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Hace 30 años. La boda entre la Conejita de Playboy y el magnate petrolero de 89 años que terminó con una muerte y desató una batalla legal

El casamiento tuvo lugar el 27 de junio de 1994 -hace exactamente 30 años- en un diminuto templo de la ciudad de Houston, Estados Unidos, llamado Capilla de la Paloma Blanca. La novia, de 26 años, era Anna Nicole Smith, una despampanante rubia que había alcanzado fama internacional gracias a sus sensuales producciones como conejita de Playboy y como modelo para la marca Guess. El novio, de 89 años, era J. Howard Marshall II, abogado, hombre de negocios, magnate petrolero y, a la sazón, uno de las personas más ricas del estado de Texas y de todo el país.

Ambos contrayentes aparecen en las fotos de la boda con un vestuario de inmaculado blanco. Él conducido en su silla de ruedas por un asistente por el pasillo de la iglesia, luce un impecable esmoquin, mientras que ella viste un deslumbrante vestido largo de satén, con escote pronunciado, y cubre su rostro con un delicado velo de tul que echará para atrás para el momento del beso. En sus manos, para reforzar la blancura de la escena, ella lleva un ramo de rosas blancas.

Pese a que solo hay 11 personas en la capilla (ningún asistente por parte del novio), la pareja luce radiante. Frente al altar, ellos parecen ajenos a las suspicacias que despierta su unión en el mundo de la farándula y en la sociedad estadounidense, donde por varios días no se habla de otra cosa que de los 63 años de diferencia entre ambos, y de que el interés de la bella esposa en su marido millonario quizás no pase enteramente por el amor. Pero no son más que habladurías. “Yo lo amé mucho”, diría ella años más tarde en un programa televisivo. “Es el amor de mi vida”, aseveraría el llamado “barón del petróleo de Houston” ante el cuestionamiento de uno de sus hijos, al referirse a la modelo.

Se conocieron en Gigi’s

Marshall II y Vickie Lynn Hogan, tal el verdadero nombre de Anna Nicole Smith, se conocieron unos años antes de su boda. Fue un día de 1991 cuando, angustiado y cabizbajo, el empresario petrolero decidió concurrir a un club de striptease de Houston llamado Gigi’s. El hombre llegó allí por consejo de su chofer, para despejar su cabeza tras la reciente muerte de su segunda mujer, Bettye, con la que había compartido los últimos 30 años de su vida. Además, en el mismo año en que enviudó, el pícaro millonario también había perdido a Jewell Diane “Lady” Walker, su amante por casi 10 años, que se dedicaba a bailar en clubes nocturnos y que había fallecido por causa de complicaciones en un tratamiento de lifting.

Así las cosas, Marshall II, fundador de su propia compañía petrolera, dos veces viudo y padre de dos hijos, Pierce y Howard III, se encontró en Gigi’s con una desnudista de 21 años que bailó para él y lo enamoró. Por supuesto, esta bailarina era Anna Nicole, entonces Vickie.

Nacida y criada en un pueblo texano llamado Mexia, separada de su primer marido, madre de Daniel, de tres años, y moza durante el día de un restaurante de pollo frito, la muchacha recibió de buena gana los mil dólares que en aquel encuentro le dejó ese amable caballero por su baile y aceptó su invitación para ir a comer con él al día siguiente.

Así comenzó una relación que fue tomando visos de seriedad. Según el testimonio que dio Pat Walker, la dueña de la Capilla Paloma Blanca, al medio Texas Monthly, él fue el que le pidió casamiento a ella. “No me caso con él por su dinero”, le aseguró la modelo a Walker, y añadió: “Él lleva más de cuatro años rogándome que me case con él, pero primero quería empezar mi propia carrera, tener mi propio dinero”.

