron los dirigidos por Eduardo Domínguez que siguieron apelando al fervor y a aprovechar las oportunidades que se les presentaban para acercarse al objetivo, aun teniendo jugadores más cercanos al retiro que a continuar en actividad, tales los casos de Enzo Pérez y José Sosa. Eso sucedió en la final de la cada vez más atractiva y emocionante Copa de la Liga. La juventud velezana, en particular en la etapa inicial, hizo colapsar la estrategia urdida por Domínguez.

Con una dinámica incesante, que superaba la lentitud del medio campo de su rival, y con Thiago Fernández desequilibrando constantemente a Eros Mancuso, a los chicos conducidos por Gustavo Quinteros sólo les faltó edificar con más solidez su superioridad con el gol inicial. Eso no pudo suceder. Y fue el revés. Tras la salida de un córner, Mancuso remató desde 30 metros para vencer la estirada de Tomás Marchiori y de manera injustificada, Estudiantes se ponía adelante en el marcador.

Esa supremacía en el césped del perdedor declinó un poco en el complemento, tal vez por el efecto en el físico tras el primer tiempo de locos. Los cambios comenzaron a definir posturas. Vélez apeló a Alejo Sarco para igualar los tantos. No habían pasado muchos minutos desde su ingreso cuando su zurda se perfiló para sacar un remate que se desvió en un adversario y superó a Matías Mansilla. Los de Liniers, que ya estaban jugando con un hombre menos por la expulsión de Damián Fernández, revivieron. Estudiantes sintió el golpe, al que se sumó poco después la expulsión de Gastón Benedetti.

Quedaban 20 minutos de tiempo reglamentario por jugar. Y todo volvía a igualarse. En ese lapso y durante los 30 minutos suplementarios, la postura de Estudiantes cambió. Aunque sin claridad en su ofensiva, se mostró como el más interesado en volver a quebrar el resultado. Algunos intentos de Javier Correa y de Edwuin Cetré obligaron al esfuerzo de la defensa velezana. En el otro arco, un tiro libre de Claudio Aquino provocó un susto a los de La Plata.

El final del encuentro correctamente arbitrado por Nicolás Ramírez anticipó el llamado desde las tribunas a las hadas y a los milagros. Mansilla, para Estudiantes y Marchiori, para Vélez, ya habían demostrado su valía al ser determinantes en la ayuda a sus compañeros participando con eficacia en la definición por penales en partidos anteriores.

A pesar del esfuerzo y la buena intuición de Marchiori, que atajó dos penales, Mansilla no paró hasta atajar tres, demasiados en cualquier definición de estas características, tanto como la que hizo elevar los brazos a toda la comunidad de Estudiantes, campeón equilibrado, sacrificado y por cierto eficaz, que se llevó el título, aunque no pudo llevarse por delante el atrevimiento de muchos pibes que hicieron lo posible por arruinarle la fiesta. Y vaya que estuvieron a un paso de lograrlo.

​La Voz

​Ser campeón es haber acumulado puntos y méritos desde el primer partido de un torneo. Es haber sido constante como para llegar a una final, en la que todo puede suceder, tal lo que sucedió en el Madre de Ciudades de Santiago del Estero, en el que Estudiantes de La Plata, un legítimo finalista y campeón, fue superado durante buena parte del partido por su juvenil y a la vez atrevido adversario, Vélez Sársfield.Si algo hay de indiscutible en la coronación del equipo platense es precisamente su regularidad y también su combatividad, lo que le permitió salvar momentos duros, adversos, como cuando tras ser superado claramente por Boca Juniors, en el partido anterior, pareció que su derrotero terminaba en Córdoba. Pero no; no claudicaron los dirigidos por Eduardo Domínguez que siguieron apelando al fervor y a aprovechar las oportunidades que se les presentaban para acercarse al objetivo, aun teniendo jugadores más cercanos al retiro que a continuar en actividad, tales los casos de Enzo Pérez y José Sosa. Eso sucedió en la final de la cada vez más atractiva y emocionante Copa de la Liga. La juventud velezana, en particular en la etapa inicial, hizo colapsar la estrategia urdida por Domínguez. Con una dinámica incesante, que superaba la lentitud del medio campo de su rival, y con Thiago Fernández desequilibrando constantemente a Eros Mancuso, a los chicos conducidos por Gustavo Quinteros sólo les faltó edificar con más solidez su superioridad con el gol inicial. Eso no pudo suceder. Y fue el revés. Tras la salida de un córner, Mancuso remató desde 30 metros para vencer la estirada de Tomás Marchiori y de manera injustificada, Estudiantes se ponía adelante en el marcador.Esa supremacía en el césped del perdedor declinó un poco en el complemento, tal vez por el efecto en el físico tras el primer tiempo de locos. Los cambios comenzaron a definir posturas. Vélez apeló a Alejo Sarco para igualar los tantos. No habían pasado muchos minutos desde su ingreso cuando su zurda se perfiló para sacar un remate que se desvió en un adversario y superó a Matías Mansilla. Los de Liniers, que ya estaban jugando con un hombre menos por la expulsión de Damián Fernández, revivieron. Estudiantes sintió el golpe, al que se sumó poco después la expulsión de Gastón Benedetti.Quedaban 20 minutos de tiempo reglamentario por jugar. Y todo volvía a igualarse. En ese lapso y durante los 30 minutos suplementarios, la postura de Estudiantes cambió. Aunque sin claridad en su ofensiva, se mostró como el más interesado en volver a quebrar el resultado. Algunos intentos de Javier Correa y de Edwuin Cetré obligaron al esfuerzo de la defensa velezana. En el otro arco, un tiro libre de Claudio Aquino provocó un susto a los de La Plata.El final del encuentro correctamente arbitrado por Nicolás Ramírez anticipó el llamado desde las tribunas a las hadas y a los milagros. Mansilla, para Estudiantes y Marchiori, para Vélez, ya habían demostrado su valía al ser determinantes en la ayuda a sus compañeros participando con eficacia en la definición por penales en partidos anteriores.A pesar del esfuerzo y la buena intuición de Marchiori, que atajó dos penales, Mansilla no paró hasta atajar tres, demasiados en cualquier definición de estas características, tanto como la que hizo elevar los brazos a toda la comunidad de Estudiantes, campeón equilibrado, sacrificado y por cierto eficaz, que se llevó el título, aunque no pudo llevarse por delante el atrevimiento de muchos pibes que hicieron lo posible por arruinarle la fiesta. Y vaya que estuvieron a un paso de lograrlo. 

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