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Ecuador, Messi, Unión San Vicente y una fecha en común

De un lado, el seleccionado ecuatoriano. Del otro, un grupo de jugadores argentinos en tiempos de que nuestro fútbol ostenta el título de campeón mundial. Encuentro amistoso de preparación para llegar a punto a los próximos compromisos. Fecha del calendario: 9 de junio.

El párrafo anterior bien puede hacer referencia exacta del choque de este domingo en el Soldier Field de Chicago con el imán de Lionel Messi. Todos los condimentos le caben a medida. Pero la pretensión de estas líneas no están ligadas al enfrentamiento a disputarse en suelo norteamericano, sino a otro jugado hace 43 años atrás, en un escenario mucho más modesto –la cancha de Instituto– y con muchas menos entradas vendidas.

Sí. El 9 de junio de 1981, la selección de Ecuador llegó a Córdoba para ultimar su puesta a punto de cara a un juego decisivo ante Chile para sacar boleto al Mundial de España ‘82. El partenaire, Unión San Vicente, un club de la Liga Cordobesa que gozaba de su bautismo internacional y que tenía por técnico a Luis Pentrelli, el autor de la célebre frase “toco y me voy”.

Precisamente a Pentrelli se debió la concreción del encuentro y la llegada de los ecuatorianos a la Docta. A los visitantes los dirigía el cordobés Juan Eduardo Hohberg, con quien el DT de Unión San Vicente había coincidido en el Atlético Nacional de Colombia durante su etapa de futbolista. Hohberg, un ex mundialista en 1954 con Uruguay para el cual jugó nacionalizado, había visto con buenos ojos instalarse en Córdoba para preparar el duelo clave ante Chile, previsto para cinco días más tarde, en Santiago.

Ecuador, que hasta entonces no había debutado en los mundiales, se jugaba una parada brava contra los trasandinos. Debía ganar para aspirar a clasificar al Mundial de España después de haber vencido a Paraguay 1-0, igualado 0-0 ante Chile en Quito y caído 3-1 ante los guaraníes en Asunción. Un triunfo en la capital chilena lo podía catapultar a la punta del grupo sudamericano número 3, que daba boleto mundialista a su ganador.

La cita fue a las 19.30 en Alta Córdoba, en un cotejo que no movió la aguja en el interés de los espectadores. Ante tribunas prácticamente desiertas, los sanvicentinos aparecieron con su casaca tradicional de color naranja, mientras que los ecuatorianos salieron a la cancha con una camiseta blanca con la inscripción “España ‘82″, una de las cuales hoy es parte del patrimonio del Museo Provincial del Deporte gracias a un aporte de Gustavo Alonso, ex lateral de la fusión.

“El partido lo armó Pentrelli por su amistad con el entrenador de ellos. Para nosotros era un partido más. Ecuador no tenía la dimensión que tiene ahora y la verdad que nos produjo la misma sensación que si nos decían que íbamos a jugar contra el combinado de Calchín”, recuerda hoy Jorge Molar, quien conservó un par de fotografías de aquel partido.

“No conocíamos a ninguno de los rivales, pero el fotógrafo Ricardo Villalón me pidió que posara con uno de ellos (el delantero Wilson Nieves), para contrastar mi color de pelo (rubio) con el más morocho de los ecuatorianos”, recordó “el Piojo”, que vivió aquel partido con 22 años y pensando más en lo que se avecinaba: el Provincial que le daría a Unión San Vicente la posibilidad de jugar el Nacional de Primera al año siguiente.

El huésped inició aquella noche el juego con un gol madrugador de Gabriel Ecuador Figueroa (fallecido hace cuatro años) a los 3 minutos, pero a los 27m igualó Egle Romero, quien ese día compartió delantera con Eduardo Díaz y Mario Bernio, dos de las principales figuras de los naranjas junto al volante Roberto Jaime Corró.

“Del partido no recuerdo casi nada. Había poca gente y fue muy equilibrado. Nosotros éramos un equipo competitivo ante cualquiera y tal vez ese año haya sido nuestra mejor temporada”, reconoció Molar, nacido en La Playosa hace 65 años.

“Un tedioso entrenamiento” tituló La Voz del Interior, destacando que “el cotejo sólo alcanzó alguna tibieza en su primera media hora de juego”. Sin muchas acciones para destacar, el cronista remató su comentario con un párrafo lapidario: “El cotejo, al fin y al cabo, no dejó de ser apenas un mediocre entrenamiento como para desentumecer los músculos. Y el frío no pudo ser calmado”.

