El tackle es una de las acciones que tienen la capacidad de sintetizar un aspecto fundamental del rugby. Detener al rival que lleva la pelota, impedir que avance y recuperar la posesión forman parte de la esencia del juego. Principalmente desde la profesionalización del deporte y especialmente en el último siglo, las restricciones reglamentarias convirtieron a algunas de estas en acciones peligrosas, con castigos concretos. No todas las formas de derribar al adversario están permitidas.
Con el objetivo de reducir el riesgo de lesiones graves, World Rugby resolvió reforzar las restricciones sobre dos técnicas defensivas: el hip drop y el knee drop. Aunque ambas se producen durante un tackle, responden a movimientos diferentes y tienen distintos alcances reglamentarios. Cuando comience el tramo final del Nations Championship los árbitros estarán más celosos en la disputa y habrá posibilidad de más penales durante el juego si los jugadores no se adaptan a las medidas.
El último caso sin sanción -entra en vigencia el 1 de noviembre- fue el del australiano Rob Valetini durante el partido contra Nueva Zelanda del 10 de octubre en Eden Park, cuando en el segundo tiempo, el tercera línea de los Wallabies intentó detener al win de los All Blacks y para lograrlo llegó desde atrás y dejó caer su peso sobre las piernas del neozelandés, que debió abandonar el campo.
Antes, el 5 de octubre, entró en vigencia la prohibición al tackle de rodillas, el knee drop, los árbitros deberán estar más atentos a la posición de los pies sobre el terreno a la hora del contacto, ya que si el jugador que intenta el derribo toma a su adversario con una o las dos rodillas apoyadas, será penal. La observación estará puesta en el instante previo al contacto: si el jugador deja caer una rodilla para iniciar el tackle, también puede ser sancionado.
El otro tackle que perderá su legalidad desde el 1 de noviembre es el hip drop. Los defensores no tendrán permitido sujetar al portador de la pelota desde el costado o de atrás y, durante el derribo, dejar caer la cadera y el peso de su cuerpo sobre las piernas del rival. Si ocurre, también será penal ya que así quedó expresado como Ley 9.13, referida al juego peligroso.
La identificación de estas infracciones dependerá de la secuencia completa y no solamente de la posición final de los jugadores. Una fotografía puede mostrar a un defensor encima de un rival que ya está en el suelo, pero no necesariamente permite establecer si hubo una caída de cadera o si el tackle comenzó con una rodilla apoyada. Para determinarlo, es necesario observar el movimiento anterior y posterior al contacto.
World Rugby adoptó las medidas después de analizar estas técnicas y sus riesgos para la integridad física de los jugadores. La federación considera que los hip drop pueden provocar lesiones graves en las piernas y que los knee drop representan un riesgo creciente para ambos jugadores involucrados.
Los Pumas más tackleadores
En lo que va del Nations Championship, Julián Montoya está en el podio de los máximos tackleadores del campeonato entre los seleccionados del Sur. Con 49 realizados en tres partidos, está segundo con uno menos que Ben Gunter, el tailandés que juega en el seleccionado de Japón.
Julián Montoya. Foto: AP / Gustavo Garello
Las estadísticas del Rugby Championship de 2025 vuelven a tener al capitán de Los Pumas entre los de mayor contacto, con 57, una cifra muy por debajo de los 97 que le contaron a Marcos Kremer. En esa lista sigue Pedro Rubiolo con 60. Por volumen de tackles, acaso son los que más deberán cuidarse, pero cada jugador que defienda, deberá tener el mismo rigor, pero también la técnica adecuada.
No solo Los Pumas: los máximos tackleadores del certamen -italianos Ross Vintcent y Michele Lamaro, el galés Jac Morgan, el inglés Alex Coles y el irlandés Jack Conan- deberán poner el mismo interés por no conceder penales a sus rivales.
El peligro de cada tackle prohibido
Determinar un hip drop implicará, al menos al comienzo, de varias revisiones vía TMO. La clave está en la mecánica del movimiento ya que no alcanza con la imagen del tackleador en el suelo ni el portador derribado sobre sus miembros inferiores. Para identificar la acción hay que observar cómo se desarrolla la acción: el defensor sujeta al rival, gira o atraviesa su posición y deja caer su peso sobre las piernas del jugador que lleva la pelota cuando lo lleva al suelo.
El riesgo está en la carga que reciben las extremidades inferiores, que pueden quedar atrapadas entre el cuerpo del tackleador y el suelo. Esa combinación puede provocar lesiones importantes en rodillas, tobillos y otras estructuras de las piernas.
En tanto, en el knee drop el gesto es diferente y más fácil de describir porque se visualiza cuando el defensor deja caer una o ambas rodillas al suelo antes de iniciar el tackle. Desde esa posición, intenta detener al portador de la pelota. La preocupación de World Rugby es doble ya que por un lado al bajar rápidamente la cabeza y el cuerpo, el tackleador puede quedar expuesto a un choque con las rodillas del rival.
Pero además, el portador puede impactar contra un defensor que ya está anclado al suelo, una situación que también puede alterar la dinámica de la caída y provocar que alguno de los jugadores termine volteado o en una posición peligrosa.
La directriz publicada por la federación internacional recuerda que un jugador que está en el suelo, sin la pelota y en juego abierto, no puede tacklear ni intentar hacerlo. Por eso, la medida refuerza la aplicación reglamentaria existente y pide a los árbitros que identifiquen y sancionen estas acciones.
Hay una distinción importante. Si un defensor hace contacto con el suelo al mismo tiempo que completa un tackle, ese gesto no constituye automáticamente una infracción. La directriz aclara que el contacto simultáneo no se considera juego sucio siempre que la acción no sea peligrosa. Lo que se busca evitar es que el jugador se deje caer deliberadamente sobre una o ambas rodillas antes de iniciar el tackle.
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