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Rubén Magnano y la confesión que anticipó su alejamiento: “Estoy en el mejor momento de mi vida”

“Estoy en el mejor momento de mi vida”, respondió Rubén Magnano a la simple pregunta de La Voz ¿cómo estás Rubén? Una frase alejada del siempre formar Rubén Magnano. Era octubre del año pasado y el mejor entrenador del básquetbol argentino era un espectador más viendo la definición de la Liga Nacional de Clubes U17 en Matienzo de Villa Cabrera. Es el club de su barrio, dónde más de una vez se acercó a dar una mano.

Magnano disfruta desde hace tiempo de visitar y observar el básquet cordobés. Son los gustos que se da tras una carrera brillante, pero también cargada de presiones, y de auto-presiones.

Como nunca, Rubén disfruta de sus nietos. En más de una cancha, se lo vio acompañado por algunos de ellos y hasta dejar de mirar el partido para acompañarlo a comprar algo de comer. El Rubén más humano, distinto al Rubén híper profesional cuando estaba al frente de un equipo, selección o lo que sea. Magnano siempre fue más que un entrenador, estaba (está) en todos los detalles. Por eso fue (es) el número uno. Por eso, el básquet argentino, con la selección nacional, llegó al Olimpo conquistando la medalla dorada en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004.

Rubén está desde hace tiempo en su nueva etapa. De esposo, de padre, de abuelo. Por eso sorprendió y no tanto al confesar en Súper Deportivo Radio: “No dirijo más. Estoy en un momento donde no pretendo tener distracciones que me saquen el valioso tiempo que hoy tengo para mí familia. Por eso cuelgo los botines”.

Magnano le puso palabras a los hechos. “Ni he pensado, no me he tomado el tiempo de pensar qué cosa es seductora hoy para mí. Ese tiempo hoy no es negociable y sé que si dirijo voy a tener que invertir, sacar de ese tiempo. Me retroalimento con cosas del básquet”, dijo además.

Campeón con el mejor Atenas de la Liga Nacional y la Liga Sudamericana, todo el cielo con las manos en el McDonald’s Championship de París en 1997 con el Verde de barrio General Bustos, ganador de todo con la selección, Magnano dirigió al Varese de Italia y al Sevilla de España, y a las selecciones de Brasil y Uruguay. El último título en el país lo conquistó con “su” Atenas, en la Liga 2008/2009.

El básquet argentino quedó en deuda con él desde que dejó la selección tras el oro en 2004. “Me pareció poco considerado. No digo que me tuvieran que haber elegido, pero al menos considerado”, declaró tiempo atrás Magnano sobre la falta de llamados del básquet argentino, para cualquier función. La selección se perdió al mejor. Más en los últimos años, cuando el equipo nacional, después de tantos éxitos, miró por televisión el Mundial 2023 (no pasaba desde 1982) y hará lo mismo en los Juegos Olímpicos París 2024 (no faltaba desde Sydney 2000). Desaprovechó Argentina del mejor, el más capacitado, que ahora disfruta como nunca, su familia.

​La Voz

​“Estoy en el mejor momento de mi vida”, respondió Rubén Magnano a la simple pregunta de La Voz ¿cómo estás Rubén? Una frase alejada del siempre formar Rubén Magnano. Era octubre del año pasado y el mejor entrenador del básquetbol argentino era un espectador más viendo la definición de la Liga Nacional de Clubes U17 en Matienzo de Villa Cabrera. Es el club de su barrio, dónde más de una vez se acercó a dar una mano.Magnano disfruta desde hace tiempo de visitar y observar el básquet cordobés. Son los gustos que se da tras una carrera brillante, pero también cargada de presiones, y de auto-presiones.Como nunca, Rubén disfruta de sus nietos. En más de una cancha, se lo vio acompañado por algunos de ellos y hasta dejar de mirar el partido para acompañarlo a comprar algo de comer. El Rubén más humano, distinto al Rubén híper profesional cuando estaba al frente de un equipo, selección o lo que sea. Magnano siempre fue más que un entrenador, estaba (está) en todos los detalles. Por eso fue (es) el número uno. Por eso, el básquet argentino, con la selección nacional, llegó al Olimpo conquistando la medalla dorada en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004.Rubén está desde hace tiempo en su nueva etapa. De esposo, de padre, de abuelo. Por eso sorprendió y no tanto al confesar en Súper Deportivo Radio: “No dirijo más. Estoy en un momento donde no pretendo tener distracciones que me saquen el valioso tiempo que hoy tengo para mí familia. Por eso cuelgo los botines”.Magnano le puso palabras a los hechos. “Ni he pensado, no me he tomado el tiempo de pensar qué cosa es seductora hoy para mí. Ese tiempo hoy no es negociable y sé que si dirijo voy a tener que invertir, sacar de ese tiempo. Me retroalimento con cosas del básquet”, dijo además.Campeón con el mejor Atenas de la Liga Nacional y la Liga Sudamericana, todo el cielo con las manos en el McDonald’s Championship de París en 1997 con el Verde de barrio General Bustos, ganador de todo con la selección, Magnano dirigió al Varese de Italia y al Sevilla de España, y a las selecciones de Brasil y Uruguay. El último título en el país lo conquistó con “su” Atenas, en la Liga 2008/2009.El básquet argentino quedó en deuda con él desde que dejó la selección tras el oro en 2004. “Me pareció poco considerado. No digo que me tuvieran que haber elegido, pero al menos considerado”, declaró tiempo atrás Magnano sobre la falta de llamados del básquet argentino, para cualquier función. La selección se perdió al mejor. Más en los últimos años, cuando el equipo nacional, después de tantos éxitos, miró por televisión el Mundial 2023 (no pasaba desde 1982) y hará lo mismo en los Juegos Olímpicos París 2024 (no faltaba desde Sydney 2000). Desaprovechó Argentina del mejor, el más capacitado, que ahora disfruta como nunca, su familia. 

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