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Preocupación por actividades rusas en la Antártida: ¿busca hidrocarburos bajo la excusa de la ciencia?

La comunidad internacional expresó su inquietud ante las actividades de investigación sísmica que Rusia lleva a cabo en la Antártida. Expertos temen que estas actividades, disfrazadas de investigación científica, en realidad escondan la búsqueda de hidrocarburos.

Rusia estuvo realizando extensos programas de mapeo y sondeo de la geología antártica, tanto en tierra como en mar. Recientes hallazgos sugieren que sus buques de investigación podrían haber encontrado reservas de gas y petróleo equivalentes a 511.000 millones de barriles, una cantidad diez veces superior a la producción total del Mar del Norte en 50 años.

Estos descubrimientos puso en alerta a la comunidad internacional, que teme que Rusia intente violar el Tratado Antártico de 1959. Este tratado, firmado durante la Guerra Fría, establece que la Antártida debe usarse “solo para fines pacíficos” y prohíbe expresamente actividades militares, la creación de bases militares, la realización de explosiones nucleares y la eliminación de desechos radiactivos.

Las sospechas se intensifican tras informes sobre el Akademik Alexander Karpinsky, un barco ruso sancionado por Estados Unidos en febrero debido a la guerra en Ucrania. Se sospecha que la embarcación, operada por PMGE (una filial de Rosgeo, la compañía estatal rusa de exploración geológica), podría estar recopilando datos para la prospección de recursos y no para investigación científica.

Más allá de la explotación: intereses militares y ambientales

Las preocupaciones no se limitan a la violación del tratado en términos de recursos naturales. Existe el temor de que la amplia campaña de mapeo y geología rusa también tenga objetivos militares. Estas actividades podrían proporcionar a Rusia datos cruciales para una eventual infraestructura militar o estratégica, desafiando abiertamente los términos del tratado que busca mantener a la Antártida como una zona dedicada exclusivamente a la paz y la ciencia.

Además, la prospección en la Antártida tiene graves implicaciones ambientales. El continente es un ecosistema extremadamente frágil, cuya protección es vital no solo por su biodiversidad sino también por su papel en la regulación del clima global. Cualquier actividad extractiva podría tener efectos devastadores, alterando la superficie y las aguas del continente, y liberando grandes cantidades de carbono almacenado, lo que tendría consecuencias directas en el cambio climático global.

Obstáculos para la protección ambiental

En junio de 2023, la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCAMLR) no pudo crear nuevas áreas marinas protegidas debido a las demandas de más datos por parte de Rusia y China. Esta situación refleja la politización del ámbito científico, donde la ciencia se utiliza como herramienta para bloquear acuerdos internacionales y retrasar la implementación de medidas cruciales para la conservación.

Un futuro incierto para la Antártida

La comunidad internacional se enfrenta a un desafío crucial: ¿Cómo garantizar que la Antártida siga siendo un espacio dedicado a la paz, la ciencia y la conservación ambiental? La respuesta no es sencilla y requerirá un esfuerzo diplomático concertado para hacer frente a las acciones de Rusia y otros países que podrían poner en riesgo el futuro de este continente único.

​La Voz

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