Utilizó la palabra “mazazo” y fue una definición exacta para la caída en el estadio Guillermo Laza. Rodolfo Arruabarrena sintió en carne propia lo que ya había experimentado como jugador y también en su anterior paso por el club, donde las derrotas pesan mucho más que las victorias.

Entonces, el partido con O'Higgins, este jueves en Rancagua, toma un volumen de “final”, justo cuando recién está comenzando el ciclo del Vasco. Con un agravante: el partido ante Riestra dejó un montón de dudas, que van desde el arco, el recambio, la necesidad y urgencia de incorporar un “9” y hasta quedó la cuenta pendiente de la actitud de algunos futbolistas, que parecieron fuera de contexto.

El arco abierto

El puesto que parecía resuelto con la llegada de Álvaro Montero, el domingo por la noche entregó incertidumbre. El arquero de la Selección de Colombia había tenido un debut aceptable contra los chilenos en la Bombonera. Tapó un tiro de media distancia de Martín Sarrafiore, potente, difícil, y mantuvo su valla invicta.

Sin embargo, ante Riestra fue responsable en todos los goles. Es cierto que los tres gritos locales llegaron a partir de desacoples defensivos, especialmente en el juego aéreo. No obstante, el colombiano podría haber hecho algo más. Sobre todo, en el tercero, un contraataque maradoniano de Alexander Díaz. Con 201 centímetros de altura, más allá de la categoría con la que definió el delantero picando la pelota por encima de su cabeza, fue poco dúctil para resolver. Se tiró hacia atrás y manoteó el aire.

Montero se retiró de la cancha con una molestia muscular, por lo que no está confirmada su presencia para el choque de vuelta de la Sudamericana. Si no está disponible, su lugar será ocupado por Leandro Brey, quien se había adueñado del arco tras la rotura de ligamentos en la rodilla derecha que sufrió Agustín Marchesín.

Suplentes sin luces

“No tuvimos ni tres días de recuperación. Fui claro con los jugadores: el que los pone soy yo y que no se saquen, voy a contar con todos. Lamentablemente, hay una derrota pero tenemos que pensar en lo físico. Terminamos el partido el 23 a las once de la noche y no llegaron ni a 60 horas de recuperación. Hubo jugadores que tenía que poner como (Milton) Delgado y (Lautaro) Blanco, y uno analiza lo físico y pensando en lo que viene", reflexionó el Vasco.

El entrenador decidió guardar a la mayoría de los titulares. Incluso, le dio dos días de vacaciones a Leandro Paredes, que se mostró en la nieve junto a su familia. Los relevos no aprovecharon la oportunidad. Malcom Braida quedó retratado en dos de los tres goles. La distensión en el músculo semimembranoso izquierdo que sufrió Leandro Lozano, recién llegado de Argentinos, obligó a Arruabarrena a improvisar en el lateral derecho, ya que Juan Barinaga y Marcelo Weigandt no son tenidos en cuenta.

Lautaro Di Lollo volvió a fallar como la última vez que jugó, el 9 de mayo ante Huracán. Falló de arriba y de abajo. Por eso perdió la pulseada con Nicolás Figal. Al menos, en el arranque del segundo semestre. Marco Pellegrino no lo ayudó.

Williams Alarcón, que no era tenido en cuenta por Claudio Ubeda, tampoco fue una solución. Santiago Ascacibar, relegado en la formación de gala, no rindió. El más destacado, dentro de la mediocridad, fue Kevin Zenón. Al menos, intentó al arco de Carlos Arce.

El “9” brilla por su ausencia

“Estamos con el presidente buscando un '9' por el tema de (Adam) Bareiro, veremos qué sucede con él, pero esta derrota no solo fue por un '9', fallamos en otras cosas que no incumben tener o no un delantero; en tres jugadas nos hicieron tres goles, tuvimos la pelota y no hicimos daño, y en el segundo tiempo, no inquietamos”, admitió Arruabarrena.

La salida de Edison Cavani, con rescisión de contrato anticipada, y la baja de Bareiro, que primero sufrió un doble desgarro y ahora tiene una lesión parecida a la del uruguayo en la zona lumbar, generaron un agujero ofensivo. Milton Giménez, más allá de que se desgarró en el muslo derecho, no es prioridad. Y ante Riestra, pareció un mensaje arrancar con Alan Velasco de centrodelantero. En el segundo tiempo, fue reemplazado por Angel Romero, que tampoco es referencia. Nada funcionó.

En ese sentido, Juan Román Riquelme negocia con Tigre por el pase de David Romero. El correntino de 23 años, que pasó por Talleres y Unión La Calera de Chile, hizo 11 goles en 19 partidos de esta temporada.

Que no haya jugado contra Nacional en Montevideo ni con Estudiantes de Río Cuarto es todo un testimonio de que se irá más pronto que tarde. Lo reconoció el propio Diego Dabove. “Tanto el Rulo como Nacho (Russo), que son las dos posibles salidas que están en la mesa, seguramente serán reemplazados por jugadores en esa posición”, dijo el entrenador del Matador.

Eso sí, Boca tiene competidores, ya que Romero está en el radar de Sevilla y Parma, además de Arabia Saudita. Podría entrar en la operación Jabes Saralagui. Arruabarrena ya le dijo a Riquelme que pretende quedarse con Camilo Rey Domenech, volante que seduce en Victoria.

¿Faltó garra?

Arruabarrena tocó una fibra que siempre inquieta al jugador. “No tuvimos esas ganas e ímpetu de ir a buscar un gol y eso es lo que más me preocupa”, dijo el entrenador. La actitud no se negocia, claro. Y que el técnico haya dicho que faltó tiene que movilizar al plantel. “Me preocupa que no sepamos levantarnos de esta derrota”, insistió.

“Sería una estupidez no levantarnos y que nos haga más daño del que debería. Quedó la sensación de que íbamos a jugar sesenta minutos más y no íbamos a inquietarlos. Entiendo que los tres palos del primer tiempo pueden perjudicar en la moral y confianza, pero somos Boca y tenemos que generar más”. Después, agregó que “el responsable de esta derrota soy yo”. Una frase con la que solo buscó ponerse delante de las críticas, pero no matizó la floja prestación de sus futbolistas.