Daniel José Valencia nació debajo de la tribuna de una cancha del interior profundo de la Argentina, fue elegido por el Flaco Menotti para arrancar como el 10 titular en el Mundial 78, postergando a nombres pesadísimos como Alonso, Bochini y Maradona, y apenas coronado disparó para darle un abrazo a su madre sin siquiera tocar la Copa del mundo.

Emblema de un Talleres que marcó una época en la década del 70 por su fútbol de alto vuelo, rechazó ofertas de Real Madrid porque era feliz donde estaba, y con eso le alcanzaba, y terminó defendiendo la camiseta albiazul en 344 partidos (42 goles convertidos). Competía con el Hacha Ludueña para ver quién tiraba más caños en un partido, fue compadre de Maradona, sigue jugando a la pelota a los 70 años y sorprendiendo a los amigos de su hijo por su resistencia.

También sorprendió a su propia familia al rechazar una invitación para ver la final del Mundial 2022 en Qatar porque prefería compartir ese momento en su hogar. Se lamenta de que el 10 sea una especie en vías de extinción en el fútbol mundial y mucho más de que hayan tenido que hacer una colecta para pagar el velatorio de algunos compañeros con los que alcanzaron la gloria con la selección, que murieron en la miseria. Hoy responde las 100 preguntas el Rana Valencia, con un sello tan singular como el lunar que lleva en la mejilla izquierda y le funciona como cédula de identidad.

1 -¿Quién es Daniel José Valencia?

-Una persona que nació para jugar al fútbol. Que nació en una cancha de fútbol. Literal que nací en una cancha, porque Carlos, mi papá, era el canchero del estadio de la liga jujeña, así que tenía una cancha de fútbol como patio de mi casa. Y no es ninguna metáfora: me levantaba, salía y tenía todo el espacio para mí, me la pasaba jugando a la pelota. Nací para jugar al fútbol, no tenía opción.

2. -¿Tu casa estaba debajo de la tribuna?

-Vivíamos debajo de la tribuna oficial, sí. Éramos cuatro hermanos y mis padres, seis en total. Había un par de habitaciones, una cocina y un baño. Y por la ventanita que daba a la calle vendíamos las empanadas que preparaba mi querida mamá. Tocaban la puerta o directamente golpeaban la ventana y decían: “Blanca, haceme una docena”, y salían así, de una, por la ventana, las riquísimas empanadas de carne al horno hechas por mi vieja.

3. -¿Qué número de hermano eras?

-Soy el más chico. Mi hermano mayor, Carlos, se fue hace poco, tenía diabetes y algunos problemas de salud, después vinieron Beatriz, Lucho y yo. Y… qué te iba a decir… me olvidé, y vos fíjate algo a propósito de esto: el Flaco Menotti decía que yo estaba una milésima de segundo adelantado al resto para jugar al fútbol, que ya sabía qué iba a hacer antes de recibir la pelota, y eso me permitió destacarme. En el fútbol me vino bárbaro pero en la vida no tanto, porque vos por ahí me notás disperso en una pregunta, o que no presto atención, y en realidad es porque estoy pensando en la siguiente pregunta, en algo futuro. Suena muy loco, pero me pasó muchas veces en la vida. Y acaba de sucederme de nuevo.

4. -¿Hasta qué edad viviste en la cancha?

-Hasta que me fui a Córdoba para firmar en Talleres, con 19 años. En esa cancha de la liga jujeña se jugaban todos los partidos. Y ya se corría la bola de que el hijo del canchero jugaba bien. Debajo de la tribuna había un terrenito, tipo cancha de fútbol 5, y ahí se armaban picaditos antes, después y en el entretiempo de los partidos, y por eso todo el mundo me conocía y había comentarios. Fue Boca a jugar una vez y me quiso llevar y el que insistió bastante fue Víctor Vesco, el presidente de Rosario Central.

5. -¿No te interesaba ir?

-Es que mi papá no quería saber nada, pretendía que estudiara. Yo tenía 12 o 13 años y se pensaba de otra manera, y recién cuando murió mi papá, que yo tenía 15 años, ahí firmé por Gimnasia de Jujuy.

6. -¿De qué murió tu papá?

-Tuvo un derrame cerebral, ahora sería un ACV. Le agarró la parte izquierda, estuvo un mes internado, y después habrá durado cinco meses más. Se fue muy joven, con 48 años, un 6 de enero, horrible regalo de Reyes. Cuando murió no lloré, ya me había llorado todo en esos meses en que le costaba hablar y caminar, me quedé seco de tantas lágrimas derramadas en ese lapso.

7. -¿Tuviste que salir a trabajar?

-Mi hermano mayor se hizo cargo del mantenimiento del estadio, de lo que hacía mi papá. En su época no existían los aspersores, así que pasaba con un camión regando, cortaba el pasto, mantenía la cancha en general y yo lo ayudaba, pero tampoco demasiado, al ser el más chico era el mimado de la familia y me la pasaba jugando a la pelota. Después nos arreglábamos con la venta de empanadas de mi mamá, que era conocida. Nunca me faltó un plato de comida, vivimos normal.

8. -¿Te costó superar esa ausencia de figura paterna?

-Fue muy feo perder a mi viejo, pero tuve la suerte de que siempre apareciera alguien que me adoptara. El primero fue el padre Marcelo Gottig, el cura de la escuela donde estudiaba. Al padre le gustaba muchísimo el fútbol, era profesor mío de historia y de música, me becó en el colegio, me acompañó, yo me sentaba en el fondo y él me ayudaba siempre a la hora de dar la lección, son recuerdos muy lindos que mantengo de él. En el fútbol, al poco tiempo, tuve un segundo padre que fue Menotti.

9. -¿Siempre pensaste que serías futbolista?

-Es que no hacía otra cosa que jugar a la pelota. Se me complicó a los 11 años, cuando corría una carrera de bici con mi hermano y a la salida de una curva me levantó por el aire un Peugeot 504 y me desperté en el sanatorio. Me quebré el fémur izquierdo, me pusieron un yeso hasta la cintura, en la pierna derecha otro yeso hasta la mitad, un travesaño que unía ambas piernas para que no las moviera y un hueco para hacer mis necesidades. Así estuve un año, imagínate cómo era antes. Y ya en los últimos meses iba al arco con muletas, mi papá no me veía obviamente, pero yo quería estar dentro de la cancha.

En el Kempes, con la camiseta de su querido Talleres y el número emblemático. Foto: Gentileza Familia Valencia

10. -Jugando en esa cancha que era el patio de tu casa imagino que te curtiste bien.

-Ahí iban a entrenarse todos porque era el único estadio que había. Se jugaban los regionales famosos, a cancha llena, venían equipos de Salta, Tucumán, de Santiago del Estero. Cuando se entrenaban yo me quedaba al costadito, mirando, me hacía el boludo y más de una vez faltaba alguno y me hacían entrar. Tenía 13 o 14 años, el primero que lo hizo fue Marcial Acosta, un técnico muy reconocido en el norte del país, dirigió a casi todos los equipos de la zona. “Vení, Ranita”, me decía Marcial cuando faltaba alguno, y así arranqué.

