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Investigación. Se cierra el cerco sobre el marino retirado y su esposa, pero no hay respuesta para la duda central: qué pasó con Loan

La crueldad se potencia cuando un niño es la víctima. Quizá aún más, como ocurrió en el caso de Loan Peña, si el chico de cinco años está desaparecido desde hace más de tres semanas y no hay una explicación clara de lo que ocurrió aquel 13 de junio, luego de un almuerzo en el campo de su abuela Catalina, una “curandera” de 87 años que había cocinado un guiso de gallina para agradecer a su santo predilecto, San Antonio, con unos parientes y dos parejas que casi no se conocían.

Los peritajes empiezan despejar por primera vez algunas partes de un enigma oscuro que reinó en este caso que transita 23 días. Estos complican a tres detenidos en la “sustracción” del niño, aunque no despejan el misterio más urgente: dónde está Loan y qué hicieron con él.

El viernes al anochecer, Laudelina Peña, tía del niño, quedó detenida tras declarar más de seis horas. La jueza federal de Goya, Cristina Pozzer Penzo, la indagó y ordenó su detención en el penal de Ezeiza, a 800 kilómetros de Nueve de Julio, luego de que admitiera que “plantó” el botín de su sobrino para desviar los rastrillajes para que la principal hipótesis siguiera siendo que Loan se había extraviado en el monte tras ir a buscar naranjas, junto con su marido, Bernardino Benítez, y la pareja integrada por Daniel “Fierrito”Ramírez y Mónica Millapi. Según el testimonio que los cinco niños que lo acompañaban dieron en la cámara Gesell, Loan fue hasta esa arboleda, donde no había cítricos, que está separada unos 600 metros de la casa de Catalina. Luego, desapareció. Ese es uno de los puntos críticos, que aún no logró ser aclarado.

Laudelina: imputada y detenida; la desaparición de Loan

Los peritajes de los teléfonos determinaron que otro de los detenidos, el capitán de navío retirado Carlos Pérez habría borrado algunos mensajes que mandó aquel 13 de junio. Según el testimonio de la tía de Loan, María Victoria Caillava, la esposa del exmarino, fue quien le entregó la zapatilla que plantó en un charco de barro.

Trascendió que una de las pruebas que derivaron en la indagatoria y en el arresto de Laudelina fue una fotografía y un mensaje que habrían encontrado en su teléfono celular, elementos relacionados con el botín hallado de su sobrino. Hasta ahora, la sospecha es que la tía de Loan, Pérez y Caillava ocultaron información y trataron de imponer que el chico estaba desaparecido.

La tía de Loan estuvo en libertad hasta este viernes. Usó esa condición para mentir y sembrar pruebas. Expuso además la teoría del accidente para volver a desviar la causa. El sábado de la semana pasada se presentó ante un fiscal provincial en la capital correntina, que estaba ajeno a la causa, para “denunciar” amenazas, pero su objetivo principal era sembrar otra pista supuestamente falsa, que Carlos Pérez había atropellado con su camioneta Ford Ranger a Loan y que lo habían sacado en ese vehículo del campo. Fue llamativo el mensaje del gobernador correntino Gustavo Valdés que celebró esa maniobra al señalar que se había “dado un gran paso” para resolver el enigma de la desaparición de Loan. Fue la última vez que se expresó públicamente el mandatario radical.

Está claro que los tres personajes de la trama querían ocultar la desaparición de Loan.

El expediente sigue bajo secreto de sumario y con una carátula poco precisa: “averiguación de delito”. La sospecha de que la desaparición de Loan se encamina a ser un caso de trata de personas aún está verde, a pesar de estos indicios.

La desaparición de Loan reúne una historia teñida de tragedia que exhibe de manera descarnada realidades disímiles, contrapuestas, de ese “otro” país relegado que aparece cada tanto, de un mundo rural, arcaico, recargado de misticismo pagano, según la mirada de los visitantes eventuales, que fueron devoradas por la fascinación que mostraron los medios que rozaron una mala praxis de la que casi nadie en esta historia pudo quedar indemne. Porque la negligencia y las complicidades que supuran desde la raíz de la investigación causaron que el desconcierto ganara en las primeras tres semanas. Las hipótesis se multiplicaron y una tragedia como la desaparición de un niño terminó transformándose en un culebrón con personajes reales, pobres y vulnerables, tanto víctimas como posibles victimarios y cómplices, que desgranaron mentiras para entorpecer un expediente que aún no aporta claridad ni logró despejar esa madeja de dudas sobre lo que pasó con Loan.

A esta altura, luego de una desastrosa investigación inicial en manos del fiscal provincial Juan Carlos Castillo, un expolicía que llegó al cargo por devolución de favores políticos, lo único que puede aportar certezas son los peritajes que están en manos de Gendarmería y la Policía Federal Argentina, que a causa de estas falencias en la instrucción debieron arrancar de cero ante la desconfianza permanente en la policía provincial, cuya complicidad aparece corporizada en las maniobras del comisario Walter Maciel.

Un fresco de ese revoltijo de relaciones es la casa parroquial donde vivía el policía, cedida por el cura Cristian, que jamás apareció en las marchas por Nueve de Julio por miedo a ser blanco de la bronca popular de un lugar apacible, donde como todos repiten “acá nunca pasó nada”.

Ahora queda todo bajo sospecha, pero ese esquema de poder folclórico fue siempre así. Con la demanda que genera este caso, toda esa realidad despierta un asombro ingenuo.

Hasta ahora, según los resultados parciales de los peritajes, la trama tiene a la pareja del marino retirado Carlos Pérez y María Victoria Caillava como los principales sospechosos. Este viernes se sumó Laudelina Peña al lote de un total de siete detenidos. Su marido Benítez fue, junto con “Fierrito” Ramírez y Millapi, uno de los primeros detenidos bajo la figura que usó el fiscal Castillo por abandono de personas. El funcionario interpretó luego, cuando su única hipótesis de que Loan se había extraviado en el monte se había caído, con muy pocos elementos, que podía haber trata de personas y se sacó la causa de encima para enviarla al fuero federal.

Lo que aún está verde en la investigación es por qué se llevaron en la camioneta Ford Ranger a Loan y luego lo subieron al baúl del otro auto, un Ford Ka rojo.

Fueron los lugares que los perros hace dos semanas apuntaron como las zonas en las que había rastros del niño. Como la investigación tuvo que resetearse desde el arranque, los peritos tuvieron que hacer un doble estudio forense en esos vehículos para despejar dudas. Uno lo realizó Gendarmería y otro, especialistas de la Policía Federal. Usaron dos equipos diferentes para corroborar las evidencias de una forma de achicar el margen de error.

Con los análisis de los teléfonos ocurrió algo similar. Se analizaron con la tecnología portátil más nueva. Ordenar esa madeja lleva tiempo y una cantidad de fondos para un caso que es inédito. Por eso, el enojo del Gobierno nacional con el mandatario de Corrientes, totalmente ausente en busca de resguardarse de un escándalo que lo pueda perjudicar.

Hay un punto crítico y terrible: ¿a Loan lo subieron vivo o muerto en ese auto? La pregunta que surge es si su captación fue con fines de trata por qué lo iban a lastimar o a matar.

Entonces, ¿qué ocurrió? Ninguno de los detenidos declaró qué pasó con el niño. Todos se negaron a hablar, salvo Laudelina, que brindó el viernes su testimonio durante más de seis horas, pero que al estar imputada está en condiciones de poder mentir.

LA NACION

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