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Son argentinos, crearon un Torino autónomo a escala y quieren hacer historia en un concurso mundial

El tan mentado talento nacional se ganó un lugar de privilegio en el lenguaje colectivo gracias a la cantidad de ejemplos de personas que han grabado su nombre a lo largo de la historia y en más de una categoría. En medicina, deporte, arte y en otras ciencias y ramas de diferentes tipos, el argentino ha sabido destacarse a nivel mundial. Siempre hay un talento ahí, agazapado, pronto a salir a la luz, como el equipo protagonista de esta historia, la de seis estudiantes con toda la intención de anotarse en el listado, al menos como para abrir un nuevo nicho que merezca reconocimiento.

El rubro: autos de conducción autónoma, es decir, lo que se manejan solos. Es una arista de la industria automotriz que ya tiene una considerable trayectoria, terreno en el que Google (hoy a través de Waymo) fue una de las pioneras en empezar a hacer ruido años atrás con algunos desarrollos que supieron ganar cierta popularidad. Hoy Tesla, Toyota, Ford, GM son algunas de las compañías que están trabajando en el tema, la mayoría a partir de alianzas con startups que transitan este campo (Nvidia, Argo AI, AutoX, Baidu, Mobileye de Intel, entre otras) para liderar la carrera hacia el vehículo que se maneje 100% de manera autónoma y con éxito, es decir, libre de accidentes y del modo más eficiente posible.

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Aún le queda un largo camino por delante, ya que la industria por ahora no ha logrado poner en escena un vehículo autónomo de Nivel 5 (el más avanzado que hoy existe) que sea viable a escala. Bosch es una de las compañías que pone mucho empeño en el tema, por lo que la Bosch Future Mobility Challenge (BFMC) es clave dentro su estrategia para captar nuevos talentos. Es una competencia que reúne propuestas de vehículos autónomos en escala 1/10 que se llevará a cabo del 14 al 20 de mayo en Cluj-Napoca, Rumania.

La Argentina estará representada por el equipo integrado por Tomás Becerra, Agustín Battaglia, Mateo Whitechurch, Marcos Medina, Ricardo López Bonaguro y Alejo Demitropulos. Los primeros cuatro son estudiantes de la carrera de Ingeniería Industrial y los dos restantes estudian Ingeniería Informática, todos de la Universidad Austral. La máquina en cuestión: un Torino 380W, una suerte de homenaje a los autos argentinos que hicieron historia en las 84 Horas de Nürburgring de 1969.

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Bosch provee los “chasis” de estos autitos, que contienen los componentes de electrónica como módulo, cámara, el sistema de dirección y otros elementos. La compañía también envía la carrocería, que en su mayoría son de Lexus aunque, en este caso, los chicos obtuvieron una excepción de parte de la organización para poder montar sobre esa estructura una silueta con el formato del mítico modelo argentino y con el número 4, ya que será “el cuarto Toro” que correrá en Europa después de los tres originales de la famosa hazaña del 69.

Los equipos, una vez seguros de que todo esté en orden en cuanto al ensamblado y en perfecto funcionamiento, deben encargarse de trabajar sobre el hardware y el software “para lograr que la programación sea óptima, teniendo en cuenta qué componentes utilizar y cómo hacer para que éstos se complementen de la manera más eficiente para así obtener el mejor desempeño posible”, le cuenta Tomás Becerra a LA NACION. En el período de preparación, los equipos envían una presentación poniendo énfasis en el concepto desarrollado y destacando los puntos fuertes de su sistema a partir del algoritmo diseñado. Ya durante la carrera, deberán demostrar el rendimiento en vivo de sus vehículos en la pista, incluyendo una presentación, un desafío técnico y uno de velocidad. El comité evaluará la capacidad del vehículo para navegar de manera autónoma y completar las tareas asignadas.

