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La torpeza como ideología

La novedad de la tarde del lunes fue que finalmente el Gobierno, a través de Sandra Pettovello, la ministra de Capital Humano, y el presidente Javier Milei, decidió la sucesión de Pablo de la Torre en el área de Acción Social de Capital Humano. Designaron a Yanina Nano Lembo, una funcionaria que ya pertenecía al área social del Gobierno y venía colaborando con Pettovello desde la Coordinación de Programas Sociales. Antes, había sido funcionaria del gabinete social de Horacio Rodríguez Larreta en la ciudad de Buenos Aires, a donde había llegado por un concurso técnico. Se desempeñó allí siempre en el nivel técnico, igual que en el gobierno nacional, donde tiene una conexión con funcionarios y colaboradores, sobre todo consultores de la Jefatura de Gabinete, a los que está vinculada por razones familiares. También está relacionada a la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE), a la que pertenecen esos colaboradores del exjefe de Gabinete Nicolás Posse. De todo ese universo viene Nano Lembo, quien tendrá un perfil técnico como funcionaria.

Se verá qué tipo de experiencia aportará en un sector y una actividad muy complicada, donde se juegan conflictos relacionados con las disputas de poder asociadas a las políticas sociales. Sobre todo, en un Gobierno que pretende llevar adelante una reforma muy radical y severa, con una propuesta muy audaz desde el punto de vista teórico y muy deseable desde el punto de vista de los valores: liberar a los más vulnerables y a los más pobres de la intermediación entre el Estado y ellos. Este propósito habrá que ver si no encuentra en el camino muchas dificultades prácticas. No es tan fácil reemplazar un aparato de transmisión entre el Estado y los sectores más vulnerables, que está arraigado en esa zona de la realidad política y social desde hace mucho tiempo. Es como si hubiera habido una especie de privatización de la política social a lo largo de los últimos años en un país con altísimos niveles de pobreza.

La Torpeza Como Ideología. El Editorial De Carlos Pagni

La designación de Yanina Nano Lembo se inserta en una crisis importante que ha tenido el Gobierno. Hemos estado utilizando dos categorías para analizar la personalidad de Javier Milei, recurriendo un poco a la Biblia, algo que a él le debe gustar: el rol del profeta versus el rol del rey. El rol del profeta es aquel que diagnostica una situación penosa, las miserias del presente y que propone un futuro, señala un horizonte, describe, podríamos decir, una utopía, algo a lo que se quiere llegar desde el punto de vista ideal. En contraposición, está el papel del rey, el que gobierna, el que tiene que implementar, dar soluciones hoy, caminando en alguna dirección, pero hoy. Para eso, tiene que negociar con las dificultades de la realidad y con otros actores. Tiene que ceder, probablemente renunciar a algunas ideas. Estos dos roles conviven en Milei de manera muy asimétrica.

Por un lado, vemos a un profeta, se podría decir exitoso, que anda por el mundo diciendo su verdad, una verdad muy radical, muy extrema, que es aplaudida en muchos foros. Estuvo en California predicando en favor de un estado mínimo. A sus propuestas él no las llama liberales sino anarcocapitalistas, lo que supone casi la eliminación del Estado. Un discurso que, entre los empresarios del mundo digital, en el universo de Silicon Valley, se aprecia. Se ve como el debe ser, en un mundo globalizado: el Estado en disolución. Le fue bien también en España, donde en la derecha lo aplauden. Debe ser muy atractivo ese tipo de viajes donde nadie le pide soluciones ya, más bien se aplaude lo que predica, sus ideas, no sus actos. Pasó en la Universidad de Stanford, donde habló para la Hoover Institution, que es uno de los think tanks más conservadores de Estados Unidos.

Cuando se fue, dejó una crisis a sus espaldas; cuando volvió, se encontró con otra. Al irse, dejó el recambio del jefe de Gabinete. Se fue Nicolás Posse y llegó Guillermo Francos. Con Posse también se fue el jefe de inteligencia, Silvestre Sívori. Al regresar, se encontró con una enorme crisis en el Ministerio de Capital Humano, nada menos que en el área de Acción Social, con protagonistas extraños, decisiones y relaciones insólitas. Hubo una crisis a la salida y otra al regreso, que en conjunto involucran al jefe de la administración, al jefe de los servicios de inteligencia, y al jefe del área con el presupuesto más abultado de toda la administración pública, que debe atender un problema de primera magnitud: la asistencia de los más desfavorecidos en un momento en que la pobreza tiene un extraordinario poder corrosivo sobre la sociedad argentina. Estamos hablando de una crisis importante que Milei debió y debe afrontar con estas nuevas designaciones.

