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IA y política: ¿se viene el candidato artificial?

Síganme, no los voy a desconectar. En tiempos de nostalgia menemista y auge de la inteligencia artificial, este podría ser un slogan de campaña. Se lo voy a proponer a Pedro Markun, candidato a legislador por la ciudad de San Pablo, Brasil, que se presenta a las elecciones del 6 de octubre con una plataforma humana potenciada por inteligencia artificial. Es, tal vez, el primer candidato híbrido del mundo.

Markun es un militante de izquierda y activista digital que vio en la IA generativa una herramienta para vigorizar a los legisladores y sus votantes. Vale la pena ponerle encima el microscopio.

Como la tecnología generativa se mueve a una velocidad asombrosa y trae consecuencias muy diversas, es casi imposible entender sus implicancias de un solo pantallazo general. Es más útil mirar un detalle, un recorte específico del mundo –en este caso, la política legislativa– y preguntarse qué pasa ahí, para después extrapolar a otros dominios.

El otro espacio de intervención que propone Markun es usar IA para dialogar con los ciudadanos. Una especie de BOTI aumentado que hable como nosotros, reciba reclamos las 24 horas y actúe automáticamente: que contacte a un fiscal, haga una moción legislativa, presente un amparo

La candidatura híbrida asume que la inteligencia artificial va a transformar la política. Puede ser para bien: que mejore la capacidad de análisis e implementación de políticas, tome decisiones más sabias e incremente la participación ciudadana. O puede ser para mal: que los votantes queden a merced de decisiones automatizadas, cuya lógica no entiendan e incluso los perjudique. Markun sugiere tomar el toro (digital) por las astas y trabajar con él, poniéndolo a nuestro servicio.

Su plataforma propone dos tipos de intervención. La primera es la producción y análisis de las leyes, sumado al monitoreo de las cuentas públicas, para generar mejores ideas y fiscalizar al poder. Hoy existen 42.408 proyectos de ley en la Cámara Municipal de San Pablo. Solo una IA es capaz de procesar tanto. Los diputados argentinos lo vivieron hace poco con el DNU de Milei o la Ley Bases, que debían considerar en tiempo récord. ¿Los beneficiaría el poder de síntesis y razonamiento de una IA bien entrenada en sus temas? Se volverían super-legisladores.

No sería el único cambio. También podría alterarse la competencia entre bloques, con algunos mucho más productivos que otros, y podrían requerirse nuevas habilidades. El Partido de la Red, creado en la Argentina luego de la crisis del 2001, proponía hackear el código de los abogados –que “programan” las leyes– usando código computacional abierto para fomentar la participación. ¿Será que ahora finalmente será más importante saber de prompts y machine learning que pasar por la Facultad de Derecho?

Puede ser también que nada de esto suceda y se imponga la “slow policy”, como el fast food generó su antagonista.

El otro espacio de intervención que propone Markun es usar IA para dialogar con los ciudadanos. Una especie de BOTI aumentado que hable como nosotros, reciba reclamos las 24 horas y actúe automáticamente: que contacte a un fiscal, haga una moción legislativa, presente un amparo. Que además nos recuerde de llamadas anteriores. En lo personal, prefiero que BOTI sepa olvidarme, pero es tentador contar con él cuando lo necesite.

La candidatura híbrida asume que la inteligencia artificial va a transformar la política. Puede ser para bien: que mejore la capacidad de análisis e implementación de políticas, tome decisiones más sabias e incremente la participación ciudadana. O puede ser para mal: que los votantes queden a merced de decisiones automatizadas, cuya lógica no entiendan e incluso los perjudique. Markun sugiere tomar el toro (digital) por las astas y trabajar con él, poniéndolo a nuestro servicio

Tal vez lo más interesante de la plataforma de Markun no esté en lo que entrega sino en lo que recibe. Markun propone alimentar su modelo con una serie de “principios inmutables” como los derechos humanos o la transparencia, que tracen líneas inviolables para la máquina. A la vez, pretende alimentarlo de conocimiento. En su caso, lo entrena con Karl Marx, Adam Smith y Thomas Picketty, la legislación educativa finlandesa y la política de seguridad de Portugal. Seguro Milei elegiría otro corpus. Pero sea como sea el recorte, el modelo recibirá mucho más que lo que cualquier legislador puede procesar, aunque se esmere en la Biblioteca del Congreso.

Ya pueden ir pensando qué harán con el tiempo libre.

LA NACION

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