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Pierre Coffin, el hombre detrás de los Minions: “Soy uno más de ellos, puedo hacer lo que se me dé la gana”

Cuando el estudio de animación francés Illumination estaba desarrollando Mi villano favorito, una amable comedia familiar sobre un supervillano de segunda clase y sus hijos adoptivos, a los creadores les pareció que la película necesitaba algún elemento liviano y alegre para hacer que el antihéroe Gru (Steve Carell) fuera más simpático para el público.

Así que a los directores Pierre Coffin y Chris Renaud, junto al diseñador de personajes Eric Guillon y el productor Chris Melendandri, se les ocurrió incorporar a los Minions, una banda de traviesas criaturas amarillas que iban corretear por el fondo de la pantalla, como la hinchada de su malvado líder.

Coffin, un animador francés de origen indonesio, se ofreció a improvisar algunos diálogos con voz aguda para dar vida a los personajes, una tarea que a veces realizada para publicidades, hasta que encontraran a un actor famoso que aportara su voz para incorporarla más adelante en el proceso de producción.

Pero resulta que finalmente la voz de Coffin se quedó: el público de prueba adoró su distintiva risita entrecortada y sus melódico hablar sin sentido. Y así fue que desde 2010 Coffin ha sido la improbable estrella de uno de los mayores fenómenos de la cultura pop de este siglo, y ahora retomó su rol por sexta vez en Mi villano favorito 4, la nueva secuela para la pantalla grande.

“Después de la película anterior le dije a Chris Meledandri: ‘Tengo que dejar de hacer cosas relacionadas con los Minions, tengo que pasar a otra cosa’,” dice Coffin. “Pero esos personajes tienen algo muy atractivo que realmente me gusta, así que por un lado quiero pasar a otra cosa y al mismo tiempo me digo: ¡Pero esto es muy divertido!”

Desde la infancia

Nacido en Francia en 1967, hijo de la novelista Nh. Dini y del diplomático Yves Coffin, Pierre pasó parte de su infancia en los Estados Unidos, algo que dejó una enorme marca en su joven mente. “Estaba apabullado, me decía: Este es el mejor país del mundo, ¡hacen un montón de películas!”.

Le encantaban los musicales y las operetas de Gilbert y Sullivan, y después de ver Los piratas de Penzance, quedó enamorado de “I Am the Very Model of a Modern Major-General”, la famosa canción del musical. “Sabía que si alguna vez en la vida me tocaba hacer una película, me las iba a arreglar para meter esa canción de alguna manera. ”Décadas más tarde, lo convirtió en la pieza central de la secuela Mi villano favorito 3, de 2017.

Las películas de Mi villano favorito, así como los derivados Minions y Minions: nace un villano, han sido enormemente lucrativas para Illumination y Universal, su distribuidora a nivel mundial. La saga ha recaudado más de 4600 millones de dólares en todo el mundo, lo que la convierte en una de las franquicias cinematográficas más exitosas de la historia.

Los propios Minions también se han vuelto omnipresentes más allá de la pantalla grande: productos de franquicia, atracciones en parques temáticos, tendencias en TikTok y memes en Facebook. “El diseño de esos personajes los hace muy fáciles de transformar en juguetes”, apunta Renauld, quien también dirigió la nueva entrega. “Tiene esta simplicidad que permite crear memes, y son fáciles de dibujar. Son esas cosas que a uno le gusta tener sobre el escritorio”.

Pero si bien la omnipresencia de los Minions puede ser un testimonio de su popularidad, desde el punto de vista creativo, a Coffin le generaba dudas. “Cuando se estrenó Minions, tuve dos reacciones. En primer lugar, me parecía que el marketing era excesivo, exagerado. Y lo segundo que pensé es: ¿Cómo diablos hicimos mil millones de dólares con esta película?”.

“Podría haber sido mejor”

Sí, la primera entrega de Minions, dirigida por Coffin y Kyle Balda, es una de las películas más taquilleras de todos los tiempos. Pero en opinión de Coffin, “el marketing hizo que la película fuera un éxito comercial, pero no necesariamente creativo”. En pocas palabras, según Coffin, “podría habernos salido mejor.”

Coffin vive con su familia en París, y cuando pasan Minions por televisión se descubre pensando que la película podría haber sido más simple, menos convencional, tal vez más parecida a Shaun, el cordero, una comedia británica de 84 minutos de duración y sin diálogo: solo puras tonterías. Renaud no está de acuerdo. “Creo que Shaun, el cordero es genial, pero nuestras películas son mucho más ambiciosas. Sin diálogos es muy difícil llegar a una audiencia más amplia.”

Meledandri, el productor, sugiere que la reticencia de Coffin al estilo convencional de las películas de los Minions “es característica de esa cualidad rebelde que para Pierre, como artista, es muy importante”, y agrega que trabajar con Coffin es un proceso que implica “una tensión realmente saludable” entre su espíritu independiente y las exigencias de una película familiar y para todos.

“A él no le va a gustar nada que diga esto, pero Pierre tiene muchas cosas que me hacen acordar a los Minions”, apunta Meledandri. “En el fondo, es una persona de una dulzura increíble, pero combinada con algo de subversión. Su feroz independencia es lo que nos sorprende todo el tiempo cuando estamos trabajando en las películas, y en última instancia es lo que sorprende también al público.”

Meledandri cuenta que Coffin tal vez puede sentirse “limitado” por los requerimientos del estudio, pero queda claro que a Coffin lo entusiasman enormemente las posibilidades creativas de esos pequeños bichitos amarillos. De hecho, los compara con los dibujos animados clásicos de Bugs Bunny, de Tex Avery: sueltos, imaginativos y hasta atrevidos.

“Me siento un Minion más”, dice Coffin: “Puedo hacer lo que se me dé la gana.”

Traducción de Jaime Arrambide

LA NACION

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