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Poroto Cambiaso, lo que sintió al enfrentar al padre y a su hermana en Inglaterra y la ansiedad que tuvo para poder ver a su equipo de fútbol preferido

Sábado por la mañana en una casa en las afueras de Londres. En la cocina, los hermanos se distienden escuchando música, “la de ahora”, como le llaman a todas las variantes del estilo urbano: reggaeton, rap, trap, hip-hop. Un rato más tarde, al mediodía, se juntan para ver por TV el partido que disputará uno de sus primos. Ya no están solos: los acompaña su padre. Es una familia en plena actividad laboral: son profesionales del polo. Y por la tarde, estarán frente a frente en busca de las semifinales de uno de los torneos más importantes de Europa: la Queen’s Cup. Padre e hija vs. su otro hijo. Los hermanos, ya sin música, como rivales, claro.

Adolfo Cambiaso ha ganado de todo, en la Argentina y en el mundo. Variado y en cantidad. Ya anda por los 49, pero sigue vigente. Físicamente, mejor incluso que una década atrás. Y el destino quiso que, más allá de tener la dicha de ser campeón del Abierto de Palermo (el principal torneo del mundo) en 2022 junto con su hijo Poroto (18), desde 2023 haya empezado a cruzarse en los torneos rentados del exterior, cuyas principales competencias se desarrollan en Estados Unidos y en Inglaterra.

En 2024, los cruces son asiduos. En Palm Beach, por ejemplo, disputaron entre sí las tres finales de la triple corona americana: Adolfito ganó la primera copa (CV Whitney Cup) y Poroto celebró en las dos restantes (USPA Gold Cup y el US Open). Y ahora, luego de la etapa regular de un certamen hípercompetivivo dentro de sus limitantes (son equipos de hasta 22 goles de handicap), el sorteo determinó que se enfrentarían en los cuartos de final. La Dolfina Scone, el equipo de Adolfito junto con su hija mayor, Mía (21), y Alfredo Bigatti, ante La Dolfina Great Oaks, el conjunto liderado por Poroto, en compañía de Diego Cavanagh.

Ya en Estados Unidos, Adolfito había hablado de cierta “incomodidad”, de “sentirse raro” por enfrentar a su hijo y al club de su invención (La Dolfina). El escenario se repetía, con el agregado de que en la cancha estaría también una de sus hijas. Fue victoria para Poroto por 11-9, resuelta en el último chukker de un encuentro muy parejo y disputadísimo. Un triunfo en el que mucho influyeron los seis goles que marcó Cavanagh, otro de los nombres clásicos de la organización La Dolfina en la Argentina.

“Era un partido importante y muy especial. Faltan dos más. Pero todo es muy duro. Los equipos son tremendos, está todo muy parejo. Está para cualquiera. Porque los caballos son excelentes, hay organizaciones muy buenas. Es clave ir ganando de a poquito, como se pueda. Por lo menos desde que juego yo, que no hace tanto, siempre fue la temporada más competitiva de las que hay en el exterior. Y se van sumando participantes. Hoy son 19 equipos y si me decías ‘tirá tres que veas como candidatos’, no sabés cuál elegir”, le cuenta Poroto Cambiaso a LA NACION apenas llegado de regreso a su casa. ¿Antes que hizo? Tomó unos mates en las caballerizas con el padre y otros amigos. Deporte puro.

“Ya había enfrentado varias veces a papá. Pero no había jugado contra los dos como esta vez. Es difícil… No está bueno. Todos preferíamos jugar contra cualquier otro, el que fuera, porque es incómodo. Después le podés ver el lado positivo, que es que los dos equipos están jugando un cuarto de final de la Copa de la Reina, y que uno va a quedar entre los cuatro mejores. Por ese lado es un orgullo. Pero preferíamos no jugarnos en contra y tirarnos a llegar los dos a las semifinales. Es, como te digo, incómodo para todos. Cada uno defiende lo suyo, pero también querés que al otro equipo le vaya bien. Ya nos fuimos acostumbrando un poco a esto y lo tomamos de mejor forma. Este año venimos jugando en todos lados entre nosotros. ¡No nos salteamos ninguna! Venimos derechito para jugarnos en contra”, apunta Poroto.

