“El de arriba no quiso abrirme la puerta y me mandó de vuelta”, dice Roque Raúl Alfaro a los 70 años, luego de superar un cáncer de estómago, otro de colon y una trombosis pulmonar que no lo mandó para el otro lado de milagro.
Entró al quirófano con 74 kilos y salió con 57. Campeón local, de América y del mundo con River y figura de un Newell’s que hizo historia consagrándose con un plantel completo surgido de las inferiores, dueño de una memoria impresionante, repasa una vida con anécdotas de todo tipo y color, desde la infancia sin padre en su Nogoyá natal, a las enseñanzas que le dejaron Jorge Bernardo Griffa y José Yudica, de los regalos de Miguel Rodríguez Orejuela del cartel de Cali a las gallinas que le tiraron en la Bombonera el día que dieron “la vuelta olímpica más rápida de la historia”, de cómo era el Lionel Scaloni que conoció en la sexta de Newell’s a cómo se comportaba un pequeño Messi cuando compartía equipo con su hijo Roque en las infantiles leprosas.
Una catarata de vivencias en formato de 100 preguntas, repasadas con entusiasmo y una sonrisa que acompaña cada recuerdo y que son una marca distintiva en su modo de afrontar la vida.
Foto: Eric Bovetti / prensa Newell’s.
1. -¿Quién es Roque Raúl Alfaro?
-Me defino con lo que la gente dice de mí en una profesión bastante agresiva. Me llega mucho el mensaje de que soy una buena persona y es lo que me enorgullece, más allá de lo que habré dado como futbolista. Son los principios que me dejó mi sagrada y querida madre.
2. -Definite como jugador.
-El 3 de noviembre de 2003 jugué un partido en la celebración de los 100 años de Newell’s. Tenía 47 años, me había retirado hacía más de 10 y, cuando terminamos, mi hijo Roque me abrazó y me dijo: “Papá, ¡qué bien jugás!”. Fue una definición que alegró mi alma. Fui un volante ofensivo de toda la cancha, el Piojo Yudica decía: “Al único 10 que le tengo que pedir que no corra tanto es a Alfaro”. Los 10 de mi época no eran de correr. Mi lema era “cuando se da un pase para iniciar una jugada hay que ir a terminarla”. En un momento era el cuarto goleador en la historia de Newell’s, después me pasaron Maxi Rodríguez y Scocco, pero siempre siendo mediocampista. José María Muñoz me definió como “la hormiga” porque andaba por todos lados. En River dejé de ser un jugador de creación para ser colaborador del Tolo por izquierda, tuve que hacer el esfuerzo de cambiar mi manera de jugar para poder entrar en el equipo.
3. -¿Cómo te definís como DT?
-No tenía la suficiente autoridad para una primera división, era demasiado bondadoso, no me gustaba chocar con los jugadores. Creo que era un buen docente y servía para trabajar en divisiones inferiores.
4. -¿Cómo te recibieron los 70 años?
-Los recibí en una de las hermosas casas que me dio el fútbol, en el restaurante Glorias de River. El 14 de agosto había una celebración a varios ex futbolistas y a la medianoche apareció una tortita y me cantaron el feliz cumpleaños. Tuve el placer de conocer en persona a jugadores que admiraba de pibe y escuchaba por la radio en Nogoyá, mi ciudad, como Daniel Onega, Perico Pérez (el arquero), el Pato Fillol, Mostaza Merlo y Pedro González. A la 1 de la mañana me pegué la vuelta a Rosario manejando, feliz de haber compartido ese momento con unos cuantos de los muchachos del 86 con los que ganamos todo en River.
Celebración en el restaurante Glorias de River el 14/8/2026: con sus excompañeros de River Morresi, Montenegro, Perrone, Goyco y Gordillo.
5. -¿Y en cuanto a la salud, cómo te tratan los 70?
-Atravesé situaciones muy difíciles entre 2019 y 2020, y una vez que salí, pensé: “Ojalá llegue a los 70”. Y aquí estoy. Mi oncóloga me dijo que la enfermedad podría reaparecer en cualquier momento y que me cuidara mucho. Eso hago, por respeto a la vida y a los allegados que estuvieron a mi lado en mi momento crítico.
6. -¿Estás trabajando?
-Apenas salí del quirófano tras la segunda operación, me llamó Enzo (Francescoli) y me dijo: “Curate, traeme el alta médica y desde ese momento volvés a River. No sé de qué pero vas a trabajar acá”. Y cumplió. Estuve un par de años en captación y dejé en 2025 porque mi salud no me permite estar en un campo de juego, se me llena de aire lo que me quedó de estómago y necesito descansar inmediatamente. Tuve una reunión con Stéfano Di Carlo y me dieron una beca vitalicia, así que seré un agradecido eterno a River. Ya lo era antes, y más todavía ahora. Tití Di Carlo, el abuelo de Stéfano, era el vicepresidente de Santilli en mi época y me adoraba. Venía los sábados a la noche a la concentración con Hugo y en un momento me agarraba del brazo y me preguntaba: “¿Cómo están los muchachos?”. No sé si me veía muy responsable o era por el afecto, pero me preguntaba a mí. No había manera de que estuviéramos mal con ese grupo increíble.
7. -¿Qué enfermedad tuviste?
-Cáncer de estómago y de colon, me operaron y me sacaron la mitad del intestino, y a los tres días sufrí una trombosis pulmonar que casi me lleva para el otro lado. Me volvieron a meter al quirófano un miércoles a las 9 de la noche y lo siguiente que recuerdo es que el sábado al mediodía aparecí lleno de cables y sondas. Mis hijos me cuentan que el médico les dijo: “Recen para que su papá esté con ustedes después de esta”. Entré con 74 kilos al sanatorio y salí con 57, no podía ni caminar.
8. -¿Cómo estás hoy?
-Tengo la bolsita de la ileostomía, evacúo por ahí. Ya es mi compañera de ruta para el resto de mi vida… pero estoy acostumbrado. Hoy peso 63 kilos, no subo más porque es lo que mi medio estómago me permite recibir. Si me paso en un par de bocados, me duelen los intestinos. Cuando voy a los asados, como un pedacito y me traigo el resto a casa. A los lugares que voy saben que me tienen que preparar un tupper (risas). Igual me doy mis gustos. “Podés hacer todo pero medido”, me dice el médico. El cerdo me encanta pero sé que no me hace bien, entonces como un pedazo chiquito, puedo tomar un vaso de vino pero no una botella. Todo eso lo respeto y lo cuido mucho.
9. -Se te nota de buen humor pese a las dificultades.
-Lo más importante en mi enfermedad fue mi estado de ánimo, es determinante, me lo dijeron los médicos. Cuando me dijeron lo que tenía, asumí la enfermedad y supe que le iba a ganar. En el sanatorio me levantaba siempre con una sonrisa, y en la recuperación también. El de arriba no quiso abrirme la puerta y me mandó de vuelta. Lo increíble de todo es que jamás en mi vida estuve enfermo de nada hasta ese 5 de mayo de 2019 en que entré a boxes.
10. -¿Qué es Nogoyá para vos?
-El lugar donde nací y crecí hasta los 17 años, cuando vine a Rosario para jugar a Newell’s. Mi mami se me fue en el 2019, tengo dos de mis hermanos viviendo en Nogoyá todavía, así que voy a visitarlos cada tanto. Soy el más chico de cinco hermanos, y teniendo yo 7 años nos fuimos a vivir a lo de mis abuelos, lo dejamos solo a mi padre en su casa porque la maltrataba a mi mamá, tenía problemas de alcohol. Nunca más quise saber nada de él. Siendo yo ya un jugador conocido vino a buscarme a Rosario y no lo quise atender. Fue despreciable lo que hizo en todo sentido. No derramé ni una lágrima cuando se murió, la verdad.