La ascendente carrera de Anna Nicole

Y es una verdad inexorable que la carrera de ella floreció, y con fuerza, antes de la fecha de su casamiento. En 1992, la voluptuosa muchacha deseosa de fama envió fotografías suyas a Playboy y se convirtió en la Playmate de mayo de ese año. Sus osadas fotos generaron una repercusión tal que pronto fue galardonada con el título de Playmate o Conejita del año. ¿El premio? 10 páginas para exhibir su figura en la publicación de Hugh Hefner de junio de 1993, un Jaguar descapotable y unos 100.000 dólares.

Para esa fecha también había puesto sus ojos sobre Anne Nicole un tal Paul Marciano, titular de la empresa Guess, quien finalmente la contrató para protagonizar una recordada campaña publicitaria. La chica oriunda de un pueblito perdido de Texas reemplazaba nada menos que a la top model alemana Claudia Schiffer. Para redondear lo que parecía el comienzo de una trayectoria ascendente e imbatible, la joven participó como actriz en dos recordadas películas donde explotó tanto su talento histriónico como su sensualidad: La pistola desnuda 33 1/3; el insulto final y El gran salto, de los hermanos Cohen.

Al mismo tiempo que la fama de Smith crecía, también lo hacía su patrimonio y su poder adquisitivo, merced a la generosidad de su novio. Según el mencionado Texas Monthly, durante el mes de mayo de 1993 la joven gastó unos dos millones de dólares con la tarjeta Platinum de American Express del “barón del petróleo de Texas” en joyas. Además, recibió por parte de su acaudalado novio un Mercedes Benz rojo brillante y tres propiedades: una casa en Brentwood, California, un rancho en las afueras de Houston y un departamento en Nueva York.

“Nunca me habían querido así”

Tiempo después de quedar viuda de Marshall II, Anna Nicole Smith visitó el programa de Larry King, que le hizo una pregunta directa: “¿Qué vio una chica de 26 años en un hombre de 86?″. La respuesta fue: “Lo amé mucho por todo lo que hizo por mí y por mi hijo. Nunca me habían querido así, nunca nadie había hecho cosas por mí, ni me había respetado. Él era muy amable”.

Pero quizás la amabilidad no era recíproca. El mismo día del casamiento, luego de que ambos arrojaran al aire dos palomas blancas, que era una ceremonia simbólica que respetaba el nombre de la capilla en la que se casaron, ella se acercó al oído de él y le dijo que tenía que marcharse a Grecia, donde tenía una sesión de fotos para una publicación. El flamante novio se puso a llorar, ella intentó tranquilizarlo (”Por favor no llores”, le dijo) y se marchó a su destino europeo junto con su guardaespaldas.

Según un informe que realizó New York Magazine sobre esta pareja, a poco de casarse, ambos se afincaron en ciudades distantes. Mientras ella continuaba su carrera en Los Ángeles con su hijo Daniel, él se quedó en Houston. Los encuentros esporádicos no pasaban más allá de almuerzos en clubes de campo o en el bar Red Lobster, donde ella había sido moza. En diciembre de 1994, él fue a visitarla a su vivienda californiana. Le pidió a su asistente que lo llevara a la habitación con ella, que se encontraba acostada, para dormir con ella. La respuesta de Smith, que estaba afectada por el consumo de pastillas, fue tremendamente cruel: “No, Paw Paw (así lo llamaba). Sabés que no te metés en la cama conmigo. Vos te hacés pis en la cama”.

En enero del año siguiente, 1995, ella visitó a su marido en Houston. Él tenía un cáncer avanzado y no podía alimentarse más que por sonda. Sin embargo ella pasó toda la noche dándole una sopa de pollo con cuchara. Poco después, el hombre se ahogó y debió ser internado. Este episodio provocó la reacción de Pierce, el hijo del magnate, que de inmediato tomó la tutela de Marshal II y separó a Smith, física y económicamente, de los dominios de su padre. Incluso puso guardias armados para custodiar la mansión del millonario y evitar las posibles visitas de ella.

