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Argentinos por el mundo: así se vive el 25 de mayo en Dinamarca

Este festejo por el 25 de mayo es un asado entre amigos y familiares. Hay empanadas de carne, choripan y vino, argentino, por supuesto. Alguien toca tango con una guitarra criolla.

Los asistentes van con la escarapela celeste y blanca, pero en el mástil flamean dos banderas.

Es también un 25 de mayo que se festeja con cerveza Carlsberg, donde el postre es torta con café, y la gente habla a la vez castellano y danés. Un espacio donde conviven ambas nacionalidades que cantan juntas los himnos de dos países: Argentina y Dinamarca.

Porque este festejo por el Día de la Revolución de Mayo sucede a más de 12 mil km de distancia de territorio argentino. Es en la localidad de Farum, a media hora en tren de Copenhague, la capital de Dinamarca, y la planificó un organización de dano-argentinos con más de 70 años de historia.

Los argentinos viviendo hace décadas en Dinamarca

La Asociación Argentina en Dinamarca (o Argentinsk Forening i Danmark) nació en 1946 de la mano de un grupo de dano-argentinos que buscaba vivir las tradiciones argentas desde su nuevo hogar. Un año después, armaron el primer gran asado patrio. En la actualidad es una asociación con 100 miembros que busca fomentar la cultura argentina en Dinamarca con actividades, eventos y proyectos. El más popular continúa siendo el “asadito” de mayo.

En su comisión directiva hay seis miembros, pero en realidad son muchos más lo que están detrás: Bernardo, Daniel, Mario, Anabela, Teresa, Rodolfo y tantos más que parecieran conocerse de toda la vida. Argentinos e hispanohablantes que se mudaron a Dinamarca, algunos casados con daneses, o con hijos daneses, o de familia danesa.

Acá los idiomas fluyen entre uno y el otro: muchos asistentes son parejas, hijos, amigos daneses. Cada anuncio de Bernardo o “Bernie” -actual presidente de la Asociación- se hace en castellano y en danés. La mayoría de los miembros viven hace décadas en Dinamarca y han aprendido el idioma del país que los adoptó.

Rubén e Ilda son una de las parejas que hace más tiempo están en la asociación. Él, de nacionalidad danesa nacido en Necochea. Ella, del noroeste argentino. Rubén cuenta que Necochea forma parte del “triángulo danés” junto a Tandil y Tres Arroyos, una zona en la provincia de Buenos Aires que concentra la segunda comunidad más grande de inmigrantes daneses. Tiempo después, varios hijos de estos inmigrantes volvieron a la tierra de sus antepasados.

Rubén e Ilda emigraron a Dinamarca en 1996 buscando un futuro mejor para sus hijos. El sabía hablar un danés antiguo, sin mucha formación. Ella, nada de nada, pero tomó clases durante un año y se lanzó. Ilda siguió un programa de estudios que financia el gobierno danés para que los inmigrantes aprendan el idioma y se adapten a la cultura local. Ese mismo programa continúa a día de hoy.

Para muchos migrantes argentinos, el ser extranjero es una etiqueta que diferencia y embebe todo. Primero se es argentino. Después viene todo lo demás. Y lo mismo les sucede al volver al país.

“En Dinamarca soy el argentino, y en argentina, el danés”, dice Rubén.

Así se vive un 25 de mayo no tan diferente

Quienes van llegando se saludan (muchos se conocen desde hace años), toman una copa de vino, van con su lata de cerveza. Llama primero la atención el humo que sale del patio, donde se están cocinando chorizos, vacío y dos corderos. Algunos no comen un buen asado hace tiempo.

La introducción da paso al inicio del evento. El presidente de la asociación dice unas palabras, presenta a todos los miembros. También le dan la bienvenida al nuevo cónsul argentino en Dinamarca, Luis Fuhr. Va del español al danés, y viceversa.

La gente se sienta en grupos para cenar. Hay algunas personas jóvenes, pero por sobre todo dan el presente adultos mayores y familias con niños. Todos escuchan con paciencia, cantan juntos los himnos.

La asociación organiza una rifa con productos argentinos (vinos, yerba mate, dulces), que serán codiciados por todos los asistentes. En medio de la comida un músico toca tango y anima a los asistentes a cantar con él. Hay risas y charlas en un ambiente alegre y relajado. Comparten todos juntos, así como lo harían en un asado familiar un domingo cualquiera. Al fin y al cabo son argentinos, y eso el tiempo no lo diluye.

* Clara Ferrer Puccio, especial, desde Copenhague

​La Voz

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