Con su querida madre Dora. Se crio sin padre en una familia de cinco hermanos. Roque es el menor.
11. -¿Cómo se arreglaron para superar ese momento?
-En lo de mis abuelos maternos también vivían unas tías y entre todos nos ayudaron. Fue muy importante una fábrica de materiales y mosaicos llamada Giannecchini Hermanos, que les dieron trabajo a mis hermanos. Nos ayudaron a superar la pobreza, no solo con el trabajo, si no también con colchones, camas y comida. Yo fui cadete en Giannecchini, iba en bici repartiendo los resúmenes de cuenta o atendía en el negocio, mientras estudiaba en el colegio marista.
12. -¿Dónde empezaste a jugar?
-En los potreros, cerca de casa, los sábados a la 1.30 ya estábamos en el campito. Después fui al club 9 de julio, que participaba en la liga de Nogoyá. Tenía 11 años y jugaba en quinta división, con chicos que tenían entre 12 y 15 años, y salí goleador, dando mucha ventaja con la edad. El club tenía una camiseta roja y negra, igual a la de Newell’s. Fue todo un indicio. Por eso cuando me compró Newell’s me pagó con un juego de camisetas, que le servía a 9 de julio, y un par de botines para cada chico, además de la recaudación de un partido de Reserva que se jugó en Nogoyá, y al que fueron, entre otros, Gallego, Giusti y Bielsa. Yo terminé jugando un tiempo para cada uno. Nunca me pusieron trabas para irme, al contrario, me llevaron a Rosario, estuvieron conmigo en la prueba, querían que fuera jugador de fútbol.
13. -¿Bielsa era medio tronco?
-Bastante duro, sí, duro de cintura (risas) y enérgico con sus decisiones, y con su juego. Yo estaba en la Cuarta especial de Newell’s y Marcelo, que es un año mayor, lo hacía en la Cuarta local. A nosotros nos dirigía Griffa, los bailes que le pegábamos eran tremendos. Bielsa no tiene el apodo de loco puesto en vano, eh, siempre fue así. También con una honestidad y dedicación total al trabajo.
Primera local de Newell’s. Desde la izquierda, arriba: Bielsa, Colacray, Grazziotin, Bigolin, Civarelli y Mellado. Abajo: Montes, Capitano, Tota Rodríguez, Alfaro y Cicapolli.
14. -¿Cómo te vieron de Newell’s?
-En el 73 vinimos a jugar a Rosario una Copa llamada “Canal 3 rumbo al 78” de 32 equipos, la mayoría de localidades cercanas a Rosario y dos eran de Entre Ríos, entre ellos el colegio marista de Nogoyá. Jugamos contra Olimpia de Santa Teresa, le ganamos 4-0 y yo metí los 4 goles, aunque era volante por derecha. Me vio el Vasco Juan Urriolabeitía, que era el DT de Newell’s, y parece que dijo: “A ese chico hay que traerlo mañana”. Seguí metiendo goles y terminamos terceros entre los 32 equipos, y al poco tiempo me tomaron una prueba en la cancha de Newell’s. Me acuerdo que entré al vestuario y se acercó Oscar Antonio Coullery, jugador de Primera de Newell’s y a quien considero el mejor amigo que me dio el fútbol, y me dijo: “¿Vos sos el entrerrianito que estábamos esperando? Bueno, vos te cambiás acá al lado mío”. Uff, fuerte, estaba Marito Zanabria y todos los monstruos ahí en el vestuario.
15. -¿Estabas vos solo para la prueba o eran varios?
-Ese día me probaron a mí solo. Griffa era el coordinador general, creo que jugué 15 minutos, no más, y me sacaron. Me puse mal. “Vine especialmente de Nogoyá, jugué muy poquito”, casi que le supliqué a Griffa. “Quédese tranquilo, para mí es suficiente, usted va a venir conmigo a fin de año si quiere jugar en Newell’s”, me dijo. Te lo cuento ahora y se me caen las lágrimas de la emoción. “No queremos que nadie más lo vea”, me dijo también, por eso me habían sacado. Esto fue el 18 de septiembre de 1973; el 3 de diciembre volví a Rosario para entrenar: Griffa quería que nos conociéramos los que el año siguiente íbamos a sumarnos a las inferiores y compartir pensión en el club. Me quedé 12 días y el 21 de enero de 1974 ya me vine definitivamente a Newell’s.
16. -¿De qué equipo eras hincha de pibe y quién era tu ídolo?
-Mi mamá era de San Lorenzo, mis hermanos también, y yo me hice de River, no recuerdo por qué. Admiraba al Beto Alonso, lo escuchaba por radio. Ya con 10 años no me perdía nunca La Oral Deportiva con José María Muñoz, para mí era sagrado escucharla de 7 a 9 de la noche.
17. -Si te pregunto hoy de quién sos hincha.
-De Newell’s. El 21 de enero de 1974, en nuestro primer día en el club, Griffa se paró en el medio de la cancha, con todos los nuevos alrededor, y dijo dos frases que me marcaron para siempre. “El fútbol es una posibilidad, el estudio es una obligación”, fue la primera. “Enfrente tenemos a nuestro tradicional rival, nosotros solo tenemos que amar los colores que defendemos”, fue la otra. A partir de ahí me involucré definitivamente como hincha de Newell’s. River fue muy grande en mi vida, y ni hablar por el gesto que tuvo ahora, pero soy hincha de Newell’s.
18. -¿Qué eran “Los gladiadores de Griffa”?
-La Cuarta especial que dirigía el Maestro. Ahí estábamos con el Gringo Giusti y el Tolo Gallego, cada tanto se agregaba Valdano, que si bien ya era de la Primera, a veces no jugaba. Siempre con un libro bajo el brazo, Jorge, ya en esa época (risas). El apodo nos lo puso Mario Zanabria, porque nosotros salíamos de abajo de la tribuna, veníamos caminando por la platea y se sentía el ruido de los tapones. Griffa exigía que nos vendáramos, nos pusiéramos canilleras y medias altas, como si fuésemos profesionales. Lo que le costaba a la Primera ganarnos; Griffa terminaba enojado con Juan Carlos Montes, el técnico de la Primera, porque al final siempre inventaba un penal para que ganaran ellos. “Canción, siempre nos cobrás un penal en contra”, le reclamaba Griffa a Montes. “Dejá, que tengo que ganar”, le respondía. Unos años después, Montes haría debutar a Maradona en Argentinos.
19. -Apodo de pibe.
-Zanabria me puso Gaucho, por ser del campo. En Nogoyá me decían de pibe “Poca Cola”, porque cuando remontaba barriletes gritaba que tenían poca cola y después derivó en Coca Cola, porque era chiquito como la botellita de vidrio de Coca (risas).
20. -¿De qué entrenador aprendiste más en tu carrera?
-De Jorge Bernardo Griffa, sin ningún tipo de duda. Tuvimos la suerte de encontrarnos a un hombre que venía con una gran experiencia de Europa y con una enorme preparación. Nos marcó con enseñanzas como las que comenté del primer día que arrancamos hasta otras futbolísticas, nos explicaba los distintos tipos de golpeos de la pelota y cuando utilizarlos en cada caso, entre otras tantas.
Se formó en Newell’s y tuvo dos etapas en el club (1975-80 y 1987-90): jugó 287 partidos (10° en la historia) y metió 73 goles (6° goleador histórico).
21. -¿Por qué duraste tan poco en el Panathinaikos de Grecia?
