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Trending topic: todos hablan sobre el abuso narcisista, pero ¿qué es realmente?

NUEVA YORK.– Liz C. siempre supo que algo no estaba bien en su matrimonio de más de 30 años, y sin embargo no lograba identificar el problema. Pero cuando su marido se jubiló, el desapego, sus silencios y la falta de apoyo que habían caracterizado la relación empeoraron.

Un día, una amiga le preguntó si había escuchado hablar del “narcisismo encubierto”. Los narcisistas encubiertos son pedantes, sumamente susceptibles a las críticas, y suelen sentir que el mundo les debe algo. Y por lo general son más solapados que los “narcisistas grandiosos”, más faroleros y fáciles de detectar.

Liz tiene 62 años, prefiere no revelar su apellido por cuestiones de seguridad, y nunca había oído hablar del narcisismo encubierto. Así que se puso a mirar en internet y, en su búsqueda, se encontró con los trabajos de la psicóloga Ramani Durvasula y del psicoterapeuta Les Carter. Fue a través de ellos que descubrió un fenómeno conocido como “abuso narcisista”.

Así se enteró de que el abuso narcisista se caracteriza por la manipulación psicológica, emocional, económica o sexual infligida por un narcisista, a veces incluso con violencia física o “control coercitivo”, un patrón de comportamiento que utilizan para dominar a sus parejas.

Esas relaciones suelen arrancar a las mil maravillas, con manifestaciones de amor grandilocuentes y un “bombardeo amoroso” que puede incluir un desborde de regalos, cariño y atención. Pero los expertos dicen que en el caso de los narcisistas encubiertos esas expresiones rápidamente dejan de ser románticas y halagadoras para convertirse en críticas o descalificaciones, o simplemente quedan en un nocivo “purgatorio” ambivalente, donde el afectado no sabe qué pensar. Quienes sufren ese trato pueden experimentar temor, confusión, ansiedad, manipulación y el famoso “dar vuelta las cosas”.

Cuando leyó todo eso, para Liz fue como un momento de revelación. “Fue como si hubieran abierto la puerta de par en par y de pronto se hizo la luz –dice Liz–. Empecé a entender por qué estábamos como estábamos”.

Reenmarcar una mala relación

En la última década, la etiqueta de “narcisista” se fue imponiendo hasta aplicarse libremente a cualquiera, ya sea un compañero de trabajo con su falsa modestia o el expresidente norteamericano Donald Trump.

Se nos dice que los narcisistas carecen de empatía, que mienten, que buscan atención, que se sienten por encima de la ley y necesitan una constante validación externa. “Es una mezcla de explotación del otro, sentirse ‘con derecho’, y discapacidad empática”, señala el psicólogo Craig Malkin, autor de Rethinking Narcissism: The Secret to Recognizing and Coping with Narcissists (Repensar el narcisismo: el secreto para reconocer y lidiar con los narcisistas). “Ese es el núcleo del narcisismo patológico”, sentencia.

Junto con la popularización del término también se acrecentó el interés por el tipo de daño que los narcisistas les pueden infligir a quienes los rodean. Son millones las personas que describen haber sido víctimas de un narcisista, y no solo de sus parejas románticas, sino también familiares, amigos, jefes o colegas. La cuenta #Narsissisticabuse tiene más de 1,4 millones de publicaciones en Instagram, y el fenómeno se volvió tan conocido que hasta tiene su propio día: el 1° de junio es el Día Mundial de Concientización sobre el Abuso Narcisista.

Muchos de los 1,7 millones de seguidores del canal de YouTube de Durvasula creen haberlo sufrido, lo mismo que los más de 6,2 millones de personas que escucharon su podcast, “Navigating Narcissism”.

Por supuesto que son muchas las personas que son maltratadas en sus relaciones, pero cuando la parte abusiva es un narcisista, el maltrato sería de mayor escala y profundidad.

Si bien una relación tóxica puede ser frustrante o hiriente, “no te deja confundido ni con la sensación de que estás perdiendo tu criterio de realidad”, apunta Durvasula, autora del best-seller It’s Not You: Identificating and Healing from Narcissistic People (No sos vos: Identificar y sanar de una relación con un narcisista). La relación con un narcisista puede desembocar en “autovigilancia extrema (estar “en vilo”), cavilación, confusión, culpa y dudas”, señala Durvasula.

Definir el narcisismo

Como con tantas cosas, existe un “espectro narcisista”. Por un lado está el narcisismo leve, caracterizado por el egocentrismo, la inmadurez emocional y la hipersusceptibilidad. Si bien tratar con esas personas puede ser difícil, los más nocivos son los narcisistas maliciosos del otro extremo del espectro. Según Durvasula, es probable que muchos de ellos cumplan con los criterios que definen el Trastorno Narcisista de la Personalidad (TNP), un diagnóstico clínico que figura en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, la guía de problemas de salud mental oficialmente reconocidos por la Asociación Estadounidense de Psiquiatría.

