La situación de Exequiel Zeballos se convirtió en uno de los temas más sensibles en Boca Juniors en este 2026. Con un contrato que vence en diciembre y sin avances concretos en la renovación, el futuro del Changuito empieza a definirse en un escenario incómodo para el club: el riesgo real de perder a una de sus principales figuras sin recibir dinero a cambio.
Los tiempos, en ese contexto, juegan en contra. A partir del 1° de julio, el delantero santiagueño quedará habilitado para negociar libremente con cualquier institución, una situación que presiona tanto a la dirigencia como a su entorno. La falta de acuerdo en aspectos clave como la duración del nuevo vínculo y la cláusula de rescisión empantanó las conversaciones y abrió paso a una alternativa que hoy gana fuerza: una venta en el próximo mercado.
El peso futbolístico de Zeballos en el equipo que conduce Claudio Úbeda (hasta su reciente lesión) había reforzado la intención inicial de retenerlo como una pieza central del proyecto. Sin embargo, la falta de definiciones obligó a recalcular. En las oficinas de la Bombonera ya no descartan una transferencia que, si bien estaría por debajo de las pretensiones originales, permitiría evitar un desenlace aún más perjudicial.
En ese sentido, el interés desde Europa no tardó en aparecer. El CSKA Moscú fue uno de los primeros en moverse, con un sondeo que rondó los 10 millones de dólares, una cifra que meses atrás parecía insuficiente pero que hoy se analiza bajo otra lógica. También sigue de cerca la situación el Napoli, que desde hace tiempo tiene al extremo en carpeta y podría avanzar con una oferta formal en el corto plazo.
Zeballos fue la gran figura de Boca en el último Superclásico disputado en la Bombonera. Foto: Marcelo Carroll.
La postura del jugador también juega su partido. Identificado con Boca y surgido de sus divisiones inferiores, Zeballos mantiene la intención de dejarle un ingreso al club y evitar una salida conflictiva. El buen vínculo entre las partes alimenta la expectativa de alcanzar una solución consensuada, aunque el margen de maniobra se achica con el correr de las semanas.
Por eso, las próximas horas aparecen como decisivas. Con Juan Román Riquelme al frente de la conducción futbolística, Boca deberá definir si apuesta a una última negociación contrarreloj o si acepta una oferta que le permita capitalizar a una de sus joyas antes de que quede en libertad de acción.
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