-El responsable de mi ida a Grecia fue Juan Ramón Rocha, que había sido compañero mío en Newell’s, y estaba en Panathinaikos. El cupo era de solo dos extranjeros, y también compraron a un rumano y a Luis Andreucchi, campeón con Quilmes. A mí me llevaron como descendiente de griegos, era Raúl Yarroqué Alfaro Bistakis, mis padres inventados eran de Creta. Salí de Argentina con pasaporte argentino y llegué a Grecia con pasaporte griego, un tipo que le había hecho el mismo trámite a Rocha me lo hizo a mí. En un momento empezaron a investigar, descubrieron lo de Rocha y entonces el presidente del club, Vardis Vardinogiannis, un multimillonario que tenía 40 barcos petroleros y hablaba siete idiomas, me dijo: “Tenemos problemas con Rocha, no me gustaría tenerlos con usted, le pido por favor que se vuelva a su país, yo no le voy a cortar su carrera”.
22. -¡Qué locura todo eso! ¿Qué hiciste?
-Volví a Rosario, por supuesto, había estado solo seis meses en Grecia. Me cedieron a préstamo a Newell’s y en julio del 81 me vino a buscar el América de Cali porque Coco Pascuttini me recomendó con Gabriel Ochoa Uribe, el entrenador. Ochoa Uribe quería llevar a Carlos López o a Bochini y Coco, que me conocía de haberme enfrentado con Central, le dijo: “Llévese a Alfaro que es mejor”. El América me compró por 250 mil dólares.
23. -A aquel América de Cali lo manejaba Miguel Rodríguez Orejuela, capo del cartel de Cali, ¿cómo te movías ahí?
-Nunca vi cosas raras, la verdad, porque estuve ahí hasta el 83 y el quilombo de los carteles empezó en el 85 cuando apareció Pablo Escobar en Medellín. A Miguel lo conocí y lo traté y tenía una vida normal, o al menos lo anormal nosotros nunca lo vimos. Se comentaban algunas cosas, pero él iba a la cancha y a la sede del club con total normalidad. No puedo dar detalles de nada raro porque no los tengo y jamás estuve preocupado por querer saber.
24. -Supongo que tenías un contrato muy bueno.
-No, no, en el América ganaba lo mismo que gané en River en los años siguientes: 40 mil dólares de prima por año y un sueldo de 500 dólares. Todos cobrábamos el mismo sueldo, y si ganábamos un partido importante, Miguel mandaba un premio extra de 200 o 300 dólares a cada uno, no era una barbaridad, aunque para el colombiano era un platal. Antes de esos partidos importantes alguno de los referentes aparecía por el vestuario y decía: “Habló Miguel”. Y cuando decían eso es porque ofrecía un premio extra. Miguel tenía una gran rivalidad con el presidente de Millonarios, eran compadres, y se jugaban 300 mil o 400 mil dólares en un partido.
Con la camiseta del América de Cali, junto al Patón Bauza, de Junior de Barranquilla.
25. -Alguna buena anécdota con Miguel seguro tenés.
-Con Miguel cumplimos años el mismo día, 15 de agosto. Los cumples se festejaban en el club. Fuimos y había una cajita chiquita y un cajón gigante. Abren la chiquita y dicen: “Acá está la torta de Don Roque Raúl”, porque me decían así. “Y acá está la de Don Miguel”, y ahí sacan una torta inmensa. Bueno, ese día me acerqué y le dije: “Don Miguel, me gustaría conocer la ciudad, pero estoy sin auto, no tengo manera”. Me contestó: “Venga mañana a casa que algo le voy a ofrecer”. Fui solo, en taxi. Era una mansión impresionante, me llevó al garaje y me dijo: “Elija lo que quiera”. No te puedo explicar, estaban todas las chatitas, Mercedes, BMW, todas, una al lado de la otra. Yo elegí un Renault 12. “¿De verdad quiere ese auto?”, me preguntó. “Sí, así ando tranquilo, si no me van a robar”, le respondí. “Bueno, si me saca campeón se lo regalo”, me dijo. Y ese año, el 82, la rompí toda, creo que hice como 30 goles y ganamos los tres campeonatos.
26. -¿Quién te pidió para River?
-Luis Cubilla. Lo había tenido como técnico en Newell’s en 1980 y en ese momento dirigía a Nacional de Medellín. En el último partido de 1983, nos enfrentamos y pasé a saludarlo por el banco. “Roque, hay muchas posibilidades de que Santilli sea presidente de River y me habló para que sea el entrenador, ¿usted quiere venir conmigo?”, me dijo, mientras me daba un abrazo. “Ni lo dude”, le contesté al instante, y me di media vuelta para jugar el partido.
27. -Arrancaron y a los seis meses casi salen campeones, perdieron la final del Nacional con el Ferro de Griguol.
-Sí, pero éramos un rejuntado, jugadores que veníamos cada uno de un lugar distinto, se armó el equipo como se pudo, y llegamos a la final sin merecerlo. Yo jugaba con la 10 como wing derecho, Enzo de 8 y el Negro Enrique de 9. Cuando se fue Luis, agarraron Pedernera, Pando y Vairo como interinos y salimos de gira por Europa. Estando en Valencia, Pedernera me llamó a la habitación. “Le voy a pedir un favor: usted va a jugar en River pero sáquese ya mismo esa camiseta 10 y no se la ponga más, porque el dueño de la camiseta 10 está ahí”, me dijo, y me señaló al Beto. Ahí nomás agarré la 7 y cuando vino la Araña Amuchástegui pasé a usar la 11 y no me la saqué más.
28. -Esa 10 pesaba una tonelada…
-Claaaaro. El Beto era suplente al comienzo, así que en cuanto yo erraba un pase escuchaba los silbidos y el “Aloooonso, Aloooonso”. Eso me llevó tres meses volver llorando a mi casa, la San Martín me repudiaba bastante, pero también tenía orgullo y me dije: “A River vine a jugar, y como sea voy a jugar”. Me doy ese valor de haberla peleado, sabía que las condiciones las tenía. Con la 10 en River fracasé, lo admito, pero luego conseguí sobreponerme. Me dio pena no poder responderle a Cubilla, que fue el que me había llevado al club.
Junto al Beto Alonso, a quien admiraba en la infancia escuchándolo por la radio.
29. -En ese interinato se fue armando el equipo que terminó ganando todo con el Bambino.
-Exacto. El Bambino le dio su toque final: a mí me puso de volante por izquierda, al Negro Enrique por la derecha, el Tolo de 5, la dupla Enzo-Morresi que fue letal y la Araña como wing derecho, que en 10 minutos te enloquecía. Por ahí se dormía un rato largo la Araña, pero se despertaba y hacía un quilombo infernal. En el equipo que ganó el campeonato 85/86, Alonso era suplente.
30. -¿Qué recordás de Pedernera, además de ese pedido clave?
-Fue un placer haberlo conocido, uno de los grandes referentes del fútbol argentino como jugador y como formador. Una persona adorable, venía a saludarte todos los días, muy respetuoso y muy querido.
31. -Salieron campeones contra Vélez faltando seis fechas y un par de semanas después dieron la vuelta olímpica en la Bombonera. ¿Sintieron presiones para no darla?
-Santilli estuvo toda la semana inquieto porque del gobierno le pedían que no diéramos la vuelta para evitar la violencia. El plantel se juntó en el inicio de la semana, el Beto dijo “Yo la vuelta la doy o la doy”, y todos estuvimos de acuerdo. “Pero después tenemos que ganarles, eh”, nos dijimos. Ese era el compromiso también. Ese grupo fue único, se hablaba todo entre todos. Terminamos dando la vuelta olímpica más rápida de la historia (risas). Nos tiraban piedras, botellas, lo que había a mano. Ojo: en Boca pensaban que no íbamos a darla, porque nosotros no habíamos dicho nada. Quedamos en salir corriendo rápido desde el vestuario y no ir muy pegado a las tribunas para que no nos alcanzaran con los proyectiles.
