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Tenía todo para ganar, pero lo dejó pasar y recibió un duro golpe ante Huracán

Instituto no supo ganar, este domingo, en Parque Patricios un partido que tuvo servido en bandeja. Huracán jugó todo el segundo tiempo con un hombre menos por la expulsión del chileno William Alarcón a los 43 minutos de la etapa inicial. Y la Gloria no se atrevió a hacer valer esa diferencia que suele ser esencial. Faltaron decisión y juego para tomar con firmeza las riendas del trámite. Y el precio que se pagó fue demasiado caro, quizá exagerado.

En el minuto 12 de un descuento eterno y mediante un penal convertido por Ignacio Pussetto luego de dos faltas consecutivas de Miguel Brizuela al propio Pussetto, una fuera del área y la otra, una sujeción de la camiseta adentro, el Globo se anotó una victoria con el último aliento. En el momento más caliente de un partido que también lo fue (y hasta por demás), a Brizuela, que reapareció ayer y a los 36 minutos del complemento reemplazó a Gonzalo Requena, le faltaron herramientas para defender mejor. Pero no sólo falló Brizuela. En verdad, todo Instituto cuidó mal su propio espacio aéreo: Huracán cabeceó dos veces en el área cordobesa. El árbitro Ariel Penel en principio no había advertido el penal. Pero Fernando Rapallini, desde el VAR, rectificó su decisión y lo convenció de cobrar la pena máxima.

Tan golpeado quedó la Gloria por haber perdido un partido que estaba para ganar si se lo hubiera propuesto, que el entrenador Diego Dabove no se presentó a la conferencia de prensa y hasta hubo rumores de un reto severo y en voz muy alta a los jugadores en el vestuario por la oportunidad desperdiciada. En verdad, los dos que dieron la cara, el capitán Santiago Rodríguez y Jonathan Bay, no brindaron una explicación convincente de por qué el equipo hizo lo que hizo (o no hizo lo que debía hacer) en el segundo tiempo.

Sin ser claramente más, Instituto le había sacado diferencias a Huracán en los 45 minutos iniciales. Al menos, había tenido las situaciones más claras: una peinada de Brahian Cuello, tras un centro de Lodico desde la izquierda, salió cerca del poste izquierdo y un minuto más tarde, Lucas Carrizo salvó sobre la línea un remate de Rodríguez luego de dejar en el camino a Hernán Galíndez, el arquero de Huracán. Corto y ordenado, el 4-4-2 de Dabove funcionaba y le impedía al Globo llegar cerca de Roffo. Aunque faltaba algo más de picante arriba.

Después de la expulsión de Alarcón por una dura entrada sobre Cuello, el partido quedó cortado a la medida de Instituto: para llevarse los tres puntos, había que pisar el acelerador y atreverse a hacer valer la superioridad numérica. Pero el equipo se evaporó: le faltó actitud ganadora y algo más de volumen de juego. Acaso porque Lodico y Puebla juegan demasiado atrás y con obligaciones defensivas que los alejan de sus delanteros.

Tampoco desde el banco, Dabove tocó las teclas necesarias para despertar a su equipo: todos los cambios que hizo fueron puesto por puesto, cuestión de no romper el 4-4-2. El entrenador cambió pero en realidad, no cambio nada. Y así le fue.

Huracán, en cambio, se adaptó a la desventaja y dio pelea con sus limitaciones a cuestas. A los 17 minutos, le anularon un gol a Pussetto por una mínima posición adelantada de Walter Mazzantti. Y ni siquiera eso hizo reaccionar a la Gloria. De todas maneras, no era para perder el partido. El empate estaba bien, no había nada para discutir.

En todo caso, el Globo cobró el premio mayor porque lo buscó hasta el final. Instituto lo tuvo en sus manos. Pero lo dejó escapar. La derrota dolorosa fue una consecuencia de todo eso: de la actitud de Huracán de no rendirse nunca y de la apatía de Instituto que dejó pasar el partido de largo. Y lo perdió en el descuento. De una manera que seguramente dará mucho que hablar durante la semana en Alta Córdoba.