11. -¿Cómo llegaste a Gimnasia de Jujuy?

-Marcial Acosta le habló a la dirigencia del Lobo y fui a firmar. Ya había fallecido mi papá, y te digo la verdad, no sé cómo hice, porque era menor de edad, tenía 15 o 16 años. Siempre hubo trampa en el fútbol, lo que recuerdo es que fui a la sede del club a firmar, solo, sin nadie de mi familia, y me volví con un fajo de billetes y manejando un Falcon con motor 221 como parte del contrato. Era un auto con asientos largos, ahí entraban como 10 de mis amigos. Llegué a casa con ese auto y jamás olvidaré la bronca de mi hermano mayor, ¡me quería matar! Me echó de casa.

12. -¿Qué hiciste?

-Me fui a lo de un amigo. “¿Cómo vas a hacer eso? Así no vas a tener futuro, no te olvides lo que decía papá”, me gritaba. Mi hermano siempre me decía que no iba llegar a nada, ja, ja, por suerte no fue director técnico. En fin, a los tres días se calmó todo, me fue a buscar mi mamá y volví a casa. Le di la plata a mi mamá, ya con el auto estaba feliz.

13. -Imagino que esos regionales eran picantes, ¿no?

-Claro, ahí no te perdonaban. Yo no iba al choque, porque por mi físico sabía que iba a perder, llegaba antes y la punteaba o gambeteaba, que era lo que más me gustaba. Al principio me ponían de wing izquierdo, porque tenía gol. Y un día, Marcial me dijo: “Mire, voy a traer un negrito que la rompe en Ledesma, no sabe la habilidad que tiene, me gustaría que usted juegue de 10 porque lo veo inteligente para manejar las jugadas y al negrito lo voy a poner de 11”.

14. -Antonio Rosa Alderete.

-Exacto. El Negro era habilidad pura, tipo el Negro Ortiz o el Loco Houseman, la gente se paraba en la tribuna para verlo, cuando agarraba la pelota. Y así empecé a jugar de 10 gracias a Marcial Acosta, que tenía una sabiduría y una visión impresionante. Él me encontró el puesto. Formamos una gran dupla con el Negro y nos fuimos juntos a Talleres de Córdoba, nos compraron a los dos.

Junto a Antonio Rosa Alderete, gran dupla: fueron juntos de Gimnasia de Jujuy a Talleres, el 10 y el 11. Foto: Gentileza Familia Valencia

15. -¿No tenías miedo de enfrentar a tipos mucho más grandes que vos?

-No es por agrandarme ni pecar de soberbio, pero la verdad es que nunca me importó con quién jugaba ni a quién tenía del otro lado. De hecho, jugando en Gimnasia de Jujuy me citaron a la selección juvenil que después salió campeona en Toulon. Y ahí compartía equipo con muchachos de River y de Boca, como Passarella, Tarantini o Trobbiani, y siendo yo de una provincia tan chica no me apichoné al entrenar con ellos en Buenos Aires. A mí solo me importaba jugar a la pelota. No al fútbol, a la pelota.

16. -¿Quién te puso Rana y por qué?

-Mi papá, desde chiquito, por mis piernas delgaditas. A los 11 años era rodilla y nada más.

17. -¿Cómo te decían tus compañeros?

-La mayoría me decía Rana; algunos, Jujeño, y otros, Daniel, pero para la mayoría era Rana. Hasta el día de hoy por ahí me cruzo con chicos que saben quién soy porque les habrán explicado sus padres o abuelos y me dicen “Hola, Rana, ¿cómo estás?”.

18. -¿Nunca te quisiste sacar el lunar de tu mejilla izquierda?

-Nooo, por favor, si ese lunar ha sido siempre mi cédula de identidad, me identifican mucho por eso. Incluso el Sapito Coleoni contó más de una vez que se pintaba con fibrón un lunar en la mejilla porque me admiraba.

19. -También conservás una buena melena setentosa.

-Y es todo natural, eh, ahora te ponen pelo por pelo. Me gusta usarlo largo, los amigos de mi hijo le preguntan cuántos años tengo y cuando les contesta que tengo 70 no lo pueden creer. Cuando me pongo anteojos oscuros, dicen que soy parecido a Nito Mestre, qué sé yo (risas).

20. -Te ves más joven así.

-También aporto lo mío, eh. Todos los días almuerzo temprano algo livianito y a las 2 y media pasa a buscarme mi hijo Danielito y vamos al gimnasio. Todos los días. Una vez me estaba bañando en la pileta y mi señora me dijo: “Mirá los bracitos que tenés”. Cuánta razón, casi no tenía músculos, así que ahí arranqué con el gimnasio para hacer brazos. No estoy para fisiculturista, pero me crecieron bastante los músculos y aparte me hace bien a la cabeza. En mi época de jugador no pisaba jamás un gimnasio; ahora voy todos los días, qué loco, ¿no? (risas).

21. -¿De qué equipo eras hincha de pibe?

-De Boca pero después le tuve más simpatía a River porque muchos de mis compañeros en la Selección jugaban en River: Fillol, Passarella, Luque, Ortiz, Gallego, y también me desilusionó cómo jugaba el Boca de Lorenzo. Lo que siempre me gustó, y me sigue gustando, es ver a equipos o deportistas argentinos de cualquier actividad. Si está Cerúndolo en un partido de tenis, me engancho y lo aliento, o a Los Pumas, o lo que sea. No entiendo mucho de rugby, pero me gusta acompañar cuando hay argentinos.

22. -¿Tenías algún jugador al que te querías parecer cuando empezaste?

-No, si no teníamos televisión en casa, ¿a quién me iba a querer parecer? Tampoco venían los grandes equipos a Jujuy. Sí recuerdo haber ido al cine una vez, de chico, a ver una película de Pelé en blanco y negro, solo eso.

23. -Para quienes no te vieron, ¿cómo definirías tu estilo de jugador?

-Era el típico 10, el creador, el que se tenía que poner el equipo al hombro, el jugador del que se espera algo distinto. Por eso me da mucha bronca que hayan desaparecido los 10, la mayoría de los partidos son aburridos porque falta el 10, casi no hay sorpresa, todos juegan de la misma manera, se prestan la pelota, van para atrás, son todos habilitadores, nadie gambetea, no hay más de los que encaran, como había en nuestra época. Pareciera que hoy no los dejan gambetear. En los entrenamientos es todo intensidad en espacios reducidos y así le quitan habilidad al jugador. Respeto que haya cambiado el fútbol, y lo miro, pero no me gusta.

Jose Daniel "Rana" Valencia o el arte de la gambeta.

Disfruten con el temazo de fondo que le hizo el Negro Videla.

No, no te vayas Daniel 🙏 pic.twitter.com/DWFZwDU17C

— Dani Valencia (@DaniValenciaJr) February 10, 2023

24. -¿A qué edad debutaste en la Primera de Gimnasia de Jujuy?