32. -Lo más curioso que les tiraron.
-Una gallina. Dos gallinas, en realidad. Me las tiraron cuando fui a patear un corner. Y desde la popular, eh, de unos 15 o 20 metros. La gallina se paró, me miró, se sacudió y arrancó, como si me dijera: “Esperá que yo también voy a cabecear”, ja, ja. En uno de esos córners, aparece la pelota naranja. Yo estaba por patearlo con la pelota normal y un chico me pasó la naranja, porque había muchos papelitos y la otra no se veía bien, y tiré el córner con esa. Y duró hasta el final del primer tiempo, con la pelota naranja se habrán jugado 15 o 20 minutos, no más, pasa que en ese intervalo el Beto metió el 1-0 y quedó el recuerdo para la historia.
33. -El centro para ese gol fue tuyo, ¿le apuntaste o tiraste al tuntún?
-No, no, le apunté. Esto viene de la época de Cubilla en que yo era encargado de la pelota parada. Luis me decía que había tres lugares a donde el arquero no llegaba: primer palo, punto de penal y segundo palo. Más si la pelota va saliendo. Yo los tiraba al primer palo para el Cabezón (Ruggeri) o al segundo para el Beto. En ese gol hay cuatro actores: la pelota naranja, yo que tiro el centro, el Loco Gatti que sale a destiempo y el Beto que abre los ojos y pone el parietal. Lo cargo al Beto. “De vez en cuando te podrías acordar que te puse la pelota en la cabeza, ¿no?”, le digo, y el Mago se ríe.
Tapa de El Gráfico por el 2-0 en la Bombonera, 1986. Alfaro intenta llevarse al Beto luego del segundo gol.
34. -¿Vos eras el encargado de la pelota parada estando Alonso y Francescoli?
-Para los tiros libres directos estaban el Beto y Enzo, yo estaba para los del costado y para los córners, tanto de izquierda como de derecha.
35. -¿Era bravo el Beto como compañero?
-El Beto las pedía todas, pero era lógico, por su calidad. Una sola vez me puteó porque no le di el pase, me enojé y se lo fui a decir: “La pelota se la pasé a un compañero, no me insultes porque no me gusta”. Cosas de cancha, quedó ahí. El Beto se enojaba y rezongaba pero siempre sentí admiración y respeto por él.
36. -¿Sentían mucha presión por ganar la Libertadores tan esquiva para River?
-Ese grupo estaba recontra convencido, uno de los motivos más importantes para ganar todo fue la fortaleza y la unión grupal. Sabíamos cómo estaba cada uno en su familia, veníamos bien de nuestras casas. El Bambino supo llevarnos muy bien.
37. -¿No hubo amenazas ni situaciones extrañas en Cali, en la final?
-Para nada. El América era un equipo bravísimo, con Cabañas, Willington Ortiz, el paraguayo Battaglia, Falcioni, Ischia, Gareca, pero más allá de eso no se vio nada raro. Ganamos 2-1 y al regresar al hotel Intercontinental de Cali nos metimos a la pileta hasta tarde. Y en un momento nos dicen que Miguel Rodríguez Orejuela pagaba la cena de todo el plantel.
38. -¿Cómo viviste la noche del título?
-El Bambino me reemplazó cuando expulsaron a Montenegro, vi el final desde el banco y faltando unos minutos salí a arengar a los hinchas. Apenas terminó fui a darle un abrazo a Ochoa Uribe, que había sido mi técnico dos años antes en América. Empecé a dar la vuelta y se me sumó un hincha a mi lado, me pidió el buzo y se lo regalé. Era Pablo Codevilla, así que terminé dando la vuelta abrazado con él. El vestuario era todo jolgorio, todo fiesta, y al rato se armó la movida de ir a festejar a Rond Point, enfrente de ATC. Yo me excusé y fui a mi casa, porque habían venido mis hermanos de Nogoyá y no quería fallarles. Lo más loco es cómo hice para llegar a casa.
Con la ansiada Copa Libertadores, ganada por primera vez en 1986.
39. -¿Cómo hiciste?
-Fui caminando (risas). Nosotros estábamos concentrados en el estadio desde hacía un par de días y habíamos ido en taxi, y te imaginás que conseguir un taxi a esa hora y en ese lugar era imposible. Yo vivía en Cabildo e Iberá, a 15 cuadras de la cancha, así que me puse el bolso al hombro y arranqué a caminar. Lo increíble es que caminaba entre la gente, que iba cantando, saltando y festejando el título y hasta el día de hoy estoy esperando que uno me reconozca, ja, ja. Encima iba con el buzo de River, la ropa de concentración, y nadie se dio cuenta, cada uno iba en su mundo.
40. -¿No se enojaron tus compañeros de que no fuiste con ellos?
-El único que me puteó fue el Tolo, que vivía en el mismo edificio que yo. Al otro día me llamó: “Ey, Roque, la concha de tu madre, la Pochi (su mujer) me dijo de todo porque vos te habías vuelto a la medianoche a tu casa y yo no”, ja, ja, teníamos mucha relación con la familia del Tolo.
41. -La Intercontinental fue contra el Steaua de Rumania, un rival desconocido pero que terminó siendo muy duro.
-Un rival desconocido para casi todos, menos para el Bambino, que lo tenía muy bien analizado. Y además el Steaua le había ganado la final de la Copa de Europa al Barcelona. Tenía buenos jugadores, una dinámica distinta, y la pasamos mal, pero la verdad es que con ese River nos sentíamos imbatibles, no había manera de que nos ganaran. Metimos el gol por una avivada del Beto y lo defendimos a muerte. Yo me perdí uno desde el punto del penal, me la tapó el arquero con la pierna.
El equipo campeón del mundo. Arriba: Gordillo, Gallego, Gutiérrez, Pumpido, Ruggeri, Montenegro. Abajo: Alzamendi, Enrique, Funes, Alonso, Alfaro.
42. -Te volvió a sacar el Bambino cerca del final.
-Salí re caliente y cuando se lo recrimé al Bambino, con su sonrisa habitual me contestó: “Es la cábala, Roquecito, la cábala”.
43. -¿Es cierto que les prohibían tomar vino pero tomaban igual, que comían pizza, que se acostaban tarde, que tenían sus “permitidos”?
-Con el Bambino teníamos mucha libertad, al extremo de que los sábados, en la previa de los partidos, nos decía: “Si alguien quiere ir al supermercado con la señora puede ir, a las 8 de la noche las espero”. El entrenamiento del sábado no le interesaba mucho, hacíamos un picado nada más. ¿A veces nos acostábamos a las 2 de la mañana? Sí. ¿Se comía pizza? Sí. Teníamos toda la libertad pero después había que devolver esa libertad en la cancha, y se la devolvíamos ganando todos los partidos.
44. -¿Cómo se festejó esa noche en Japón?
-Volvimos al hotel y la policía no quería que hiciéramos lío, ¿viste cómo son los japoneses, no? Había un policía en el hotel que medía 1m50, el Cabezón lo agarró en los brazos y le bailaban las piernitas en el aire, ja, ja, ¡mirá si no vamos a tomar vino y a festejar! El vino venía en unas caramañolas, teníamos que esperar que trajeran un destapador que no llegaba, entonces Juan (Funes), que tenía el dedo de la mano de la medida del cogote de la botella, empujaba el corcho para abajo y listo, así abrimos los vinos.
45. -Contame algo del Búfalo Funes.
