INTERNACIONALES

Venezuela: el derecho internacional y los límites del latinoamericanismo

No es la primera vez, claro, que Estados Unidos interviene en un país extranjero para modificar la realidad según su conveniencia.

Sin embargo, cuesta encontrar antecedentes análogos para explicar lo que acaba de ocurrir en Venezuela.

El derrocamiento del dictador Manuel Noriega en diciembre de 1989 es quizás el ejemplo más comparable. La operación “Causa Justa” tuvo como objetivo capturar al general –que antes había colaborado con la CIA- tras las elecciones ocurridas en mayo de ese año, anuladas por Noriega cuando daban como ganador a un candidato opositor apoyado por Estados Unidos.

Noriega también fue imputado por narcotráfico, como Nicolás Maduro. Los argumentos para las acciones actuales y aquellas son casi calcados: proteger a la ciudadanía, defender la democracia y capturar a Noriega para llevarlo ante la Justicia. Ninguna de esas causas tan importante para EE.UU. como proteger el Canal de Panamá, entonces bajo su control.

Panamá no se convirtió en una colonia estadounidense –incluso retomó el control de canal de Panamá, en 1999-, pero la influencia se manifiesta en la gran interdependencia económica, la cooperación en seguridad y el peso geopolítico en ese país. Panamá dejó de ser un territorio ocupado, pero continúa siendo un espacio estratégico bajo observación permanente de EE.UU., con otras formas, menos visibles y más cotidianas en el escenario internacional contemporáneo.

De caer finalmente el régimen chavista, puede que ocurra algo similar en Venezuela. Aunque Venezuela no es Panamá, por muchas razones.

La hipocresía latinoamericanista

La gran pregunta es cuál de todos estos males es más aceptable, o digerible: ¿La violación estadounidense del derecho internacional al invadir otro país para detener a Maduro –con un operativo liderado por un presidente desequilibrado-, o la continuidad de la violación de todos los derechos -comprobada y documentada- por parte de la tiranía chavista?

Difícil opinar para quienes la ven de afuera. Lo concreto es que millones de venezolanos en el exilio, además de la oposición que ganó las elecciones no reconocidas por Maduro, parecen inclinarse por la primera opción.

Esa gente es la que sufrió las desapariciones, las torturas, les detenciones ilegales, la cooptación del poder y la realidad económica asfixiante que expulsaron a casi 8 millones de personas del país.

Esa fue la alternativa al modelo capitalista que el chavismo engendró.

Cuando se rechaza el ataque de EE.UU. y se defiende la soberanía venezolana al abogar por la no intervención y la autodeterminación de los pueblos, ¿a qué pueblo se refieren?

¿Qué derecho tienen ahora a reclamar los sectores que viven de estos eslóganes y que legitimaron la dictadura de Maduro aun con todas las pruebas de las violaciones de derechos humanos sobre la mesa?

¿Se equivoca la oposición venezolana –que ganó las elecciones con millones de votos- al apoyar y quizás haber colaborado con Washington en la detención de Maduro? Muchos piensan que sí, como piensan que se equivocaron los venezolanos al votar al movimiento de María Corina Machado. La noción de pueblo depende siempre de qué vote el pueblo.

La transición, clave

¿Qué clase de acuerdo se teje entre la oposición venezolana y EU.UU., y qué promesas se lleva Trump?

Difícil saberlo con precisión, tanto como pretender entender los sentimientos y las acciones de quienes llevan años padeciendo al chavismo.

Aún no está claro qué pueda pasar en Venezuela, ni los riesgos tanto de que el régimen chavista resista, como de una injerencia extrema de EE.UU. si finalmente el gobierno cae.

​No es la primera vez, claro, que Estados Unidos interviene en un país extranjero para modificar la realidad según su conveniencia. Sin embargo, cuesta encontrar antecedentes análogos para explicar lo que acaba de ocurrir en Venezuela. El derrocamiento del dictador Manuel Noriega en diciembre de 1989 es quizás el ejemplo más comparable. La operación “Causa Justa” tuvo como objetivo capturar al general –que antes había colaborado con la CIA- tras las elecciones ocurridas en mayo de ese año, anuladas por Noriega cuando daban como ganador a un candidato opositor apoyado por Estados Unidos.Noriega también fue imputado por narcotráfico, como Nicolás Maduro. Los argumentos para las acciones actuales y aquellas son casi calcados: proteger a la ciudadanía, defender la democracia y capturar a Noriega para llevarlo ante la Justicia. Ninguna de esas causas tan importante para EE.UU. como proteger el Canal de Panamá, entonces bajo su control.Panamá no se convirtió en una colonia estadounidense –incluso retomó el control de canal de Panamá, en 1999-, pero la influencia se manifiesta en la gran interdependencia económica, la cooperación en seguridad y el peso geopolítico en ese país. Panamá dejó de ser un territorio ocupado, pero continúa siendo un espacio estratégico bajo observación permanente de EE.UU., con otras formas, menos visibles y más cotidianas en el escenario internacional contemporáneo. De caer finalmente el régimen chavista, puede que ocurra algo similar en Venezuela. Aunque Venezuela no es Panamá, por muchas razones.La hipocresía latinoamericanistaLa gran pregunta es cuál de todos estos males es más aceptable, o digerible: ¿La violación estadounidense del derecho internacional al invadir otro país para detener a Maduro –con un operativo liderado por un presidente desequilibrado-, o la continuidad de la violación de todos los derechos -comprobada y documentada- por parte de la tiranía chavista?Difícil opinar para quienes la ven de afuera. Lo concreto es que millones de venezolanos en el exilio, además de la oposición que ganó las elecciones no reconocidas por Maduro, parecen inclinarse por la primera opción. Esa gente es la que sufrió las desapariciones, las torturas, les detenciones ilegales, la cooptación del poder y la realidad económica asfixiante que expulsaron a casi 8 millones de personas del país.Esa fue la alternativa al modelo capitalista que el chavismo engendró.Cuando se rechaza el ataque de EE.UU. y se defiende la soberanía venezolana al abogar por la no intervención y la autodeterminación de los pueblos, ¿a qué pueblo se refieren?¿Qué derecho tienen ahora a reclamar los sectores que viven de estos eslóganes y que legitimaron la dictadura de Maduro aun con todas las pruebas de las violaciones de derechos humanos sobre la mesa?¿Se equivoca la oposición venezolana –que ganó las elecciones con millones de votos- al apoyar y quizás haber colaborado con Washington en la detención de Maduro? Muchos piensan que sí, como piensan que se equivocaron los venezolanos al votar al movimiento de María Corina Machado. La noción de pueblo depende siempre de qué vote el pueblo.La transición, clave¿Qué clase de acuerdo se teje entre la oposición venezolana y EU.UU., y qué promesas se lleva Trump?Difícil saberlo con precisión, tanto como pretender entender los sentimientos y las acciones de quienes llevan años padeciendo al chavismo.Aún no está claro qué pueda pasar en Venezuela, ni los riesgos tanto de que el régimen chavista resista, como de una injerencia extrema de EE.UU. si finalmente el gobierno cae.  La Voz