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Elecciones en México: una herencia pesada y una lista de desafíos viejos y nuevos para quien suceda a López Obrador

CIUDAD DE MÉXICO.- Un presidente que se va con su popularidad intacta. Una candidata del oficialismo que se encamina a ganar con comodidad la elección presidencial, y se prepara para tomar la posta y continuar con su proyecto político. A primera vista, cualquiera podría pensar que Andrés Manuel López Obrador le deja a Claudia Sheinbaum -a quien los boca de urna la dan como vencedora- un país mejor del que recibió. Pero la realidad es más compleja.

Sheinbaum recibiría una herencia pesada y una larga lista de desafíos en el Palacio Nacional, tanto o más abultada que la del propio López Obrador cuando asumió hace casi seis años. Al tope de esa lista: la inseguridad.

Sheinbaum llamó a López Obrador “el mejor presidente de la historia” al cerrar su campaña en el Zócalo de la Ciudad de México, pero su jefe político, fundador del movimiento que la llevó a lo más alto del poder de México, deja el sexenio más violento de la historia con más de 176.000 asesinatos, una sociedad fracturada, un país que según dónde uno viva puede estar o no en manos del narco y el crimen organizado, el mayor déficit fiscal –5% del PBI– y el menor crecimiento económico desde finales de los 80, y un hartazgo y resignación entre la gente con la corrupción y la impunidad, a las que había prometido desterrar.

Al igual que sus antecesores, Sheinbaum debería encontrar una fórmula para solucionar el flagelo de la violencia criminal –la receta de “abrazos, no balazos” de López Obrador fracasó–, irresuelto por décadas, intentar reencontrar a la gente con la política, y diseñar una receta para darle un empujón a una economía anémica que, pese a las mejoras sociales del último sexenio, aún no funciona para todos.

A diferencia de todos los presidentes anteriores, se enfrentaría además con otros dos retos: ser la primera mujer en llevar las riendas de un país habituado a ver a un hombre al frente, y lidiar con la presencia de López Obrador. AMLO, como se lo conoce popularmente, prometió retirarse a su rancho en Chiapas, “La Chingada”, pero en México hay quienes creen que nunca se irá del todo.

Por eso además de resolver los problemas más urgentes para la gente, una de las tareas iniciales de Sheinbaum sería construir una fuerza de gravedad política propia bajo la sombra de López Obrador. Aunque lleva más de dos décadas en la alta política mexicana, llamativamente, nadie sabe a ciencia cierta cómo lo haría, si intentaría profundizar el giro de López Obrador o, por el contrario, ofrecería una versión más light, más moderada, sin las polémicas y los tintes populistas del obradorismo.

Si Sheinbaum pisara el acelerador, va por todo y avanza con el llamado “plan C” propuesto durante la campaña –una serie de polémicas reformas constitucionales, entre ellas, elegir a los jueces de la Corte Suprema a través del voto popular–, se enfrentaría con el mismo rechazo popular que se vio al cierre del sexenio de López Obrador en las marchas de la “Marea Rosa”. Más crispación social y política.

Sheinbaum no sólo avaló las medidas de ese plan, que para sus críticos pondría la firma en el acta de defunción de la democracia en México al acentuar la deriva autoritaria que imprimió AMLO durante su gobierno: lo hizo propio.

“Ya ven ustedes que el presidente nos dio una tarea, no sé si lo han oído en las mañaneras recientemente, una tarea que se llama el ‘plan C’, pues yo digo que es el ‘plan C’ de Claudia”, dijo Sheinbaum a fines del año anterior en un acto en Yucatán.

Una radicalización del rumbo marcado por López Obrador le permitiría a Sheinbaum afianzarse como líder y heredera de Morena, pero tensaría aún más a una sociedad que, por momentos, parece acostumbrada –¿resignada?– a vivir con los problemas de siempre. La mente de los mexicanos no está en el “plan C”, sino en la inseguridad.

Una variante es que Sheinbaum busque un sendero más moderado, sin el perfil populista de López Obrador y su lógica de “ellos y nosotros”, y se enfoque en resolver problemas dejando de lado las reformas polémicas y preservando los logros más populares del obradorismo, como los programas sociales. Sheinbaum prometió continuidad con cambio. Los mexicanos descubrirán más pronto que tarde cuánto habrá de continuidad, y cuánto de cambio.

LA NACION

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