-Juan era una persona muy especial, muy querido, muy alegre y divertido. Llegó después del Mundial de México para jugar la Libertadores y lo aceptamos muy bien porque tenía una humildad tremenda. Lo buen tipo que era, siempre venía contento, y siempre tenía algo para llamar la atención, o caía con el cuchillo de Rambo o con el sachet de leche porque no había desayunado. Y en la cancha no lo podías mover. Y no tenía ningún problema de perfil. En la ida contra el América recibió de Alzamendi, giró para la derecha y definió al primer palo arriba. En la revancha recibió de Enrique, giró para la zurda y la clavó cruzado abajo. Una bestia.
Roque Alfaro levantando la Copa Intercontinental en Tokio, junto a Juan Gilberto Funes.
46. -¿Con quién compartías la habitación?
-Con el Beto. Y mirá lo que me pasó: en Tokio, después de ganarle al Steaua, entré a la habitación para agarrar unas cosas y bajar a festejar con los muchachos y estaba el Beto hablando con su mujer y escucho que le dice: “Eve, gané todo lo que tuve que ganar, este fue mi último partido, no juego más al fútbol”. Fui el primero en enterarme, al mismo tiempo que su mujer. Cortó y fui a darle un abrazo.
47. -¿Santilli era muy duro para negociar?
-Le costaba y tenía sus arrebatos, pero debía agachar la cabeza, si no perdíamos nunca. Ganamos más plata por la Libertadores que los muchachos que unos meses antes habían sido campeones del mundo con la selección: el premio fue de 48 mil dólares por cabeza y en la selección habían sido 42 mil. Por la Intercontinental nos dieron 5 mil de premio y unos días después, en Los Ángeles, otros 3.500 por un amistoso con las Chivas. Hugo a veces se quejaba conmigo, decía que le pedía mucho, en esa época casi no había representantes. “Pero fíjese Hugo que en la foto del campeón siempre estoy, eh”, porque yo jugaba siempre.
48. -¿Hay festejo por los 40 años de la Libertadores?
-El club nos invitó para entregarnos medalla el 26 de octubre, tanto a los campeones de América del 86 como a los del 96. Pero al final la juntada se postergó para noviembre o diciembre. Ojalá se pueda hacer.
49. -¿De River te fuiste por voluntad propia o te empujaron a salir?
-Griguol había traído a Omar Palma y yo había bajado algo el rendimiento. Arrancó con la Copa Interamericana ante Alajuelense. En Costa Rica, en la ida, jugué todo el partido y con buen rendimiento, empatamos 0-0. En el Monumental no entré ni un minuto. Esa noche me llamó el doctor Gallo, presidente de Newell’s, y me preguntó si quería volver a Newell’s. Ni lo dudé, porque vi que no me iban a tener en cuenta en River. Ganamos esa Copa el 16 de agosto y el 17 estaba camino a Rosario para firmar con Newell’s.
50. -En Newell’s la rompiste y saliste campeón esa misma temporada.
-Se dio un hecho nunca repetido ni antes ni después en ninguna liga importante del mundo, al menos que yo conozca: todos los jugadores eran de las inferiores del club. El once titular era Scoponi; Basualdo, Theiler, Pautasso, Sensini; Martino, Llop, Yaya Rossi; Dezotti, Alfaro y Almirón. También entraban Ramos, Balbo, Sialle, Fullana. Todos del club. El Piojo Yudica, el técnico, también era de las inferiores, lo mismo que Roberto Puppo, su ayudante. Y hasta el utilero, Elio Barro, se había formado en la cantera leprosa. Salimos campeones de un torneo largo de 38 fechas tres antes del final y ganándole 6-1 al Independiente de Bochini. Una locura total.
Tapa de El Gráfico: Newell’s campeón 87/88 con Alfaro como figura y goleador.
51. -Fuiste el goleador del equipo.
-Y eso que Yudica me dijo de entrada que iba a ser suplente porque ya tenía el equipo armado. “No se haga problemas, José, solo quiero que usted esté de acuerdo con que integre el plantel, sólo eso”, le respondí. Sentía que tenía armas para ganarme un lugar, y así lo hice, después de tres o cuatro partidos entré al equipo, primero por Almirón, que se había desgarrado, y luego por Víctor Ramos. Jugué los 38 partidos y metí 14 goles, ninguno de penal.
52. -¿Algún partido en especial que recuerdes?
-Ufff, fueron muchísimos. A Boca le metimos 9 goles: 5-1 en la Bombonera y 4-0 en el Parque. En el 5-1 metí tres goles, fue una tarde soñada. En el micro, de regreso, me llamó Hugo Santilli para felicitarme. Recién empezaban los teléfonos celulares. Sigo teniendo el mismo número que en aquel entonces.
Hoy cumple años el enorme Roque Raul Alfaro, el Viejo Maestro como le decia @walterhugogol Fue un extraordinario futbolista y es una grandisima persona que me brinda su amistad. Para vos que sos muy pibe, cosas así inventaba Roque 👇 pic.twitter.com/7ENHQ4UOaR
— Ramiro Cattaneo (@RAMIROCATT) August 15, 2023
53. -Yudica era una persona de pocas pulgas, ¿no?
-José fue un padre para mí, a pesar de tenerlo solo tres años. Para que te des una idea, cuando empecé a trabajar como entrenador intentaba vestirme como él por la admiración que sentía. Si bien era cascarrabias y ponía cara de traste si no nos salían las cosas en los entrenamientos del jueves, necesitaba hablar poco con nosotros, le encantaba cómo jugábamos. Este equipo venía trabajado con el Indio Solari desde hacía dos años.
54. -¿Por qué se terminó tu segundo ciclo en Newell’s?
-Con Bielsa se revolucionó el fútbol de Newell’s, hizo un trabajo distinto al que estábamos acostumbrados, el profe Castelli físicamente era extraordinario pero yo ya tenía 34 años y no estaba para ese recorrido. Cuando empezó a hacer fútbol no me ponía, lo fui a visitar a Marcelo a su casa, nos conocíamos de las inferiores, y le pregunté cuál era mi situación. Me contestó que me quería en el plantel pero no para ser titular. Fue muy sincero. Le expliqué que tenía una oferta de Chile y que quería terminar mi carrera jugando. “Listo, te libero”, me respondió.
55. -O sea que te fuiste bien con Marcelo.
-Sí, muy bien. De hecho, me fui a O’Higgins y al poco tiempo pasé a visitar a mis ex compañeros por Bella Vista, Marcelo me vio, paró el entrenamiento y vino a darme un abrazo. La amistad perdura, aunque casi no nos vemos porque a Marcelo nunca sabés dónde buscarlo (risas).
56. -¿Cuál fue la clave de aquel Newell’s campeón?
-Cuando le hicieron esa pregunta a Yudica contestó: “Newell’s sabe jugar fácil”. A veces eso es lo más difícil, aunque suene extraño. Todos tenían buen pie y llegaban al gol, salvo Scoponi y Basualdo todos metieron goles. El Piojo usó casi siempre los mismos jugadores en un campeonato largo, el equipo era siempre el mismo.
57. -Imagino la felicidad de Griffa por ese título, es el sueño de cualquier coordinador de inferiores.
-Siempre dije que la alegría más grande de todos en ese título la tuvo Griffa, fueron 14 años desde que lo conocí hasta ese campeonato, del 74 al 88, ver coronados a los jugadores que pasamos por sus manos y sus ojos debe haber sido la satisfacción más grande de su vida, tenía además una relación muy estrecha con Yudica y con Puppo. Nos abrazamos todos con Jorge en el vestuario, tenía una alegría impresionante pero siempre mesurado, no estaba cantando al lado nuestro si no parado atrás, disfrutando a su manera.
58. -¿Qué les pasó en la final de la Libertadores 88 que Nacional los pasó por arriba?
