Tal vez la actual sea la Champions League más maravillosa de toda la historia. Hace algunos años, Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, alentó la creación de una Superliga por afuera de la UEFA en la que compitieran solo los mejores 10 o 20 equipos de Europa. El mandamás del elenco español entendía que el fútbol estaba perdiendo atractivo, que el espectáculo era cada vez más aburrido y que las audiencias se escapaban. Rápidamente consiguió la adhesión de varios clubes como Barcelona, Manchester City, Manchester United, Liverpool, Chelsea, Arsenal, Tottenham, Inter, Milan y Juventus, entre otros. La UEFA, entonces, entró en estado de alerta y se propuso hacer algo para que los jóvenes volvieran a sentirse atraídos por el fútbol, además de advertir a las instituciones sobre posibles sanciones si el proyecto de Pérez properaba. Y la vuelta de rosca que le encontraron a la Champions (un nuevo formato con más partidos y una instancia de playoffs) fue un éxito rotundo. Para muestra, alcanza con observar (y disfrutar) la semifinal de ida que disputaron París Saint Germain y Bayern Múnich en el Parque de los Príncipes: en un encuentro épico, los locales se impusieron 5-4.

Los datos se amontonan. Jamás una semifinal de ida había tenido tantos goles en la historia como la de este martes. Los parisinos y los alemanes llegaron al choque como los más goleadores del torneo, con 38 festejos. Ahora, con 43 gritos, los dirigidos por Luis Enrique están a dos goles de igualar el récord de 45 tantos que firmó el Barcelona en la temporada 1999/2000. Y lo curioso: los comandados por Vincent Kompany quedaron a tres celebraciones de alcanzar esa marca.

No existe una única razón para explicar por qué los partidos son tan buenos y con tantos goles en la Champions League. Lo primero para destacar es la ambición de los entrenadores, que ponen en cancha a muchos futbolistas de características ofensivas y a muy pocos defensivos. ¡Hasta los laterales atacan más de lo que defienden! Otra cuestión es la enorme calidad de los jugadores: en el Parque de los Príncipes patearon 10 veces al arco y anotaron 9 goles.

Aplausos para Luis Enrique: el campeón quiere meterse en la final. Foto: EFE / EPA / YOAN VALAT.

Arrancaron mejor los alemanes y, a los 17 minutos, Harry Kane puso el 1-0 de penal después de una gran jugada individual del colombiano Luis Díaz. Pero un pase largo al espacio fue lo que le solucionó los problemas al local: Khvicha Kvaratskhelia le ganó con facilidad la espalda a Josip Stanisic e igualó con un derechazo cruzado. João Neves, de cabeza, puso en ventaja a los parisinos y Michael Olise volvió a empatar con un potente zurdazo. Era ataque por ataque y gol por gol. Sobre el final de la etapa inicial, a Alphonso Davies le cobraron una polémica mano dentro del área y Ousmane Dembelé anotó el 3-2 de penal.

En el complemento, el PSG se puso a hacer lo que mejor le sale: contragolpear. Kvaratskhelia y Dembelé demostraron por qué son dos de los mejores extremos del mundo y pusieron el marcador 5-2 con dos golazos. La diferencia era demasiado abultada para lo que había sido el trámite del duelo. Por eso, se hizo justicia cuando Upamecano y Luis Díaz completaron el 5-4. El tanto del colombiano fue un golazo: la paró dentro del área, se tomó un segundo para enganchar y dejar parado a Marquinhos, y la colgó del ángulo.

Harry Kane jugó bárbaro y marcó de penal. Foto: EFE / EPA / YOAN VALAT.

Ya con el resultado consumado, las redes sociales terminaron por darle la razón a Florentino Pérez, el mandamás merengue que buscaba un fútbol más atractivo para los jóvenes: las primeras diez tendencias en X (ex Twitter) en Argentina fueron sobre la Champions. Bayern, Champions, Olise, Luis Díaz, Luis Enrique, PSG, Harry Kane, Davies, Kvaratskhelia y Dembélé eran las menciones. Algo similar ocurrió con las tendencias globales.

No podían defraudar PSG y Bayern Múnich, y regalaron una semifinal para la historia. La buena noticia es que habrá revancha la semana que viene en Alemania. Y las casas de apuestas deportivas deben tener una sola certeza: el 0-0 es el resultado menos probable de todos.