-A los 15 años, y sin hacer inferiores, porque llegué y me pusieron en Primera. ¡Cómo pegaban los de Salta, por Dios! Había un morochón de dos metros, al que encaraba siempre y por lo general terminaba dado vuelta para el otro lado. En cancha de tierra, la pelota picaba para cualquier lado, y eso terminó dándonos una técnica espectacular, porque aprendíamos a controlarla de cualquier manera en situaciones de dificultad.

25. -¿Cómo apareciste en Talleres?

-Se jugó un cuadrangular en Jujuy, entre Gimnasia, Independiente, Huracán y Altos Hornos Zapla. Contra Independiente terminamos 4-4 y la rompimos con Alderete, también estaba José Antonio Palacios, que era el 9, y luego fue a Newell’s y a Boca. Los comentarios al otro día fueron que habían visto a “Gaby, Fofó y Milki”, los payasos españoles, un circo. Y César, que no sé de dónde conocía a Amadeo Nuccetelli, el presidente de Talleres, le dijo: “En Jujuy hay dos joyitas que la rompen, el 10 y el 11, me los voy a llevar a la Selección”. Armaron un partido para vernos, les gustamos y Don Amadeo nos compró.

26. -¿Te fuiste a Córdoba con la familia o solo?

-Sólo, y lloré casi todo el viaje, porque dejaba a mi viejita, a mis hermanos y amigos. En Córdoba paramos con Alderete en un hotel en el centro y había secuelas del Cordobazo, era una ciudad picante, recuerdo que salimos a caminar y de golpe empezaron los disturbios y las corridas. Ahí nomás le dije a Amadeo que no quería vivir en Córdoba capital y nos fuimos a Carlos Paz. Cada dos por tres, en la ruta, yendo para la ciudad, te paraban los camiones de los militares y te hacían abrir las piernas y te palpaban.

27. -Llevás una vida en Córdoba pero seguís hablando como jujeño, no se te pegó la tonada cordobesa.

-Es cierto. Imagínate que yo tenía amigos que iban dos meses a Buenos Aires y volvían más porteños que Cacho Castaña, ja, ja. En la Selección todos me decían “cordobés, dale cordobés”, y sé que voy a morir aquí, en Córdoba, ya casi no voy a Jujuy desde que murió mi madre, mis hermanos vienen a visitarme, pero las raíces son de allá.

Escuchando las indicaciones de Roberto Marcos Saporiti, entrenador de Talleres y ayudante de Menotti en la selección. Foto: Gentileza Familia Valencia

28. -¿Era muy duro Nuccetelli para los contratos?

-Al contrario, yo nunca tuve contrato firmado. Terminaba un año, me decía “este año ganaste tanto, el año que viene vas a ganar esto otro, ¿estás de acuerdo?”, y listo, no se firmaba, era todo de palabra. Pagaba bien Talleres en ese momento. Había empresarios que estaban detrás apoyando. Me acuerdo del dueño de Pritty, el del hotel Crillón, el de un banco, estaba Aldo Roggio, con la constructora más grande del país, que me pagaba 100 o 200 dólares por gol convertido. Amadeo fue un visionario, compró las tierras donde hoy está la ciudad deportiva, siempre miraba para adelante y decía que éramos un equipo que iba a dar que hablar.

29. -De entrada tuviste a Adolfo Pedernera de técnico, ¿qué recordás de él?

-¡Por Dios lo que era ese señor! Un tipo sabio que nos citaba una hora antes del entrenamiento y ya cambiado nos esperaba en el campo de juego de La Boutique y te explicaba cómo quería que jugaras pero también te hablaba de la vida, cosas que ya no se usan más. Si vos no cabeceabas bien o no tirabas buenos centros, te enseñaba a hacerlo bien; hoy los jugadores terminan el entrenamiento y se van enseguida. Sería muy bueno recuperar esas costumbres para los jugadores.

30. -¿Cuál era la clave de ese Talleres de los 70 que marcó una época?

-Que había jugadores inteligentes y de muy buen pie, que existía una gran amistad. Viajábamos a todos lados, nos invitaban de todo el mundo, jugábamos cualquier cantidad de partidos. Compartíamos muchísimo tiempo juntos y eso ayuda a que te conocieras más. No había televisión ni celulares que te alejaban del trato normal, de la conversación, de escuchar música en compañía. Estábamos bien entre todos, bien con el presidente, bien con la gente, y eran todos excelentes jugadores. Ese Talleres fue sensación.

31. -Hablame del Hacha Ludueña.

-El Negro jugaba de 5 y de 8, fue uno de esos mediocampistas que salía goleador del campeonato o peleaba en los primeros puestos. Pateaba tiros libres como los dioses, también penales. Era el típico cordobés chistoso, de esos que se hacían querer. Una vez íbamos goleando a Belgrano por la liga y en un segundo el Hacha, sobre el lateral, en medio del partido, va y se sienta arriba de la pelota y les levanta los brazos a los hinchas de Belgrano, ja, ja, una locura, los Piratas empezaron a mover el alambrado, tenía esa chispa el Negro.

Con el Hacha Luis Antonio Ludueña, otro gran socio, el mejor amigo que le dio el fútbol junto a Maradona. Foto: Gentileza Familia Valencia

32. -¿Puede ser que competían para ver quién tiraba más caños?

-Es verdad, en el almuerzo comíamos con el Hacha y Alderete, y ahí jodíamos y apostábamos a ver quién tiraba más caños en el partido. Y los íbamos cantando en voz alta. “Ludueña cuatro”, gritaba el Hacha y me miraba. Era increíble lo que se vivía dentro de la cancha (risas). El Hacha decía que él y yo éramos los ingenieros del equipo, porque nos encargábamos de construir el juego, y el resto eran peones o albañiles, porque hacían el trabajo sucio. “No diga eso que se van a enojar Luis y la Cata”, le sugería yo, por Galván y Oviedo, que eran tipos muy serios y responsables.

33. -A ese Talleres le faltó un título para quedar definitivamente en la historia.

-Como a Holanda del 74. Nos faltó coronar con un título, hubiese sido muy importante para la gente, no para uno, eh, porque yo fui muy pero muy feliz en ese Talleres que dio espectáculo en todos lados. A nosotros iban a vernos jugar en todos lados y a mí los trofeos, pergaminos o medallas no me llamaron nunca la atención. Para la gente sí hubiera sido genial ser campeón.

34. -¿Cómo se les pudo escapar la final del Nacional 77 teniendo tres jugadores más que Independiente?

-Es inexplicable. Eso también es lo lindo del fútbol, lo misterioso del fútbol. Estando 2-1 desperdiciamos un par de oportunidades increíbles para el 3-1 y se nos fue el título con ese gol de Bochini. Cuesta creerlo todavía.

Junto a Bochini, protagonistas ambos de la final del Nacional 77 que coronó a Independiente. Foto: Gentileza Familia Valencia

35. -¿Qué te acordás del vestuario tras perder la final?

-Que estuvimos como tres horas para salir, no queríamos irnos, no podíamos. Era un silencio total, nadie entendía nada, fue todo muy raro y muy duro. No había explicación ni consuelo. De ahí nos fuimos varios a concentrar con la Selección para el Mundial.

36. -De haber sido campeón Talleres, ¿el presidente de AFA habría sido Nuccetelli y no Grondona el año siguiente?

