11 años después del atentado de Charlie Hebdo, ilustradores cordobeses reflexionan sobre humor y censura
El 7 de enero de 2015 marcó un quiebre definitivo en la historia de la libertad de expresión para los ilustradores y caricaturistas de todo el mundo.
Aquel miércoles, mientras salía a la venta el semanario satírico de Charlie Hebdo, los hermanos Chérif y Said Kouachi irrumpieron en la redacción parisina armados con fusiles de asalto y lanzacohetes, al grito de “Alá es el más grande”. El ataque resultó en la masacre de 12 personas y dejó a una nación y al mundo en conmoción.
El 8 de enero del mismo año en la publicación editorial diaria de este medio se escribió: “La libertad de expresión no es un problema de periodistas, editores o empresas de comunicación. Es un puntal esencial que sostiene los derechos de cada ciudadano”.
Para los ilustradores de La Voz, este hecho no fue sólo una noticia internacional, sino un ataque directo a su identidad profesional.

Crónica de un ataque en contra de la expresión
El atentado comenzó cerca de las 11.30 (hora local) en el distrito XI de París, Francia. Los terroristas, vestidos de negro y con pasamontañas, forzaron a una caricaturista a abrir la puerta de la sede mientras el equipo realizaba su reunión editorial semanal.
El dibujante Laurent Sourisseau, conocido como “Riss”, relató que, al escuchar los disparos, pensó inicialmente que había explotado un radiador; sin embargo, al ver entrar a los atacantes, se tiró al suelo y se hizo el muerto mientras las ráfagas de balas acabaron con sus compañeros.

Entre los fallecidos se encontraban figuras icónicas del humor gráfico francés: el director Stéphane Charbonnier (“Charb”), quien vivía bajo protección policial tras un atentado en 2011; los históricos Cabu, Wolinski y Tignous; y el dibujante Honoré.
También murieron el economista Bernard Maris, la psiquiatra Elsa Cayat, el corrector Mustapha Ourrad, el invitado Michel Renaud, el encargado de mantenimiento Frédéric Boisseau y dos agentes de policía: Franck Brinsolaro (escolta de “Charb”) y Ahmed Merabet, un oficial musulmán que fue rematado en el suelo mientras suplicaba piedad.

La “familiaridad” del horror para ilustradores cordobeses
El atentado generó un debate sobre los límites de la libertad de expresión y la seguridad de los medios. Asociaciones periodísticas como Adepa y Fopea en Argentina condenaron el hecho como un ataque directo a un derecho humano universal.
Un día después del atentado, caricaturistas cordobeses levantaron su lápiz e ilustraron el impacto del atentado a su profesión.
Pablo Chumbi comenzó a trabajar ese mismo año en La Voz y hasta el día de hoy es quien ilustra diariamente la segunda hoja del diario físico. En conversación con el ilustrador, dijo que la noticia “fue muy fuerte, muy impresionante por lo que representa la familiaridad”.
“Te representa la gente que hace lo mismo que vos en un lugar parecido al que estás y de repente aparecen dos hombres y los matan”, expresó con un tono amargo agregando que le pareció impresionante por el hecho de ser colegas con esas personas.

Juan Delfini, por su lado, ilustra en el medio desde el 1992 y es el encargado de darle vida al panorama provincial de los domingos, entre otras ilustraciones. Cuando él se enteró del atentado, contó que “fue un hecho condenable porque hubo muertes y se atentó contra la libertad de expresión”.

Eric Zampieri colabora con La Voz desde 1992 haciendo ilustraciones de economía y política. “Fue un espanto, una cosa que no se podía creer”, describió el ilustrador como primeras reacciones del hecho.
Chumbi analizó que el humor satírico de la revista francesa es mordaz y agresivo, y que el conflicto estalló al chocar con la “prohibición del islam” de representar figuras sagradas como Mahoma. “En términos profesionales, pienso mucho en el alcance de lo que hago en mi trabajo”, expresó.
Cuando los ilustradores realizan sus dibujos principalmente piensan para quiénes van dirigidos. Sin embargo, Chumbi agregó que al estar todo tan digitalizado “las ilustraciones le pueden llegar a todo el mundo por redes sociales”.

