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“No se consigue”: alertan que falta mano de obra para trabajar con una hortaliza que marcó una época con la inmigración

En el cinturón hortícola de La Plata se encuentra el corazón de la producción del alcaucil de la Argentina. Esta hortaliza, conocida en el resto del mundo como alcachofa, tiene sus raíces en la inmigración italiana que la introdujo en el país a comienzos del siglo pasado. Hoy, los productores locales enfrentan el desafío de impulsar su consumo en un escenario donde las hectáreas dedicadas a su cultivo han disminuido progresivamente. La falta de mano de obra es uno de los principales problemas que, aseguran, enfrentan.

El ingeniero agrónomo Gonzalo Villena, integrante del grupo Alcachofas Platenses, explicó que en el país se producen alrededor de 1000 a 1200 hectáreas, de las cuales aproximadamente 700 se encuentran en las afueras de la “Ciudad de las diagonales”, principalmente en Arana y Los Hornos. Las otras zonas productoras son Cuyo, Rosario y Mar del Plata que, según Villena, “tienen muy poca producción y lamentablemente van decayendo con el correr del tiempo en superficie implantada”. No obstante, indicó que esta baja también se vino dando en los últimos 30 años en La Plata.

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“Uno de los principales factores limitantes que tenemos es la mano de obra; no se consigue gente para trabajar, y mucho menos especializada. Hay una limitación debido a los planes sociales, ya que mucha gente dejó de trabajar y no se consigue gente responsable, capaz, competente y constante”, señaló.

Según detalló, esto no solo causa problemas en el momento de la cosecha, sino que tampoco permite atender bien la producción. Agregó: “Esa es una de las razones por las que tampoco aumenta la superficie”.

Villena señaló que identificaron una disminución en la superficie implantada, atribuible también a problemas sanitarios, genéticos y otros desafíos asociados en los campos a nivel productivo. Además, destacó que existe una reducción en el consumo de alcaucil, atribuible principalmente a un cambio generacional, ya que hay toda una generación que creció sin incluir esta hortaliza en su dieta habitual. “Apostamos a la gastronomía, que nos está ayudando a difundirla para poder llegar a las nuevas generaciones que nunca la probaron o que la comieron de chicos y luego dejaron de consumirla”, indicó. Además, los productores sufren por el aumento de los costos de producción, como fertilizantes y fitosanitarios, y de la energía eléctrica para el riego, todo lo que hace cada vez más difícil la situación para el productor.

Según detalló, en su mayoría son pequeños y medios productores quienes tienen entre cinco y doce hectáreas. Una hectárea produce aproximadamente 3000 docenas de alcauciles. La siembra puede ser otoñal o primaveral y la cosecha se inicia entre los meses de mayo y junio para los alcauciles de primicia y se extiende hasta octubre y noviembre. Actualmente los materiales más cultivados en la región, y que conforman el universo de las alcachofas platenses, son alcachofa francesa; alcachofa híbridas violetas y alcachofas híbridas verdes/blancas.

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En la década del 80, indicó, la Argentina era el cuarto productor mundial, con alrededor de 4000 hectáreas. En ese momento había aproximadamente 25 millones de argentinos, pero hoy la población se ha duplicado y hay apenas 1000 hectáreas dedicadas al alcaucil. Por distintos factores, tanto productivos como de consumo, la relación ha variado significativamente. Actualmente, según Villena, el país ya prácticamente no figura entre los exportadores. En tanto, las naciones que aumentaron su producción en la región fueron Chile y Perú. En el caso de este último, tenía 300 hectáreas y actualmente ya ronda las 7000, con las cuales exporta principalmente a Estados Unidos y España.

Para generar mayor producción y demanda, en el sector trabajan con diferentes iniciativas para promover el consumo. Villena contó que en 1994, junto con otros productores, crearon el Grupo de Productores de “Alcachofas Platenses” para impulsar el desarrollo del cultivo en esta localidad. Entre sus mayores logros está el de obtener en 2016 el sello de Indicación Geográfica (IG) “Alcachofas Platenses”, un reconocimiento que destaca la conexión entre la calidad del producto y las condiciones geográficas de la región. Con esto comercializan principalmente a restaurantes, hoteles y caterings, principalmente en la Capital Federal.

Además, con este grupo buscan impulsar el consumo del alcaucil, un ejemplo destacado es la Fiesta del Alcaucil [la última se hizo en septiembre de 2023]. Allí los productores celebran el inicio de la cosecha, mostrando la tradición del cultivo, su historia y el legado de sus antepasados. En la fiesta se ofrecen alcachofas frescas a precios promocionales, se presenta una muestra viva con plantaciones en diferentes etapas del cultivo y se instala el tradicional patio de comidas, donde se puede degustar una amplia variedad de platos elaborados tanto por los propios productores como por renombrados restaurantes.

LA NACION

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