Del impulso del Superclásico y ese arranque avasallador en la Libertadores, Boca pasó a ser carne de los interrogantes. Como tantas veces sucedió durante el ciclo de Juan Román Riquelme como presidente, el equipo transmuta de la felicidad a la frustración en cuestión de instantes. Se vive en los extremos y lo que parecía cosa juzgada -una vuelta olímpica a finales de mayo, la clasificación a los octavos de final de la Copa y la continuidad de Claudio Úbeda-, ahora es una incertidumbre.

La única certeza es que Boca no podrá ser campeón del Torneo Apertura 2026 después de la derrota ante Huracán, el sábado en la Bombonera. Y desde hoy hasta el 28 de mayo, serán 17 días clave en los que tendrá dos duelos decisivos ante Cruzeiro y Universidad Católica. Será en su cancha, aunque hoy no garantiza un plus. La mística de ese estadio que late, de acuerdo al dicho popular, parece estar socavada por las últimas cuatro eliminaciones en apenas un año: cayó en el repechaje contra Alianza Lima por la Libertadores, en los cuartos de final del Torneo Apertura 2025 contra Independiente, en las semifinales del Torneo Clausura 2025 frente a Racing y en los octavos ante el Globo.

Úbeda eligió mirar el vaso medio lleno, muy a pesar de la derrota que lo interpela. "Lo que hay que hacer es levantar cabeza lo más rápido posible. Entramos al vestuario y fue lo primero que empezamos a decir. Tenemos una competencia importantísima por delante y motivos suficientes como para saber que tenemos que levantar la cabeza ya mismo, ni siquiera mañana. Hoy mismo tenemos que levantar la cabeza y entender que vamos por dos partidos que son dos finales para nosotros, contra Cruzeiro y contra Católica. Estoy seguro de que el equipo lo va a hacer bien, porque yo creo que hoy, no quiero hablar de injusticias porque no convertimos los goles ante las posibilidades que tuvimos, pero sí tuvimos un dominio casi absoluto del partido con prácticamente casi ninguna opción clara de gol del rival, más allá de los dos penales y el gol, obviamente. Entonces, eso es lo que nos deja con tristeza”, enfatizó.

Foto: Juano Tesone

Después del triunfo ante River en el Monumental con el gol de Leandro Paredes de penal, todo era un camino de rosas. La racha se extendió a 14 partidos sin derrotas con la goleada (4 a 0) frente a Defensa y Justicia en Florencio Varela. En ese momento, jueves 23 de abril, Boca era el líder de la Zona A.

Sin embargo, en apenas dos semanas, el panorama se modificó bruscamente. Ganó uno de los últimos cuatro encuentros que disputó. Fueron dos derrotas en la Libertadores, nada menos, y la eliminación del certamen doméstico. Solo venció a Central Córdoba (2 a 1) en Santiago del Estero, un resultado que no cambió su posición en la fase regular. Los tropiezos en Belo Horizonte y Guayaquil (ambos por 1 a 0) lo están dejando en el tercer lugar del Grupo D. Es decir, afuera de la Copa y el sueño de la séptima que persigue hace 19 años, en la zona consuelo que ofrece la Sudamericana.

Foto: Juano Tesone

Los vaivenes de los resultados, lógicamente, obedecen a los detalles. Hubo fallas groseras que conspiraron contra el equipo. Distracciones, en definitiva, que generan goles en contra. Una marca que toma tarde Ayrton Costa contra Cruzeiro; una pelota que pierde Tomás Aranda frente a Barcelona de Ecuador y los tres horrores ante Huracán: Leandro Brey y Milton Delgado que se equivocan en la salida y los penales que comete Lautaro Di Lollo.

En el funcionamiento colectivo, a pesar de estas cuestiones, Boca mejoró. De hecho, Hernán Galíndez fue la gran figura del sábado. A ese nivel sostenido durante un mes y medio se aferra Úbeda. "El partido lo perdimos nosotros, pero no tengo nada para reprocharle a los jugadores. Hicieron un esfuerzo tremendo en 120 minutos de un partido intenso para nosotros y las situaciones las creamos. Tenemos que focalizar en tratar de terminar mejor las jugadas y poder convertir", dijo el entrenador.

Hay dos puntos flojos: el arquero no da seguridad. La baja de Agustín Marchesín, una rotura de ligamentos en la rodilla derecha que lo dejará fuera de carrera hasta 2027, se presentó como una gran oportunidad para Leandro Brey. Le hicieron 6 goles en los últimos 4 partidos. Adelante, Miguel Merentiel viene errático. Más allá de los 5 gritos que pegó en el Torneo Apertura, marcó en la Libertadores. Y ese es un gran problema . Sobre todo porque Adam Bareiro, que venía con el pie caliente, se desgarró el aductor derecho en el inicio del partido contra Huracán. De este modo, no estará disponible ante Cruzeiro, el martes 19 ni frente a Universidad Católica, el jueves 28.

Merentiel viene errático. Foto: AP

En este contexto, Boca se juega la temporada, por más que después del Mundial haya un nuevo campeonato. Úbeda lo tiene claro, ya que su contrato termina el 30 de junio. Pero Riquelme, por más que ahora no despliegue su magia sobre el césped, no es ajeno a los golpes que sufre el equipo. Sabe que el año que viene hay elecciones, que tiene una denuncia por administración fraudulenta en la Justicia federal y que en la derrota, la presión lo agobia. A fin de cuentas, desde que asumió como presidente se jugaron 10 torneos, entre locales e internacionales, y no ganó ninguno. Hace tres años y tres meses que Boca no se puede bordar la 72ª estrella. Y eso dice mucho de su gestión.