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Una terapia integral: un gran elenco para una comedia con el pan como excusa

Autores: Marc Angelet y Cristina Clemente. Director: Nelson Valente. Intérpretes: Juan Leyrado, Carola Reyna, Paola Krum y Carlos Belloso. Vestuario: Betiana Temkin. Escenografía: Jorge Ferrari. Iluminación: Matías Sendon. Sala: Teatro Metropolitan (Av. Corrientes 1343). Funciones: jueves a las 20:30, viernes a las 21, sábados a las 22:15 y domingos a las 21. Duración: 95 minutos. Nuestra opinión: buena.

A tono con el tipo de obras que Nelson Valente suele dirigir (y en ciertos casos también escribir), Una terapia integral es una comedia “con mensaje”, de esas que hacen reír y también reflexionar. El factótum de títulos como El divorcio, Permitidos, Díganlo con mímica, El beso y Escape Room –quien hoy es uno de los grandes directores del circuito comercial, luego de haber trabajado muchos años en la escena independiente– se hace cargo del nuevo texto de los catalanes Marc Angelet y Cristina Clemente, autores de Laponia, pieza estrenada en la Argentina en 2022.

El tema de la obra es la necesidad de creer, de tener fe en algo. Como ayer pudo haber sido la religión o un proyecto colectivo, hoy podría ser el bienestar personal. Eso es lo que propone el personaje principal de Una terapia integral, el panadero Toni Roca (Juan Leyrado) en sus exclusivos y “especiales” cursos para aprender a hacer pan, a los que es muy difícil acceder. Su lema principal es: “Para hacer un buen pan no hace falta la mejor harina o la levadura más fresca, para hacer un buen pan solo es necesario estar bien con uno mismo”. Por lo tanto, quien logre cumplir con esa premisa logrará el mejor resultado. Luego están los otros mottos: “Somos el pan que hacemos”, “El pan somos nosotros”, “Amasá tus sentimientos” y “El pan, como la vida, no se puede controlar”.

A las clases de este gurú del amasado (luego de haber sido seleccionados entre 150 aspirantes) se suman tres alumnos de distintas edades e intereses, que además se encuentran en diferentes momentos vitales. Nieves (Carola Reyna) es una cardióloga de mediana edad con un matrimonio en crisis, sumamente controladora y obsesiva. Bruno (Carlos Belloso) heredó una empresa familiar, vive desaprensivamente y acusa varias fobias. Laura (Paola Krum), la más joven de los tres, no tiene una ocupación paga, solo canta en el coro de una iglesia, no tiene pareja ni amigos, es sexualmente virgen, ingenua, infantil e insegura. Ya al comenzar el curso se darán cuenta que el móvil del “maestro” no es necesariamente enseñarles a amasar el pan, o al menos no se trata únicamente de eso. “Este no es un curso normal”, advertirá el inusual profesor. Y por eso, al finalizar, todos saldrán modificados. ¿Pero, para mejor? Lo de Toni Roca es una terapia, no declarada pero terapia al fin, en un punto inverosímil. Pero como Una terapia integral es una comedia y el género acepta todo tipo de transgresiones racionales, se termina aceptando la singularidad del planteo.

Solucionar lo que no funciona

Para Toni Roca, por ejemplo, una corteza poco crujiente puede ser sinónimo de problemas laborales, una miga demasiado densa indicativo de una crisis de pareja y un pan soso, el resultado de una vida sexual insatisfactoria. Por lo tanto, él entiende que para hacer un buen pan sus alumnos primero deben solucionar todo lo que no funciona en sus vidas. A eso los alienta y los presiona… Solo así, les garantiza, obtendrán lo mejor del curso y de sus panes. El sistema de aprendizaje es tan heterodoxo que sus alumnos no solo amasan y controlan la temperatura del horno sino que se confiesan, lloran, gritan y se liberan.

Dividido en cuatro pasos (Mezclar, Amasar, Reposar y Hornear), tanto el curso como la obra, Una terapia integral avanza un tanto morosamente y despierta más sonrisas que carcajadas. Tal vez el correr de las funciones y algo de síntesis –por ejemplo, una “vuelta de tuerca” menos en el epílogo y la eliminación de los innecesarios comentarios escatológicos– ayudarán a mejorar el resultado final. De todos modos, el espectáculo bien vale por sus protagonistas, que conforman un elenco muy atractivo (un verdadero lujo en la ya nutrida de figuras cartera teatral porteña). Tanto Juan Leyrado como Carola Reyna, Paola Krum y Carlos Belloso se entregan a sus criaturas sin límites (físicos y emocionales), como ellos solo podrían hacerlo, y logran pasar de la comedia al drama con suma pericia y estilo cada vez que es necesario.

LA NACION

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