Respecto al auto a escala, Ricardo López Bonaguro explica que “lo más importante es la computadora que contiene, que se conecta a una red de internet”. Ésta se asocia a una cámara que registra toda la información externa, ya sea la calle y sus carriles, las señales de tránsito y todo lo que habitualmente forma parte del entorno del tránsito. La unidad central es la que se encarga de hacer los cálculos necesarios para mantener la dirección y reaccionar a las señales que se va encontrando.

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La competencia se desarrollará sobre el circuito de una ciudad inteligente en miniatura, donde los vehículos tendrán que desplazarse respetando las reglas del tránsito y esquivando todos los obstáculos que encontrarán en su camino, haciendo uso de los beneficios de la inteligencia artificial.

La llave hacia Rumania y la competencia

La BFMC congrega a equipos de estudiantes de todo el mundo para desarrollar diversos algoritmos de conectividad y conducción autónoma para autos a escala proporcionados por la empresa. Ese es el objetivo final de la competencia que tendrá lugar en el Bosch Engineering Center de ese municipio de la región de Transilvania. Para integrar la grilla en esta instancia decisiva el camino no fue para nada sencillo. El principal obstáculo o desafío fue el económico ya que como señala Agustín Battaglia, “el promedio de inversión de los equipos que llegaron a la semifinal ronda desde los 600 euros hacia arriba, incluso algunos pisaron casi el límite de los 1000 euros de inversión total que permite la compañía organizadora”.

¿Cuánto invirtió el equipo argentino?: apenas 18 euros, y encima “reciclados” ya que, como cuenta Becerra, aprovecharon un sensor de ultrasonido y un Arduino (una placa electrónica que utiliza un microcontrolador reprogramable) “que habían utilizado anteriormente en el laboratorio”. Con esos 900 y pico euros restantes, se propusieron hacer todas las mejoras que creyeron necesarias.

Para las pruebas y entrenamiento, trabajaron horas y horas sobre “una pista fabricada con nylon y cinta de papel”, relata Mateo Rabaglino Whitechurch.

Una vez inscriptos, fue a fines de 2023 cuando el equipo local recibió el vehículo para participar de la competencia de manos de Bosch, que así ponía en marcha el riguroso proceso de selección mundial. El mecanismo impuesto por la compañía llevó a que de los 160 equipos que se postularon y fueron entrevistados inicialmente, solo 80 pasen a la siguiente instancia, entre quienes estaban los estudiantes de la Universidad Austral.

Del filtro que vino luego, sólo quedaron 24, que son los que irán a Rumania para pelear por la gloria en el podio. Durante la preparación, cada grupo envió una presentación destacando el concepto del vehículo y las fortalezas. Durante la carrera, los equipos demostrarán el rendimiento en vivo de sus vehículos en la pista, incluyendo una presentación, un desafío técnico y uno de velocidad.

La competencia en sí inicia el 15 de mayo con una reunión inaugural, y desde esa jornada hasta el 17 se llevará a cabo un período de pruebas. El 18 será la semifinal, mientras que la gran final será al día siguiente junto a otros siete equipos. Hay atractivos premios en juego, ya que primer lugar recibirá 7000 euros, y habrá 5000 y 3000 para segundo y tercero, respectivamente.

Además, hay premios especiales, como el Premio del Público y el Premio de Marketing, que reconocen el apoyo del público y la presencia en redes sociales de los equipos. Los muchachos argentinos no sólo serán el primer equipo que represente al país, sino a toda Latinoamérica en esta competencia de vehículos autónomos.

Si bien llegaron a cubrir lo económico con el apoyo de algunos sponsors (incluida la Austral), cualquier tipo de aporte siempre es bienvenido. El 11 de este mes viajan con su auto guardado celosamente cual tesoro en una caja. Hacia allá van, con toda la ilusión puesta en esta competencia técnica del alto nivel. Con ese pequeño y tecnológico Torino, esta moderna versión de la “Misión Argentina” dirá presente con el objetivo de dejar al país en un puesto de privilegio, buscando hacer historia en una tecnología que ya es una realidad y que, en el escalón inmediato por detrás de los autos eléctricos, marca el futuro de la movilidad.

LA NACION

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