-Fue todo muy raro, porque ganamos 1-0 de local, en Uruguay terminó 3-0 y en vez de ir a un tercer partido como se hacía hasta ese momento, se jugaron 30 minutos de alargue como si fuera un tercer partido. Y encima se decidió de un día para el otro, nosotros nos enteramos ahí mismo. El año anterior, Peñarol había sido campeón en un desempate con América de Cali en Chile. Nos re durmieron en todo.
59. -¿En todo?
-En todo, sí, y hasta ahí llego. Además estábamos diezmados, esa es otra realidad, fuimos con Batistuta, Franco y Gamboa que necesitaron la autorización de sus padres para poder viajar a jugar esa final a Uruguay porque eran menores.
60. -¿Puede ser que hayas integrado una selección con todos jugadores de Newell’s?
-En 1976 Menotti le pidió a Griffa si podía representar a la selección argentina con la reserva de Newell’s en un Preolímpico, porque había muchas competencias. Fuimos a Recife, en Brasil, y terminamos terceros, un torneo hermoso, nos quedó un lindo recuerdo. Estuvieron Bielsa, Enzo Bulleri, Colacry, muy loco, hoy lo contás y no lo creen.
61. -¿Te llegaste a ilusionar con estar en un Mundial?
-Estuve cerca en el 86, venía de un gran campeonato en River, pero por mi manera de prodigarme en el campo de juego no terminaba los partidos. La verdad es que muchas veces corría al pedo, al final terminó yendo sobre la hora el Negro Enrique. Me ilusioné un poco pero no tenía categoría para ir a un Mundial. En el 87 jugué el Preolímpico de Bolivia que nos clasificó a los Juegos de Seúl 88 y a mitad de año Bilardo me convocó para la Copa América.
Fue compañero de Maradona en la selección, Copa América 87, y generó un lindo vínculo con él.
62. -Generaste un lindo vínculo con Maradona.
-Antes de la Copa América del 87 jugamos un amistoso contra Italia en Zurich, de golpe sonó el teléfono en mi habitación y era Diego. “Alfarito, venite a mi cuarto”, me dijo. Fui, agarró dos fotos, me preguntó cómo se llamaban mis hijas y me las dedicó. Se dio así, luego compartimos la Copa América y quedó una linda relación, me invitó a su casamiento. Jamás adulé a Diego, pero lo quise mucho y lo respeté por su trayectoria. Fue un tipo que protegió al futbolista siempre, cuando se enteraba que alguien no cobraba, iba y le reclamaba a Agremiados para que nos defendiera.
63. -Lo reencontraste en un Newell’s-Gimnasia, cuando Diego era DT del Lobo.
-Sí, sí, lo fui a saludar y me dijo: “¡Qué bien te veo, Alfarito!”, y yo por dentro decía: “¡si supieras cómo estoy!”. Había salido del hospital hacía dos meses, no me podía mover, tenía la cara más blanca que mi auto, terrible. Me dolió mucho el final de Diego, se notaba cómo lo usaban y maltrataban.
64. -Te retiraste en O’Higgins en 1992 muy querido por la gente.
-Fui por seis meses y terminé jugando dos años y medio. Al terminar la primera temporada me hicieron un partido despedida, volví a Rosario y a los tres días tenía a los dirigentes de O’Higgins pidiéndome que siguiera un tiempo más, que eso les reclamaba la gente. Volví a jugar todo el 92 y tuve el privilegio de que me dirigiera Manuel Pellegrini, un extraordinario entrenador y brillante persona. La verdad es que me invitan todo el tiempo a Rancagua, el club y la gente me tienen muy en cuenta. Imposible que me olvide de O’Higgins, me brindan mucho cariño.
65. -Ahí te pusieron el apodo de Brujo.
-Exacto, porque fui a reemplazar a Sergio Merlini, también argentino, al que le decían Mago. Y porque metí dos golazos de mitad de cancha, los dos a la Católica, uno en Apoquindo y otro en el estadio Nacional. Por primera vez a un mismo jugador le dieron el premio al mejor y al segundo mejor gol de la temporada.
Primero fue a Marco Cornez en San Carlos de Apoquindo y después al Pato Toledo en el Nacional. En 1990, Roque Alfaro le anotó a Universidad Católica casi de idéntica manera y en menos de dos meses pic.twitter.com/nyKSKBOoMW
— Despliegue Fútbol (@DespliegueFutCL) April 12, 2024
66. -¿Por qué cayó tanto Newell’s en los últimos años, cuando siempre fue una fábrica impresionante de sacar jugadores?
-Eduardo López fue el gran responsable. Cuando llegó a la presidencia del club le dijo a Griffa que no le interesaba su proyecto, que él solo quería vender un jugador del club por año en un millón de dólares, entonces se desmantelaron las inferiores y Griffa se fue a Boca. Desde entonces no hubo personas en inferiores que estuvieran a su altura, no hubo una que tuviera la humildad de ir a hablar con Jorge, pasaron muchas personas, hasta llevaron a un entrenador de rugby como coordinador de inferiores, imaginate.
67. -Central le sacó mucha ventaja a Newells en estos años.
-Ya te digo, pasa mucho por la explicación sobre las inferiores. Antes, los equipos de Buenos Aires venían a ver cómo se trabajaba en las inferiores de Newell’s, éramos un modelo, la cantidad de jugadores de nivel internacional que salieron fue impresionante. Todo eso se perdió con la ida de Griffa. Eso no solo sirvió para que los de enfrente nos sacaran ventaja si no para que otros clubes como Vélez y tantos más replicaran nuestro trabajo.
68. -Dijiste “los de enfrente”, ¿no lo nombrás a Central adrede?
-No lo nombro, no, porque yo aprendí que el de enfrente es el tradicional rival. Amo lo colores con los que me crié, el rojo y negro.
69. -¿Cómo tomaste que le regalaran a Central un título el año pasado?
-Los campeonatos hay que ganarlos dentro del campo de juego y no en un escritorio. Claro que me da bronca.
70. -¿Cuándo y dónde empezaste tu carrera como entrenador?
-Mi último partido lo jugué el 26 de diciembre de 1992, le ganamos 1-0 a la Católica en su cancha, volví a Rosario a pasar fin de año y el 5 de enero a la noche sonó el teléfono y era Griffa para preguntarme si tenía interés en trabajar en las divisiones inferiores de Newell’s. Fue el mejor regalo de Reyes que recibí en mi vida.
71. -Supongo que habrán pasado un montón de chicos por tus manos que después llegaron a la Primera.
-Trabajé tres años, 1992, 93 y 94, ahí ganó López las elecciones, se fue Griffa y por supuesto yo me fui también. En esos tres años vi crecer a un montón de jóvenes que luego tuvieron una gran trayectoria: Scaloni, Samuel, Heinze, Manso, los hermanos Crosa, Lucas Bernardi…
72. -¿En qué categoría dirigiste a Scaloni?
-Cuando yo agarré, Newell’s no competía en AFA si no en la liga rosarina. Eran bravísimos esos torneos porque eras Newell’s y todos te querían ganar. Me dieron la sexta división, era la categoría 77. Un día se acerca Griffa y me dijo que había un chico un año menor, de la 78, que tenía problemas con el entrenador y no quería volver más al club, si lo podía sumar a la 77. Le contesté que sí, por supuesto. Era Lionel Scaloni, al que puse de volante por izquierda, con Bernardi por derecha y el Negro Carlos Fretes de cinco.
Lionel Scaloni, en cueros, y con una larga melena enrulada, abajo a la izquierda. Arriba, con gorrito, Alfaro.
73. -¿Scaloni se destacaba?