Los expertos no están seguros de qué tan común es el TNP. Se trata de un problema infradiagnosticado, en parte porque los síntomas pueden confundirse con otros trastornos de la personalidad y en parte porque la mayoría de los narcisistas no van corriendo a hacer terapia…

“Los estudios de prevalencia suelen basarse en el ‘autoinforme’ del paciente/sujeto, que lo más probable es que minimice su propia patología”, señala Ronald W. Pies, profesor emérito de psiquiatría de la Universidad Médica SUNY Upstate, Nueva York.

Sin embargo, existen algunas estimaciones. Según un informe de 2022 publicado en la revista científica Focus: The Journal of Lifelong Learning in Psychiatry, entre el 1% y el 2% de la población general de Estados Unidos puede tener TNP. Y datos recientes recopilados por Durvasula y la experta en estadística Heather Harris revelan que el 10% de la población tiene suficientes rasgos narcisistas como para que sus relaciones se vean afectadas.

Un estudio a más de 270.000 participantes publicado en 2023 en el Journal of Personality and Social Psychology también reveló que los hombres manifiestan más rasgos narcisistas que las mujeres.

Pero en la literatura académica hay poco sobre el “abuso narcisista” en particular, y los escépticos argumentan que el término no es más que un trending topic: la explicación de moda para un mal comportamiento.

“Creo que el término se convirtió en tendencia porque quienes lo sufrieron necesitan respuestas desesperadamente”, señala Bea Coté, directora de Impact+ Abuse Prevention Services, un programa de intervención contra la violencia doméstica. “Y esa es una respuesta que les sirve para explicar por qué esa persona a la que amaban y que parecía amarlas, luego abusó de ellas”, añade.

Los escépticos también creen que cuando hablamos de abuso emocional, agregar un diagnóstico especulativo sobre el perpetrador no suma nada.

“La gran pregunta es si esas consecuencias son propias de este tipo de relaciones o si simplemente esas personas están en una mala relación de pareja”, apunta Paul S. Appelbaum, expresidente del comité directivo del antes mencionado manual de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría y profesor de la Universidad de Columbia. “Eso no quiere decir que no necesiten asistencia profesional para salir de esa mala relación: son cosas que no se excluyen necesariamente entre sí”, aclara.

Lisa Aronson Fontes, autora de Invisible Chains: Overcoming Coercive Control in Your Intimate Relationship (Cadenas invisibles: superar el control coercitivo en tus relaciones íntimas), afirma que el término es “psicología popular vacía”.

“Por supuesto que algunas personas son más abusivas que otras, y esas personas pueden tener rasgos narcisistas, pero no tiene ningún sentido llamar ‘abuso narcisista’ a los abusos interpersonales –expresa Fontes–. ¿Por qué no llamarlo simplemente abuso? ¿O control coercitivo? ¿O acoso sexual laboral, si ocurre en el ámbito de trabajo?”

Es más, Fontes dice que etiquetar algo como un “trastorno” implica atribuir el comportamiento una enfermedad mental que no se puede controlar: los abusadores sí pueden controlar su comportamiento. “La mayoría de las veces, atacan solo a quienes están más cerca de ellos, en privado, para que no los ‘pesquen’ los demás”, apunta Fonte.

Durvasula admite que las relaciones invalidantes existen desde que el mundo es mundo, pero que el tema recién empezó a discutirse hace poco porque antes no teníamos el lenguaje necesario para referirnos al abuso cuando no es de tipo físico.

“Tengo pacientes que llevan 40 o 50 años de casados, y ellos mismos reconocen que esa dinámica estuvo presente desde el inicio de la relación. Simplemente no existía la palabra para referirnos a eso, ni siquiera en el campo específico de la salud mental”, explica.

Darvasula insiste en que decir que alguien es “narcisista” no implica que tenga un trastorno mental, sino que simplemente describe la personalidad de una persona. Y no importa en qué parte del espectro narcisista se ubique esa persona, “los ingredientes en común son los mismos: empatía variable, sensación de privilegio, megalomanía, egoísmo, necesidad de admiración y validación, ego frágil y reacciones de ira en momentos de frustración, decepción o ante las críticas”.

Daniel Shaw, autor de Traumatic Narcissism (Narcisismo traumático) y psicoterapeuta de la ciudad de Nueva York, menciona cuatro características típicas del abuso narcisista: seducción, intimidación, humillación y menosprecio.

