Creó un dispositivo para acompañar a adultos mayores y lo lanzará al mercado en marzo
Lo que empezó como una solución casera para combatir la soledad de un abuelo terminó convirtiéndose en un proyecto tecnológico con base en Silicon Valley. Juan Cereigido, desarrollador argentino radicado en San Francisco, es uno de los creadores de Ato, un dispositivo de inteligencia artificial orientado al acompañamiento diario de personas mayores, cuya versión final saldrá a la venta en marzo próximo.
Ato no tiene pantalla, menús ni aplicaciones que aprender. Funciona únicamente con la voz, una perilla de volumen y un botón. Permite mantener conversaciones simples, escuchar música o radio, consultar el clima y recibir recordatorios, con el objetivo de ofrecer una presencia constante y accesible para adultos mayores que suelen quedar al margen de la tecnología digital.
Un origen personal que marcó el proyecto
La idea nació a partir de una experiencia familiar. Cereigido buscaba una forma sencilla de comunicarse con su abuelo, Roberto “Beto” Cereigido, quien vivía solo en Mar del Plata y nunca había usado celular ni aplicaciones de mensajería. Tras la muerte de su esposa, el aislamiento se volvió más evidente.
El primer prototipo fue un dispositivo que respondía por voz, sin pantallas ni instrucciones. Bastaba con hablarle. Con el tiempo, ese experimento se transformó en una propuesta más amplia: si la tecnología podía enviar mensajes, también podía conversar, recordar intereses y acompañar.
El video del primer encuentro entre Beto y el dispositivo se viralizó y comenzaron a llegar pedidos de otras familias. “Lo necesito para mi mamá”, “lo necesito para mi papá”, fue un mensaje recurrente. Ahí el proyecto cambió de escala.
Cómo funciona Ato
Cada dispositivo se personaliza antes de llegar al hogar. La familia completa un formulario con información básica de la persona usuaria: nombre, gustos, intereses, rasgos de personalidad y, si corresponde, datos de salud. De ese modo, Ato “sabe” con quién va a hablar desde el primer encendido.
El sistema funciona en más de 50 idiomas y ya está operativo en Argentina, Estados Unidos, España y México. Actualmente hay más de 400 unidades activas y se envían alrededor de 50 por semana, aunque todavía se trata de una versión temprana.
Ato no graba conversaciones y prioriza la privacidad. Del lado de la familia, existe una aplicación que no permite escuchar diálogos, pero sí ver señales básicas de actividad, como cuándo fue la última interacción.
Primer respaldo y llegada a Estados Unidos
El primer inversor del proyecto fue Mario Pergolini, quien decidió apoyar la iniciativa tras conocer su enfoque y su impacto potencial. A partir de allí, el crecimiento se aceleró.
En 2025, Cereigido y su socio Gaspar Habif fueron seleccionados por un programa de aceleración en Silicon Valley enfocado en tecnología, salud y envejecimiento. Tras esa experiencia, el equipo se instaló en San Francisco para continuar el desarrollo.

Próximo paso: producción a gran escala
Hoy, Ato se fabrica a baja escala con piezas impresas en 3D, lo que permite ajustes constantes. Sin embargo, el objetivo inmediato es lanzar en marzo la versión final, con un diseño preparado para producción en serie y una nueva ronda de inversión.
El foco inicial estará puesto en Estados Unidos y Argentina, tanto para la venta directa a familias como para acuerdos con residencias geriátricas y centros de assisted living.
Más allá del negocio, el proyecto conserva su eje original: acompañar sin invadir. “No busca reemplazar vínculos humanos ni profesionales, sino habilitar la conversación y reducir el aislamiento”, explican desde el equipo.
Ato nació de una relación real y de una necesidad concreta. Hoy, ese gesto íntimo se transformó en una propuesta tecnológica con proyección global, pensada para una población que crece y que muchas veces queda fuera del avance digital.
Historias de usuarios
Entre los primeros compradores hay familias argentinas y residentes de hogares geriátricos. Los testimonios destacan su aporte a la compañía y la memoria.
Mientras prepara una nueva versión del dispositivo, Cereigido planea regresar al país para visitar a su familia y entregarle a su abuelo “uno recién salido del horno”.
