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Los tres motivos por los que somos tan inestables y qué podemos hacer para evitarlo y avanzar en la vida

Hoy te invito a reflexionar acerca de la inestabilidad en nuestras vidas. Muchas veces, somos como el elemento climático: un día estamos bien y, al día siguiente, estamos mal. En un momento, amamos a quien tenemos a nuestro lado y, al instante siguiente, somos totalmente indiferentes hacia el otro. Cambiamos y somos inconstantes como las olas del mar.

¿Por qué ocurre esto? Por tres posibles motivos. A saber:

1. Por reactividad

Al estar demasiado pendientes de lo que sentimos, de lo que nos sucede por dentro, por ende, lo que ocurre afuera nos lleva a reaccionar emocionalmente. Entonces, si me tratan bien, me siento bien; pero, si me tratan mal, me bajoneo y siento malestar. Reaccionamos, desde las emociones, a cualquier estímulo que percibimos como peligroso.

2. Por miedo a la gente

¿Por qué razón podemos temerles a los demás? Porque sobrevaloramos lo que el otro puede o no puede, si el otro me quiere o no me quiere. Es como si les otorgáramos a las personas poderes especiales. Esto hace que, de acuerdo a cómo actúen los otros, nos vamos a sentir nosotros y así vamos a reaccionar. Nuestra vida comienza a depender de quienes nos rodean, aun sin darnos cuenta.

3. Por miedo a sufrir

A veces, tememos las consecuencias o lo que nos pueda llegar a ocurrir. Si yo, todo el tiempo, fantaseo catastróficamente con que algo malo me puede pasar, esa actitud hace que no me pare con firmeza sobre mis convicciones y mis deseos internos.

¿Qué podemos hacer para salir de una vida inestable que no nos permite avanzar y crecer?

Fundamentalmente, cambiar nuestra mirada. Esto implica dejar de mirar tanto el afuera para enfocarnos en nuestros propios proyectos. También afianzarnos en nuestros valores, en todo aquello que es importante para nosotros, más allá de todos los cambios externos que podamos ver.

En la vida siempre encontraremos cambios e inestabilidad, pues ella no es estática y está en constante movimiento. Sin embargo, cuando logramos desarrollar firmeza en nuestro interior y sabemos con certeza quiénes somos y hacia dónde vamos, podemos mantenernos estables y felices, suceda lo que suceda afuera.

LA NACION

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