El deporte en Estados Unidos tiene estadísticas para todo, y en la MLS llegan constantemente, en medio de los partidos, a través de la transmisión cinematográfica que lleva adelante AppleTV. Sin embargo, hay un número que no lo podría calcular ninguno de los miles de empleados que trabajan en la firma de la manzanita creada por Steve Jobs: el miedo, el terror, el pánico, de que le pase algo a Lionel Messi, la estrella absoluta del Inter Miami, que empató 1-1 con New England Revolution.
A casi 50 días del debut de la Selección contra Argelia en el Mundial, lo que hasta hace poco era el placer de sentarse a disfrutar 90 minutos con el mejor futbolista de la historia, la lluvia de lesiones y molestias físicas que empiezan a aparecer en Europa encendió una alarma en los millones de fanáticos del fútbol que sueñan ver al 10 vestido de albiceleste. En esa lista está Lionel Scaloni pero también Gianni Infantino.
El que parece no sentir nada es Messi. Leo juega con el ritmo de siempre, o con el mismo que sostiene desde que decidió cruzar el Atlántico para abrazar a David Beckham y calzarse la ya famosa camiseta rosa. El crack rosarino camina, la pide, recibe, acelera, en un loop constante que se termina recién cuando el árbitro marca el final. Contra los de Boston tuvo que exigirse un poco más porque Guillermo Hoyos, el DT argentino que hace un par de semanas reemplazó a Javier Mascherano, decidió poner de titular a Luis Suárez, otro que transita su otoño profesional.
Messi es un imán para todos, el público y sus compañeros. Foto: AP Photo / Chris Arjoon.
En un torneo que se parece al argentino, porque los equipos suman puntos para clasificar a los playoffs y se pueden permitir lagunas, el Inter Miami recibió a los Revolution con otro objetivo: ganar por primera vez en el Nu Stadium, su nuevo estadio, inaugurado a principios de abril y donde había cosechado dos empates tan decepcionantes que sentenciaron el adiós del Jefecito.
Marchó Masche y llegó Hoyos, que en sus dos primeras presentaciones se trajo dos triunfos en cuestión de días, el primero en la aridez de Denver y el segundo en el frío de Salt Lake. Pero de regreso a la pegajosa Miami volvió a caer en sus vicios: desorden defensivo y poca efectividad en ataque. Rodrigo De Paul parece jugar solo en el mediocampo, dejando una imagen que le juega en contra para sus aspiraciones de ser titular en el Mundial. Y Messi, un imán para sus compañeros, es el único que intenta e intenta, de zurda y hasta de derecha.
La visita, donde ingresó el ex Boca, Luca Langoni, pegó primero con su número 10, el español Carles Gil, que definió a lo Messi para abrir el marcador. Un rato después De Paul metió un lindo pase para Suárez, que sacó un derechazo y el cordobés de Villa María, Germán Berterame, llegó a empujar para el empate.
Al Inter le anularon un gol por offside que no pareció pero el VAR brilló por su ausencia. Nadie cantó en contra del Chiqui Tapia. Fue 1-1 y final, a pesar de que los de rosa tenían un 59,7 por ciento de expectativa de triunfo, esto último como para recordar que los números no siempre mandan en este deporte. En realidad hay un número que sí lo hace: a Messi le quedan cinco partidos con su club antes del ir en busca de la cuarta estrella.
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