-Fue titular dando un año de ventaja, en una etapa de la vida en la que se nota físicamente la diferencia. Lionel era muy potente, podía soportar sin problemas el esfuerzo físico aún jugando con chicos un año mayores. Aquel equipo terminó siendo campeón invicto en la rosarina: Agundez al arco; Rodas, Carapas, el Chino Bodnar y Toro Espinoza en el fondo; Bernardi, Fretes, Scaloni; Bottero, Alianello y Armendariz. Equipazo.
74.- ¿Cómo era ese Scaloni?
-Era la cara opuesta de lo que ves ahora, ja, ja, lo veo tan ubicado y serio ahora que no lo puedo creer. Lionel era atorrante, hinchapelotas en la cancha, discutía y se peleaba con los rivales y con el árbitro, era rezongón, tenía mucha autoridad, no se dejaba llevar por delante. Era divertido y se llevaba muy bien con los compañeros. Tenía el pelo largo, melenudo. Jugaba bien, aparte, por algo Griffa me pidió que le hiciera un lugar con la 77. Solo puedo decir cosas lindas de él. Sus padres siempre fueron muy agradables, aunque Chiche era bravo también, de esos que están al pie del cañón.
75. -¿Mantenés contacto con él?
-A Leo le mandé un mensaje hace 2 o 3 años y me contestó enseguida. Yo lo quiero mucho, a él y a Samuel también. Los tuve poco tiempo a ambos pero considero que aporté un granito de arena en sus carreras, al menos para darles continuidad al año siguiente y que no tuvieran que abandonar por quedar libres. Me puse muy contentos por los dos, también por Pablo (Aimar) a quien tuve en River pero no me gusta cargosear, entonces cada tanto les mando saludos por algún conocido y listo. Lo mismo me pasa con Leo Ponzio y el Pichi Escudero, a los que conozco de Newell’s, me pone muy feliz que estén dirigiendo a River.
Otra imagen de Lionel Scaloni en las inferiores de Newell’s: parado, el cuarto desde la izquierda, con cabellera abundante.
76. -¿Qué otro chico de las inferiores de Newell’s te llamó la atención especialmente?
-Al Gringo Heinze lo hice entrar. También era 78, como Scaloni, vino a probarse de Crespo, un pueblo que está a 40 kilómetros de Nogoyá. Me impresionó y le dije a Griffa: “Es interesante este gringuito, es agresivo físicamente, me gustaría que lo vea, Jorge”. Y Griffa me respondió: “Si a vos te gusta, dejalo”. Jorge creía mucho en mí. Y ahí entró Heinze a Newell’s, le fuimos mejorando su técnica y terminó siendo un crack. Después, con los años, trabajé con Hernán, el hermano, en Cultural de Crespo, el club que tienen en su pueblo.
77. -También trabajaste en las inferiores de River.
-En la Reserva de River trabajé, y estaba en contacto con los técnicos de inferiores y con el Tolo. Él me llevó cuando agarró a comienzos del 2000. Estuve un año y medio, hasta que lo echaron a mediados de 2001.
78. -¿A qué jugadores recordás especialmente?
-A Demichelis y a Falcao, por dos motivos distintos. Demichelis jugaba de 5 en la Reserva y yo veía que tenía muy buena técnica pero era algo pesado en sus desplazamientos y le iba a costar. Le pedí permiso al Tolo y lo mandé de defensor central. No le iban a hacer contrato a fin de año, y recuerdo que fui a buscar a Mario Israel y le pedí que invirtieran un año más en él, que valía la pena, que como defensor central tenía futuro. Gracias a Dios me hizo caso y al poco tiempo debutó y terminó siendo vendido al Bayern Munich como un excelente defensor central y luego hizo una gran campaña en Europa. Demichelis siempre fue muy agradecido conmigo por eso, lo mismo Jorge Cyterszpiler, su representante.
79. -¿Y Falcao?
-Bajó directamente del avión y en vez de irse al hotel a descansar apareció en la práctica, en Villa Martelli. “Radamel, yo tengo una buena relación con su papá, a pesar de que me cagaba a patadas”, le dije al saludarlo, porque el padre había sido el 2 de Independiente Santa Fe cuando yo jugué en América de Cali. Radamel tenía 15 años recién cumplidos, yo trabajaba con la Reserva con chicos de 18 o 19 años, estaban Guille Pereyra, D’Alessandro, Cavenaghi, lo puse en un picado a dos toques, en un momento tiré la pelota para arriba y del montón de jugadores Falcao la bajó con la punta del botín y la durmió. Todos se miraron sorprendidos. Al mes jugó un partido amistoso en San Nicolás y metió 2 o 3 goles, la rompió y le dije al Tolo: “Este chico es extraordinario”.
Entrevistado por un joven Marcelo Tinelli como futbolista de River.
80. -¿Sos capaz de nombrar de corrido todos los clubes en los que trabajaste como DT o ayudante?
-Ufff, no sé, seguro me olvidaré alguno: O’Higgins, Independiente de Chañar Ladeado 97, Platense con Picerni y Martino, Reserva de River, ayudante del Tolo en Independiente. A partir de 2003 me separé del Tolo y trabajé solo: Olmedo de Riobamba en segunda y en Primera luego de ascenderlo, San Martín de San Juan, Platense de Honduras, Juventud Antoniana de Salta, Macará de Riobamba, muchos equipos en el interior del país y en varios ciclos, entre ellos Talleres de Perico, Total Chalaco en Perú, Alianza Atlético Sullana en el norte de Perú, Guastatoya de Guatemala, Chorrillo de Panamá, Cultural Crespo hasta 2019 que me enfermé y después en captación de River hasta el año pasado.
81. -¿Cuál fue tu mejor ciclo?
-Platense de Honduras, en 2006. Fue la primera vez que salí a un lugar desconocido y conseguimos un muy buen rendimiento y resultados. Ahí descubrí detrás de un árbol, literal, a Carlos Costly Molina, en una prueba de jugadores. Tenía vergüenza, lo probé, lo puse de titular y fue el goleador del torneo, terminó siendo un símbolo del fútbol hondureño. Otro al que hice debutar fue Agustín Palavecino, en 2015, en Platense. Ya estando en River, una vez me mandó su camiseta.
82. -¿Por qué dirigiste en esos lugares exóticos de segundo o tercer nivel?
-Porque nunca tuve representantes, a mí me recomendaban mis amigos y me conseguían trabajos de corto plazo, por lo general para reemplazar a alguien al que le iba mal. Y como te contesté al principio: nunca tuve una autoridad suficiente, esa maldad o determinación para dirigir en Primera División un equipo fuerte, eso siento.
83. -¿A qué te referís puntualmente?
-Lo comprobé en mi primera experiencia. Cuando nos fuimos de Newell’s con Griffa, enseguida salió la chance de dirigir a O’Higgins y allí fui. Me amparé en los futbolistas, creí en ellos, tuvieron algunos problemas de conducta, lo charlamos y cuando en un momento difícil pensé que iban a patear a mi favor, no lo hicieron, no les importó, y ahí empecé a darme cuenta de que era demasiado bueno para dirigir en Primera.
84. -¿Por qué decidiste ser ayudante de Gallego?
-Por la amistad que cultivamos desde que compartimos la Cuarta especial de Newell’s. Le salió dirigir a River en el 2000, así que encima volvía al club que me había dado tanto, yo estaba recontra feliz. El Flaco Pitarch fue su ayudante de campo y yo trabajaba en la Reserva, pero con mucho contacto con él. River te da todo y te saca todo, es un mundo muy especial.
Con Nelson Gutiérrez, Ruggeri, Gallego y Goycochea, de gira con River.