“Ato nació por él, dice, pero hoy ya acompaña a muchas personas en todo el mundo”.
Lo que empezó como una solución casera para combatir la soledad de un abuelo terminó convirtiéndose en un proyecto tecnológico con base en Silicon Valley. Juan Cereigido, desarrollador argentino radicado en San Francisco, es uno de los creadores de Ato, un dispositivo de inteligencia artificial orientado al acompañamiento diario de personas mayores, cuya versión final saldrá a la venta en marzo próximo. Ato no tiene pantalla, menús ni aplicaciones que aprender. Funciona únicamente con la voz, una perilla de volumen y un botón. Permite mantener conversaciones simples, escuchar música o radio, consultar el clima y recibir recordatorios, con el objetivo de ofrecer una presencia constante y accesible para adultos mayores que suelen quedar al margen de la tecnología digital.Un origen personal que marcó el proyectoLa idea nació a partir de una experiencia familiar. Cereigido buscaba una forma sencilla de comunicarse con su abuelo, Roberto “Beto” Cereigido, quien vivía solo en Mar del Plata y nunca había usado celular ni aplicaciones de mensajería. Tras la muerte de su esposa, el aislamiento se volvió más evidente.El primer prototipo fue un dispositivo que respondía por voz, sin pantallas ni instrucciones. Bastaba con hablarle. Con el tiempo, ese experimento se transformó en una propuesta más amplia: si la tecnología podía enviar mensajes, también podía conversar, recordar intereses y acompañar.El video del primer encuentro entre Beto y el dispositivo se viralizó y comenzaron a llegar pedidos de otras familias. “Lo necesito para mi mamá”, “lo necesito para mi papá”, fue un mensaje recurrente. Ahí el proyecto cambió de escala.Cómo funciona AtoCada dispositivo se personaliza antes de llegar al hogar. La familia completa un formulario con información básica de la persona usuaria: nombre, gustos, intereses, rasgos de personalidad y, si corresponde, datos de salud. De ese modo, Ato “sabe” con quién va a hablar desde el primer encendido.El sistema funciona en más de 50 idiomas y ya está operativo en Argentina, Estados Unidos, España y México. Actualmente hay más de 400 unidades activas y se envían alrededor de 50 por semana, aunque todavía se trata de una versión temprana.Ato no graba conversaciones y prioriza la privacidad. Del lado de la familia, existe una aplicación que no permite escuchar diálogos, pero sí ver señales básicas de actividad, como cuándo fue la última interacción.Primer respaldo y llegada a Estados UnidosEl primer inversor del proyecto fue Mario Pergolini, quien decidió apoyar la iniciativa tras conocer su enfoque y su impacto potencial. A partir de allí, el crecimiento se aceleró.En 2025, Cereigido y su socio Gaspar Habif fueron seleccionados por un programa de aceleración en Silicon Valley enfocado en tecnología, salud y envejecimiento. Tras esa experiencia, el equipo se instaló en San Francisco para continuar el desarrollo.Próximo paso: producción a gran escalaHoy, Ato se fabrica a baja escala con piezas impresas en 3D, lo que permite ajustes constantes. Sin embargo, el objetivo inmediato es lanzar en marzo la versión final, con un diseño preparado para producción en serie y una nueva ronda de inversión.El foco inicial estará puesto en Estados Unidos y Argentina, tanto para la venta directa a familias como para acuerdos con residencias geriátricas y centros de assisted living.Más allá del negocio, el proyecto conserva su eje original: acompañar sin invadir. “No busca reemplazar vínculos humanos ni profesionales, sino habilitar la conversación y reducir el aislamiento”, explican desde el equipo.Ato nació de una relación real y de una necesidad concreta. Hoy, ese gesto íntimo se transformó en una propuesta tecnológica con proyección global, pensada para una población que crece y que muchas veces queda fuera del avance digital.Historias de usuariosEntre los primeros compradores hay familias argentinas y residentes de hogares geriátricos. Los testimonios destacan su aporte a la compañía y la memoria.Mientras prepara una nueva versión del dispositivo, Cereigido planea regresar al país para visitar a su familia y entregarle a su abuelo “uno recién salido del horno”. “Ato nació por él, dice, pero hoy ya acompaña a muchas personas en todo el mundo”. La Voz