-Es muy probable, eso se comentaba, ahí nos faltó ayudar a Amadeo, era la frutilla del postre. Es difícil analizar con el diario del lunes pero Amadeo quería hacer participar más a los equipos del interior. Yo creo que hubiese sido un gran presidente de AFA.

37. -Jugaste el día que debutó Maradona en Argentinos, ¿se hablaba de él en la previa?

-Algo se hablaba, y nos llamó la atención al entrar en el segundo tiempo. Por sus rulos se hacía notar, era elegante para jugar, sacaba el pecho como el Hacha, tenía sus piernas bien musculosas y fuertes, no eran flaquitas como las mías. Ganamos 1-0 con gol del Hacha, pero el ingreso de Diego no pasó desapercibido, sin dudas.

38. -¿Cómo te enteraste de tu primera convocatoria a la Selección?

-Estaba en Gimnasia de Jujuy y llegó la comunicación al club, teníamos que presentarnos en Salta con Alderete para integrar la Selección del interior. Nos citaron en un hotel antiguo y entrenábamos en una canchita pegada al cerro, muy linda. Ahí lo conocí a César, estaban Julio Villa de Atlético Tucumán, Luis Galván, el Hacha Ludueña y la Cata Oviedo, de Talleres, entre otros.

Con Menotti, en sus primeros días en la Selección del interior. Foto: Gentileza Familia Valencia

39. -Al poco tiempo llegó el primer título en el torneo Esperanzas de Toulon.

-Sí, en 1975, fui titular en ese equipo. Formábamos así: Ferrero al arco; Van Tuyne, Pavoni, Passarella y Tarantini atrás; Trobbiani, Gallego y yo en el medio; Salas, Valdano y Giordano o Forgués en el ataque. Al terminar la final lloré en los brazos de César porque me acordé de mi papá. Eso me quedó grabado.

40. -¿Cómo fue el día en que Menotti dejó afuera a Maradona del Mundial 78?

-Hubo una gran tristeza de todo el grupo, yo tenía más relación con Bravo, otro de los que quedó afuera, porque era mi compañero en Talleres, así que me acerqué más a él. Tampoco era una persona mayor para dar consejos, no me sentía en ese rol.

41. -¿Alonso, Villa o vos le sacaron el lugar a Diego en esa lista?

-En los partidos previos y en el arranque del Mundial el 10 titular fui yo, así que supongo que habrá sido alguno de los otros dos el que ocupó el lugar que podría haber sido de Diego. En aquel momento Diego era uno más de nosotros, tampoco es que sobresalía tanto, y en mi caso ya tenía como 20 partidos internacionales sobre el lomo.

42. -El primer gol de Diego en la Selección, contra Escocia en Glasgow, fue por un pase tuyo, supongo que te acordarás.

-Claro, sí, en la gira de 1979, un pase entre los dos defensores centrales de izquierda hacia la derecha, después Diego enganchó y pateó al primer palo. La foto del festejo es hermosa, con Diego arrodillado y yo yéndole a dar un abrazo y tomándole la cara con mis manos. Esa foto refleja admiración, respeto, cariño, amor, magia, solo faltó la pelota entre los dos.

Festejo del primer gol de Maradona en la selección, ante Escocia, en Glasgow, con Valencia, su asistidor. Foto: Gentileza Familia Valencia

43. -¿Cómo hacían para no superponerse si ambos jugaban de 10?

-Yo tenía más físico para ayudar a marcar, bajaba un poco más que Diego, y cuando a él lo marcaban yo me adelantaba. Eso pasó en el Mundialito de Uruguay de 1980, en el partido contra Alemania, que tuve una gran actuación porque a Diego salieron a seguirlo con todo. “Fuimos a ver a Maradona y nos encontramos con Valencia”, titularon los diarios, o algo así. En Talleres yo casi no marcaba, jugaba sin tantas obligaciones, en la selección era distinto. Igual, con Diego nos buscábamos mucho, tirábamos lindas paredes.

44. -¿Cuándo y por qué comenzó a darse un vínculo especial entre vos y Diego?

-En principio creo que por la manera de sentir el fútbol. En los entrenamientos de la selección César nos ponía juntos y sintonizamos enseguida. Después, a Diego le gustaba mucho la música, le gustaba cantar y a mí también, nos enganchamos enseguida con eso, a mí me encantaba Sandro, y el rock nacional, con Charly García y Spinetta. Y los dos éramos muy familieros y hablábamos de la familia. En un momento me dijo que quería ser padrino de mi hijo, y como la primera fue mujer, decidió esperar al siguiente, y como volvió a salir mujer, ahí dijo: “Listo, soy padrino de esta niña”, que fue María Inés. La primera vez que me lo dijo fue volviendo de un partido de la Selección en el micro.

45. -¿Cuántos hijos y cuántos nietos tenés?

-Tengo cuatro hijos: Daniela (48), María Ines (47), Danielito (32) y Delfinita (25), los dos últimos son abogados. Los tuvimos con Nora y nacieron en Bolivia, aunque cuando hay partidos de la selección son más argentinos que el Coco Basile. Y nietos, nada de nada, por ahora, todavía no recibí el título de abuelo. Lo más extraño es que no quieren saber nada. Todos hinchas de Talleres, por supuesto.

46. -¿Sentían mucha presión de la dictadura militar por ganar el Mundial?

-En mi caso, no, nada de nada. Tampoco leía los diarios demasiado. De hecho unos días antes de empezar el Mundial le pregunté a César contra quién jugábamos, de verdad no sabía que nuestro primer rival era Hungría, ni siquiera conocía los nombres de los húngaros.

47. -¿No había tensión en el vestuario antes del debut?

-Estaba desesperado porque empezara el partido de una vez, eso sí, era ansiedad, pero tenía mucha confianza en el equipo, no pensaba que pudiéramos perder. Había una gran euforia y alegría y yo creo mucho en las energías, eso nos ayudaba. Lo veo hoy en Córdoba, cuando empiezan los murmullos en los partidos de Talleres a los 15 o 20 minutos se complica, la energía no es la misma, eso no ayuda.

48.-¿Nunca estuviste nervioso antes de un partido?

-Una vez que la pasé mal fue en un amistoso en cancha de Vélez con la Selección. Arrancamos y la gente de River empezó a gritar “Alooooonso, Alooooonso” y sentí el impacto, pero a los dos minutos salieron a responder los de Boca “Valeeeencia, Valeeeencia” y se me pasó. En el Mundial nunca sentí nervios, sinceramente lo digo, se hablaba de los partidos en las mesas de la concentración con Galván y Oviedo pero con serenidad, quizás porque uno era santiagueño, el otro jujeño y un cordobés, ja, ja.

49. -Fuiste titular en los primeros cuatro partidos del Mundial y no entraste ni un minuto en los últimos tres, ¿qué pasó?

-César decía que había que estar 100 por ciento para salir a jugar y yo jugué contra Polonia, ya en el inicio de la segunda ronda, con una botita de tela adhesiva porque me había doblado el tobillo con Italia. Me molestaba, no me sentía bien, y cuando César me preguntó si estaba para jugar le contesté la verdad, no me iba a hacer el héroe, le dije que no estaba al cien. Y salí del equipo.