En tal sentido, Zampieri destacó que en Argentina el multiculturalismo no genera los mismos roces que en Europa. “El atentado puso de relieve cómo los códigos de irreverencia de una publicación pueden ser distorsionados fuera de su contexto original”, expresó.
Una censura algorítmica
La censura no es algo nuevo, ni lo fue al momento del atentado en Francia y los hechos, lamentablemente, sobran para enumerar. “La censura siempre estuvo presente”, comentó Chumbi, quien recordó la dictadura de los ’70 y el caso de The Washington Post (TWP) en 2025 cuando Ann Telnaes renunció después que una de sus caricaturas, que satirizaba la obediencia de los poderosos medios de comunicación -y los empresarios detrás, entre ellos Jeff Bezzos dueño de TWP– al presidente entrante Donald Trump fue rechazada por el editor de opiniones.

Los profesionales de La Voz vieron un impacto en las ilustraciones de los medios frente al atentado francés, pero también por las redes sociales.
Delfini advirtió que la censura actual no sólo es física, sino que se manifiesta en la hipersensibilidad del internet y el hate (odio, en inglés) digital. Justamente por estas cuestiones, Chumbi consideró que muchos medios dejaron de publicar humor gráfico para “ahorrarse el problema”.
“Hoy en día cualquier usuario en redes sociales es productor de una pieza humorística a través de memes”, comentó Chumbi. “Más ahora con la inteligencia artificial que la están utilizando para reemplazar las ilustraciones profesionales”, dijo Delfini.
Por su lado, Zampieri consideró que a su vez los hábitos de consumo de los medios cambiaron por completo. “Los chicos consumen TikTok o formatos más dinámicos, no le prestan atención a una viñeta”, explayó.
El futuro actual de “Charlie Hebdo”
A pesar de perder a sus líderes, la redacción se mudó a las oficinas del diario Libération para seguir trabajando.
“Me pareció valiente la actitud de la revista de seguir a pesar del atentado y de las amenazas”, expresó Delfini.
Una semana después, lanzaron una edición histórica con una caricatura de Mahoma llorando y el titular “Todo está perdonado”. Esta edición, que usualmente tiraba 60 mil ejemplares, alcanzó ventas récord de siete millones de copias, distribuidas en todo el mundo.

El nuevo director, Riss, quien salvó su vida permaneciendo muerto, enfatizó que la revista debía “reinventarse” y formar a nuevos dibujantes para mantener la identidad del medio, aunque admitió que la ausencia de los “pesos pesados” dejaba una mancha imborrable. La defensa del derecho a la sátira y a “no ser ofendido” fue central en los debates posteriores.
Je Suis Charlie: el impacto mundial
La respuesta mundial fue inmediata bajo el lema #JeSuisCharlie (Yo soy Charlie, en francés), que se volvió viral como símbolo de repudio a la violencia y que tituló la opinión editorial de los diarios de todo el mundo.
En Argentina, la presidenta de ese entonces, Cristina Kirchner, expresó una condena ante lo que calificó como un “bárbaro ataque terrorista” contra la sede de Charlie Hebdo.
Dos días después del atentado, la Torre Eiffel apagó sus luces en honor a los 12 fallecidos de Charlie Hebdo.
El domingo 11 de enero Francia vivió la movilización más grande de su historia con casi cuatro millones de personas en las calles, encabezada en París por el presidente François Hollande y más de 50 líderes mundiales como Angela Merkel, David Cameron y Benjamin Netanyahu.

Once años después, Charlie Hebdo dejó de ser solamente el nombre de una revista francesa para convertirse en una dolorosa advertencia, que no nos debemos permitir olvidar. Para los ilustradores cordobeses, el atentado no marcó el fin del humor ni de la sátira, pero sí un antes y un después en la conciencia sobre lo que implica dibujar en un mundo atravesado por la intolerancia, las redes y nuevas formas de censura.