El motivo por el cual sacaron a Posse sigue siendo un misterio. A sus más íntimos, el Presidente les dijo que le pidió tres cosas que nunca le cumplió. ¿Cuáles son? Nadie sabe. Estamos hablando de un funcionario, Posse, que había acumulado muchas funciones y responsabilidades, por su propia vocación de concentrar, no sabemos si poder político, pero sí poder administrativo. Tal vez esa misma acumulación es la que después se vuelve inhibitoria para actuar. Se volvió una especie de tapón para la acción.

Posse manejaba la Jefatura de Gabinete, que ya implica la coordinación de todos los ministros. Las empresas susceptibles de ser privatizadas, las empresas públicas. Y había decidido hacerse cargo de la designación de los jefes de las Fuerzas Armadas y de los jefes de las Fuerzas de Seguridad. Habrá que ver si hay alguna modificación en esto último. Decidió retener para sí, como un eje principal de operación, la relación con los Estados Unidos. Además, era el jefe del jefe de la AFI, es decir, del jefe de Inteligencia.

Muchos sospechan que en realidad Milei sacó a Posse para poder sacar a Sívori, el jefe de la AFI. Dicen que esa decisión la tomó muy aconsejado por una persona que adquiere más y más poder dentro del Gobierno: Santiago Caputo, el principal asesor de imagen de campaña de Milei, que se está convirtiendo en una especie de gran gestor de poder dentro del Gobierno. El Mago del Kremlin.

Este tema es importante porque, de un modo u otro, el problema del espionaje vuelve todo el tiempo en la Argentina. Uno de los cambios más importantes con el reemplazo de Posse por Francos es que la Agencia Federal de Inteligencia ahora depende del Presidente y ya no más del jefe de Gabinete. ¿Qué pasaba en esa área? Había reproches cruzados de espionaje, que comenzaron en febrero, justamente desde el Ministerio de Capital Humano. Hubo muchas notas en los diarios sobre Posse, con Sívori, espiando a funcionarios y, sobre todo, a Sandra Pettovello. Esta información es curiosa, porque si uno pone la lupa encima, detectará que Pettovello tenía un secretario muy importante al que después desplazó, llamado Maximiliano Keczeli, cuñado de Lucas Nejamkis, secretario privado de Antonio Stiuso, desde hace décadas un personaje tenebroso en el mundo de la inteligencia.

Desde ese lugar, tocado por los servicios de inteligencia o por quienes han estado en ellos, señalaban que Posse, a través de Sívori, espiaba a Pettovello. También hubo versiones de que espiaba a Santiago Caputo, atribuidas a Sívori. Que controlaba las relaciones de Caputo con gente del Gobierno anterior, sobre todo con Sergio Massa y Guillermo Michel, el administrador de la Aduana, que según muchas versiones sigue manejando esa dependencia. ¿Sobre esto tenía la mira puesta Sívori, es decir, Posse? ¿Eso es lo que molestaba? ¿Por eso lo sacaron? Lo curioso es que cuando se fueron, tanto Posse como Sívori comentaron delante de allegados que ellos fueron despedidos porque, en realidad, lo que molestaba es que no espiaban. Dicen que desde la Casa Rosada, concretamente Caputo, les pedía que espiaran a periodistas críticos y a políticos de la oposición. Es decir, había reproches cruzados. Es muy difícil determinar dónde está la verdad en todo esto. Tal vez en todo.

Lo que sí estamos viendo es que el Gobierno es víctima de un problema de muchos gobiernos, acentuado en este caso: un descontrol de los servicios de inteligencia y una contaminación con fuerzas de inteligencia informales que influyen en determinados ministerios y áreas de acción. Santiago Caputo ganó. No solo se queda con la AFI, que depende de la presidencia, pero que empieza a ser de su competencia, sino que puso allí a Sergio Neiffert, un desconocido en el mundo del espionaje. Un exfuncionario de Malvinas Argentinas, un hombre del conurbano, muy ligado al exintendente Jesús Cariglino, a la vez muy amigo del padre de Santiago Caputo, ya fallecido, Claudio Caputo.

