NACIONALES

Un país envuelto en un mar de incógnitas

El epistemólogo Thomas Kuhn sostenía que cuando en una época de la historia proliferan las anomalías, ya no se está frente a una colección de rarezas sino ante un nuevo paradigma. La intervención de Donald Trump en Venezuela para capturar a Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores, a fin de que comparezcan ante los tribunales de Nueva York parece ser otro indicio de que las reglas del juego internacional están perdiendo su vigencia de manera acelerada. La caída de un tirano patético y atroz como Maduro, que ha sido acusado por crímenes de lesa humanidad ante la Corte Internacional de Justicia, siempre desata una corriente de simpatía. Pero la situación del pueblo venezolano comenzó desde ayer a navegar en un mar de incógnitas. Maduro es sólo uno de los términos de la compleja ecuación dictatorial venezolana.

La presión militar que estaba ejerciendo el gobierno de los Estados Unidos sobre Venezuela era tan intensa que privaba a Trump de cualquier desenlace que no incluyera la salida de Maduro el poder. Ayer se produjo ese hecho, que provocó reacciones muy diversas en la escena internacional. En especial por el uso de la fuerza sin la intervención del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Una de las peculiaridades llamativas de esta irrupción violenta es que no fue realizada en nombre de la democratización de Venezuela. Coherente con su pragmático nacionalismo, Trump se fijó un objetivo distinto: garantizar la seguridad interior de los Estados Unidos. Esa es la justificación de la detención de Maduro, cuya legalidad se ha ido constituyendo sobre la marcha. La Casa Blanca calificó como organización narcoterrorista, primero, al denominado Tren de Aragua y, más tarde, al Cartel de los Soles, una liga de altos mandos del ejército acusados de organizar el tráfico de drogas. La acusación penal del gobierno norteamericano es que Maduro era quien daba las órdenes a esas dos estructuras, sobre todo a la de los generales del régimen. Se lo acusa de dañar a los Estados Unidos por el ingreso de esos narcóticos al país. Esta caracterización deja una laguna: ¿con qué cargos fue capturada también la esposa del dictador? Todo es brumoso, porque recién sobre el anochecer de ayer hubo constancias del paradero del matrimonio y alguna precisión sobre las acusaciones que pesan sobre la señora de Maduro.

Donald Trump anunció la captura de Maduro

Los interrogantes sobre el orden venezolano se multiplicaban anoche. La líder de la oposición y premio Nobel de la paz, Marina Corina Machado reaccionó, desde un lugar desconocido, advirtiendo que su partido estaba en condiciones de asumir el poder. Es decir, adelantó que el próximo paso del proceso iniciado con la salida de Maduro sería la asunción del mando de Edmundo González Urrutia, el presidente electo en 2024, en comicios que el régimen no respetó. Líderes como el presidente de Francia, Emmanuel Macron, apoyaron esa secuencia.

Sin embargo, Trump descalificó a la oposición. Dijo que Machado “es amable pero no está en condiciones de estar al frente del país”. En cambio, aseguró que la vicepresidente, Delcy Rodríguez, había jurado como presidenta y le transmitió que estaría dispuesta a colaborar. Al mismo tiempo, el presidente de los Estados Unidos sostuvo que su país “dirigirá Venezuela hasta una transición segura”, sin dar detalles sobre cómo lo haría. Este enfoque habilita a muchos analistas estadounidenses a temer una aventura peligrosa, de esas en las que es más sencillo entrar que salir. Afganistán, Somalia, Libia y, exagerando un poco, Vietnam.

En contradicción con la presentación de Trump, Rodríguez aclaró que el único presidente es Maduro, de quien pidió una prueba de vida: para ese momento de la tarde el dictador todavía no había aterrizado en Nueva York.

Rodríguez hizo esas declaraciones escoltada por Diosdado Cabello, quien encabeza su propia facción dentro del esquema de poder de Caracas. Sobre Cabello pesa una orden de captura de los Estados Unidos con acusaciones similares a las que llevaron a la detención de Maduro. También hay que considerar a otro grupo determinante: el de los militares encabezados por Vladimir Padrino López. Es un sector clave porque, más allá de las formalidades institucionales, la de Venezuela es una dictadura militar enmascarada detrás de civiles como Maduro o Rodríguez.

El porvenir del poder en Venezuela depende de las tensiones entre estos grupos y de la acción que siga llevando adelante el gobierno de los Estados Unidos. Ayer se mencionaba la inminencia de una “segunda ola”. Consistiría en la captura de unos 14 funcionarios con cargos similares de los de Maduro, entre los cuales estarían Cabello y Padrino López. En paralelo se realizarían acciones militares para el control de puertos y aeropuertos.

La foto de Nicolás Maduro tras ser arrestado por EE.UU.