El equipo contra Polonia. Arriba: Passarella, Houseman, Olguín, Tarantini, Kempes y Fillol. Abajo: Gallego, Ardiles, Valencia, Galván y Bertoni. Foto: Gentileza Familia Valencia

50. -¿Imaginabas que podían golear a Perú para llegar a la final?

-Lo veíamos posible, si antes del Mundial le habíamos dado un baile impresionante a Perú en Lima, y César nos pidió que paráramos la máquina. En el Mundial, Perú venía bajando el nivel, ya estaba eliminada y con toda la gente a favor y el plus de tener que golear, los llevamos puestos.

51. -¿Fue todo normal o hubo algo raro?

-Para nada, imagínate la puntería del vago que al comienzo del partido metió un tiro en el palo para no querer hacer el gol, creo que fue Muñante, y otra que se fue al ladito. ¡Sí que tenían puntería esos dos, eh! Pasa que si en nuestro país cuestionaron a Messi, imaginate para el resto. Creo que se intentó desvalorizar el logro, amarillismo puro.

52. -¿Qué me podés decir de Luis Galván?

-Nunca he visto un profesional como él: Luis no fumaba, no tomaba, les sacaba la grasa a los bifes y al pollo. En el Mundialito de Uruguay pasamos fin de año juntos, porque arrancó en diciembre y terminó en enero, y en el brindis pidió agua, ni siquiera se quiso mojar los labios con champagne. Y como jugador fue un tiempista excepcional, formaba la dupla perfecta con Passarella, porque Daniel salía lejos para anticipar e imponía la fuerza y a veces metía un poquito de más, cosas que son necesarias. También ganaba de arriba, Luis. Completísimo. El Gráfico le puso 10 puntos en la final del Mundial.

Con el santiagueño Luis Adolfo Galván, símbolo de Talleres y titular con la selección en todos los partidos de los Mundiales 78 y 82. Foto: Gentileza Familia Valencia

53. -¿Y de Leopoldo Jacinto Luque?

-El Pulpo tenía una tremenda convicción de goleador. No era un tipo muy hábil ni te iba a tirar una pared, no era rápido, pero buscaba mucho los espacios y picaba constantemente. Peleaba por su oportunidad con tenacidad y la conseguía. En pleno Mundial sufrió la muerte de su hermano, se lastimó el hombro, volvió y fue fundamental, metió cuatro goles muy importantes.

54. -¿Qué sentiste cuando nos empató Holanda en la final?

-Estaba convencido de que íbamos a ganar igual, lo mismo cuando Rensenbrink pegó su remate en el palo. Estaba seguro de que el esfuerzo que hicimos en los 4 o 5 meses de estar concentrados, y todos juntos, iba a dar sus frutos.

55. -¿En quién pensaste al levantar la Copa del Mundo?

-En nadie, porque no la levanté, ni siquiera la toqué ni recibí la medalla (risas). La Copa recién la toqué como 40 años después, cuando la trajo Coca Cola al Orfeo. Tardó pero llegó. La verdad que en ese momento yo quería estar con mi viejita, hacía un montón que no la veía. No di la vuelta olímpica, estaba como enojado, como esos chicos caprichosos a los que se les mete algo en la cabeza y lo harté a César, hasta que me dijo: “Nene, déjese de romper las bolas y vaya, no sabe lo que se está perdiendo”. Y nos consiguió dos patrulleros para salir rajando hacia el hotel Los Dos Chinos, donde tenía las cosas, y luego al Aeroparque.

Levantando la Copa del Mundo que no pudo tocar en el 78, con la Cata Miguel Ángel Oviedo en el Kempes. Foto: Gentileza Familia Valencia

56. -¿Con quién fuiste?

-Con mi hermano y un amigo, y también con Diego, que había ido a la cancha. De esto no me acordaba, la verdad, me lo recordó mi hermano hace no mucho. Incluso yo le di mi camiseta a Diego, o una camiseta de la selección, no sé si era la del partido o no.

57. -¿Se fueron en auto hasta Jujuy?

-Fuimos en avión a Córdoba y ahí sí agarramos el auto hasta llegar a Jujuy. Nos iban parando en todos lados, en Santiago, en Tucumán, porque por la radio decían por dónde estábamos. Y encima cuando llegué a casa mi mamá no estaba, porque había ido al ingreso de la ciudad a recibirme y yo entré por otro lado. En Jujuy habían decretado feriado. Y al final ese abrazo fue el trofeo más lindo de todos, se me vino la historia de cuando vivíamos debajo de la tribuna, de las empanadas que vendíamos... Me quedé más de una semana ahí en Jujuy, fueron días maravillosos, cerraban al lugar a donde fuéramos. El temita fue al volver...

58. -¿Por qué?

-Porque me tocó chocarme con la realidad de jugar por la liga cordobesa, contra Universitario, Peñarol, esos equipos, en canchas que no eran muy lindas ni bien cuidadas, nosotros no estábamos todavía incorporados al Metropolitano, eso recién se dio en 1980, y para que arranque el Nacional faltaban tres meses. El impacto fue brusco. Cuando ganamos el último Mundial decían “el Cuti Romero, que juega en Belgrano”. No, no, se había ido de Belgrano hacía mucho, nosotros sí estábamos jugando en Talleres por la liga local, en canchitas peladas, unas semanas después de ganar el Mundial.

59. -¿Pudiste cambiar camisetas en el Mundial?

-No me quedó nada de lo que tenía, en realidad solo una camiseta mía, la del partido con Francia, que se la había regalado a mi vieja y al morir me la traje. El resto lo regalé todo, mi hijo me sigue puteando por eso. Si algún conocido me decía “¡qué linda camiseta!”, yo se la daba y listo. También debo decir que me da mucha nostalgia detenerme en esas cosas por eso tampoco me gusta ver partidos viejos ni nada por el estilo.

60. -¿Cuál fue el premio por ganar el Mundial 78 y qué hiciste con esa plata?

-Fueron 23 mil dólares, o 25 mil, y poniendo un poquito más que tenía ahorrado me compré una casa en el Cerro de Las Rosas, en Córdoba. Lo que era lindo en esa época es que por usar los botines, Puma nos daba 2 mil dólares, para nosotros era un montón.

61. -¿Tenían idea de lo que pasaba en el país, de que la dictadura hacía desaparecer a muchísima gente?

-En mi caso nunca imaginé que fuera tan grave la represión. Nosotros entrenábamos y concentrábamos, no se charlaba demasiado del tema, terminábamos muy cansados y estábamos enfocados en lo deportivo. Se comentaba algo, pero muy por debajo de lo que realmente pasaba.

62. -Pasemos al Mundial 82. ¿Es verdad que al llegar a España se enteraron de que la guerra de Malvinas la íbamos perdiendo y no ganando, como decían aquí?

-Exacto, al llegar a España nos enteramos no sólo de que estábamos perdiendo la guerra sino también que nuestros chicos iban desnudos a pelear, sin preparación ni armas que sirvieran. Parecía que estaba todo bien pero no estaba todo bien.