Entre balas que ya no suenan y algoritmos que silencian, el lápiz sigue en movimiento: no como provocación, sino como ejercicio de libertad. Porque cada viñeta, caricatura e ilustración publicada, todavía hoy, es una forma de decir que la risa sigue siendo un derecho que vale la pena de entender.
El 7 de enero de 2015 marcó un quiebre definitivo en la historia de la libertad de expresión para los ilustradores y caricaturistas de todo el mundo.Aquel miércoles, mientras salía a la venta el semanario satírico de Charlie Hebdo, los hermanos Chérif y Said Kouachi irrumpieron en la redacción parisina armados con fusiles de asalto y lanzacohetes, al grito de “Alá es el más grande”. El ataque resultó en la masacre de 12 personas y dejó a una nación y al mundo en conmoción.El 8 de enero del mismo año en la publicación editorial diaria de este medio se escribió: “La libertad de expresión no es un problema de periodistas, editores o empresas de comunicación. Es un puntal esencial que sostiene los derechos de cada ciudadano”.Para los ilustradores de La Voz, este hecho no fue sólo una noticia internacional, sino un ataque directo a su identidad profesional.Crónica de un ataque en contra de la expresiónEl atentado comenzó cerca de las 11.30 (hora local) en el distrito XI de París, Francia. Los terroristas, vestidos de negro y con pasamontañas, forzaron a una caricaturista a abrir la puerta de la sede mientras el equipo realizaba su reunión editorial semanal.El dibujante Laurent Sourisseau, conocido como “Riss”, relató que, al escuchar los disparos, pensó inicialmente que había explotado un radiador; sin embargo, al ver entrar a los atacantes, se tiró al suelo y se hizo el muerto mientras las ráfagas de balas acabaron con sus compañeros.Entre los fallecidos se encontraban figuras icónicas del humor gráfico francés: el director Stéphane Charbonnier (“Charb”), quien vivía bajo protección policial tras un atentado en 2011; los históricos Cabu, Wolinski y Tignous; y el dibujante Honoré.También murieron el economista Bernard Maris, la psiquiatra Elsa Cayat, el corrector Mustapha Ourrad, el invitado Michel Renaud, el encargado de mantenimiento Frédéric Boisseau y dos agentes de policía: Franck Brinsolaro (escolta de “Charb”) y Ahmed Merabet, un oficial musulmán que fue rematado en el suelo mientras suplicaba piedad.La “familiaridad” del horror para ilustradores cordobesesEl atentado generó un debate sobre los límites de la libertad de expresión y la seguridad de los medios. Asociaciones periodísticas como Adepa y Fopea en Argentina condenaron el hecho como un ataque directo a un derecho humano universal.Un día después del atentado, caricaturistas cordobeses levantaron su lápiz e ilustraron el impacto del atentado a su profesión.Pablo Chumbi comenzó a trabajar ese mismo año en La Voz y hasta el día de hoy es quien ilustra diariamente la segunda hoja del diario físico. En conversación con el ilustrador, dijo que la noticia “fue muy fuerte, muy impresionante por lo que representa la familiaridad”.“Te representa la gente que hace lo mismo que vos en un lugar parecido al que estás y de repente aparecen dos hombres y los matan”, expresó con un tono amargo agregando que le pareció impresionante por el hecho de ser colegas con esas personas.Juan Delfini, por su lado, ilustra en el medio desde el 1992 y es el encargado de darle vida al panorama provincial de los domingos, entre otras ilustraciones. Cuando él se enteró del atentado, contó que “fue un hecho condenable porque hubo muertes y se atentó contra la libertad de expresión”.Eric Zampieri colabora con La Voz desde 1992 haciendo ilustraciones de economía y política. “Fue un espanto, una cosa que no se podía creer”, describió el ilustrador como primeras reacciones del hecho.Chumbi analizó que el humor satírico de la revista francesa es mordaz y agresivo, y que el conflicto estalló al chocar con la “prohibición del islam” de representar figuras sagradas como Mahoma. “En términos profesionales, pienso mucho en el alcance de lo que hago en mi trabajo”, expresó.Cuando los ilustradores realizan sus dibujos principalmente piensan para quiénes van dirigidos. Sin embargo, Chumbi agregó que al estar todo tan