85. -En Independiente, como ayudante del Tolo, se recuerda mucho la escena en que lo querés calmar en el festejo del gol de Pusineri a Boca.
-Ja, ja, fue tremendo ese día, se nos estaba escapando el campeonato después de haber tenido pasajes brillantes de juego y de haber sido primeros todo el torneo. Boca nos alcanzaba con ese triunfo y en la última fecha ellos eran locales y llegó el empate de Pusineri al final y el Tolo saltó re caliente a contestarle a los hinchas de atrás del banco que lo rezongaban todo el tiempo. Y yo saltaba delante de él para que la gente no lo viera, quería protegerlo.
86. -Querías tapar el sol con la mano…
-Sí, sí, el Tolo era grandote y yo peso pluma, ¡cómo iba a tapar esa boquita, además! (risas). Por suerte llegó ese gol de cabeza de Pusineri, en la última fecha le ganamos 3-0 a San Lorenzo en su estadio y fuimos campeones. Me parece increíble que ese haya sido el último título local de Independiente. ¡Pasaron 24 años!
87. -¿Vas a la cancha actualmente?
-Llevaba cinco años sin ir, no me gusta ver un partido enojado, para eso prefiero quedarme en casa. Estuve triste este tiempo, molesto por la situación del club y ahora veo que con la conducción de Nacho Boero se está saliendo del pozo, que empiezan a aparecer los chicos de las inferiores, que otra vez con mucho esfuerzo el club está volviendo a caminar.
88. -Hoy la impaciencia del hincha tampoco ayuda.
-Las cosas han cambiado mucho, el hincha está cada vez más impaciente, es cierto, y en ese entorno es muy difícil para el jugador de cualquier club. Igual, lamentablemente han venido a Newell’s una cantidad enorme de jugadores en los últimos años a los que pareciera que les daba lo mismo jugar el clásico que cualquier otro partido. Faltó pertenencia, la cantidad de jugadores mediocres que trajo Newell’s en los últimos 5 o 10 años es increíble y la mayoría se fue sin pena ni gloria.
89. -Llevabas cinco años sin ir a la cancha, decías, y volviste hace un par de semanas.
-Invitaron a varios ex jugadores para hacernos un reconocimiento, y seguirán con otros en los próximos partidos. Estuvimos con Julio Zamora, Pablo Pérez, Bernardi, Maxi Rodríguez y Mateo. Nos hicieron una camiseta homenaje, la firmamos y se sortearán el 3 de noviembre, día del aniversario del club, para juntar fondos, es una pequeña ayuda. Pasé un momento muy muy grato, sinceramente, por el cariño de la gente.
Roque Alfaro, homenajeado en el Parque hace unos semanas, junto a Julio Zamora, Maxi Rodríguez y Diego Mateo.
90. -¿Cuántos hijos y nietos tenés y de qué equipos son hinchas?
-Tengo tres hijos y siete nietos. Mis hijas Andrea (48), Virgina (46) y Roque (38), todos de Newell’s, obviamente, no tenían opción. Los nietos: Joaquín (25), Eva (22), Jere (17), Milo (12), Malena (12) y Dante (9), todos de Newell’s, solo tengo una nieta, Branca (16), que es de River.
Roque, Andrea y Virgina, sus tres hijos, todos hinchas de Newell’s. Roque trabaja en las inferiores de la Lepra.
91. -¿Tu esposa?
-A Liliana la sacás envuelta de la bandera de Newell’s, ja, ja.
92. -¿Era de la barra?
-No, no, es una manera de decir, pero iba a la cancha siempre. Nos pusimos de novios en el 76. Antes había una relación mucho más cercana entre los jugadores y los hinchas, iban al estadio a ver la práctica desde la platea y al terminar hablaban con total naturalidad con uno. Así nos conocimos y seguimos juntos hasta el día de hoy.
93. -¿Tu hijo Roque intentó ser futbolista?
-Roque nació el 31 de marzo de 1988, el 21 de mayo fuimos campeones goleando 6-1 a Independiente y el 4 de junio en la última fecha le ganamos 2-0 a River en el Parque. Después, dimos la vuelta olímpica más organizada y Roque salió en mis brazos, con dos meses de vida. No había manera de que no fuera hincha de Newell’s. Hizo las inferiores hasta la Cuarta, y ahí tuvo que dejar el club, porque llegó López, nos fuimos con Griffa y López no quería saber nada con los históricos del club.
94. -¿De qué jugaba?
-Volante por izquierda, zurdo, de gran pegada, técnicamente muy bueno, pero le faltó también la decisión que hay que tener para ser jugador de fútbol: si llueve o hace mucho calor o hace mucho frío hay que ir igual a entrenar, y él rezongaba mucho. De Newell’s fue a Colón, luego a una segunda de México, volvió a Argentino de Rosario y terminó jugando en el campo. Lo más increíble es con quién llegó a jugar en infantiles.
95. -¿Con Messi?
-Exacto. Roque es categoría 88 y Lionel una más grande, 87. La categoría de Messi jugaba antes que la de Roque en cancha chica, así que yo iba temprano al predio de Malvinas porque daban muchas ganas de ver jugar a ese nene. Y en un momento, cuando pasaron a cancha de 11 tuvieron que juntar ambas categorías, así que Roque llegó a compartir equipo con Messi.
Roque Alfaro, el primero desde la izquierda, agachado. Dos lugares al costado, Lionel Messi, con la pelota.
96. -¿Ya era muy notoria la diferencia que marcaba Messi de chiquito?
-Olvidate, lo que hizo en toda su carrera como profesional ya lo hacía de chiquito, la diferencia con el resto era abismal. Cuando a él se le antojaba que el equipo ganara, se dedicaba a meter uno o dos goles y después repartía goles a sus compañeros, los dejaba solos para que la metieran ellos, ya se notaba su generosidad, además de la brillantez.
97. -¿Roque se dedica al fútbol?
-Hace 4 años trabaja en las inferiores de Newell’s, dirige la 2016, la más chica de AFA. Lo paso a buscar todos los días por el trabajo que tiene por las mañanas y lo llevo al predio de Bella Vista y aprovechamos para charlar. Me encanta que pueda trabajar en Newell’s.
98. -¿Cómo estás económicamente?
-Ahí ando, con lo justo, gracias a River que me dio una beca vitalicia puedo arreglarme, porque la verdad es que no estoy para trabajar. De mi época de jugador no me quedó nada, lo poco que tenía ahorrado me lo llevó Eduardo Bermúdez y hasta el día de hoy jamás me lo devolvió. Ponelo bien claro: Eduardo Ángel Bermúdez, que fue jugador, entrenador, representante y presidente de Newells me robó la plata que tenía ahorrada. Tengo un documento que anda paseando por Tribunales desde hace más de 30 años.
99. -Vuelvo al comienzo, a tu enfermedad, ¿tuviste miedo de morirte en algún momento?
-La verdad que no, desde el primer día en que me internaron hasta hoy les digo a los médicos: “Hagan lo que tienen que hacer, yo descanso con ustedes”. A los médicos siempre los esperé con una sonrisa, nunca les puse cara fea, si Dios decidía llevarme es porque quería tenerme al lado de él. Por ahora no quiso.
100. -¿Te dejó alguna enseñanza todo esto, cambiaste algo en tu manera de vivir?
-Nunca pensé que iba a superar algo así, la verdad, porque yo estaba más muerto que vivo, según decían los médicos, y lo superé con alegría, con cuidado, siempre cumplí al pie de la letra todo lo que me han pedido. Es respetar al facultativo. Yo quiero vivir.
No es un espantapájaros, es Roque Raúl Alfaro, leyenda de Newell’s y muy querido en River. Foto: Eric Bovetti / prensa Newell’s.
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