La primera chaqueta verde de Rory McIlroy se hizo desear mucho. La segunda llegó muy rápido. Este domingo, casi doce meses después de haber conquistado por primera vez el Masters de Augusta en su 17ª participación en el torneo para completar el Grand Slam tras once años de espera, el norirlandés volvió a gritar campeón en el coqueto campo de las azaleas y las magnolias y celebró un logro que le aseguró un lugar en los libros grandes del golf. Es que el nacido hace 36 años en Holywood, un pueblo del área metropolitana de Belfast, se convirtió en apenas el cuarto jugador de la historia en coronarse en el primer Major del calendario en dos temporadas consecutivas y se unió al exclusivo club que integraban Jack Nicklaus, Nick Faldo y Tiger Woods.

“Ufff...”, resopló McIlroy, con los ojos húmedos, cuando le preguntaron que tan especial había sido esta victoria, que lo dejó en compañía de esos tres extraordinarios golfistas.

“No puedo creer que esperé 17 años para tener un saco verde y ahora gané dos seguidos. Es increíble. Creo que toda mi perseverancia en este torneo a lo largo de los años ha empezado a dar frutos. Fue un fin de semana duro. Hice mi mejor trabajo el jueves y el viernes. Pero estoy muy feliz de haber aguantado y haber podido completar el trabajo”, agregó.

El norirlandés, que firmó una tarjeta de 71 golpes (uno bajo el par de la cancha) en la ronda final, se impuso con 276 (-12), uno menos que el estadounidense Scottie Scheffler y con dos de ventaja sobre el inglés Tyrell Hatton y Justin Rose y los locales Russell Henley y Cameron Young.

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“Se sintió parecido al año pasado”, reconoció, recordando lo que había vivido en la edición 2025 del Masters, en la que parecía que la conquista sería sencilla, pero tras sumar un bogey en el último hoyo luego de pasar por un bunker, necesitó un play-off con Rose para quedarse con el título.

Ayer también hubo sufrimiento, aunque no tanto drama.

McIlroy había llegado al fin de semana con una ventaja de seis golpes, nunca vista después de los 36 primeros hoyos. Pero la distancia se esfumó cuando completó la tercera jornada con un golpe sobre el par. Y Young, con un recorrido impecable de -7, lo alcanzó en lo más alto.

En el arranque de la ronda final, Rose fue el gran protagonista. Con cinco birdies y un bogey en los primeros nueve hoyos, superó en la tabla a McIlroy y Young. Y aprovechando a la perfección las insólitas condiciones de sequedad en el Augusta National, mandaba con -12 cuando aún le faltaban la segunda mitad del recorrido.

El norirlandés, en tanto, no comenzó bien y sumó tres birdies pero también un bogey (en el par 3 del hoyo 6) y un doble bogey (en el cuarto) para encarar el tramo final con el par en la ronda. Pero tomó el control definitivo con un golpe audaz sobre Rae’s Creek a 7 pies para birdie en el par 3 del hoyo 12. Y luego pegó un drive de 350 yardas en el par 5 del 13 que preparó otro birdie para ponerse tres golpes arriba.

The 2026 Masters champion: Rory McIlroy. #themasters pic.twitter.com/spy7DnWXas

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“Estuve mirando de reojo la tabla durante toda la jornada. Sentí que lo necesitaba después del mal comienzo. Necesitaba saber adónde estaba. Después del hoyo seis me dije, sé que tengo que recuperar el par de la cancha en la ronda. Y también pensé ‘Bueno, si llego a catorce bajo par sería suficiente para ganar el torneo’. No llegué a catorce, pero me alcanzó. Por suerte, hubo algunos jugadores que arremetieron, pero nada como Justin el año pasado. Hubo algo de buen juego de mi parte y, afortunadamente, algunos no vinieron por mí en esta edición”, recordó un rato después.

“Llegar al último tee sabiendo que tenía una ventaja de dos golpes fue lindo. Una tranquilidad sentir que tenía ese colchón”, agregó quien guardó un poco de drama para el final.

Es que un drive descontrolado en el 18, que terminó más cerca del fairway del 10, reavivó los fantasmas del pasado y amenazó con hacerlo trabajar de más. Pero Rory reaccionó bien a la presión. Conservó la sangre fría para sortear el búnker y meter la pelota en el green, regalándose dos putt para sellar la victoria.

En el primero, para el par, la pelota pasó rozando el hoyo. Él buscó con la mirada a su familia -sus padres, su mujer y su hija estaban entre la multitud-, sonrió y se agachó en la cancha para esperar por el segundo, mientras Young, su compañero en la jornada del domingo, completaba su recorrido.

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Luego se puso de pie, tomó su palo y, sin apurarse, empujó con seguridad la bola, que recorrió los pocos centímetros que la separan del hoyo y entró. Entonces, apretó los puños y lanzó un grito al cielo. Un grito que no fue de alivio, como había ocurrido en 2025. Esta vez, fue un grito de pura felicidad.

“Quería volver aquí y demostrar que lo del año pasado no fue una casualidad”, afirmó durante la ceremonia de premiación, en la que hasta se animó a un comentario divertido.

“Me sigue quedando bien, lo cual es de agradecer”, bromeó tras calzarse la icónica chaqueta verde que le confeccionaron tras su primera consagración.

Hace un año, su victoria en desempate sobre Rose convirtió a McIlroy en apenas el sexto jugador en completar el Grand Slam de su carrera, después de Nicklaus, dueño de 18 títulos en ese nivel, Woods (14), Ben Hogan (9), Gene Sarazen (7) y el sudafricano Gary Player (9).

The final leader board from the 90th Masters. #themasters pic.twitter.com/bmcO9hA04r

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Vale recordar que el norirlandés, que acumula 30 títulos en el PGA Tour, ya había ganado el Abierto de Estados Unidos en 2011; el Campeonato de la PGA de 2012 y 2014; y Abierto Británico en 2014.

Con su segunda coronación en Augusta, se unió a Woods, Faldo y Nicklaus como los únicos que lograron defender el título en el Masters. Tiger, que conquistó el torneo en cinco oportunidades, ganó de forma consecutiva en 2001 y 2002. El inglés, que levantó el trofeo tres veces, fue bicampeón en 1989 y 1990. Y Nicklaus, el máximo ganador con seis triunfos, fue el primero en hilvanar festejos, en 1965 y 1966.

Con seis “grandes” en sus vitrinas, McIlroy igualó la línea de Faldo, que además del triplete en Augusta ganó tres Abiertos Británicos. Si suma uno más, empatará con Harry Vardon como el europeo con más consagraciones en la categoría más importante del golf mundial.

Hace doce meses, el norirlandés se sacaba una mochila grande de encima y rompía su maldición en Augusta. Este domingo hizo historia en el campo de Georgia. Y recordó: “En Holywood, era un niño pequeño con un sueño. Y algunas personas probablemente pensaron que era extravagante soñar con las cosas que quería hacer”. Él volvió a probar que estaban equivocadas.