El principal misterio que rodea la intervención de Trump en Venezuela es si hubo algún acuerdo con el régimen. O con un sector del régimen. ¿Por qué no hay imágenes de la detención? No las proporcionó la Casa Blanca, pero tampoco la dictadura. ¿Maduro se entregó en una maniobra pactada, en la que se simuló una aprensión para que él quede como víctima? El desdén del presidente norteamericano hacia Machado y sus referencias a la vicepresidenta Rodríguez inducen a interpretar de esa manera lo que sucedió. Habrá que ver cuándo la venezolana deja de ser una dictadura para transformarse en democracia.

Para quienes prefieran una versión menos cínica, hay muchos indicios de que Washington ha conseguido infiltrar al chavismo. La salida de Leopoldo López de la embajada de España, donde estaba asilado; la huida de Corina Machado para viajar a Oslo y recibir el Nóbel; la propia captura de Maduro ayer, indica que hay engranajes de la dictadura que se han puesto fuera de control. Durante su primera presidencia, Trump apostó, influido por el entonces senador Marco Rubio, que hoy es su canciller, a una defección del aparato militar que permitiera el derrumbe de todo el edificio de poder. En aquel momento esas hipótesis no se verificaron. ¿Hoy se mantiene esa estrategia?

La posibilidad de un “chavismo sin Maduro” que pacte con los Estados Unidos e inaugure una transición, supondría la permanencia de Rodríguez en la presidencia hasta nuevas elecciones, que serían convocadas en tres meses. Sería, claro, un agravio para González Urrutia y su madrina, Machado. ¿También un agravio contra los innumerables presos de la dictadura? ¿Cuál será su destino en la nueva situación?

Un interrogante particular en este contexto es cómo se ejecutaría uno de los propósitos confesados ayer por Trump: que las empresas de su país a las que les arrebataron sus concesiones petroleras recuperen la posibilidad de extraer hidrocarburos venezolanos. Es una cuestión geopolítica con varios alcances. El más inmediato es que pondría al borde del derrumbe al régimen cubano. El bloqueo de los Estados Unidos en el mar del Caribe estranguló el flujo de crudo desde Venezuela a Cuba, lo que multiplicó los cortes energéticos en la isla.

En una perspectiva más amplia y duradera, Trump aspira a un ejercicio del poder venezolano en el marco de un dominio continental que afirme a su país en la disputa con China. La acción sobre Caracas debe ser leída, entonces, como una aplicación concreta, y dramática, de la estrategia de seguridad formulada por la Casa Blanca a fin de año: la búsqueda de un fortalecimiento a partir del repliegue sobre América. La denominada “Doctrina Donroe”.

Para entender este juego conviene recordar que la última actividad oficial de Maduro antes de ser subido a un avión y deportado a Nueva York fue recibir a Qiu Xiaoqi, el encargado de los asuntos latinoamericanos del gobierno de Xi Jinping. Uno de los destinos principales del petróleo venezolano es ser consumido por los chinos. Sudamérica parece presentar hoy los antiguos atractivos con que seducía al mundo en los siglos XVI y XVII, como si se hubiera reconvertido en un gigantesco cerro de Potosí, irresistible para los que andan en busca de materias primas, se trate de chinos o de norteamericanos.

China reaccionó ante la captura de Maduro haciendo una defensa de la legalidad internacional. Esa expresión tuvo un matiz distinto de la de Rusia. El régimen de Vladimir Putin sugirió la posibilidad de una mediación. Tal vez Venezuela ingrese a la agenda Trump-Putin como un renglón subordinado a la materia principal: la agresión rusa a Ucrania y la búsqueda de una pacificación en esa relación que a Washington le sigue resultando muy esquiva.

Los presidentes del Mercosur durante la última cumbre en Foz de Iguazu

La definición de los chinos hacía juego ayer con la de otro actor importantísimo: Brasil. Lula da Silva emitió un comunicado muy cuidadoso, propio de un equilibrista. No mencionó a Trump y tampoco a Maduro. Se limitó a condenar el uso de la fuerza, como había hecho cuando el dictador venezolano amenazó con atacar Guyana por un conflicto territorial. Lula sugiere que la conducta de Trump podría servir de antecedente a otros avances territoriales. No lo mencionó, pero la diplomacia de Itamaraty alude a un eventual ingreso de China en Taiwan, que es un fantasma que domina todas las mesas de arena del examen geopolítico.

Para el gobierno de Lula lo sucedido ayer abriga una enorme gravedad. En principio, porque desafía una premisa ancestral de la diplomacia brasileña, que es la pretensión de una hegemonía monopólica sobre América del Sur. Pero tan importante como ese reto es que Venezuela es un país limítrofe, cuya desestabilización tiene un efecto inmediato sobre los estados del norte del país. Uno de ellos, Roraima, recibió en los últimos siete años 1.200.000 migrantes del otro lado de la frontera.

