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Ucrania: cuatro años de resistencia

Anteayer se cumplieron cuatro años de la mayor y más violenta violación a la soberanía y la integridad territorial de un Estado europeo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Por decisión unilateral del autócrata ruso Vladimir Putin, el 24 de febrero de 2022, sus fuerzas armadas comenzaron una brutal invasión contra Ucrania.

Estos años de conflicto han dejado al descubierto más de una suposición errónea, entre ellas la creencia previamente extendida, incluso entre los aliados de Kiev, de que Ucrania sería demasiado débil y demasiado desorganizada para resistir una invasión a gran escala. De la misma manera, la reputación de invencibilidad que rodea al vasto ejército ruso también se ha visto severamente dañada.

Según una investigación de un grupo de expertos, el Royal United Services Institute (RUSI, por sus siglas en inglés), cuando el Kremlin lanzó lo que denominó su “Operación Militar Especial”, esperaba que sus fuerzas tomaran el control de Ucrania en solo 10 días. Más de 1450 días después, quedó demostrado que se trató de un error de cálculo fundamental con un costo devastador en dolor, destrucción y derramamiento de sangre.

Una cruenta guerra ha generado enorme destrucción y se ha cobrado centenares de miles de vidas en ambos bandos, una buena parte civiles ucranianos. A pesar del desbalance entre ambos países y de la apabullante maquinaria de guerra rusa, Ucrania se ha mantenido en pie, gracias al heroísmo de su pueblo, el ingenio de sus combatientes y la cooperación militar y económica de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), Estados Unidos, la Unión Europea y otros aliados.

El verdadero costo se oculta, por supuesto, cuidadosamente en una Rusia donde la información está bajo una censura cada vez más estricta. Las cifras oficiales de víctimas se mantienen estrictamente ocultas al público, aunque las estimaciones de múltiples fuentes indican pérdidas alarmantes.

Las últimas investigaciones del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés), con sede en Estados Unidos, por ejemplo, estiman que hay casi 1,2 millones de rusos muertos y heridos desde que se lanzó la invasión a gran escala.

Ese terrible número de muertos –que, por supuesto, no incluye el asombroso número de víctimas ucranianas, que se cree que oscila entre 500.000 y 600.000 personas– es mayor que todas las bajas sufridas por “cualquier potencia importante en cualquier guerra desde la Segunda Guerra Mundial”, afirma el CSIS.

En el peor invierno que haya vivido Ucrania en décadas, Rusia no para de bombardear la red energética para que la población no tenga luz, agua, calefacción o internet. El Kremlin siempre ha tenido como objetivo doblegar la moral de los ucranianos y estos hasta ahora han seguido resistiendo en condiciones durísimas, bajo los bombardeos constantes de drones y misiles. Las baterías antiaéreas hacen lo que pueden, pero nunca es suficiente.

La magnitud de la destrucción por la guerra es enorme. La gravedad de la crisis se refleja también en informes de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que señalan, por ejemplo, que el 65 % de la capacidad de generación de energía de Ucrania fue destruida por ataques y que el sistema sanitario registró en los últimos cuatro años más de 2870 ataques a instalaciones de salud, según informes de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Las negociaciones a tres bandas entre rusos, ucranianos y estadounidenses han logrado que más de un centenar de prisioneros de guerra sean liberados en cada bando, pero parecen estar lejos de alcanzar un acuerdo que sea aceptable para las dos partes. Ucrania no está dispuesta a ceder territorios y busca garantías de seguridad, mientras que Rusia insiste sin razón en mantener el control sobre las regiones ocupadas, exige neutralidad del país vecino que ha invadido y prohibición de la actividad militar de terceros Estados. Mientras tanto, el horror de la guerra y sus consecuencias, continúan frente a la heroica resistencia del ejército y el pueblo ucraniano.

​Anteayer se cumplieron cuatro años de la mayor y más violenta violación a la soberanía y la integridad territorial de un Estado europeo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Por decisión unilateral del autócrata ruso Vladimir Putin, el 24 de febrero de 2022, sus fuerzas armadas comenzaron una brutal invasión contra Ucrania.Estos años de conflicto han dejado al descubierto más de una suposición errónea, entre ellas la creencia previamente extendida, incluso entre los aliados de Kiev, de que Ucrania sería demasiado débil y demasiado desorganizada para resistir una invasión a gran escala. De la misma manera, la reputación de invencibilidad que rodea al vasto ejército ruso también se ha visto severamente dañada.Según una investigación de un grupo de expertos, el Royal United Services Institute (RUSI, por sus siglas en inglés), cuando el Kremlin lanzó lo que denominó su “Operación Militar Especial”, esperaba que sus fuerzas tomaran el control de Ucrania en solo 10 días. Más de 1450 días después, quedó demostrado que se trató de un error de cálculo fundamental con un costo devastador en dolor, destrucción y derramamiento de sangre.Una cruenta guerra ha generado enorme destrucción y se ha cobrado centenares de miles de vidas en ambos bandos, una buena parte civiles ucranianos. A pesar del desbalance entre ambos países y de la apabullante maquinaria de guerra rusa, Ucrania se ha mantenido en pie, gracias al heroísmo de su pueblo, el ingenio de sus combatientes y la cooperación militar y económica de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), Estados Unidos, la Unión Europea y otros aliados.El verdadero costo se oculta, por supuesto, cuidadosamente en una Rusia donde la información está bajo una censura cada vez más estricta. Las cifras oficiales de víctimas se mantienen estrictamente ocultas al público, aunque las estimaciones de múltiples fuentes indican pérdidas alarmantes. Las últimas investigaciones del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés), con sede en Estados Unidos, por ejemplo, estiman que hay casi 1,2 millones de rusos muertos y heridos desde que se lanzó la invasión a gran escala.Ese terrible número de muertos –que, por supuesto, no incluye el asombroso número de víctimas ucranianas, que se cree que oscila entre 500.000 y 600.000 personas– es mayor que todas las bajas sufridas por “cualquier potencia importante en cualquier guerra desde la Segunda Guerra Mundial”, afirma el CSIS.En el peor invierno que haya vivido Ucrania en décadas, Rusia no para de bombardear la red energética para que la población no tenga luz, agua, calefacción o internet. El Kremlin siempre ha tenido como objetivo doblegar la moral de los ucranianos y estos hasta ahora han seguido resistiendo en condiciones durísimas, bajo los bombardeos constantes de drones y misiles. Las baterías antiaéreas hacen lo que pueden, pero nunca es suficiente.La magnitud de la destrucción por la guerra es enorme. La gravedad de la crisis se refleja también en informes de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que señalan, por ejemplo, que el 65 % de la capacidad de generación de energía de Ucrania fue destruida por ataques y que el sistema sanitario registró en los últimos cuatro años más de 2870 ataques a instalaciones de salud, según informes de la Organización Mundial de la Salud (OMS).Las negociaciones a tres bandas entre rusos, ucranianos y estadounidenses han logrado que más de un centenar de prisioneros de guerra sean liberados en cada bando, pero parecen estar lejos de alcanzar un acuerdo que sea aceptable para las dos partes. Ucrania no está dispuesta a ceder territorios y busca garantías de seguridad, mientras que Rusia insiste sin razón en mantener el control sobre las regiones ocupadas, exige neutralidad del país vecino que ha invadido y prohibición de la actividad militar de terceros Estados. Mientras tanto, el horror de la guerra y sus consecuencias, continúan frente a la heroica resistencia del ejército y el pueblo ucraniano.  LA NACION