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¿Es posible que a la economía de Estados Unidos le esté yendo demasiado bien?

Estados Unidos está disfrutando de un extraño auge económico, con consecuencias para el equilibrio global de poderes, el futuro del planeta y las futuras perspectivas de crecimiento de otros países, Reino Unido entre ellos.

El país está pidiendo prestado miles de millones para impulsar su economía, asumiendo un riesgo gigante, pero con recompensas potencialmente enormes. El boom es visible sobre el terreno. En un viaje reciente a Georgia, en el sur de Estados Unidos, vi campos y bosques convertidos en fábricas a una velocidad extraordinaria.

En 20 años haciendo reportajes alrededor del mundo, lo que he visto en EE.UU. durante el año pasado sólo puede compararse con lo que vi en China a mediados de la década de 2000.

Las políticas económicas del presidente estadounidense, Joe Biden, están cambiando el panorama del país. Las cifras muestran la magnitud de lo que ocurre: desde febrero de 2021, justo después de su toma de posesión, la inversión mensual en la construcción de fábricas se ha más que triplicado, hasta casi US$20.000 millones.

La comparación con China no es una coincidencia. Biden está gastando enormes cantidades de dinero para traer las industrias ecológicas y la fabricación de microchips desde China de vuelta a Estados Unidos. Hasta hace poco parecía que la transición económica verde global estaba destinada a ser “hecha en China”, pero ahora Estados Unidos está reivindicando su lugar en este proceso. Esto conlleva riesgos.

Estados Unidos está pidiendo prestados cientos de miles de millones de dólares para pagar por estas inversiones. Existe la preocupación de que esto pueda hacer que la inflación estadounidense vuelva a crecer justo cuando la subida de precios comienza a desacelerarse.

También se teme que el país esté acumulando demasiada deuda. El déficit anual de Estados Unidos ronda el 6% del tamaño de la economía, muy por encima del promedio histórico del 3,7%. Hay aspectos positivos. El desempleo en Estados Unidos está en su nivel más bajo en 50 años y cientos de miles de nuevos trabajadores se unen a la fuerza laboral estadounidense cada mes, desafiando todas las expectativas.

Estados Unidos dice que está en camino de construir una quinta parte de los microchips avanzados de todo el mundo. El titán de Wall Street Jamie Dimon, jefe del banco JP Morgan, dijo que la “próspera” economía estadounidense es “increíble”, y que el consumidor medio es “mucho más rico que antes”.

El “Cinturón de las baterías”

El estado de Georgia es uno de los grandes beneficiarios de este gasto acelerado. Es parte del llamado “Cinturón de las baterías”, un área de tierra ubicada en gran parte en el sureste del país donde están surgiendo fábricas de baterías para automóviles eléctricos y componentes relacionados.

Allí está localizada Covington, una pequeña ciudad que hasta ahora era mejor conocida por haber sido la locación donde se filmó la serie “Diarios de vampiros” y muchas películas de Hollywood, pero ahora alberga una fábrica de Archer Aviation, que se completará este año.

Esa empresa planea producir en masa lo que describe como autos voladores, aunque el modelo que vi parecía más bien un dron-helicóptero gigante, con una docena de hélices y ruedas. Al otro lado de la ciudad, se ha preparado el terreno para una fábrica de camiones eléctricos. Una vez terminada, se espera que produzca miles de camiones valorados en US$100.000 cada año.

En la costa de Georgia, dentro de un año comenzará a producirse una nueva “metafábrica” de Hyundai para autos eléctricos y baterías, con planes de producir medio millón de vehículos al año. Sin embargo, en la heladería local Scoops, tanto los lugareños como los turistas dicen que no sienten que estén viviendo un boom económico. Los precios siguen siendo altos. Las familias dependen de sus tarjetas de crédito.

Se trata de un auge industrial que se produce en las fábricas y no es algo que la gente haya notado en su vida cotidiana.

“No es terrible”, me dijo un cliente. “Quiero decir, nos adaptamos al costo de todo y, simplemente, seguimos adelante. No vamos a dejar de vivir la vida tal como están las cosas, sino que simplemente trabajaremos más duro. Ese es nuestro lema”.

El hecho de que los precios sigan subiendo más de lo esperado significa que las tasas de interés se mantienen altas. El costo de endeudamiento en EE.UU. se encuentra actualmente en su nivel más alto en 22 años, mientras la Reserva Federal (la Fed, el banco central de EE.UU.) intenta frenar la inflación.

Pero en la capital de Georgia, el presidente de la Fed de Atlanta, Raphael Bostic, dice que muchas personas son “menos sensibles” que antes a los aumentos de las tasas de interés. Dice que esto se debe a la tendencia en Estados Unidos hacia las hipotecas a largo plazo, a 30 años: los préstamos más grandes que obtienen las personas a menudo se fijan a una tasa mucho más baja.

