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Elecciones en la UE: la ultraderecha avanza, pero con división interna

No debe sorprender a nadie: el fuerte avance que la ultraderecha evidencia hoy en todo el territorio europeo es un hecho inexorable, de cara a las elecciones parlamentarias que se desarrollarán entre el 6 y el 9 de junio.

La seducción que ejercen en los votantes del viejo continente las fuerzas de la derecha radical quedó patentizada con su acceso al poder en varios países de ese espacio geográfico durante los últimos años, mientras que la cosecha de bancas para nada despreciable que lograron en 2019 en el Parlamento Europeo podría ser más fructífera en las actuales elecciones, según las encuestas.

Con los 35 millones de votos captados en la competencia electoral para el período parlamentario 2019-2024, esa familia ideológica extrema obtuvo 127 bancas, con lo que logró ponerse casi a la par del moderado bloque socialdemócrata, segunda fuerza parlamentaria de la Unión Europea con 139 escaños bajo su control. Ahora los sectores ultras van por más.

Con vistas al período 2024-2029 del Europarlamento, el Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, instituto de investigación y análisis estratégico fundado en 2007, revela que los partidos de extrema derecha podrían dar un batacazo electoral en varios países de la comunidad política supranacional que nuclea a 27 Estados.

Francia, Bélgica, Países Bajos, República Checa, Eslovaquia, Austria, Hungría, Italia y Polonia son las plazas más prometedoras para los ultras de derecha en estas elecciones: en esos nueve países podrían obtener la mayoría de votos. Pero también lograrían muy buenas performances en Portugal, España, Suecia, Finlandia, Estonia, Letonia, Rumania y Bulgaria, lugares donde están en condiciones de ubicarse como segunda o tercera fuerza.

Dos grupos fuertes

Pero el potencial de la ola de extrema derecha que avanza sobre la Unión Europea está atenuado por su división en dos grupos parlamentarios: Conservadores y Reformistas (al que se conoce como ECR Group, por su sigla en inglés) e Identidad y Democracia (ID). Aunque estas dos vertientes pertenecen al mismo linaje político y podrían hacer fuerza para el mismo lado en el Parlamento Europeo, hasta aquí mantienen diferencias insalvables producidas por cada experiencia nacional pero también por diferentes perspectivas “metodológicas” y, en no poca medida, por los egos de sus líderes.

En el espacio ECR, que tiene 68 escaños, confluyen 22 partidos de 17 países integrantes de la UE, la mayoría aglutinados a su vez en el Partido de los Conservadores y Reformistas Europeos, europartido que lidera la actual primera ministra italiana Giorgia Meloni.

Hermanos de Italia (el partido de Meloni en su país) y el partido polaco Ley y Justicia (conocido por su sigla PIS y fundado por los gemelos Jaroslaw y Lech Kaczynski), le aportan el mayor volumen político a esa vertiente de ultraderecha, a la que se suman fuerzas del mismo polo como Reconquista del francés Éric Zemmour; Demócratas de Suecia; el Partido de los Finlandeses; el Partido Democrático Cívico de la República Checa y Nueva Alianza Flamenca de Bélgica.

En este grupo se ubica también el partido español Vox liderado por Santiago Abascal, el gran amigo transatlántico de Javier Milei.

El grupo parlamentario ID, mientras tanto, tiene como principales aportantes de bancas a los partidos Reagrupación Nacional de la francesa Marine Le Pen, Liga del italiano Mateo Salvini y Alternativa para Alemania liderada por Alice Weidel.

Este conglomerado integrado por fuerzas ultras de diez países y que actualmente controla 59 escaños, también alberga al Partido por la Libertad de los Países Bajos y de Austria, el Partido Popular Conservador de Estonia, el Partido Popular Danés, Libertad y Democracia Directa de la República Checa e Identidad Flamenca de la región belga de Flandes. La mayoría de estas formaciones integra a su vez el europartido ID, que es el pilar del grupo homónimo.

En el medio de esos dos grupos ha quedado ubicado el autócrata húngaro Viktor Orbán, cuyo partido Fidesz-Unión Cívica Húngara terminó eyectado en 2021 del grupo del Partido Popular Europeo (PPE), conglomerado de centroderecha que actualmente es la primera fuerza política del Parlamento Europeo y no soportó la deriva antiliberal del mandamás de Budapest. Con vistas al periodo 2024-2029 del Europarlamento, Orbán se siente más cerca del grupo ECR, situación que ofrece alguna paradoja.

Presente y futuro del bloque

Una de las diferencias esenciales entre los grupos ultras ECR e ID es que el primero representa un “euroescepticismo suave” (para decirlo de alguna manera) mientras el segundo expresa una alternativa más rupturista con la UE, es decir, más afín a la era preBrexit y con el rechazo al Euro y al espacio Schengen como consignas fundamentales.

Lo notable es que a la piedra basal del grupo ECR la pusieron en su momento los conservadores británicos en el año 2009, cuando acentuaron su eurofobia y decidieron abandonar el grupo PPE para apostar de lleno a la salida de Gran Bretaña fuera de la comunidad supranacional.

En otros términos, el grupo que lidera Meloni junto a los ultras polacos y donde milita la fuerza del español Abascal tomó nota de las dificultades que implicó para Gran Bretaña la salida de la UE y prefiere evitar los arrebatos para no repetir experiencias ingratas.

Esta posición pragmática podría abrir el juego a un acercamiento del grupo ECR con la centroderecha del PPE, escenario que no deja de inquietar a los grupos parlamentarios decididamente europeístas.

Ya nadie habla del Brexit y parece que, a la postre, aunque la gente de Le Pen y Salvini tienen modales menos suaves que Meloni y sus socios, la idea de todos es provocar cambios en la UE desde adentro de la comunidad. La discrepancia, en definitiva, pasa por los métodos.

Pero hay otro punto que hoy enfrenta drásticamente a los dos grupos de ultras: la posición frente a la guerra en el este europeo. Mientras en el grupo ECR prevalece una postura pro Ucrania y pro Otan, fundamentalmente expresada por la premier italiana y los polacos, en ID hay un claro posicionamiento favorable a Putin, hasta el extremo de la devoción por parte de Le Pen y Salvini.

Ahí es donde aflora la paradoja de Orbán: su acercamiento con el grupo ECR pasa por su sintonía en torno al método de reformulación de la UE, pero su indisimulada afinidad con Putin tensiona la relación con los polacos de PiS.

Un verdadero dilema existencial que es clave a la hora de que uno u otro grupo de ultras logre la bancada de extrema derecha más numerosa del próximo Europarlamento.

​La Voz

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