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​Instituto no supo ganar, este domingo, en Parque Patricios un partido que tuvo servido en bandeja. Huracán jugó todo el segundo tiempo con un hombre menos por la expulsión del chileno William Alarcón a los 43 minutos de la etapa inicial. Y la Gloria no se atrevió a hacer valer esa diferencia que suele ser esencial. Faltaron decisión y juego para tomar con firmeza las riendas del trámite. Y el precio que se pagó fue demasiado caro, quizá exagerado.En el minuto 12 de un descuento eterno y mediante un penal convertido por Ignacio Pussetto luego de dos faltas consecutivas de Miguel Brizuela al propio Pussetto, una fuera del área y la otra, una sujeción de la camiseta adentro, el Globo se anotó una victoria con el último aliento. En el momento más caliente de un partido que también lo fue (y hasta por demás), a Brizuela, que reapareció ayer y a los 36 minutos del complemento reemplazó a Gonzalo Requena, le faltaron herramientas para defender mejor. Pero no sólo falló Brizuela. En verdad, todo Instituto cuidó mal su propio espacio aéreo: Huracán cabeceó dos veces en el área cordobesa. El árbitro Ariel Penel en principio no había advertido el penal. Pero Fernando Rapallini, desde el VAR, rectificó su decisión y lo convenció de cobrar la pena máxima.Tan golpeado quedó la Gloria por haber perdido un partido que estaba para ganar si se lo hubiera propuesto, que el entrenador Diego Dabove no se presentó a la conferencia de prensa y hasta hubo rumores de un reto severo y en voz muy alta a los jugadores en el vestuario por la oportunidad desperdiciada. En verdad, los dos que dieron la cara, el capitán Santiago Rodríguez y Jonathan Bay, no brindaron una explicación convincente de por qué el equipo hizo lo que hizo (o no hizo lo que debía hacer) en el segundo tiempo.Sin ser claramente más, Instituto le había sacado diferencias a Huracán en los 45 minutos iniciales. Al menos, había tenido las situaciones más claras: una peinada de Brahian Cuello, tras un centro de Lodico desde la izquierda, salió cerca del poste izquierdo y un minuto más tarde, Lucas Carrizo salvó sobre la línea un remate de Rodríguez luego de dejar en el camino a Hernán Galíndez, el arquero de Huracán. Corto y ordenado, el 4-4-2 de Dabove funcionaba y le impedía al Globo llegar cerca de Roffo. Aunque faltaba algo más de picante arriba.Después de la expulsión de Alarcón por una dura entrada sobre Cuello, el partido quedó cortado a la medida de Instituto: para llevarse los tres puntos, había que pisar el acelerador y atreverse a hacer valer la superioridad numérica. Pero el equipo se evaporó: le faltó actitud ganadora y algo más de volumen de juego. Acaso porque Lodico y Puebla juegan demasiado atrás y con obligaciones defensivas que los alejan de sus delanteros.Tampoco desde el banco, Dabove tocó las teclas necesarias para despertar a su equipo: todos los cambios que hizo fueron puesto por puesto, cuestión de no romper el 4-4-2. El entrenador cambió pero en realidad, no cambio nada. Y así le fue.Huracán, en cambio, se adaptó a la desventaja y dio pelea con sus limitaciones a cuestas. A los 17 minutos, le anularon un gol a Pussetto por una mínima posición adelantada de Walter Mazzantti. Y ni siquiera eso hizo reaccionar a la Gloria. De todas maneras, no era para perder el partido. El empate estaba bien, no había nada para discutir.En todo caso, el Globo cobró el premio mayor porque lo buscó hasta el final. Instituto lo tuvo en sus manos. Pero lo dejó escapar. La derrota dolorosa fue una consecuencia de todo eso: de la actitud de Huracán de no rendirse nunca y de la apatía de Instituto que dejó pasar el partido de largo. Y lo perdió en el descuento. De una manera que seguramente dará mucho que hablar durante la semana en Alta Córdoba.El resumen de la TVLas posiciones de la Liga ProfesionalLos encuentros y el fixture de la Liga Profesional 

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