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La tarjeta rosa en el futbol: la mirada de “asociaciones” muy particulares

La anunciada aparición de la tarjeta rosa en la próxima Copa América que habilita un cambio más en los equipos a partir de un diagnóstico de traumatismo craneoencefálico en algún jugador fue un golpe demoledor para los nostálgicos de los tres cambios por partido que, de esta forma, ven cada vez más lejos la posibilidad de que regrese en el fútbol el histórico porcentaje de sustituciones que desapareció durante la pandemia.

Los adictos a los tres cambios por partido están convencidos que se desnaturalizó el juego al otorgarle a los entrenadores la posibilidad de cambiar medio equipo por partido. “La situación de los reemplazos parece desmadrada pero estamos seguros de que todo está fríamente planificado por la Fifa. Dentro de poco van a permitir otro cambio por pánico escénico, otro por estrés laboral y así hasta llegar al siniestro objetivo final de obligar el recambio de los 11 jugadores, una modificación reglamentaria impulsada por intereses muy poderosos ligados al negocio de la clonación de jugadores”, denuncian desde la Asociación Nacional por los Tres Cambios, organización local sin fines de lucro que presiona para que se vuelva al sistema prepandemia de reemplazos.

Según los denunciantes, los entrenadores darían el visto bueno a esta regla siempre y cuando cuenten con clones de sus mejores jugadores (cambiar a un jugador por su clon no viola la regla) y es ahí donde entran en el negocio empresas especializadas en la impresión 3D que pueden escanear y hacer copias perfectas de futbolistas. “Estas empresas empezaron haciendo prótesis de mandíbulas en 3D pero la tecnología avanzó tanto que ya pueden imprimir jugadores completos” agregan.

Sin embargo, los críticos sostienen que si bien los clones son copias perfectas de los jugadores originales, al salir de una impresora carecen de alma, lo cual es un requisito muy importante para jugar al fútbol ya que, por ejemplo, un jugador sin alma ni siquiera festeja los goles. Simplemente los convierte y vuelve a su lugar en la cancha.

La vinculación de las sustituciones y las conspiraciones se remontan sin embargo al Mundial de Inglaterra de 1966 cuando Corea del Norte eliminó de manera sorpresiva a Italia y los medios europeos fogonearon la denuncia de tintes racistas de que el despliegue futbolístico de los incansables coreanos se debía a que cambiaban los 11 jugadores en el entretiempo aprovechando que el parecido físico de los jugadores, convencionalismo que 58 años después fue retomado por la cancillería argentina respecto de los ciudadanos chinos.

Los historiadores del fútbol recuerdan que hasta 1958 los cambios de jugadores no existían y los once que empezaban el partido debían terminarlo, aun cuando un golpe en la cabeza le impidiera a un futbolista determinar si estaban jugando al fútbol o una partida de póquer. “Hasta ese entonces un jugador debía padecer una lesión extrema cercana a una mutilación para salir de la cancha ya que de lo contrario su equipo quedaba con 10 hombres” señala el periodista Una crónica de aquellos años destacaba el “coraje del centro half Argentino Serángeli que sufrió una grave torsión en su pie derecho y que permaneció dentro del campo a pesar de que su botín izquierdo miraba hacia adelante y el otro hacia atrás”.

Hasta el Mundial de México no hubo sustituciones en los mundiales, pero cuando los recambios comenzaron a intensificarse surgió la necesidad de crear los bancos de suplentes, una innovación que en su momento generó reticencia en algunos entrenadores porque consideraban que los jugadores titulares se podían poner nerviosos y cometer errores frente a la presencia de compañeros sentados de brazos cruzados esperando el momento para reemplazarlos.

Con el tiempo, los bancos de suplentes se naturalizaron y se fueron haciendo cada vez más populosos y con más comodidades. Cuando se autorizaron cinco cambios por partido durante la pandemia, la población de sustitutos subió de 12 a 15 jugadores, número que podrá seguir creciendo en la medida en que la Fifa siga autorizando cada vez más cambios. “Si esto sigue así, no es de extrañar ver bancos de 30 o más jugadores en un futuro no muy lejano, una superpoblación que les daría una apariencia similar a la las paradas de colectivos”, señala un dirigente algo preocupado por el fenómeno.

Muchos clubes ya están invirtiendo en ampliar las instalaciones para los jugadores de recambio para evitar incomodidades tales como que algunos deban sentarse en las piernas de sus compañeros para poder quedar bajo techo. “La idea es que cada uno tenga su butaca con su correspondiente frazada en invierno, que haya barra de tragos y que en definitiva el suplente esté lo suficientemente cómodo mientras espera su posible ingreso al partido”, expresó Javier “Cañito” Gómez, quien tuvo una destacada trayectoria como jugador sustituto en varios clubes del ascenso (sólo fue titular en un partido en toda su carrera) y que actualmente preside Futbolistas Suplentes Agremiados, organización que suma cada vez más afiliados. El fútbol en tiempos de cambios.