Una muerte y dos funerales

Finalmente, el 4 de agosto de 1995, a la edad de 90 años, “el barón del Petróleo de Houston” murió a causa de una neumonía. Habían pasado apenas 14 meses desde de su casamiento con la conejita de Playboy. La enemistad entre la familia del fallecido y su viuda era tal que se hicieron dos funerales por separado. Primero fue el que le realizó Smith, el 7 de agosto, al que asistieron unas 30 personas que no conocían al difunto. Fiel a su estilo rimbombante, ella asistió al velorio con un vestido blanco como de novia, con velo de tul y todo, y en un momento de la ceremonia cantó, junto a su hijo Daniel, de 9 años, la popular canción de Bette Middler “The Wind Beneath my Wings”.

El 14 de agosto, en tanto, la familia Marshall despidió al patriarca fallecido. Como fue una ceremonia multitudinaria, y con todos los asistentes allegados al muerto, podría decirse que esta fue la despedida oficial de Howard Marshal II. Sin embargo, a este velatorio, como era de esperarse, la exuberante viuda no fue invitada.

Al morir el potentado industrial dejó en este mundo una fortuna que rondaba los US$1600 millones. Pero en los seis testamentos en los que legaba su patrimonio hay una persona que no aparece: Anna Nicole Smith. Los medios que recorren la biografía de la modelo y actriz aseguran que, en algún momento, Pierce, el hijo de Marshall II, metió mano en los documentos referentes a la economía de su padre y que, claramente perjudicó con esto a su “madrastra”.

La lucha por la herencia y el trágico final

A partir de ahí, Smith comenzó una batalla legal que duró un lustro y que, pese a algunos triunfos pasajeros, dejó a la viuda de Marshall II con las manos vacías. Incluso, en un momento de desesperación, ella se unió a Howard III, el otro hijo del magnate, que también había sido ninguneado en el reparto de la millonaria herencia…. pero los resultados de esta alianza también fueron nulos.

Pero lo que sobrevino luego en la vida de la modelo fue mucho más dramático que cualquier desavenencia económica. Pese a algunos éxitos y presentaciones que la ayduaron a mantener su fama, como el reality sobre su vida The Anna Nicole Show (E! Entertainment), la vida de la conejita de Playboy comenzó a ir cuesta abajo. Depresión, consumo excesivo de fármacos y problemas de sobrepeso que la exponían a las burlas mediáticas fueron algunas de los inconvenientes que vivió quien alguna vez había sido llamada “la Marilyn Monroe de los años 90″.

Pero lo peor estaba por venir. El mismo día que la modelo dio a luz a su segunda hija, Dannielynn, en un hospital de Houston en 2006, su hijo Daniel, de 20 años, moría por una sobredosis de metadona y antidepresivos. A partir de allí, todo fue oscuridad para Smith, que siempre decía que todo lo que hacía en su vida era en función de su hijo. El 7 de febrero de 2007, pocos meses después de la muerte de su primogénito, la viuda de Marshal II fallecía por una sobredosis accidental de nueve medicamentos recetados. Tan solo tenía 39 años.

Incluso con Smith muerta y también Pierce, el hijo de Marshall II, que falleció también en 2007, la causa por la herencia del magnate continuó en los tribunales para culminar recién en 2018. El resultado fue que Dannielynn, la hija de la actriz con el fotógrafo Larry Birkhead, no recibiría ni un dólar de los que dejó tras de sí la muerte del barón del petróleo.

Los restos de Anna Nicole Smith y de su hijo Daniel están enterrados en un cementerio de Nassau, en las Bahamas. Allí, una pulida piedra negra horizontal recuerda a la modelo y a su hijo, con imágenes de ambos. Un poco más abajo en la placa aparece también el hombre de Howard Marshall II. De acuerdo con la señal Local 10, de Florida, también parte de las cenizas del magnate se encuentran en ese cementerio. De modo que, más allá de los cuestionamientos que se le hicieron a esa matrimonio y las disputas legales por la herencia, de alguna manera la modelo y el multimillonario permanecieron unidos luego de la muerte.

LA NACION

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