El efecto de las cuentas por pagar

Sin embargo, la decisión de Estados Unidos de mantener las tasas altas por más tiempo tiene un efecto en cadena fuera de ese país.

Así, por ejemplo, si alguien enfrenta un aumento de las tasas hipotecarias en Reino Unido, esto se puede atribuir directamente a que los mercados europeos siguieron a los de EE.UU., por lo que hay que suponer que las tasas de interés bajarán más lentamente de lo esperado. A más largo plazo, las inversiones adicionales de Biden podrían hacer que la economía estadounidense sea aún más productiva.

Pero el desafío más inmediato de la economía estadounidense es la obstinación de la inflación y el riesgo de que las elevadas deudas gubernamentales se afiancen. La deuda nacional de Estados Unidos asciende ahora a US$34 billones y, como proporción del PIB, se espera que alcance un máximo histórico al final del próximo mandato presidencial.

Los costos de la pandemia, la ayuda militar, los recortes de impuestos y los préstamos para financiar inversiones verdes han contribuido a su incremento. Sólo pagar los intereses de esta deuda a las tasas actuales le costará a Estados Unidos más de lo que gasta en defensa: US$870 mil millones.

En una década, la combinación de los intereses de la deuda con el gasto gubernamental obligatorio en Medicare, Medicaid y la seguridad social consumirá todos los ingresos fiscales de Estados Unidos, sin dejar fondos para nada más, como la defensa, la infraestructura y los tribunales, dice la Oficina de Presupuesto del Congreso.

Todo esto está poniendo en riesgo la reputación de Estados Unidos como país con una moneda estable en el que es seguro invertir. El año pasado, perdió dos de sus tres calificaciones crediticias AAA, y el Tesoro, la Reserva Federal y el FMI han dicho que su trayectoria fiscal es “insostenible”.

Para ser claros: Estados Unidos no va a ir a la quiebra: puede imprimir todos los dólares que quiera. Su estabilidad significa que el dólar es la moneda de reserva mundial, es aceptado en todo el mundo y es visto como una inversión segura en tiempos difíciles.

Significa que Estados Unidos se beneficia de un flujo aparentemente interminable de dinero barato, que respalda la economía. Pero ahora Estados Unidos realmente está comprobando si la paciencia de algunos inversores tiene límites.

De cara a las próximas elecciones presidenciales en EE.UU., en las que ninguno de los candidatos habla mucho sobre el control del endeudamiento, Raphael Bostic advierte con franqueza que el estatus de refugio seguro del país podría estar en juego.

“Deberíamos tener una conversación sobre si estamos socavando la confianza en la fe y el crédito plenos del gobierno de Estados Unidos. Porque realmente no podemos darnos el lujo de hacer eso”.

Pero ¿el papel del dólar estadounidense como moneda de reserva número uno del mundo es seguro? “Hoy es seguro”, me dice. No obstante, sugiere que Estados Unidos ya no puede dar esto por sentado. “Todo el mundo tiene que hacer cosas para garantizar la seguridad. Cuando viajamos en autobús, auto o avión, nos ponemos el cinturón de seguridad”, comenta.

La carrera de los subsidios

El “ambicioso” gasto que hace Biden con dinero prestado para impulsar la economía del futuro contrasta marcadamente con lo que ocurre, por ejemplo, en Reino Unido. En este caso, tanto el gobierno como la oposición se han conformado con la idea de que Reino Unido no puede imitar a Estados Unidos, porque Reino Unido no tiene las ventajas de una moneda de reserva.

Rachel Reeves, la responsable de temas de Hacienda y Finanzas del opositor Partido Laborista de Reino Unido, me dijo que impulsar la industria verde “no es sólo una cuestión de dinero”, luego de que su partido desistió de planes que tenía para gastar US$35.500 millones en proyectos similares.

Dijo que la secretaria del Tesoro de Estados Unidos, Janet Yellen, le advirtió sobre los riesgos inflacionarios de hacer esto sin invertir primero en capacitación y liberalizar las leyes de planificación para facilitar la construcción de fábricas.

El ministro de Hacienda británico, Jeremy Hunt, ha dejado claro que no está interesado y que Reino Unido no puede darse el lujo de copiar el enfoque de Biden en una “carrera global distorsionante por los subsidios”, y se apegará a otras formas de ayudar en ese cambio. Estados Unidos está transformando definitivamente el tejido manufacturero global, revirtiendo décadas de subcontratación en Asia oriental.

El actual titular de la Casa Blanca cree que el riesgo fiscal adicional vale la pena para permanecer en el juego. La economía estadounidense, a pesar de algunos altibajos en las cifras recientes, está obteniendo una resultados significativamente superiores a los del resto de Occidente.

Independientemente de que la apuesta económica del gobierno de Biden funcione o no, transformará la economía mundial y es un factor fundamental en las decisiones postelectorales que enfrenten tanto Estados Unidos como Reino Unido.

LA NACION

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