Alexander Zverev se convirtió en el primer finalista del US Open. El alemán, número dos del mundo y máximo favorito en Nueva York, derrotó este viernes al ruso Karen Khachanov por 6-3, 7-6 (9-7) y 7-6 (8-6), en dos horas y 56 minutos, y avanzó por tercera vez consecutiva a la definición de un Grand Slam.

El campeón de Roland Garros y finalista de Wimbledon jugará así su quinta definición de un Major -perdió las del US Open 2020, Roland Garros 2024 y Wimbledon 2026, y ganó este año en París- y la tercera de esta temporada. Ahora espera por el ganador de la segunda semifinal, que disputan los estadounidenses Ben Shelton y Frances Tiafoe en el Arthur Ashe Stadium.

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Zverev ratificó que es el tenista más en forma del circuito. Su temporada comenzó con una dura derrota en las semifinales de Australia ante un Carlos Alcaraz acalambrado, pero en Melbourne ya se vio algo de lo que vendría después. Sin sufrir lesiones como Sinner y el español, aprovechó para dar un paso al frente en un año grandioso para él en el que, por ejemplo, pasó a integrar una muy selecta lista de jugadores que alcanzaron las semifinales en los cuatro Grand Slams y que integran Rod Laver, Tony Roche, Ivan Lendl, Roger Federer, Rafael Nadal, Novak Djokovic, Andy Murray y Sinner.

En la previa, Khachanov -que en Flushing Meadows cortó una serie de 29 Grand Slams consecutivos desde Wimbledon 2018 en los que siempre fue preclasificado- imponía respeto porque había llegado al partido como el semifinalista que menos games había cedido en el torneo: apenas 59 contra los nada menos que 80 de su adversario.

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Aún así Zverev se impuso en sets corridos. Se llevó el primer parcial imponiendo su juego con el revés cruzado y evitando el drive de su rival y los otros dos los ganó en el tie break. Los dos desempates estuvieron llenos de drama e incluso en el segundo Khachanov tuvo dos set points para llevar el partido al menos a un cuarto capítulo.

Pero como tantas veces en su carrera falló en esos momentos importantes y Zverev aprovechó para imponerse, alzar los brazos, sonreír frente a su box y empezar a pensar en la final en la que, además de quien se pare enfrente suyo, deberá jugar contra un público que ansía tener a un compatriota campeón de un Grand Slam por primera vez desde 2002, justamente cuando Andy Roddick se impuso en el cemento de Flsuhing Meadows.

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