Llegó Neiffert, que no conoce de inteligencia. Aunque dicen que tiene alguna relación con organismos de Estados Unidos, pero no se sabe cuáles. También con sectores de la Justicia provincial bonaerense. Seguramente va a tener que ser asistido en la tarea que ahora se le va a asignar. Para eso, gente muy calificada del Gobierno dice que Santiago Caputo está pensando en amigos de Stiuso, justamente. Esto coincide con una versión que circuló durante el fin de semana, que afirma que Nejamkis ofreció cargos para la AFI a gente que rechazó los cargos. Es decir, habría una especie de regreso, bajo el paraguas de Santiago Caputo, de personas muy cuestionadas en el manejo de los servicios de inteligencia.

Aquí parece haber una curiosidad un poco resbaladiza relacionada con una cuenta de X (anteriormente Twitter) denominada “John” (@SnakeDocLives) y que esta madrugada del martes cambió de nombre por Robert Paulson (¿el personaje de “Fight Club”?), sumando en un rato más de 3000 seguidores. Es importante porque mucha gente cree, y se comunica con la cuenta en esos términos, que pertenece a Santiago Caputo. Al asesor se le atribuía también otra cuenta, “Enfant Terrible”, pero al poco tiempo de que la mencionamos en Odisea Argentina, fue cerrada. Y apareció esta otra cuenta, cuyo titular, ignoto, tiene una retórica y un nivel de exaltación respecto del Gobierno, del sueño imperial del Gobierno, muy parecidos a los de “Enfant Terrible”. No sabemos en ninguno de los dos casos si es de Santiago Caputo. Pero es importante políticamente porque mucha gente, inclusive dentro del Gobierno, la sigue como si fuera de Caputo.

Es importante considerar todo este mundo vidrioso y opaco porque aparece en la pelea que se da en Capital Humano durante estos últimos días. Ahí se desató una crisis, que se origina en una denuncia de Juan Grabois, quien advirtió que había alimentos almacenados en Tafí Viejo y en Villa Martelli, en dos depósitos del Ministerio de Capital Humano que no se están repartiendo y que, muchos de ellos, se van a vencer. A partir de esa denuncia, se abrió una causa judicial en el juzgado del doctor Sebastián Casanello. La investigación avanzó y se empezó a verificar que lo dicho por Grabois era correcto, para malestar del Gobierno que tiene con Grabois y con los movimientos sociales un enorme conflicto, porque los acusa de manipulaciones en el reparto de la asistencia social, condicionamientos políticos sobre aquellos que reciben la asistencia. Es la causa que también investiga el doctor Casanello. El Gobierno desmintió la información de Grabois y le atribuyó esa denuncia como forma de venganza, precisamente porque el Gobierno está tratando de terminar con una intermediación de la que Grabois, según indica el Gobierno, se habría beneficiado. Pero después, a medida que avanzó la investigación de Casanello y se verificó que existían esos depósitos y la mercadería por vencer, Grabois tuvo razón. Y el Gobierno decidió echarle la culpa a Pablo de la Torre, el funcionario que estaba hasta hace pocos días al frente de la Acción Social del ministerio.

A De la Torre lo acusan de haber hecho contratos con una organización privada, Organización de Estados Iberoamericanos, dándole dinero para contratar gente que no se contrataba como ministerio o como Estado. Aparentemente, esas contrataciones se hacían porque Pettovello había decidido no contratar personal con el presupuesto público, para cumplir con un mensaje político de que no se ampliaba la plantilla de personal del Ministerio, sino que se reducía. El dinero se destinaba igual a la contratación de personas, solo que tercerizado a través de esta ONG. Pablo de la Torre, por todas las versiones que existen alrededor de él y a pesar de no ser un hombre muy conocido, tiene fama de ser un hombre muy decente, y salió a aclarar que estos contratos efectivamente los hizo con acuerdo de la ministra Pettovello. Hay una denuncia, que le cae al doctor Ariel Lijo, como casi todas las denuncias de este Gobierno. Veremos según esa investigación qué nivel de responsabilidad tenía Pablo de la Torre y los demás funcionarios de Capital Humano. De la Torre, hay que agregar, es un hombre muy ligado a la Iglesia, que tiene una relación de tensión con este Gobierno. Por ejemplo, a instancias de Martín Guzmán en los próximos días va a haber una reunión en la Academia Pontificia de Ciencias Sociales en Roma, en alianza con la universidad de Columbia, donde se va a invitar a gente ligada a la acción social, la economía etc. de diversos países, también del Fondo Monetario. Ningún invitado por parte del Papa al gobierno de La Libertad Avanza. Sí a figuras de la oposición.