63. -¿Por qué fracasaron en ese Mundial si al plantel del 78 se habían sumado Maradona y Ramón Díaz?

-Para mí el jugador de fútbol tiene un techo y son muy pocos los que realmente están años y años bien arriba, pasó un tiempo con Diego y con Messi ni hablar, mucho más. Los del 78 ya habíamos tocado ese techo, y aunque pudo haber existido cierto relajamiento, la verdad es que cuando estás en la cancha pensás en ganar el partido y a nadie le gusta perder. Yo creo que no teníamos el nivel que tuvimos en el 78, no pudimos repetir eso, fue más futbolístico que otra cosa.

Con Maradona y Ramón Díaz, en la concentración del Mundial de España 82. Foto: Gentileza Familia Valencia

64. -Pero estaban al lado de una playa nudista y eso los distrajo, ¿puede ser?

-Para nada, pudimos ir a la playa una o dos veces y nada más, no pasó por ahí el tema.

65. -¿Por qué no jugaste ni un minuto en ese Mundial?

-Nunca le pregunté a César por qué jugaba o por qué dejaba de jugar, hubiera sido una falta de respeto de mi parte. Diego estaba en su plenitud, jugó todos los minutos, y yo era su suplente, ese fue el tema, así de simple.

66. -¿Qué significó Menotti para vos?

-A mí me cambió la vida, y a todos los futbolistas del interior nos abrió una puerta que en ese momento estaba cerrada. Yo venía del Norte, de un trato diferente hacia las personas, porque allá vivimos de otra manera, y jugué un Mundial con 22 años. Respecto al fútbol, nos decía que debíamos respetar a las personas que nos iban a ver, así fueran 10 o 100 mil, que teníamos que jugar de la misma manera. A mí eso no me costaba, porque me daba igual si el estadio estaba lleno o no. A mí me volvía loco la pelota, ver la pelota y tratarla lo mejor posible, como nos pedía César. Y después, él te hablaba de la vida y te aconsejaba por fuera del fútbol.

Junto a Menotti y el Loco Houseman, su compañero campeón del mundo en 1978. Foto: Gentileza Familia Valencia

67. -¿Qué te generó que Menotti volviera a la Selección como manager hace unos años?

-Una gran alegría, por supuesto, porque no entendía como venían al país entrenadores de enorme prestigio de todas partes del mundo a hablar con él, y te nombro a Guardiola como un ejemplo, por qué era fuente de consulta para tantos y aquí no tenía cabida. Era un tipo para escuchar, realmente, porque transmitía mucha seguridad en el juego, era convincente, lo escuchabas y querías salir a jugar a la pelota a la hora que sea. Me alegró mucho su regreso, César lo merecía, fue un premio.

68. -¿Mantuviste contacto con él hasta el final?

-A veces, cuando cumplía años o había algún partido importante, Real Madrid con Barcelona, ponele, le escribía y le preguntaba qué jugadores le llamaban la atención. “¿Lo puedo llamar, César?”, le preguntaba. “Sí, claro, nene”, me respondía, me dijo “nene” hasta el final. Yo siempre lo traté de usted. Cuando nos veíamos personalmente, era como que desprendía una luz cuando lo veías venir. En el último tiempo, estando ya enfermo, no le hablé, no lo quería molestar.

69. -Cuando murió vos escribiste que te volviste a sentir huérfano.

-Claro, si para mí César fue un padre. Yo tuve la suerte de tener dos padres en el fútbol: César y Amadeo. Son personas que marcaron mi vida para siempre. Me alertaban de que tuviéramos cuidado con “los amigos del campeón” que se acercan en situaciones de fama, y que tratáramos siempre de la misma manera a todos los que gastaban su monedita para ir a la cancha.

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— Daniel Valencia (@ranavalencia) May 5, 2024

70. -Escribiste muy lindas cosas en redes sociales con las muertes de Diego, Menotti y Ludueña, ¿te sentás vos a escribir?

-Por supuesto, escribo con el corazón, me transformo y me sale naturalmente. Lo hago en papel, luego mi hijo Danielito hace las correcciones y lo pasa a la computadora.

71. -“Yo también disfrutaba confundiéndolo”, escribiste cuando murió Menotti, en relación a si eras zurdo o derecho.

-Una vez, César me dijo: “Yo conocí a los mejores jugadores del mundo, a Cruyff, a Maradona y a Pelé, pero usted me desconcertó porque hasta este momento no sé si es zurdo o derecho”. Me largué a llorar. Un día me escribió por WhatsApp y me puso que yo era un milagro, y cuando lavaba los platos en casa le decía a mi mujer: “Mirá, Norita, de lo que es capaz el milagro” (risas).

72. -¿Sos zurdo o derecho?

-Me hizo dudar César, la verdad que no tengo certezas, yo creo que soy derecho, pero naturalmente siempre le pegué igual con las dos piernas, a mí me resultaba indistinto, de hecho pateé tiros libros o penales tanto de zurda como de derecha. Hay un tiro libre contra el Cosmos en que iba a patear de zurda, Passarella me pide que lo haga de derecha, pateé de derecha y él metió el gol de cabeza.

73. -¿Por qué te gustaba jugar con las medias bajas?

-Tal vez por comodidad, sentía como si estuviera jugando en el barrio, donde no te ponías canilleras ni medias arriba, nada.

74. -Tirabas muchos caños, ¿cuál era la clave?

-Generalmente tenía un uno-dos con ambas piernas, porque no tenía problemas de perfil, y eso a mí me daba esa posibilidad. El rival me salía a marcar y cuando parecía que iba a dar un pase estiraba la pierna y con ese uno-dos punteaba la pelota y la hacía correr entre las piernas del que tenía adelante.

75. -¿Un gol o un pase gol?

-Disfrutaba gambetearme a dos o tres y pasarle la pelota a un compañero para que convirtiera mucho más que meter un gol, sin dudas. De hecho, no festejaba mucho los goles. Hay uno que meto con la Selección a Chile en Mendoza y apenas levanté los brazos para festejar, en casa cuando ven esa imagen me cargan y me dicen “¡qué pecho frío que eras!”. Ahora dan tres vueltas mortales o ensayan en la semana una coreografía, ¡cambió todo mucho!

Pelota siempre al pie, enfrentando a Italia, en el Mundial 78. Foto: Gentileza Familia Valencia

76. -¿De verdad le dijiste que no a Real Madrid?

-Claro que fue verdad. Estábamos de gira con Talleres por Europa, porque en esa época nos invitaban de todos lados, y me llamó Amadeo a su habitación. Me dijo que abajo estaba Santiago Bernabéu, que me quería llevar a Real Madrid. Y que tenía que ser ya, en ese momento. Yo ni sabía quién era Bernabéu, la verdad. Una semana antes me había querido llevar Zaragoza. “¿Usted quiere que me vaya, Amadeo?”, le pregunté. Me contestó que no. “Listo, entonces me quedo”, cerré, sin dudar. Fue así, se resolvió todo en dos minutos. La verdad es que me pagaban muy bien en Talleres, la única diferencia es que, si iba al Madrid, en tres años me quedaba con el pase en mi poder.