La irrupción de Trump en Venezuela encuentra al gobierno brasileño en una encrucijada delicada. Casi en conflicto con Maduro, desde que Lula rechazó el ingreso del dictador venezolano a una cumbre de los Brics que se celebró en octubre de 2024 en Rusia. Al mismo tiempo, está en un proceso de recomposición de relaciones con la Casa Blanca, indispensable para rehabilitar el flujo de exportaciones de Brasil a los Estados Unidos.

Javier Milei celebró la intervención militar de EE.UU. en Venezuela

Este encuadre regional del gobierno brasileño agregó irritación en Itamaraty por el pronunciamiento de Javier Milei. El presidente argentino adhirió de inmediato a la captura de Maduro por parte de Trump. Nada que sorprenda: fue una ocasión para corroborar su alineamiento incondicional con el presidente norteamericano. El primer pronunciamiento fue la reproducción en su cuenta de X del discurso que pronunció en la última reunión de mandatarios del Mercosur, defendiendo la presión militar norteamericana en el Caribe.

Lo inesperado fue que la filmación terminara con una foto de Lula y Maduro. Ese mensaje, que lleva el sello inconfundible de Santiago Caputo, “el Mago del Kremlin”, tiene más de un significado. En principio refuerza una idea central de La Libertad Avanza, reiterada a lo largo del día en las redes sociales: no hay matices, o se está con Trump o se está con el dictador Maduro. Vieja idea de Milei: la defensa de las reglas institucionales es una coartada de “ñoños republicanos” o, peor aún, de comunistas, que era la modulación que ayer adquiría esa forma de clasificar los discursos.

Otra dimensión del mismo texto tiene que ver con el experimento regional en el que está involucrado Milei: la formación de un bloque de gobiernos latinoamericanos de derecha, a los que quiere ver representados en una cumbre que se realice en Buenos Aires hacia el mes de junio. Esa agrupación tiene un rasgo explícito: ser pro Trump. Y uno tácito: ser anti-Lula. En el fondo de este movimiento palpita un deseo: encarnar desde la Argentina un liderazgo alternativo al de Brasil. ¿Contestará Lula la provocación de Milei? Ayer estaba demasiado concentrado en definir una posición exacta en relación con Washington.

La afinidad con los Estados Unidos debería tener, para la Casa Rosada, un corolario de vibraciones más domésticas: la posibilidad de una intervención de la FIFA sobre la AFA. El meme que ayer decía “ahora vamos a por el Chiqui Tapia” era menos humorístico de lo que parecía. Y verosímil, sobre todo desde que Pablo Toviggino y Javier Faroni, el intermediario en los negocios internacionales de la AFA, cometieron el desatino de hacer pasar dinero sospechoso por cuentas de bancos norteamericanos.

Claudio

La seguidilla de errores refuerza una urgencia: el traslado de los expedientes a manos de jueces “comprensivos”. Ayer Adrián González Charvay, el juez federal de Campana, reclamó que Marcelo Aguinsky desista de seguir investigando a los directivos de la AFA y le remita el caso. Uno de los argumentos de quienes aconsejan ese cambio de jurisdicción es que la investigación arrancó en el domicilio de Toviggino en Villa Rosa, que correspondería a Charvay.

La defensa de Tapia y Toviggino debería contemplar otro factor que todavía no apareció como explicación de su pesadilla. Tiene que ver con las pasiones deportivas. Para entenderlo hay que recurrir a 2009. Derrota de Huracán frente a Vélez en la última fecha del Torneo Clausura. Cancha de Vélez. El árbitro Gabriel Brazenas da la victoria al local. Se le imputa haber cobrado 50.000 dólares para cometer lo que todo el mundo entendió como un error. Las habladurías le imputaron el pago de Néstor Basilotta, dueño de alfajores Guaymallén. Esa empresa recibió de inmediato una inspección enloquecedora de la DGI.

Hace apenas un mes, Barracas Central, el equipo de Tapia, consiguió ingresar a la Copa Sudamericana después de vencer a Huracán, con un resultado que también tuvo aspectos fraudulentos. La presión de la DGI se incrementó sobre la AFA. Son coincidencias anecdóticas. Milei tiene motivos poderosísimos para vengarse de Toviggino: sobre todo la difusión de los audios contra su hermana en la plataforma Carnaval. Pero no hay que olvidar: Andrés Vázquez, el titular de ARCA, es hincha empedernido de Huracán. A sus activos suele denominarlos como “La Quemita”, “Alcorta y Luna” o “Quemero”. No existen los fanáticos. Pero que los hay, los hay.

Los hermanos Milei, en el Congreso

​Trump aspira a un ejercicio del poder venezolano en el marco de un dominio continental que afirme a su país en la disputa con China  LA NACION