Las denuncias contra Pablo de la Torre están sazonadas con un anecdotario bastante oscuro o poco edificante. Por ejemplo, tomaron a quien era su secretario administrativo, Federico Fernández, le hicieron un interrogatorio en el Ministerio de Capital Humano, lo dejaron ir y cuando se estaba yendo lo interceptaron, lo llevaron al piso 15 del Ministerio de Trabajo y lo tuvieron cuatro horas amenazándolo con denunciarlo si el no denunciaba a su jefe, De la Torre. Todo esto está ligado -y acá empieza el capítulo más escabroso de toda esta historia- a una abogada que se llama Leila Gianni y funcionaria del área legal del Ministerio de Capital Humano. Ella se encargó de denunciar a De la Torre, pero también al gobierno anterior por la compra de mercadería, con métodos irregulares, manipulaciones y productos en mal estado. Gianni reproduce un discurso muy representativo de la posición del Gobierno contra aquellos gerentes de la pobreza que intervienen entre el Estado y los pobres, sobre todo en el manejo de esta mercadería. Todo esto lo tiene que investigar el juez Lijo, como dijimos.

Unas acotaciones sobre Lijo, para después seguir con esta crisis. Lijo le ha dicho a varios amigo que quien lo sugirió para la Corte fue Lorenzetti, pero que el que le ofreció el cargo fue Santiago Caputo. Vemos que Caputo tiene un poder importantísimo dentro del Gobierno. Hay otro dato interesante de Lijo: entre los reproches que se le hacen como candidato a la Corte está el de demorar causas judiciales, y una especialmente: la investigación sobre presunta corrupción en el ingreso de los Eskenazi a YPF. Causa del año 2007, que todavía no se resolvió, iniciada por una denuncia de Elisa Carrió. Es interesante, porque los Eskenazi en este momento están buscando quedarse con un banco comercial, que está yéndose de la Argentina. Esa operación la podrían hacer porque Lijo todavía no los juzgó. Ni siquiera los investigó. Grandes prestaciones del juez Lijo.

Leila Gianni declaró este lunes: “No vamos a permitir ni que fiscales ni que jueces militantes nos digan a nosotros cómo diseñar o cómo ejecutar una política pública”. Es curioso para un gobierno liberal que una funcionaria diga que no va a acatar las órdenes judiciales porque ella determinó que son jueces militantes, habiendo todo un procedimiento para impugnar a un juez si a uno le parece arbitraria su decisión. Lo interesante es que este lunes el Gobierno y el Ministerio de Capital Humano, a pesar de los dichos de Leila Gianni, firmó un convenio con la Fundación CONIN, que se encarga de comedores y merenderos para distribuir los alimentos que están almacenados a punto de vencer.

Lo interesante es quién es Leila Gianni. Acá es donde empieza la zona misteriosa de algunas designaciones de este Gobierno. Primero porque ella, que se queja del gobierno anterior muy severamente, fue funcionaria del Ministerio del Medio Ambiente, a las órdenes de Juan Cabandié, como lo indica la designación del 19 de mayo del 2022 como “directora de proyectos ambientales”. El área estaba gobernada por Cabandié, de La Cámpora, y justamente Gianni se forma pareja con un militante de La Cámpora con el que estuvo unida, por lo menos, hasta marzo de este año. Ella, que es severamente crítica del gobierno anterior del que formó parte, estuvo en pareja con un militante que se llama Guido Veneziale. Hoy es un funcionario de la municipalidad de Luján. Hay una foto de ellos cocinando, en Pascuas.