77. -¿No te interesaba jugar en un club como Real Madrid?

-Es que yo me sentía muy bien en Talleres, quería al club y me divertía jugando. Y el dinero a mí me interesaba para vivir, no para hacerme millonario, nunca lo vi de esa manera, quería vivir bien y punto, poder regalarle a mis hermanos y a mi vieja un terreno y un auto, o una casa, esas cosas sí quería hacerlas y las pude cumplir. A mí me interesaba jugar bien al fútbol, no me importaba dónde, tampoco es que jugaba gratis, eh, ganaba bien, Talleres era el club sensación, nos conocían afuera.

78. -¿Qué te dicen tus hijos al respecto?

-Que si hubiesen sido mis representantes me habrían llevado al aeropuerto ellos mismos (risas). Nora me dice lo mismo. Nunca me arrepentí, eh, jamás dije “qué tonto fui”, no, nada de eso. Me habré equivocado en otras cosas en la vida, pero futbolísticamente no.

79. -¿Qué significan San José y Oruro en tu vida?

-Un club y una ciudad que me dieron un plus de varios años más de carrera y también una familia hermosa, como mi mujer y dos hijos. Ya había hablado con César para poner un negocio de Puma en Carlos Paz con su ayuda, es decir que ya había dejado de jugar, me consideraba retirado. Y resulta que en Jujuy un primo mío tenía un hotel enfrente de la estación de tren. En ese momento había trenes que venían de Bolivia, y tres personas que llegaron de Cochabamba pararon en el hotel, se pusieron a hablar de fútbol con mi primo y le dijeron que andaban buscando jugadores. Eran de Jorge Wilstermann, y al enterarse que era mi primo le preguntaron si me gustaría ir para allá. Él les contestó que yo ya estaba poniendo un negocio de ropa deportiva, pero insistieron y me llamó.

Con Nora, su esposa, y dos de sus cuatro hijos. Foto: Gentileza Familia Valencia

80. -¿Cómo te convenció?

-A mí nunca me gustó “cortar” a nadie, entonces le dije a mi primo que le pidiera una fortuna para que rechazaran mi propuesta. No me acuerdo la cifra, pero pedí una barbaridad. Al otro día me llamó mi primo y me contó que habían aceptado y tenía que viajar a los tres días a Cochabamba. Fui por unos meses y al final terminé pasando luego a San José de Oruro, retirándome a los 38 años y viviendo 14 años en Bolivia.

81. -¿Cómo llegaste a San José?

-Con Wilstermann fuimos a jugar a Oruro una vez y a mí me pareció un lugar feo, muy árido y frío, y la altura me mataba, porque está a casi 4 mil metros. Ni siquiera quise salir del hotel, porque me ahogaba. Me estaba volviendo a Córdoba a fin de año, pero tenía un amigo que jugaba en San José, y ahí había un empresario que tenía flota de aviones y se iba a hacer cargo del club. Me convenció y viví una etapa genial, incluso pude jugar dos veces la Copa Libertadores, que no lo había hecho nunca. Siempre digo que no hay que escupir para arriba. Allá en Oruro pude armar una fundación para chicos de bajo recursos, también una escuela primara con una entidad de Estados Unidos, teníamos más de 600 chicos, los enganchábamos por el fútbol. Uno de los que me ayudó fue el Cabezón Gustavo Quinteros, hoy técnico de Independiente, que fue mi padrino de casamiento.

82. -¿Te costó adaptarte a la altura de Oruro?

-Un montón. Yo venía de los 2.600 metros de Cochabamba y querían que debutara a los 10 días, pero subía la escalera y me cansaba. Allá era el Tata Valencia, más que el Rana, porque era el papá de todos, el capo del fútbol. Realmente en Oruro me amaron y yo quise mucho a la gente y a la ciudad, eran todos elogios. Y encima cuando bajaba al llano volaba. Nora iba a ver los partidos, embarazada, y escuchaba que decían: “Este se debe drogar”. Ja, ja, porque volaba de verdad. Pasé unos años relindos a nivel espiritual, también, viendo a los chiquitos en la escuela que armamos.

En Oruro, donde vivió más de 10 años, con la aridez de fondo, nota en El Gráfico. Foto: Gentileza Familia Valencia

83. -¿Cómo evaluás tu carrera como técnico?

-Fueron solo siete meses, en Oruro. Teníamos que ganarle por cuatro goles a Oriente Petrolero para clasificarnos a Libertadores y ganamos 3-0, nos faltó un gol, pero no nos dieron un penal y cuando fui a reclamarle al árbitro al terminar el partido, un policía me pegó en la cabeza con esos palos que tienen, se armó un lío y terminé durmiendo en un calabozo, me tuvo que sacar el presidente del club a las 3 de la mañana. Ahí se terminó mi carrera de técnico, ya no quise dirigir más, no me gustaba tampoco lo que había fuera del fútbol, que iba un representante y te ofrecía dinero para que contrataras a un determinado jugador. No era para mí.

84. -¿Qué hacés en la actualidad?

-Soy embajador de mi querido Talleres, eso me tiene vigente y me alimenta todos los días. Voy a las filiales, que el club tiene como 120 en total, voy conociendo todos los pueblitos. Cada tanto también paso por los entrenamientos de la Primera, hablo con los jugadores. “No quiero que vayas todos los días, porque se va a transformar en algo habitual y se perderá la magia”, me pidió Andrés (Fassi). Me da mucha felicidad todo esto.

Charlando con Guido Herrera, en un entrenamiento del plantel profesional de Talleres. Foto: Gentileza Familia Valencia

85. -¿Está bien que la tribuna del Kempes que representa a Talleres lleve el nombre de Daniel Willington?

-Fue una elección de la gente, se votó en una encuesta que hizo el diario La Voz del Interior, así que es la opinión de la mayoría. A mí no me preocupan esas cosas, como tampoco nunca me preocupó ganar una medalla o tocar la Copa del mundo. Son emociones que las vivo interiormente, tiene que ver con mi esencia. Yo no jugué al fútbol para que me dieran un premio ni nada por el estilo, así que me da igual.

86. -Siendo un símbolo de Talleres, ¿cómo viviste el título de Belgrano?

-Es un tema que no me compete y no tengo por qué opinar. Siendo un referente de Talleres, puedo opinar de Talleres.

87. -¿Qué le pasó a Talleres en el último tiempo, que se viene cayendo, más allá de la Supercopa Internacional ganada ante River?

-El fútbol argentino es muy parejo y cualquiera le gana a cualquiera, esa es la verdad, y si no fijate que ni River ni Boca consiguen hacer la diferencia. Me parecía muy importante que ahora se contratara a un entrenador de renombre que lograra motivar a los jugadores. Y Sampaoli es un técnico con gran experiencia que puede aportarnos mucho. Es fundamental traer tres buenos refuerzos en puestos clave: un defensor central, un volante central, y un 10. Yo sigo entrenando por si me llaman, ja, ja. Con eso no tengo dudas de que pelearemos arriba, como ocurrió hasta hace poco.