Enfrentarse entre familiares directos es un tema que en otros deportes no se da con la frecuencia con la que sucede en el polo. Y mucho menos estar todos juntos antes, durante y después de los partidos, compartiendo el mismo techo, las comidas y los momentos de esparcimiento. “Cuando llegué estaba Mía y en un rato llega papá. ¿Cómo reaccionó Mía? Y, es bien competitiva, le gusta ganar. Se calienta cuando pierde. Pero todo bien. En eso, en la familia no hay mucho problema cuando se gana o cuando se pierde: siempre se llega de la misma manera a la casa. Eso está bueno, es lo que nos inculcaron. Nunca fue un kilombo cuando había una derrota, un partido importante. Se trata de ser lo más natural posible. ¿Apuestas entre nosotros? Noooo, pero sí jodas, obvio”.

Llega Adolfito al hogar. No se lo escucha apesadumbrado, aunque está claro que tenía un deseo. “Fue una lástima porque los dos equipos estaban buenos. Lo perdimos en el final, en las últimas jugadas. Fue un partido parejo y habiendo perdido Dubai, el título estaba para cualquiera. No se puede pedir más. Disfruté bastante y Poroto sigue en carrera, así que a hacer fuerza por él. Una lástima por Mía, pero bueno, jugaremos el año que viene de vuelta”.

Cuando habla de Dubai se refiere al equipo cuyo partido vieron padre e hijos antes de su propio cuarto de final. En Dubai juega Camilo Castagnola, junto con Antonio Heguy y Beltrán Lauhlé. Candidato por sobre los candidatos. Pero le tocó un duro King Power. Y para Jeta fue perder contra su compañero de La Natividad con el que celebró el título de Palermo 2023: Pablo Mac Donough. King Power (también actúa Nicolás Pieres) triunfó por 14-13, en otro gran cotejo, y este miércoles 12 chocará contra La Dolfina Great Oaks en las semifinales.

“Ahora será contra el de Pablo. Otro equipo bravo. Son todos así. No podés andar eligiendo mucho. El que toca es duro. Si están en semis es porque hicieron las cosas para estar ahí. Hay que encararlo bien concentrados”, asume Poroto.

Un sueño cumplido en Wembley

A quien lo sacamos un poco del polo para hablar de otra experiencia que le tocó vivir hace una semana. Suelen, los polistas, aprovechando la simultaneidad, ir a ver partidos de Wimbledon. Los Cambiaso, de hecho, tienen gran relación con David Nalbandian, con Diego Schwartzman, y en diferentes épocas han ido a presenciar encuentros al mítico All England. Pero para Poroto había una oportunidad única, invalorable: la final de la Champions League. ¿Por el fútbol? Sí, pero más por el equipo del que es fan: Real Madrid.

Cuando el conjunto español dejó afuera al Bayern Munich y avanzó a la final, supo que estaría en Inglaterra en ocasión de la definición con el Borussia Dortmund. Y empezó a “taladrar” al padre para obtener entradas. “Mejor programa, imposible”, le aclaró. Lo cierto fue que la fecha se acercaba y los tickets no estaban garantizados. Crecía la ansiedad. “Fuera de joda: quiero ir. ¿A quién llamo?”, le dijo dos días antes de la final. El “mago” fue Marco Villasboa, de la organización La Dolfina. Dos entradas. Y allí fueron hijo y padre.

“¿Wembley? Ufff, ¡tremendo! Marco nos consiguió dos entradas espectaculares. Fui con papá. Y yo chocho, soy fan del Madrid”. Poroto sigue cada partido del merengue. Estando en Palm Beach, cuando se enfrentó por los cuartos de final con Manchester City, cambió un horario de una práctica porque coincidía con el cruce de la Champions entre dos de los candidatos. “¿Cómo no vamos a ver ese partido?”, le manifestó al resto para justificar la modificación en el programa del día.

Y explica. “Muchos que siguen el fútbol de España se han hecho hinchas de Barcelona por Messi, pero siempre fui del Real. Obvio que quería que le fuera bien a Messi en su momento porque es un genio. Pero me gusta el Madrid. Su historia, su estilo, lo que representa. Nadie entendía porqué en los clásicos siempre hinchaba por el Real aunque estuviera Messi del otro lado”, reconoce.

Todavía le quedan sueños. Festejó la 15ª conquista de la Orejona con los goles de Dani Carvajal y de Vinicius y aplaudió a rabiar el adiós de Toni Kroos. “No, no fuimos a los vestuarios ni estuvimos con los jugadores. Vimos un rato de los festejos y nos fuimos. Más que ir a un vestuario, me gustaría asistir a un entrenamiento del Real, algo más tranquilo. Y ahora encima se suma Mbappé. ¡Qué locura!”.

Concluía un día especial en la casa de los Cambiaso en Inglaterra. En familia, como en Cañuelas. Como siempre. Aunque, cuentan, que Mía salió a cenar afuera…

LA NACION

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