La novela tenía que terminar bien porque no podía terminar de otra manera. Y fue así, nomás. El protagonista levantó la copa después de una batalla de tres horas y miró a su padre parado en la tribuna sin poder contener la emoción. El mejor final fue ese. Quizá, porque así estaba escrito. Tal vez, porque tanto esfuerzo tenía que valer la pena. Y nada menos que en el Día del Padre, Francisco Cerúndolo le regaló a Alejandro Cerúndolo el título más importante de su carrera.

Una digresión. Hay que romper el hilo del relato e introducir en él, al menos en este caso, un detalle que tiene una relación directa con el tema principal. Porque Francisco Cerúndolo ganó el ATP 500 de Londres al superar al estadounidense Tommy Paul por 6-7 (4-7), 6-4 y 6-3 pero el festejo de su quinto título, el segundo de la temporada y el segundo sobre césped, tuvo el plus de que Alejandro Cerúndolo tomó coraje y ¡después de 36 años! volvió a tomarse un avión para viajar a Europa y ver en vivo la consagración de su hijo mayor.

Foto: AP

"La última vez que fui a Europa fue en 1990, en una gira que terminé en Roland Garros con Mercedes Paz llegando a los octavos de final", le había contado el sábado a la noche a Clarín desde el VIP de Ezeiza, donde esperaba embarcar a Londres previa escala en Francfort. Su fobia a los aviones había impedido ver a sus hijos jugar más allá de Brasil. Pero se animó y se fue.

"Algo voy a tomar para relajarme pero ya está... Estoy listo para el viaje. La idea con María Luz, mi mujer, era ir directo a Eastbourne y después ir a Wimbledon para estar con los chicos. Pero esta final de Fran nos cambió un poco los planes. Lo único que espero ahora es llegar a tiempo", contó.

¿Por qué? ¿Cómo? "Es que tenemos una escala larga en Francfort y no sé si lo podremos ver", explicó. Pero llegó nomás. Fue en el 4-2 del tercer set, cuando la potencia del drive de su hijo hacía estragos en el bueno de Paul. Y entonces Alejandro Cerúndolo, Toto para el mundo del tenis, pudo ver en vivo concretada esa obra que soñó primero y que diseñó después casi desde que le puso a su hijo una raqueta en la mano.

De todos modos muchas cosas sucedieron desde que Francisco Cerúndolo perdió con el estadounidense Svajda en la tercera ronda de Roland Garros hasta que cerró con su más amplia sonrisa la jornada dominguera y londinense. A Cerúndolo lo golpeó aquella derrota inesperada. Y también la manera en la que sucedieron los acontecimientos aquel día porque su "señor Hyde" más profundo salió desde bien adentro y sus quejas y sus insultos terminaron con su entrenador Pablo Cuevas yéndose de la tribuna.

Foto: EFE

Terminada la mala experiencia parisina, fue el propio Cuevas el que sugirió algún cambio de timón. Y fue el mismo uruguayo el que acercó el nombre de Nicolás Massú para sumarse al equipo de trabajo en una suerte de doble comando. ¿Qué convenció del chileno? Su amplia experiencia con Dominic Thiem y Hubert Hurkacz, por supuesto. Pero también su disponibilidad para viajar y su predisposición para entrenar en Buenos Aires. Tras unos días de descanso, Cerúndolo y Massú comenzaron a trabajar en las canchas de cemento del Argentino. Lo hicieron durante dos días y recién pisaron el césped cuando llegaron a Queen's, el tradicional club ubicado en la zona de Barons Court, uno de los barrios más elegantes de la capital inglesa.

Si bien su camino a la final estuvo poblado de espinas, más por sus propios demonios que por las virtudes de sus adversarios, Cerúndolo edificó un torneo en el que mostró sus cualidades para jugar en pasto.

¿Cuáles son esas virtudes? Es muy fuerte en el tren inferior y su centro de gravedad es bajo, su mentalidad es la misma que utiliza en canchas lentas y entonces su postura es agresiva desde el fondo al pegarle de ambos lados, tiene una gran movilidad y muy buenos desplazamientos -nunca se lo vio patinar en la semana y se desliza muy bien, como lo hace en el cemento-, cuenta con un saque con slice que resulta efectivo y su juego de ataque lo beneficia. Pero, además -y más allá de las bondades archiconocidas de su drive- cuenta con un muy buen revés para la superficie porque lo juega fuerte y también con slice y su "open stance" (la manera de pegarle a la pelota con los dos pies en paralelo que sirve para ganar tiempo) lastima y mucho al jugarlo recto y plano.

Foto: EFE

En esos cuatro partidos anteriores al de Paul su gran déficit estuvo en el saque, con muchas doble faltas y un bajo porcentaje de primeros que despertaron su "doctor Jekyll". Pero se sabía que no era un problema de técnica sino de confianza. Y en eso trabajó junto a Massú para, en el partido decisivo, contar con un servicio importante. Se convenció de que podía sacar mejor y así lo hizo. Y ese saque le sirvió para ganar el partido y el título.

Ganar en Londres no sólo le significó a Cerúndolo convertirse en el quinto tenista de la temporada en lograr múltiples títulos junto a Sinner, Shelton, Alcaraz y Medvedev. Tampoco quedar a sólo un título de Vilas entre los argentinos con mayor cantidad de consagraciones en pasto. Menos ser el primer argentino en lograr el título en uno de los torneos más tradicionales y antiguos del mundo y ampliar su paternidad sobre Paul, a quien derrotó en seis de las ocho ocasiones en las que se enfrentaron.

Foto: EFE

A Cerúndolo, haber ganado le significa encarar la experiencia en el All England con la mayor de las confianzas para -¿por qué no?- intentar llegar a la segunda semana del torneo más importante del mundo por primera vez en su carrera y así darle otra emoción a su padre, el que se animó, voló y lloró.