Pedro Sánchez, acorralado por la corrupción
Acorralado por casos de corrupción y denuncias de acoso sexual dentro de su partido, además de agobiado por la falta de apoyos parlamentarios, el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, cerró el año tal vez más difícil de su gestión. El triunfo del Partido Popular (PP) en las elecciones de Extremadura, las primeras del nuevo calendario electoral, y la detención de Leire Díez, militante del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y funcionaria pública de Correos, junto a Vicente Fernández Guerrero, expresidente de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) por influir presuntamente en licitaciones públicas, fueron el broche final del año que acaba de concluir.
Sánchez encara 2026 atrapado en un vía crucis judicial muy complicado. Se multiplican una decena de causas penales que rozan su entorno, su partido e incluso su familia. En la primera de ellas, el llamado caso Koldo, la Fiscalía reclama 24 años de prisión para José Luis Ábalos, exministro y mano derecha de Sánchez, por organización criminal, cohecho y otros delitos. Lo que empezó como un simple escándalo de compra de barbijos durante la pandemia, ha mutado en una trama criminal que saqueó millones en comisiones ilegales, repartiéndoselas con Koldo García y Santos Cerdán, el exnúmero tres del PSOE.
Las causas que rozan el entorno de Sánchez comenzarán con la que se le sigue a su hermano David por presuntas irregularidades en su contratación en la diputación de Badajoz. No menos importante será la impulsada contra su esposa, Begoña Gómez, imputada por cinco delitos: tráfico de influencias, corrupción en los negocios, malversación de fondos públicos, apropiación indebida e intrusismo profesional, por redactar pliegos técnicos de adjudicaciones sin tener los conocimientos necesarios.
A estas preocupantes imputaciones se le suma la condena al fiscal general, Álvaro García Ortiz, castigado con dos años de inhabilitación por revelar información acerca de delitos que habría cometido el novio de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. Ante la falta de respuesta frente a la magnitud del daño que la corrupción ha causado en el PSOE, Sánchez pasó al ataque aferrado al “y tú más” achacándole mayor corrupción al PP.
Durante una conferencia de prensa y ante tan aciago panorama, el jefe de gobierno español manifestó: “No habrá convocatoria electoral hasta 2027. No va de mí, ni del PSOE. Va de un proyecto político que está haciendo cosas buenas por el país”.
Sánchez ha perdido la iniciativa y eso permite a la oposición, si no anticipar su salida, al menos hablar de ella. Su apuesta es clara: sobrevivir a la tormenta. Pero su jaqueada credibilidad más que planes y discursos necesita resultados concretos, una rendición de cuentas transparente y, sobre todo, un nuevo pacto de confianza con la ciudadanía.
Acorralado por casos de corrupción y denuncias de acoso sexual dentro de su partido, además de agobiado por la falta de apoyos parlamentarios, el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, cerró el año tal vez más difícil de su gestión. El triunfo del Partido Popular (PP) en las elecciones de Extremadura, las primeras del nuevo calendario electoral, y la detención de Leire Díez, militante del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y funcionaria pública de Correos, junto a Vicente Fernández Guerrero, expresidente de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) por influir presuntamente en licitaciones públicas, fueron el broche final del año que acaba de concluir.Sánchez encara 2026 atrapado en un vía crucis judicial muy complicado. Se multiplican una decena de causas penales que rozan su entorno, su partido e incluso su familia. En la primera de ellas, el llamado caso Koldo, la Fiscalía reclama 24 años de prisión para José Luis Ábalos, exministro y mano derecha de Sánchez, por organización criminal, cohecho y otros delitos. Lo que empezó como un simple escándalo de compra de barbijos durante la pandemia, ha mutado en una trama criminal que saqueó millones en comisiones ilegales, repartiéndoselas con Koldo García y Santos Cerdán, el exnúmero tres del PSOE.Las causas que rozan el entorno de Sánchez comenzarán con la que se le sigue a su hermano David por presuntas irregularidades en su contratación en la diputación de Badajoz. No menos importante será la impulsada contra su esposa, Begoña Gómez, imputada por cinco delitos: tráfico de influencias, corrupción en los negocios, malversación de fondos públicos, apropiación indebida e intrusismo profesional, por redactar pliegos técnicos de adjudicaciones sin tener los conocimientos necesarios.A estas preocupantes imputaciones se le suma la condena al fiscal general, Álvaro García Ortiz, castigado con dos años de inhabilitación por revelar información acerca de delitos que habría cometido el novio de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. Ante la falta de respuesta frente a la magnitud del daño que la corrupción ha causado en el PSOE, Sánchez pasó al ataque aferrado al “y tú más” achacándole mayor corrupción al PP.Durante una conferencia de prensa y ante tan aciago panorama, el jefe de gobierno español manifestó: “No habrá convocatoria electoral hasta 2027. No va de mí, ni del PSOE. Va de un proyecto político que está haciendo cosas buenas por el país”.Sánchez ha perdido la iniciativa y eso permite a la oposición, si no anticipar su salida, al menos hablar de ella. Su apuesta es clara: sobrevivir a la tormenta. Pero su jaqueada credibilidad más que planes y discursos necesita resultados concretos, una rendición de cuentas transparente y, sobre todo, un nuevo pacto de confianza con la ciudadanía. LA NACION
