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Por amor a Parque Saavedra, prefirió hacer una profunda reforma de su casa antes que mudarse

La prehistoria de la reforma para la que Lulu, dueña de una editorial, contactó a los arquitectos Florencia Ordóñez y Nik Wenzke se basó en un dilema clásico: ¿me mudo o no? Hacía trece años que vivía en la misma casa de Saavedra, a pasos del famoso parque. Durante ese tiempo, su vida cambió mucho: en 2015 fundó su editorial; en 2016 nació su hijo y en 2021 llegaron un perro y una gata. Con todo ese movimiento, vino el cuestionamiento (lógico) sobre si la casa seguía siendo el lugar indicado para ellos.

“Ya había hecho mis reformas, pero llegué a un punto en el que entendí que debía tomar una decisión de fondo: o me mudaba, o encaraba una más importante”, nos cuenta la dueña de casa. El arraigo al barrio, a su cuadra, el afecto por sus vecinos y su jardín con palteros y un jacarandá, volcaron la balanza. “Me di cuenta, además, de que necesitaba ayuda para tomar decisiones que no pasaban solo por lo funcional, sino también por el diseño”, dice en referencia a la guía de Florencia y Nik.

La reforma que llevó menos de medio año contempló cambios más profundos como la cocina y el baño de la planta baja, pero también otros aspectos puramente estéticos, como el revestimiento de los cielos rasos, el cambio de la escalera y el reemplazo de los puentes de metal desplegado por pisos de madera, sin perder de vista la actualización del baños y cocina.

Desde hace un tiempo, en algunas obras venimos trabajando escaleras metálicas de este estilo. Es algo que nos gusta hacer porque, al tomar una morfología bastante particular, dejan de ser algo estrictamente funcional.

Arq. Florencia Ordóñez, socia del estudio Ordóñez-Wenzke, a cargo de la reforma

La escalera fue todo un tema, porque implicaba una inversión gigante. Después de meditarlo y evaluarlo con los chicos, consideramos que realmente lo valía. Definitivamente no nos equivocamos. ¡Es una obra de arte!

Lulu, editora de libros infantiles y dueña de casa

Mantener la estructura

“Aunque se hizo de cero, en la cocina se mantuvo la distribución original. Sí hubo un pedido puntual de la dueña de casa: una isla en el centro. Su idea era sumar un espacio para cocinar, comer al paso o sociabilizar”, cuenta la arquitecta. Las paredes y muebles (Estudio Ordóñez-Wenzke) enchapados en madera de palisandro y la cuarcita en mesadas y alzadas le dan su estilo único. “Cuando fuimos a ver las opciones de piedras, me enamoré de esta cuarcita, así que la usamos en la cocina y en el baño”, comparte Lulu.

En el comedor, una lámpara ‘Pluvial’ de Federico Churba corona una mesa ‘Estribo’, de La Feliz. Alrededor, las sillas ‘42′ de la misma marca.

“Uno de mis objetivos para este invierno es aprender a encender el fuego de la chimenea”, confiesa la dueña de casa. Aunque estaba en la construcción original, la intervención del Estudio le dio un aspecto completamente distinto.

Espacio ganado

En la planta alta, la biblioteca ocupa una sección destacada. Licenciada en Letras y fundadora de una editorial de libros ilustrados, la dueña de casa encomendó a los arquitectos la tarea de rediseñar el espacio que reserva para sus libros y los de su hijo.

“El gran ambiente ganado para mí fue el escritorio, que pasó de ser un lugar casi de tránsito a un sector privado con una vista única al jardín”.

El lugar de trabajo, antes abierto, ganó privacidad mediante un nuevo cerramiento con ventanas pivotantes y puerta de madera.

Repoblar los espacios

“El trabajo con los chicos fue perfecto: disfruté de todo el proceso y las decisiones. Ahora me queda volver a poblar la casa, encontrar los objetos justos para cada lugar”.

En la suite, la pared se revistió con chapa de madera teñida. Unas mesas de luz flotantes enchapadas en palisandro siguen la línea minimalista del espacio. Cortinas de lado a lado y una silla de cuero y madera (La Base Estudio) son los pocos elementos decorativos.

Joya escondida

Con sus ejemplares de palta y árboles nativos, el jardín en plena capital fue un punto fundamental en la balanza. Después de decidir quedarse, la dueña de casa convocó a las arquitectas Teresa Sarmiento y Violeta Ossani de Par Estudio para que repensaran el espacio exterior.

El jardín fue uno de los espacios determinantes en su decisión de quedarse en la casa. El proyecto de reforma del exterior, con su paisajismo, fue obra de Par Estudio.

LA NACION

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