Esto no es lo más interesante. Lo más insólito es que Leila Gianni, que denuncia las formas de contratación, de almacenamiento y de reparto del gobierno anterior, estuvo hasta el año pasado en pareja, y tiene un hijo con él, con Alberto Ignacio de Maio, director de administración de la secretaría del Ministerio de Desarrollo Social. Es decir, la expareja de la denunciante Gianni era el responsable de comprar y distribuir la comida que ella dice que se compraba de manera irregular. Es raro todo esto. Todavía más raro: hoy De Maio es vicepresidente de la obra social del gobierno de la ciudad de Buenos Aires, puesto ahí por Jorge Macri, a pedido nada menos que de Silvia Majdalani. Pareciera que hay estructuras que se mantienen más allá de los partidos, de las lealtades y de los gobiernos. Siempre en zonas oscuras ligadas a cajas. Uno añora cada vez más aquella edad de oro en la que había partidos políticos en los que se nacía y se moría, y en donde no había este tipo de promiscuidad. Donde uno no terminaba sabiendo a quién le debe lealtad cada funcionario. Lo concreto es que Gianni convence a Pettovello de que no solamente hay irregularidades en el área de De la Torre, sino también en el gobierno anterior, manejado por su exmarido, padre de su hijo. Es todo muy loco y requeriría de alguna explicación. ¿Quién llevó a Gianni al Ministerio? Kzceli, el pariente de Nejamkis, el secretario de Stiuso. Hay quienes piensan, en el reino ya febril de la conspiración, si Gianni no estará haciendo denuncias decididamente manipuladas para proteger al gobierno anterior.

No es el único caso de continuidades. Si uno va, por ejemplo, a Ferrocarriles, hay un señor Adrián Luque, que está en la empresa de la que él era, en el gobierno anterior, con Massa, el secretario legal. ¿Qué puede investigar Luque respecto de lo que pasó en esa empresa donde él era el responsable de Legales? No lo sabemos. Ahora tiene que privatizar los trenes argentinos. ¿Por qué está Luque ahí? Ni siquiera por ser amigo de Massa. Es amigo de Fabián Carballo, dueño de ferias en el conurbano, establecidas al costado de las vías del tren. Está ligado a un diputado provincial de La Libertad Avanza Agustín Romo, gran tuitero que responde también a Santiago Caputo. Esta designación, donde vemos la continuidad entre el gobierno de Fernández-Massa con el gobierno de Milei, se debe también a este Caputo y también aparentemente tiene que ver con contraprestaciones de campaña. El padre de Agustín Romo es concejal en San Miguel.

Despejemos todo esto del anecdotario, aunque sea un poco escandaloso. Lo central es que estamos ante un Gobierno que se encuentra con los problemas que tienen los gobiernos en la Argentina desde hace por lo menos 15 o 20 años. Por ejemplo, el problema con las tarifas: gran problema, cómo se reducen los subsidios a los servicios públicos. Hay que reducirlos porque tienen un costo fiscal enorme, pero políticamente es muy difícil hacerlo. Se va postergando la decisión. El desborde de los servicios de inteligencia, es decir, el descontrol de gente que opera, casi como una banda, para sí misma, manipulando a los gobiernos, manipulando a los funcionarios. Otro problema: qué se hace con la política social en un país que privatizó esa política social y, aquí tiene razón el kirchnerismo, con una gran responsabilidad de los gobiernos no peronistas que, para obtener paz social, han entregado planes y más planes. Empezó con el gobierno de De la Rúa, siguió con el gobierno de Macri. Despolitizó la acción social en manos de movimientos sociales cuya responsabilidad en el tema no sabemos quién la asigna porque no hay quién los elija. No es como en el sindicalismo donde por lo menos hay una elección.

Todos estos, que son problemas estructurales de la Argentina, que están más allá de los gobiernos, encuentran a este Gobierno en un especial estado de indigencia, con un presidente al que no le gusta la gestión, rodeado de gente que desconoce el Estado: Karina Milei, Santiago Caputo y hasta hace poco Posse. Uno debería decir que por suerte llegó Guillermo Francos a la jefatura de Gabinete, un político conocedor del sector público.

La consecuencia de todo este panorama es lo que consigna el economista Pablo Salinas. En 176 días de gobierno, 39 funcionarios fueron despedidos. El 33% en el Ministerio de Capital Humano, al que llaman “Ministerio de Decapitar Humanos”. 18%, en Economía; 10%, en la jefatura de Gabinete; 10%, en Salud; 5%, en la Presidencia. Un Gobierno que no termina de estabilizarse y es lógico, porque no se lo eligió a Milei a pesar de que no tenía equipo, de que no era político y de que no tenía partido. Se lo eligió porque no tenía equipo, porque desconocía el Estado y porque no era un político. Aquí empieza a aparecer, y hay que mirar esa cuenta @SnakeDocLives, sea o no de Caputo, la ideología de la torpeza. Como si dijeran: “Sí, somos torpes, porque no somos políticos. Aquello que le rinde al político, a nosotros nos significa un lastre. Las virtudes tradicionales de la política son defectos en este estado social en el que estamos”. Por eso, contra la lógica tradicional, pueden festejar que un proyecto de ley, enviado por ellos, fracasó en el Congreso.

