Hay momentos que son muy difíciles de explicar. Uno intenta hacer un análisis futbolístico, buscar razones, hablar de planteos, de rendimientos o de detalles del partido. Pero hay días en los que las emociones pasan por encima de cualquier explicación. Y este es uno de esos días.
La primera sensación, por supuesto, es la tristeza. La tristeza enorme por haber perdido una final del mundo y por no haber podido volver a levantar la Copa del Mundo. Esa es la reacción natural de cualquiera que quiere a la Selección Argentina. Pero estoy convencido de que, cuando pasen las horas, los días y los años, ese dolor va a quedar en un segundo plano. Lo que verdaderamente va a permanecer será el agradecimiento.
Foto: EFE
Porque esta Selección merece un agradecimiento eterno.
Estamos hablando de un equipo que disputó cinco finales y que solamente perdió una. Un grupo que durante seis años le regaló alegrías inmensas al pueblo argentino. Un equipo que nos emocionó una y otra vez porque nunca dejó de representar lo que, para mí, identifica al fútbol argentino: jugar con el corazón, con personalidad, con fútbol y con una entrega absoluta.
Eso es lo que quedará para siempre.
Foto: EFE/ Omar Alonso
Por eso también quiero invitar a todos los argentinos a recibir a estos jugadores cuando vuelvan al país. Ojalá las calles estén llenas de gente. Ojalá puedan sentir el mismo cariño que nos hicieron sentir ellos durante todo este tiempo.
Hubo una imagen que me conmovió especialmente: las lágrimas de Lionel Messi. Parecía que nunca iba a quebrarse. Aguantó durante toda la ceremonia, pero cuando terminó la entrega de medallas y se acercó a la gente, cuando volvió a escuchar a miles de argentinos gritando su nombre, ya no pudo contener la emoción. Y creo que nos pasó un poco a todos. Porque esas lágrimas hablan de todo lo que dio por esta camiseta. No hacen falta discursos. Alcanzan esas imágenes para entender lo que significa Messi para la Argentina y lo que la Argentina significa para Messi.
Después, claro, está el análisis del partido.
España hizo los méritos suficientes para quedarse con la final. Pero también creo que hay que entender el contexto en el que llegó Argentina. Fueron ocho partidos en un Mundial diferente, más largo y mucho más exigente que los anteriores. El desgaste fue enorme.
Se notó que el equipo llegó muy golpeado físicamente. Los dos marcadores centrales terminaron con problemas, los reemplazantes también arrastraban molestias y hubo varios futbolistas que hicieron un esfuerzo enorme para poder estar. Muchos de ellos habían sido decisivos durante todo el torneo y esta vez ya no tenían el mismo resto físico.
No creo que la diferencia haya pasado solamente por el mérito de España. También pesó que Argentina llegó disminuida por las lesiones y el cansancio acumulado. Aun así, nunca dejó de competir.
Con un jugador menos siguió peleando el partido. Aguantó cuando pudo, sufrió cuando tuvo que sufrir y hasta encontró fuerzas para ir a buscar el empate en los últimos minutos. Esa rebeldía también forma parte de la identidad de este equipo y de la historia del fútbol argentino. El corazón apareció otra vez cuando las piernas ya no respondían.
Mientras veía todo eso, no podía dejar de acordarme de lo que vivimos nosotros hace 36 años. Sentí que volvía a Italia 90. Volví a experimentar ese vacío que deja perder una final del mundo. Es un dolor muy difícil de explicar porque uno estuvo tan cerca de tocar la gloria que cuesta aceptar que no se dio.
Pero también recordé otra cosa. Recordé la vuelta a la Argentina. Recordé el cariño de la gente. Recordé que nos recibieron como si hubiéramos sido campeones del mundo. Ese abrazo del pueblo fue el que empezó a cerrar la herida.
Estoy seguro de que ahora va a pasar exactamente lo mismo.
Cuando estos muchachos vuelvan al país, la gente les va a demostrar todo el amor, todo el respeto y todo el agradecimiento que se ganaron. Se lo merecen los jugadores. Se lo merece este cuerpo técnico extraordinario encabezado por Lionel Scaloni. Se lo merece cada integrante de este grupo que, desde 2022 hasta hoy, construyó uno de los ciclos más importantes de la historia del deporte argentino.
Gracias, Argentina. Gracias, jugadores. Gracias, Scaloni.
Fueron ocho años inolvidables. Una historia que será muy difícil volver a repetir.
El agradecimiento será eterno. Y ahora nos toca a nosotros devolverles, aunque sea con un aplauso, una parte de todo lo que ellos nos dieron.
Todavia no hay comentarios aprobados.