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La emoción de Agustina Casanova tras convertirse en madre por primera vez: “Exploto de amor”

Apenas una semana después de convertirse en mamá, Agustina Casanova habló con LA NACION y contó cómo son los primeros días de la pequeña Bianca, que nació el pasado 30 de mayo en el Sanatorio Los Arcos. Se la nota con la emoción a flor de piel y, sobre todo, muy feliz.

Los días para la familia conformada por la periodista, su marido Lautaro Mauro y la recién nacida Bianca, transcurren en la nueva casa a la que se mudaron pocos días antes de que Agustina diera a luz. Todavía se están conociendo y acomodándose a las nuevas rutinas. “Definitivamente me cambió la vida. Desde el nacimiento de mi hija no paro de mirarla. Me emociona verla tomando la teta, durmiendo, cuando la cambio o la visto. Todo me produce una ternura enorme. Exploto de amor. Ahora entiendo a todas las madres, a mis amigas que fueron madres y yo decía, ‘pero será tan así…’. Y sí, es así (risas). Porque tu vida ya tiene otro sentido y te despertás a la mañana y el rumbo del día tiene que ver con ella. Tengo el alma llena de amor”, se emociona Casanova.

-¿Y cómo está el papá?

-¡Imagínate cómo estamos con el padre! Él está enamoradísimo también. Y de repente nos miramos y decimos: ‘Guau, mira lo que hicimos… Lo más lindo del mundo’. Y es haber traído a esta hija al mundo. Además, es buena, una santa, se porta bárbaro y solamente quiere comer y dormir.

-¿Cómo recordás el día del parto?

-Me quedó una sensación indescriptible. Fue fuerte cuando la conocí después de meses en mi panza, hablándole, y verla realmente un día y darme cuenta que estaba dentro mío y yo la había hecho… Es fuerte para toda mujer. Ahora entiendo a las madres mucho más.

-¿Cómo es esta primera semana de a tres?

-Acá estamos, acomodándonos, entendiendo sus horarios, conociéndonos ambas. Hay una conexión total. Me preocupaba la lactancia, todos me hablaban de eso como algo difícil, que lo es… Es cierto. Pero tuve una suerte bárbara porque se prendió desde el primer día en el sanatorio y no hay nada que disfrute más que amamantarla. Ese momento es de conexión total Ya nos entendemos (risas). Estoy disfrutando un montón estos días con ella. A veces estoy más cansada, pero duerme y come cada tres horas y se porta bárbaro. Un placer ser la mamá de Bianca, y aparte descubrirme en este rol de madre. Creo el más desafiante de mi vida, y el más lindo. ¡Qué lindo es ser mamá!

Unas pocas semanas antes de parir, Agustina Casanova habló con LA NACIÓN sobre las expectativas de la maternidad. “Llevamos 18 años juntos con Mauro, y 11 de casados. Atravesamos todo, lo lindo, lo malo, momentos inolvidables. Cuando nos casamos estuvimos de acuerdo en que no queríamos un hijo en lo inmediato. Yo era chica y recién empezaba con mi carrera. Me acuerdo que, como nos casamos por iglesia, tuvimos una charla previa y todos nos miraron raro cuando dijimos que no queríamos ser padres, por el momento. No quería seguir mandatos”, aseguró.

Fui madre cuando lo decidí, cuando lo sentí. Y no fui hipócrita. El deseo estaba en algún lugar, me gustaba pensar en vivir esa experiencia. Pero primero quería dedicarme a mi carrera y afianzarme. Hoy estoy más tranquila con esa licencia que me voy a tomar, no tengo la locura de otros momentos donde querés estar trabajando porque sentís que te estás perdiendo algo y otro va a ocupar tu lugar. Un día los dos nos miramos y dijimos: ‘es ahora’. Lo decidimos, lo buscamos, pero quizá llegó antes de lo que imaginábamos. Estuvo bueno porque tampoco me hubiera gustado una búsqueda larga y ese miedo estaba. Bianca nos estaba esperando. Estamos felices de poder caminar este momento como pareja desde otro lugar… Me emociona saber que vamos a vivir esto juntos como pareja y vernos mutuamente desde otro lado. Después de tantos años juntos, la mirada cambia y de alguna manera volvemos a encontrarnos y a enamorarnos yo de él como padre y él de mí como madre”, reflexionó la periodista.

Su historia de amor con Mauro nació en el 2006 en un boliche de la costanera de Buenos Aires. Los presentaron amigos en común, él le pidió el teléfono y la llamó, pero el encuentro no se concretaba. Hasta que dejó pasar un tiempo, insistió y esta vez sí se dio. Desde esa primera cena no se separaron. “Me sorprendió porque nunca dije que era el amor de mi vida. Viví toda la relación pensando que mañana podía separarme. Y pasaron 18 años”, reconoce ella.

Casanova está viviendo el momento que soñó estos nueve meses: “Creo que la nena viene a desafiarme como mujer también. Voy a aprender muchas cosas con ella”.

LA NACION

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