Tarea para Guillermo Francos, empezar a corregir el problema de los despidos. Francos está por sacar la Ley Bases, con modificaciones en Ganancias, algunas otras en el régimen de inversión privada, el famoso RIGI; aumentos para las regalías mineras de 3 a 5%, una negociación de los senadores de provincias mineras, que afecta en alguna medida las inversiones que intenta promover el RIGI. Gran negociación en la que también interviene Santiago Caputo, por ejemplo, consiguiendo el voto de Lucila Crexell, senadora por Neuquén, que consigue a cambio de su voto que la designen como embajadora ante la Unesco en París. Gran negociadora. Nieta de tigre, es la nieta de Elías Sapag, el que le volteó a Alfonsín la ley Mucci. Fue cuando empezaron los problemas para el gobierno de Alfonsín. Se va Crexell y hay un problema para “Rolo” Figueroa, el gobernador de Neuquén. Porque en su reemplazo habría un senador o una senadora radical, no sabemos si Pablo Cervi o Ayelén Fernández. Si es Cervi deja un lugar en la Cámara de Diputados donde iría alguien del PRO ligado a Patricia Bullrich que es Nicolás Monteiro. Esta jugada de Caputo en el Senado, lo deja desequilibrado a Figueroa, que viene de hacer una gran jugada este fin de semana en Neuquén, en una conversación con el antiguo MPN al que él pertenecía y ampliando la frontera. Aparentemente se está quedando con una mayoría importante en Neuquén para “neuquenizar” la política, algo así como lo de Córdoba. Hacer política en términos provinciales. Pero, ahora, con esta fisura.

Todos estos inconvenientes, ¿cuánto pegan sobre la realidad? Aparentemente poco. Según un gráfico del Índice de Confianza del Consumidor, un trabajo de Poliarquía para la Universidad Torcuato Di Tella, que muestra las expectativas vs. la percepción de la realidad, se puede ver que “estamos mal, pero no vamos bien… queremos ir bien”. La pregunta es si la línea que indica el cómo estamos se va a ir pareciendo a las expectativas o si las expectativas van a ir bajando. No lo sabemos. Todavía el Gobierno genera una enorme esperanza. Este fin de semana, Federico Aurelio que me decía: “Estoy siempre sorprendido, porque el Gobierno de Milei es beneficiario de una corriente de esperanza impresionante por parte de más del 50% de la gente. Es algo raro, es casi esperanza en estado puro, que se vehiculiza a través de la figura de Milei”. Es resbaladizo todo, porque quiere decir que el apoyo a Milei no es por su acción o por el Gobierno, que, como dice Claudio Jacquelin, es un gobierno que ya tiene un pasado. No, es una adhesión que se sostiene en la esperanza, con todo lo fugaz y lo evanescente que puede ser. No es una adhesión que se basa en la comprobación de cosas concretas, salvo una, importantísima: la baja de la inflación. Y otra, rarísima, me baso en una encuesta que hicieron sociólogos de izquierda para el Frente de Izquierda. Para mucha gene, Milei está cumpliendo la promesa electoral: el ajuste. ¿Estamos todos locos? Puede ser, pero la gente lo premia por el ajuste que había prometido y que está cumpliendo. Ese ajuste, en términos de inflación, rinde.

Enfrente lo observa el kirchnerismo, que el domingo a la noche respiró aliviado en México por el triunfo de Morena, el partido de AMLO, y de Claudia Sheinbaum, que le dio un espectacular triunfo al oficialismo mexicano con más del 58% de los votos. Pero vale la pena mirar un posteo de Sebastián Etchemendy: “La izquierda mexicana arrasa y en la Argentina nos ponemos contentos. Y todos saludan a la presidenta Sheinbaum de Morena. Ahora recordemos que AMLO fue fiscalismo, peso fuerte e inflación baja. Se puede ser de izquierda y nacional-popular de muchas maneras”.

El domingo, entre las muchas coberturas muy buenas que se hicieron de la elección mexicana, había una de TV Azteca en donde una periodista dijo: “Vino Alberto Fernández, estuvo con AMLO, y aconsejó a la nueva presidenta”. La colega periodista respondió: “¿Alberto Fernández? ¿El que se fue y dejó un desastre en la Argentina? ¿Estamos tan mal?”. “Estamos condenados al punto de vista”, diría Albert Einstein.

LA NACION

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