​La Voz

​La anunciada aparición de la tarjeta rosa en la próxima Copa América que habilita un cambio más en los equipos a partir de un diagnóstico de traumatismo craneoencefálico en algún jugador fue un golpe demoledor para los nostálgicos de los tres cambios por partido que, de esta forma, ven cada vez más lejos la posibilidad de que regrese en el fútbol el histórico porcentaje de sustituciones que desapareció durante la pandemia.Los adictos a los tres cambios por partido están convencidos que se desnaturalizó el juego al otorgarle a los entrenadores la posibilidad de cambiar medio equipo por partido. “La situación de los reemplazos parece desmadrada pero estamos seguros de que todo está fríamente planificado por la Fifa. Dentro de poco van a permitir otro cambio por pánico escénico, otro por estrés laboral y así hasta llegar al siniestro objetivo final de obligar el recambio de los 11 jugadores, una modificación reglamentaria impulsada por intereses muy poderosos ligados al negocio de la clonación de jugadores”, denuncian desde la Asociación Nacional por los Tres Cambios, organización local sin fines de lucro que presiona para que se vuelva al sistema prepandemia de reemplazos.Según los denunciantes, los entrenadores darían el visto bueno a esta regla siempre y cuando cuenten con clones de sus mejores jugadores (cambiar a un jugador por su clon no viola la regla) y es ahí donde entran en el negocio empresas especializadas en la impresión 3D que pueden escanear y hacer copias perfectas de futbolistas. “Estas empresas empezaron haciendo prótesis de mandíbulas en 3D pero la tecnología avanzó tanto que ya pueden imprimir jugadores completos” agregan.Sin embargo, los críticos sostienen que si bien los clones son copias perfectas de los jugadores originales, al salir de una impresora carecen de alma, lo cual es un requisito muy importante para jugar al fútbol ya que, por ejemplo, un jugador sin alma ni siquiera festeja los goles. Simplemente los convierte y vuelve a su lugar en la cancha.La vinculación de las sustituciones y las conspiraciones se remontan sin embargo al Mundial de Inglaterra de 1966 cuando Corea del Norte eliminó de manera sorpresiva a Italia y los medios europeos fogonearon la denuncia de tintes racistas de que el despliegue futbolístico de los incansables coreanos se debía a que cambiaban los 11 jugadores en el entretiempo aprovechando que el parecido físico de los jugadores, convencionalismo que 58 años después fue retomado por la cancillería argentina respecto de los ciudadanos chinos.Los historiadores del fútbol recuerdan que hasta 1958 los cambios de jugadores no existían y los once que empezaban el partido debían terminarlo, aun cuando un golpe en la cabeza le impidiera a un futbolista determinar si estaban jugando al fútbol o una partida de póquer. “Hasta ese entonces un jugador debía padecer una lesión extrema cercana a una mutilación para salir de la cancha ya que de lo contrario su equipo quedaba con 10 hombres” señala el periodista Una crónica de aquellos años destacaba el “coraje del centro half Argentino Serángeli que sufrió una grave torsión en su pie derecho y que permaneció dentro del campo a pesar de que su botín izquierdo miraba hacia adelante y el otro hacia atrás”.Hasta el Mundial de México no hubo sustituciones en los mundiales, pero cuando los recambios comenzaron a intensificarse surgió la necesidad de crear los bancos de suplentes, una innovación que en su momento generó reticencia en algunos entrenadores porque consideraban que los jugadores titulares se podían poner nerviosos y cometer errores frente a la presencia de compañeros sentados de brazos cruzados esperando el momento para reemplazarlos.Con el tiempo, los bancos de suplentes se naturalizaron y se fueron haciendo cada vez más populosos y con más comodidades. Cuando se autorizaron cinco cambios por partido durante la pandemia, la población de sustitutos subió de 12 a 15 jugadores, número que podrá seguir creciendo en la medida en que la Fifa siga autorizando cada vez más cambios. “Si esto sigue así, no es de extrañar ver bancos de 30 o más jugadores en un futuro no muy lejano, una superpoblación que les daría una apariencia similar a la las paradas de colectivos”, señala un dirigente algo preocupado por el fenómeno.Muchos clubes ya están invirtiendo en ampliar las instalaciones para los jugadores de recambio para evitar incomodidades tales como que algunos deban sentarse en las piernas de sus compañeros para poder quedar bajo techo. “La idea es que cada uno tenga su butaca con su correspondiente frazada en invierno, que haya barra de tragos y que en definitiva el suplente esté lo suficientemente cómodo mientras espera su posible ingreso al partido”, expresó Javier “Cañito” Gómez, quien tuvo una destacada trayectoria como jugador sustituto en varios clubes del ascenso (sólo fue titular en un partido en toda su carrera) y que actualmente preside Futbolistas Suplentes Agremiados, organización que suma cada vez más afiliados. El fútbol en tiempos de cambios. 

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