NACIONALES

El país requiere más propuestas y menos chicanas

Es probable que, durante el acto de inauguración del 144° período de sesiones ordinarias del Congreso de la Nación, el presidente Javier Milei haya desaprovechado una excelente oportunidad para revelar en forma más pormenorizada los detalles de las reformas estructurales que se propone encarar en la segunda mitad de su mandato. Prefirió equivocadamente trenzarse en una discusión con legisladores del kirchnerismo y de la izquierda, como en sus recordados tiempos de panelista en programas de televisión. Así, tanto su repaso de los indudables logros de su gestión como sus proyectos pasaron a un segundo plano frente al show de agravios y chicanas que caracterizaron el discurso presidencial.

Más allá de la razón que asiste al primer mandatario en algunos de los duros cuestionamientos que lanzó al gobierno que lo precedió y al sector político liderado por la condenada expresidenta Cristina Kirchner, la ciudadanía espera mucho más de un mensaje presidencial, especialmente en un ámbito como el parlamentario.

Tal vez animado por la demostración de fuerza que el oficialismo brindó en los últimos días de las sesiones extraordinarias, cuando logró sancionar las leyes de modernización laboral, de glaciares y de nuevo régimen penal juvenil, Milei optó por exhibir su versión más confrontativa y agresiva. Prefirió utilizar como contrincantes a los representantes del kirchnerismo para exaltar las conquistas de su gestión presidencial y para explicar su modelo económico. “Chorros”, “corruptos”, “ignorantes”, “parásitos” y “cavernícolas” fueron algunos de los adjetivos que empleó para caracterizar a sus principales opositores, quienes se prestaron a un juego en el cual el jefe del Estado parece sentirse cómodo. La tensión fue creciendo hasta que Milei los acusó de “golpistas” y de “asesinos”, en referencia al crimen de Alberto Nisman.

Las formas republicanas no son retóricas, sino que hacen a la esencia de nuestro sistema institucional. Y así como la forma es la transparencia del fondo, la política no puede regirse por la permanente exacerbación de las tensiones ni por la constante descalificación del adversario. Gobernar implica persuadir y el cariz de las reformas que requiere la Argentina obliga a nuestros gobernantes y también a la oposición a actuar con la mayor responsabilidad.

Al margen de los entredichos que caracterizaron buena parte de la alocución presidencial, el mensaje dejó algunas conclusiones interesantes, como la convicción del jefe del Estado de que el rumbo de la economía, marcado por la apertura al mundo, la desregulación y la disciplina fiscal, no tiene vuelta atrás.

En la concepción del Presidente, el crecimiento económico de largo plazo está indisolublemente ligado a dejar atrás “el fetiche del industrialismo” y la vieja idea de vivir con lo nuestro

Quedó claro que en la concepción del Presidente, el crecimiento económico de largo plazo está indisolublemente ligado a dejar atrás lo que denomina “el fetiche del industrialismo” y la vieja idea de vivir con lo nuestro. En un intento por acercarse a los sectores medios de la población, Milei enfatizó que abrir la economía permitirá el ingreso al país de productos de mayor calidad a menor precio, y que ese ahorro posibilitará que suban los salarios, que bajen los precios y que aumente el consumo. “Solo pierden los ineficientes y los delincuentes”, subrayó. Las diferencias conceptuales con el mensaje dirigido ayer por el gobernador Axel Kicillof al Poder Legislativo bonaerense fueron evidentes: para Milei, el achicamiento del Estado implica ampliar los márgenes de libertad; pera el mandatario provincial, la mano invisible del mercado no va a generar nuevos puestos de trabajo.

Entre los anuncios más relevantes, planteó la necesidad de una modificación al código aduanero con el fin de favorecer las importaciones, mencionó específicamente la próxima privatización de los ferrocarriles de carga y estimó que la producción de energía significará en pocos años más exportaciones del orden de los 50.000 millones de dólares, al tiempo que la actividad minera permitirá crear un millón de puestos de trabajo.

En varias ocasiones, el Presidente se refirió a la importancia de reducir la carga impositiva y exhortó a provincias y municipios a bajar o eliminar las exorbitantes tasas que, como lo hemos señalado reiteradas veces desde esta columna editorial, resultan inconstitucionales por no estar asociadas a una contraprestación de servicios por parte de los Estados provinciales y municipales. Faltaron, sin embargo, más precisiones acerca de la reforma tributaria que aspira a lograr el gobierno nacional, más allá de que planteó con claridad que las retenciones a las exportaciones del campo bajarán cuando el superávit fiscal lo permita.

Del mismo modo, el primer mandatario formuló la necesidad de extender el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) a todos los sectores que resuelvan invertir, aunque también faltó una información más detallada.

Finalmente, Milei reveló que el Gobierno enviará al Poder Legislativo noventa paquetes de reformas estructurales en las cuales están trabajando los distintos ministerios. Hubiese sido deseable que brindase anuncios más concretos sobre estas medidas. Lamentablemente, prefirió privilegiar su enfrentamiento personal con los legisladores kirchneristas antes que ocuparse de brindar más detalles de estas políticas públicas tan esperadas.

​Milei ratificó el rumbo económico, pero optó por privilegiar su enfrentamiento con sus opositores antes que por hacer anuncios más concretos  LA NACION