digitalizado “las ilustraciones le pueden llegar a todo el mundo por redes sociales”.En tal sentido, Zampieri destacó que en Argentina el multiculturalismo no genera los mismos roces que en Europa. “El atentado puso de relieve cómo los códigos de irreverencia de una publicación pueden ser distorsionados fuera de su contexto original”, expresó.Una censura algorítmicaLa censura no es algo nuevo, ni lo fue al momento del atentado en Francia y los hechos, lamentablemente, sobran para enumerar. “La censura siempre estuvo presente”, comentó Chumbi, quien recordó la dictadura de los ’70 y el caso de The Washington Post (TWP) en 2025 cuando Ann Telnaes renunció después que una de sus caricaturas, que satirizaba la obediencia de los poderosos medios de comunicación -y los empresarios detrás, entre ellos Jeff Bezzos dueño de TWP- al presidente entrante Donald Trump fue rechazada por el editor de opiniones. Los profesionales de La Voz vieron un impacto en las ilustraciones de los medios frente al atentado francés, pero también por las redes sociales.Delfini advirtió que la censura actual no sólo es física, sino que se manifiesta en la hipersensibilidad del internet y el hate (odio, en inglés) digital. Justamente por estas cuestiones, Chumbi consideró que muchos medios dejaron de publicar humor gráfico para “ahorrarse el problema”.“Hoy en día cualquier usuario en redes sociales es productor de una pieza humorística a través de memes”, comentó Chumbi. “Más ahora con la inteligencia artificial que la están utilizando para reemplazar las ilustraciones profesionales”, dijo Delfini.Por su lado, Zampieri consideró que a su vez los hábitos de consumo de los medios cambiaron por completo. “Los chicos consumen TikTok o formatos más dinámicos, no le prestan atención a una viñeta”, explayó.El futuro actual de “Charlie Hebdo”A pesar de perder a sus líderes, la redacción se mudó a las oficinas del diario Libération para seguir trabajando. “Me pareció valiente la actitud de la revista de seguir a pesar del atentado y de las amenazas”, expresó Delfini.Una semana después, lanzaron una edición histórica con una caricatura de Mahoma llorando y el titular “Todo está perdonado”. Esta edición, que usualmente tiraba 60 mil ejemplares, alcanzó ventas récord de siete millones de copias, distribuidas en todo el mundo.El nuevo director, Riss, quien salvó su vida permaneciendo muerto, enfatizó que la revista debía “reinventarse” y formar a nuevos dibujantes para mantener la identidad del medio, aunque admitió que la ausencia de los “pesos pesados” dejaba una mancha imborrable. La defensa del derecho a la sátira y a “no ser ofendido” fue central en los debates posteriores.Je Suis Charlie: el impacto mundialLa respuesta mundial fue inmediata bajo el lema #JeSuisCharlie (Yo soy Charlie, en francés), que se volvió viral como símbolo de repudio a la violencia y que tituló la opinión editorial de los diarios de todo el mundo.En Argentina, la presidenta de ese entonces, Cristina Kirchner, expresó una condena ante lo que calificó como un “bárbaro ataque terrorista” contra la sede de Charlie Hebdo. Dos días después del atentado, la Torre Eiffel apagó sus luces en honor a los 12 fallecidos de Charlie Hebdo. El domingo 11 de enero Francia vivió la movilización más grande de su historia con casi cuatro millones de personas en las calles, encabezada en París por el presidente François Hollande y más de 50 líderes mundiales como Angela Merkel, David Cameron y Benjamin Netanyahu.Once años después, Charlie Hebdo dejó de ser solamente el nombre de una revista francesa para convertirse en una dolorosa advertencia, que no nos debemos permitir olvidar. Para los ilustradores cordobeses, el atentado no marcó el fin del humor ni de la sátira, pero sí un antes y un después en la conciencia sobre lo que implica dibujar en un mundo atravesado por la intolerancia, las redes y nuevas formas de censura.Entre balas que ya no suenan y algoritmos que silencian, el lápiz sigue en movimiento: no como provocación, sino como ejercicio de libertad. Porque cada viñeta, caricatura e ilustración publicada, todavía hoy, es una forma de decir que la risa sigue siendo un derecho que vale la pena de entender. La Voz
