Mayoría de hogares sin hijos
La cantidad de nacimientos y de hijos por mujer sigue descendiendo en nuestro país según datos publicados recientemente. El Ministerio de Salud de la Nación reportó unos 413.135 nacidos vivos en 2024, un 47% por debajo de los 777.000 de 2014. Si bien se trata de un fenómeno de carácter global, con cifras locales similares a las de Chile, Uruguay y otros países europeos, los investigadores destacan que es la baja más abrupta y sostenida de nuestra historia reciente y anticipan que la tendencia habrá de estabilizarse, aunque hoy no puedan predecir cuándo.
En mayo pasado, un estudio del Observatorio del Desarrollo Humano de la Universidad Austral sumaba que se ha incrementado la población de adultos mayores al punto de pasar del 1,5% de 1991 al 11,8% de la población total.
A nivel global se suele hablar de que mejores condiciones económicas impactan en menor número de hijos. Pero no siempre es ese el camino correcto para entender estos fenómenos cuando en el caso de nuestro país, la baja se da en una población que lejos está de haberse enriquecido.
Muchos prefieren hablar de un nuevo marco cultural y no de una crisis; un escenario ligado a que el casamiento ya no es visto como un mandato y que, en todo caso, puede presentarse más tardíamente cuando también el crecimiento de las oportunidades laborales favorece la independencia femenina y atenta contra la constitución de una familia, en los términos tradicionales, con maternidad incluida, o la demora. De hecho, la edad promedio para tener el primer hijo es hoy entre los 30 y los 34 años, un aumento en la maternidad tardía, y la media de hijos por mujer es de 1,4 a nivel nacional, con un preocupante 0,9 en CABA. La apertura según mayor cantidad de hijos destaca que el 25% está entre mujeres de 25 a 29 años, seguido por las de entre 30 y 34 años (23%), y entre 20 y 25 años (22%). La tasa de fecundidad adolescente descendió más del 65% en la última década.
Las tasas de natalidad varían según regiones y localidades. Mientras que en Misiones alcanza el 12,3%, en la ciudad de Buenos Aires y Tierra del Fuego es del 6,9% y del 8,4% en la provincia de Buenos Aires.
Entre los múltiples efectos sociales y económicos de estos cambios demográficos, el cierre de colegios por falta de matrícula es la contracara de la oportunidad de contar con mayores recursos para distribuir entre menos. Para 2030, las proyecciones hablan de 2,4 millones de chicos menos que en 2022. La venta de juguetes y de ropa infantil ya se ve afectada y la fabricación de pañales para bebes migra a los de adultos, por solo mencionar los reacomodamientos que deben enfrentar un par de rubros.
Los hogares sin hijos de menos de 18 años ya eran el 57% hacia 2022, con un marcado crecimiento de hogares unipersonales que ronda, en promedio, el 25% -39,1% en CABA- y una mayoría de hogares sin hijos. Esta realidad se traduce también como una mayor demanda de viviendas, con preferencias por departamentos más pequeños.
Entre 2004 y 2014 la natalidad en la Argentina había logrado subir un poco, pero luego el descenso se presentó abrupto por una multiplicidad de razones asociadas a decisiones individuales, a lo que algunos suman una mayor efectividad en el uso de anticonceptivos femeninos en el marco de políticas públicas para la salud reproductiva. Los desafíos de una “economía plateada” por envejecimiento poblacional van más allá de la cuestión previsional y son materia de debate. La transformación está en marcha.
La cantidad de nacimientos y de hijos por mujer sigue descendiendo en nuestro país según datos publicados recientemente. El Ministerio de Salud de la Nación reportó unos 413.135 nacidos vivos en 2024, un 47% por debajo de los 777.000 de 2014. Si bien se trata de un fenómeno de carácter global, con cifras locales similares a las de Chile, Uruguay y otros países europeos, los investigadores destacan que es la baja más abrupta y sostenida de nuestra historia reciente y anticipan que la tendencia habrá de estabilizarse, aunque hoy no puedan predecir cuándo. En mayo pasado, un estudio del Observatorio del Desarrollo Humano de la Universidad Austral sumaba que se ha incrementado la población de adultos mayores al punto de pasar del 1,5% de 1991 al 11,8% de la población total.A nivel global se suele hablar de que mejores condiciones económicas impactan en menor número de hijos. Pero no siempre es ese el camino correcto para entender estos fenómenos cuando en el caso de nuestro país, la baja se da en una población que lejos está de haberse enriquecido. Muchos prefieren hablar de un nuevo marco cultural y no de una crisis; un escenario ligado a que el casamiento ya no es visto como un mandato y que, en todo caso, puede presentarse más tardíamente cuando también el crecimiento de las oportunidades laborales favorece la independencia femenina y atenta contra la constitución de una familia, en los términos tradicionales, con maternidad incluida, o la demora. De hecho, la edad promedio para tener el primer hijo es hoy entre los 30 y los 34 años, un aumento en la maternidad tardía, y la media de hijos por mujer es de 1,4 a nivel nacional, con un preocupante 0,9 en CABA. La apertura según mayor cantidad de hijos destaca que el 25% está entre mujeres de 25 a 29 años, seguido por las de entre 30 y 34 años (23%), y entre 20 y 25 años (22%). La tasa de fecundidad adolescente descendió más del 65% en la última década. Las tasas de natalidad varían según regiones y localidades. Mientras que en Misiones alcanza el 12,3%, en la ciudad de Buenos Aires y Tierra del Fuego es del 6,9% y del 8,4% en la provincia de Buenos Aires.Entre los múltiples efectos sociales y económicos de estos cambios demográficos, el cierre de colegios por falta de matrícula es la contracara de la oportunidad de contar con mayores recursos para distribuir entre menos. Para 2030, las proyecciones hablan de 2,4 millones de chicos menos que en 2022. La venta de juguetes y de ropa infantil ya se ve afectada y la fabricación de pañales para bebes migra a los de adultos, por solo mencionar los reacomodamientos que deben enfrentar un par de rubros.Los hogares sin hijos de menos de 18 años ya eran el 57% hacia 2022, con un marcado crecimiento de hogares unipersonales que ronda, en promedio, el 25% -39,1% en CABA- y una mayoría de hogares sin hijos. Esta realidad se traduce también como una mayor demanda de viviendas, con preferencias por departamentos más pequeños.Entre 2004 y 2014 la natalidad en la Argentina había logrado subir un poco, pero luego el descenso se presentó abrupto por una multiplicidad de razones asociadas a decisiones individuales, a lo que algunos suman una mayor efectividad en el uso de anticonceptivos femeninos en el marco de políticas públicas para la salud reproductiva. Los desafíos de una “economía plateada” por envejecimiento poblacional van más allá de la cuestión previsional y son materia de debate. La transformación está en marcha. LA NACION