“¿Es una persona que siempre se infla a sí misma? ¿Se niega a reconocer algún defecto o a hacer la menor autocrítica? ¿Desprecia a los demás? ¿Si intentás decirle por qué te enojaste niegan todo o invierten los roles para victimizarse?”, plantea Shaw.

“Un narcisista traumatizante es alguien decidido a encontrar su presa”, dice Shaw. “Irán a buscarla entre personas a las que puedan controlar y explotar, y usan todas las armas que tienen: carisma, encanto e inteligencia, porque suelen ser bastante inteligentes. Y necesitan desesperadamente tener alguien a quien controlar”. A estos individuos que tienden a ser profundamente inseguros, “controlar a otras personas les transmite la sensación de que realmente son tan poderosos y superiores como creen ser”, suma Shaw.

Faith C. sufrió ese tipo de control. Sin que ella lo supiera, su expareja había colocado cámaras de video por toda la casa y un rastreador GPS en su coche, leía sus mensajes de texto y correos electrónicos. También le escondía las llaves del auto, y si dejaba su celular en determinado lugar de la casa y después no podía encontrarlo, él le decía que no lo había visto.

“Buscaba mi teléfono por toda la casa y resulta que estaba justo al lado de él”, recuerda Faith, de 44 años, que escribe y bloguea sobre abuso narcisista bajo el seudónimo “Faith C. Echo” por motivos de seguridad. “Y me decía todo el tiempo que estaba desequilibrada y que necesitaba ir al psicólogo”, recuerda.

Tampoco le permitía tener amigos ni pasar tiempo a solas con su hijo. “Ya ni sabía ni quién era yo misma, ya no tenía opinión”, confía Faith, que publicó un libro sobre su experiencia y es trabajadora social. Finalmente, después de cuatro años y medio con él, en 2023 lo dejó.

Seguir adelante

¿Por qué es tan difícil liberarse? “Al principio de una relación el narcisista puede parecer muy cariñoso, amable, reflexivo y comprometido”, describe Vickie Howard, profesora y subdirectora del programa de bienestar y salud mental de Hull, Inglaterra, que escribió sobre su propia experiencia con el abuso narcisista, que ella compara con abandonar una secta que apela a métodos de control mental. Además, el abuso narcisista suele venir acompañado de abuso económico, físico y psicológico, como ocurre con cualquier tipo de abuso doméstico.

Otras veces hay niños de por medio, lo que hace que irse sea prácticamente imposible.

Uno de los problemas a la hora de buscar tratamiento por estar sufriendo abuso narcisista es que muchos terapeutas carecen de formación o experiencia en reconocer a personas que están en ese tipo de relaciones poco sanas. Un estudio publicado en 2019 en el Journal of Counseling & Development analiza los resultados de una encuesta a 104 sobrevivientes de abuso de pareja: aproximadamente la mitad de los consultados dijeron sentir que sus terapeutas los calificaban de “codependientes” y que de alguna manera los culpaban por haber elegido ese tipo de pareja.

“Cuando las víctimas de violencia de pareja van a terapia, muchas veces el terapeuta no está capacitado para trabajar con el trauma y no comprende el sistema de abuso psicológico y de gaslighting”, afirma la psicóloga Vaile Wright, directora de Innovación en Atención Médica de la Asociación Estadounidense de Psicología. (El término gaslighting, que toma su nombre de la película homónima de 1944, se refiere a la manipulación psicológica pensada para hacer que la víctima dude de su propia percepción de la realidad.)

Liz C. recuerda que la última vez que fueron juntos a terapia con su entonces esposo, vio como su terapeuta “caía inmediatamente bajo su hechizo”.

“Manipulaba todo, tergiversaba las palabras. Y la terapeuta usó el mismo discurso: ‘Necesitan más comunicación, más resolución de conflictos’, todas cosas de un matrimonio típico que no se aplican a los narcisistas, porque no siguen las mismas reglas”, lamenta.

Durvasula desarrolló un programa de capacitación y certificación para médicos que desean adquirir experiencia con pacientes que están en relación con personas narcisistas. También dirige un programa de recuperación, que apunta a que las víctimas se enfoquen en sí mismas y no en el comportamiento de su abusador.

“Curarse implica aceptar drásticamente lo que uno está viendo, reconocer que esos patrones se repiten y entender que no van a cambiar –detalló–. También implica poner fin al ciclo de creer que podemos hacer algo para que las cosas mejoren”.

Con el tiempo, Liz C. se dio cuenta de que su marido nunca iba a cambiar y de que, para tener algún futuro de felicidad, tenía que salir de esa relación. Hace dos años lo hizo. “Llamarlo abuso le devuelve la importancia y la gravedad que tiene, y creo que es la manera correcta de verlo”, concluye.

Por Abby Ellin

(Traducción de Jaime Arrambide)

LA NACION

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