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México podría consagrar hoy a la primera presidenta de su historia

En un escenario de polarización política extrema signado por la violencia de toda calaña, el pueblo mejicano decidirá este domingo, a través del voto universal y secreto, en una sola vuelta y por simple mayoría, quién recibirá la banda presidencial y los atributos del mando que le traspasará Andrés Manuel López Obrador el próximo 1° de octubre para conducir –hasta igual fecha de 2030– los destinos del país azteca, de unos 127,5 millones de habitantes.

Sólo un sismo electoral de escala fenomenal –e imperceptible hasta ahora para los instrumentos utilizados por la demoscopia para medir la intención de votos– podría impedir que una mujer se convierta este 2 de junio en la primera presidenta de México en 200 años de democracia y a casi siete décadas de la implementación del sufragio femenino en una compulsa federal.

Es así porque las dos principales aspirantes al cargo son mujeres y el tercer competidor en carrera, Jorge Álvarez Máynez (39), marcha a una distancia sideral detrás de la oficialista Claudia Sheinbaum (61) y de la opositora Xóchitl Gálvez (61), según coinciden casi todas las encuestadoras con antecedentes de confiabilidad comprobados.

Sheinbaum es la favorita para concluir con victoria el “proceso electoral más grande en la historia de México” en el que están habilitadas para votar unos 98 millones de personas mayores de 18 años. Fundadora del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), está llamada a continuar la “Cuarta Transformación” de Andrés Manuel López Obrador, a quien acompañó en sus tres campañas presidenciales hasta que en 2018 el escritor tabasqueño resultó vencedor y ella, consagrada jefa de Gobierno de Ciudad de México, la capital del país, de unos 9,2 millones de habitantes en su ejido urbano y 22,8 millones en el área metropolitana.

Abanderada de la continuidad

La abanderada de la continuidad es candidata por la alianza Sigamos Haciendo Historia. Morena, el Partido del Trabajo (PT) y los ecologistas (PVEM) integran esta coalición y sus afiliados y militantes optaron por Sheinbaum en las internas del espacio relegando a varios pesos pesados del oficialismo como el exministro de Asuntos Exteriores Marcelo Ebrard.

Licenciada en Física por la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam), comenzó su carrera política en 2000 como secretaria de Medio Ambiente en el gobierno de Ciudad de México de Amlo, de quien también fue vocera en su primera campaña presidencial.

Antes de eso, tuvo a su cargo la Alcaldía de Tlalpan, en Ciudad de México, en donde le tocó gestionar las repercusiones del terremoto de 2017, una de las tantas crisis que enfrentó como mandataria desde entonces, siendo las más crítica la del derrumbe en mayo de 2021 de la línea 12 del metro de la capital mejicana, que dejó al menos 26 muertos y cerca de cien heridos.

Estandarte del cambio

La senadora Xóchitl Gálvez (61) es la elegida por los tres grandes partidos de la oposición mejicana para intentar arrebatarle el poder a Morena y sus aliados este domingo. Tras convertirse en un fenómeno político de magnitud, auspiciado por las élites económicas del país azteca, fue perdiendo peso hasta el punto de que pocos confían en que pueda ser capaz de detener la probable reelección del oficialismo en la instancia crucial de hoy.

En un primer momento, se evaluó que Gálvez disputara la jefatura de Ciudad de México en la compulsa de este 2 de junio, en la que también están en juego la renovación completa del Congreso (128 senadores y 500 diputados federales), ocho gobernaciones estatales (incluida la capitalina) y 1.600 cargos políticos de carácter local, entre otros. Sin embargo, la oposición inició un proceso de decantación tras presentarla como candidata a las generales por su sello Fuerza y Corazón por México.

Ingeniera en computación y empresaria del sector tecnológico, Gálvez encarna el rechazo frontal a López Obrador a quien considera un líder autoritario y de quien critica su política de seguridad de “abrazos, no balazos”, que no ha logrado contener la violencia, así como sus ataques a los organismos autónomos o al poder judicial.

No obstante, la candidata opositora comparte con el actual presidente una forma de hablar directa y campechana con la que aspira a cosechar votos de las clases más populares –donde se encuentra la principal base electoral de Morena y sus aliados–, así como ocurrencias llamativas, pues hasta firmó con sangre y ante notario que no iba a suprimir el principal logro de este sexenio: los programas sociales.

​La Voz

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