88. -¿Seguís jugando al fútbol?

-Todos me comentan que tengo que volver a jugar, y yo estoy entrenando, hay que ver si el técnico me pone, eh (risas). No, en serio, ahora dirijo un equipo en una liga amateur, en la que juega mi hijo, y cada tanto me meto, siempre de 10, eh.

89. -Tu hijo posteó hace no mucho que sus compañeros se habían sorprendido.

-Yo tenía canchas de fútbol 5, después las terminé dejando porque son muy esclavizantes, tenés que estar siempre encima. Y un día fue mi hijo con algunos compañeros, se pusieron a jugar y como faltaba uno me pidió que me sumara. Yo estaba con jean y zapatillas, pero me hijo me insistió tanto que me metí. Al final se quedaron tomando gaseosa y escuché que uno decía: “¡Vieron cómo jugaba el viejito ese que estaba con jean!”. Y ahí varios que me conocían le contestaron: “Boludo, es el Rana Valencia, campeón del mundo, el padre del Dani”. Yo me reía.

Con Daniel, su hijo varón. Pesa casi lo mismo que cuando jugaba. Foto: Gentileza Familia Valencia

90. -¿No te pasa facturas el físico? La mayoría de ex jugadores de tu generación tienen muchos problemas de rodillas y columna.

-Para nada, estoy impecable. El Negro Gallego me decía muchas veces: “Por culpa tuyo mirá cómo tengo las rodillas”, ja, ja, porque él nos tenía que correr y raspar. La verdad que nunca tuve cosas serias de rodilla. Incluso ahora, con 70 años, juego con apenas dos kilos más que cuando era campeón del mundo: peso 71 o 72 y en mi mejor época jugaba con 69.

91. -¿De verdad te invitaron a ir a la final del Mundial de Qatar y no quisiste ir?

-Así es. Primero nos invitó la AFA al comienzo del Mundial y yo no quise ir, era demasiado lejos, un viaje muy largo. Y después, un amigo que tengo en la FIFA me invitó para la final y preferí verlo en familia tomando unos mates y luego comiendo un asado. Mi hijo estaba escuchando la conversación y abría los ojos, no lo podía entender. Era muy lejos y quería disfrutar en mi casa con mi gente.

92. -¿Ahora te invitaron para este Mundial?

-Ahora no me llegó la invitación, ni a mí ni a los que vivimos en Córdoba. A otros muchachos sí les llegó e irán, no sé cuántos la recibieron pero hubiera estado bueno que nos invitaran a todos, que no hicieran diferencia con nadie, porque todos somos campeones del mundo. Yo no iba a ir de todos modos, pero es feo encontrarte con una situación así.

93. -¿Cómo tiene la AFA a los campeones del mundo?

-La AFA nos brinda una obra social, y eso es algo muy positivo. Pero también hay una realidad que preocupa: la pensión que recibimos es de alrededor de 250.000 pesos. Gracias a Dios, yo tengo la fortuna de seguir trabajando a mis 70 años y puedo mantenerme, pero muchos de mis compañeros no tienen esa posibilidad. Los ingresos que perciben los futbolistas hoy no se asemejan ni de casualidad a lo que ganábamos nosotros. Muchos compañeros que incluso fueron campeones del mundo están atravesando situaciones económicas muy difíciles. Algunos se fueron de este mundo en la miseria, y más de una vez tuvimos que hacer colectas entre nosotros para poder costear un velorio. Por eso creo que, más allá de las cosas buenas que existen, hay una deuda pendiente con los futbolistas mayores que no tienen la suerte de poder seguir trabajando y necesitan un mayor acompañamiento.

Con otro campeón del mundo, Mario Alberto Kempes. Foto: Gentileza Familia Valencia

94. -Viene un Mundial, ¿sentís un cosquilleo especial por haberlo ganado?

-Lo vivo como un hincha más. Sí noté que después de Qatar existió un reconocimiento mayor de la gente, como que se empezó a acordar de nosotros, porque si había tres estrellas es porque hubo una primera en algún momento. Nos trajeron al presente y eso estuvo buenísimo.

95. -¿Te sentís un campeón del mundo, aunque hayan pasado 48 años?

-A mí no me gusta cuando dicen “excampeones del mundo”, no, no, yo soy campeón del mundo, estoy vivo, lo sigo sintiendo así, siento orgullo porque me lo hace ver la familia. Me doy cuenta de que mis hijos disfrutan cuando vamos a algún lado y nos reconocen, eso es lo que más me llena el corazón, porque noto que a ellos se les infla el pecho.

96. -¿Qué pensás de Scaloni?

-No lo traté nunca, pero me parece un tipo muy con los pies sobre la tierra, de bajo perfil, de las personas que a mí me gustan. Un tipo muy dedicado y simple. Ahí hubo un mérito de César también en pedirle a Chiqui Tapia que lo respaldara y dejara de ser interino.

97. -¿Estamos para repetir el título?

-Siempre Argentina es candidata, pero también está España, y a Francia realmente lo veo con jugadores muy importantes que andan bárbaro en equipos importantes, Alemania siempre está, Brasil también, algún equipo africano puede aparecer. Pero nosotros también estaremos en la pelea.

98. -¿Cuándo viste a Diego por última vez?

-En 2019, cuando dirigía a Gimnasia y vino a jugar contra Talleres. Me acuerdo que estábamos en la pileta, en casa, un día de bastante calor, sonó el teléfono y me dicen “Diego te quiere ver”. Salimos con mis hijos rajando, así como estábamos, yo me acuerdo que fui en malla y remera. Llevaba mucho tiempo sin estar con Diego, y de golpe lo vi venir, por el pasillo del hotel, lento, mal de la rodilla, rengueando y le di un apretón interminable. “Este es el abrazo que yo necesitaba, compadre, un abrazo sincero, ¡cómo lo quiero!”, me dijo. Ay, Dios y la virgen, me puse a llorar ahí mismo, Diego estaba necesitado de cariño, sentí eso. También estaban mis hijos. La última vez lo había visto en Bolivia hacía 8 años más o menos.

Que vengan los temporales, vamos a estar juntos para pasarlo.

Lloramos como 2 nenes, quizá nunca dejamos de serlo. Lo quiero mucho, compadre. pic.twitter.com/39AD5cqnvO

— Daniel Valencia (@ranavalencia) September 23, 2019

99. -¿Después no lo viste más?

-No, porque llamaba y nunca me pasaban. Siempre atendía alguien distinto y me decían que estaba durmiendo o había salido, o cualquier otra cosa, eran los filtros que ponía ese Morla para tenerlo alejado. No me enojaba con el chico que me atendía, la culpa no era de él.

100. -¿Qué te generó que muriera así, solo, incomunicado?

-Mucha tristeza y dolor. Y bronca de que se hayan aprovechado hasta último momento de él. Lo veo a este abogado y me dan ganas de entrar al televisor, no puedo creer que hayan hecho eso con la persona más importante de nuestro fútbol.

En la casa de su hijo Danielito, con el cuadro en que el Rana y Maradona bajan de un micro, en una gira con la selección. Foto: Gentileza Familia Valencia