​La Voz

​De un lado, el seleccionado ecuatoriano. Del otro, un grupo de jugadores argentinos en tiempos de que nuestro fútbol ostenta el título de campeón mundial. Encuentro amistoso de preparación para llegar a punto a los próximos compromisos. Fecha del calendario: 9 de junio.El párrafo anterior bien puede hacer referencia exacta del choque de este domingo en el Soldier Field de Chicago con el imán de Lionel Messi. Todos los condimentos le caben a medida. Pero la pretensión de estas líneas no están ligadas al enfrentamiento a disputarse en suelo norteamericano, sino a otro jugado hace 43 años atrás, en un escenario mucho más modesto –la cancha de Instituto– y con muchas menos entradas vendidas.Sí. El 9 de junio de 1981, la selección de Ecuador llegó a Córdoba para ultimar su puesta a punto de cara a un juego decisivo ante Chile para sacar boleto al Mundial de España ‘82. El partenaire, Unión San Vicente, un club de la Liga Cordobesa que gozaba de su bautismo internacional y que tenía por técnico a Luis Pentrelli, el autor de la célebre frase “toco y me voy”. Precisamente a Pentrelli se debió la concreción del encuentro y la llegada de los ecuatorianos a la Docta. A los visitantes los dirigía el cordobés Juan Eduardo Hohberg, con quien el DT de Unión San Vicente había coincidido en el Atlético Nacional de Colombia durante su etapa de futbolista. Hohberg, un ex mundialista en 1954 con Uruguay para el cual jugó nacionalizado, había visto con buenos ojos instalarse en Córdoba para preparar el duelo clave ante Chile, previsto para cinco días más tarde, en Santiago.Ecuador, que hasta entonces no había debutado en los mundiales, se jugaba una parada brava contra los trasandinos. Debía ganar para aspirar a clasificar al Mundial de España después de haber vencido a Paraguay 1-0, igualado 0-0 ante Chile en Quito y caído 3-1 ante los guaraníes en Asunción. Un triunfo en la capital chilena lo podía catapultar a la punta del grupo sudamericano número 3, que daba boleto mundialista a su ganador.La cita fue a las 19.30 en Alta Córdoba, en un cotejo que no movió la aguja en el interés de los espectadores. Ante tribunas prácticamente desiertas, los sanvicentinos aparecieron con su casaca tradicional de color naranja, mientras que los ecuatorianos salieron a la cancha con una camiseta blanca con la inscripción “España ‘82″, una de las cuales hoy es parte del patrimonio del Museo Provincial del Deporte gracias a un aporte de Gustavo Alonso, ex lateral de la fusión.“El partido lo armó Pentrelli por su amistad con el entrenador de ellos. Para nosotros era un partido más. Ecuador no tenía la dimensión que tiene ahora y la verdad que nos produjo la misma sensación que si nos decían que íbamos a jugar contra el combinado de Calchín”, recuerda hoy Jorge Molar, quien conservó un par de fotografías de aquel partido.“No conocíamos a ninguno de los rivales, pero el fotógrafo Ricardo Villalón me pidió que posara con uno de ellos (el delantero Wilson Nieves), para contrastar mi color de pelo (rubio) con el más morocho de los ecuatorianos”, recordó “el Piojo”, que vivió aquel partido con 22 años y pensando más en lo que se avecinaba: el Provincial que le daría a Unión San Vicente la posibilidad de jugar el Nacional de Primera al año siguiente.El huésped inició aquella noche el juego con un gol madrugador de Gabriel Ecuador Figueroa (fallecido hace cuatro años) a los 3 minutos, pero a los 27m igualó Egle Romero, quien ese día compartió delantera con Eduardo Díaz y Mario Bernio, dos de las principales figuras de los naranjas junto al volante Roberto Jaime Corró.“Del partido no recuerdo casi nada. Había poca gente y fue muy equilibrado. Nosotros éramos un equipo competitivo ante cualquiera y tal vez ese año haya sido nuestra mejor temporada”, reconoció Molar, nacido en La Playosa hace 65 años. “Un tedioso entrenamiento” tituló La Voz del Interior, destacando que “el cotejo sólo alcanzó alguna tibieza en su primera media hora de juego”. Sin muchas acciones para destacar, el cronista remató su comentario con un párrafo lapidario: “El cotejo, al fin y al cabo, no dejó de ser apenas un mediocre entrenamiento como para desentumecer los músculos. Y el frío no pudo ser calmado”. 

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