Lali, Eli y Cori.

Cuando Julián Álvarez esté con dolencias, Lautaro Martínez pase por una mala racha o sea imprescindible preservar a Messi para otro compromiso, el entrenador de la selección sabe que, si quiere atacar con tres de punta, no habrá delantera más confiable que la que conforman su madre, su esposa y su hermana.

Eulalia Marzetti, Elisa Montero y Corina Scaloni son las mujeres de Lionel, y cuentan su historia en la biografía oficial del DT campeón del mundo, una rareza absoluta, porque prácticamente no han brindado entrevistas en estos ocho años.

Aquí, dos de los 100 capítulos del libro de 544 páginas escrito por el periodista Diego Borinsky que nos ayudan a conocer el costado más íntimo del hombre que rompió el maleficio con la selección en Qatar y aprendimos a querer millones de argentinos.

Lionel Scaloni. Foto: Archivo

Elisa, la esposa: flor de galán

Primero, la versión de él.

-La conocí en Mallorca, en un restaurante. Teníamos una cena del equipo y ella estaba con sus compañeras de vóley. La vi y fue un flechazo. Cuando pasó con una amiga al baño, la encaré. Charlé dos minutos, o menos, le hice las típicas preguntas. Nada, no me dio ni pelota. Muy borde, como dicen acá, antipática, seca. Pero a mí me gustó y me quedé con la idea. Yo no había tenido casi noviazgos, uno solo y nada serio.

-¿Cómo la seguiste?

-Empecé a buscar su teléfono para contactarla. Volví al restaurante, pregunté quién había hecho la reserva, ahí me contestaron que era de tal club de vóley, pero no me querían dar ningún teléfono. Rompí los huevos 20 días hasta que me dieron el contacto de una compañera de Elisa. Pero no había caso, no me pasaban su número, era un círculo muy cerrado, hasta que aflojó, la llamé, quedamos, empezamos a charlar, todo muy tranquilo y relajado. Yo tenía 30 años, ella 28, era algo serio.

-¿Pudiste concretar rápido?

-Llevó un tiempito. El tema es que, a los pocos meses, cuando la relación ya estaba encaminada, se terminaba mi cesión en Mallorca y tenía que volver a la Lazio. Elisa, además, trabajaba en Olivetti, la empresa de sus padres, la de las máquinas de escribir. No era un filtro fácil de superar. Antonio, mi suegro, es un tipo de costumbres antiguas, muy culto, muy lector. Cuando llegó el momento de la presentación y fui a comer a su casa, sus padres se dieron cuenta que iba en serio. Enseguida Toni empezó a comprar libros de Argentina, la constitución, me mandaba artículos, al día de hoy lo sigue haciendo. Pero bueno, no era sencillo, se le iba la hija y una de sus empleadas más importantes, las dos cosas. El miedo de ellos era que me llevara a la hija y a los dos meses estuviera de vuelta.

Scaloni junto a Elisa Montero, su esposa. (Foto: Twitter)

Ahora, la versión de ella.

Elisa Montero, 45 años, mallorquina, esposa de Lionel Scaloni desde 2016, ha mantenido un perfil subterráneo desde que se convirtió en primera dama. No había dado ni una nota hasta aquí y no se le conocía la voz. Le vimos el rostro por primera vez en el Mundial de Qatar, cuando el DT subió a la tribuna para charlar con ella luego del 3-0 a Croacia y, tras la final, al compartir la felicidad en una tarima del campo del juego del Lusail. Volvimos a verla unos meses después en la entrega de los premios The Best. Más alguna foto tomada a las apuradas en un aeropuerto. Eso era todo.

Este domingo 2 de febrero de 2025, Lionel me avisa que ya están su mujer y los nenes en la confitería del hotel donde me alojo, en Palma de Mallorca, que él vuelve en un rato. Los dejará hablar tranquilos, sin su presencia, y llegará para cuando sus hijos tomen la palabra (hay un capítulo dedicado a ellos).

¡Atención al dato que había omitido nuestro protagonista!

-¿Cómo se conocieron?

-Fue un día de semana, yo no era de salir, pero mis compañeras de vóley me comentaron que había un sitio nuevo y fuimos a cenar. Estaba el equipo de fútbol de Mallorca pero yo no tenía ni idea de quiénes eran, de hecho cuando volví por la noche y le comenté a mi padre que había intercambiado unas palabras con un futbolista de apellido Scaloni me dijo “¡Pero cómo que no lo conoces, Elisa! Si es muy bueno, y tal”. Ni lo había oído nombrar.

-¿Te acordás cómo te encaró?

-Estábamos cenando y el camarero me trajo una rosa. “Se la entrega un chico de la mesa aquella”, me dijo, pero no me especificó quién. En un momento fui al baño, se acercó Leo y me preguntó si me había gustado la rosa.

-Y vos ni bola.

-Ni pelota, ja, ja. Le dije “gracias” y hasta ahí.

-Pidió tu teléfono.

-No tenía idea hasta que una amiga me dijo: “Elisa, hay un chico que la está llamando a la del bar todo el tiempo para que le dé tu teléfono”, pero en ese momento yo no quería saber nada con nadie.

-Hasta que en algún momento aflojaste.

-Y sí, supongo que sí (risas). Me llamó y ahí empezamos a hablar, porque era muy simpático. Es muy simpático, eh (se corrige y acentúa). Tiene unas bromas de estas que te agarran, muy alocado, íbamos en el coche, metía canciones argentinas y se ponía a cantar como si fuera Pavarotti (risas), no, no, muy bien, muy suelto, muy natural, muy transparente.

Lionel Scaloni y Elisa Montero en la gala de los premio The Best 2022. Foto: EFE

-¿Aceptaste enseguida la propuesta de irte con él a Italia o tuviste dudas?

-Yo tenía dos curros: con mis padres en Olivetti por las mañanas, pero tenía que pagar una hipoteca, y como no me daba me puse a trabajar en Zara por las tardes. Y de repente caía Leo en la tienda. Yo trabajaba en la parte de hombres, por ahí estaba doblando los pantalones y de golpe se me aparecía preguntando algo y yo le decía: “¡¿Pero qué haces aquí?!” ja, ja. Muy bien, hubo mucha atracción.

-¿Dudaste en irte?

-Fue complicado. Tuve que ir al despacho del jefe. Y mi padre como jefe era tremendo, duro, muy jodido (risas), pero se lo planteé, al final era mi decisión, y ya era grande. Nada, hice las maletas con una mano adelante y otra detrás, porque no tenía nada, hasta tuve que vender mi coche. Mi madre y mis hermanas me decían: “Tira para Italia”. Mi padre fue el más reacio, pero al final nos fuimos y en Roma nació este grandullón, en 2011. ¿El parto de este te lo contó? -ahora la que pregunta es Elisa y lo señala a Ian, que está sentado en los sillones a un costado junto a su hermano menor Noah, escuchando el relato de su madre.

-No, contámelo vos.

-Pues Leo estaba concentrado con el equipo, era un sábado, y yo rompí aguas. Estaba con Lali, su madre, ella cogió el coche rapidísimo, pero en Roma el tráfico es terrible. Nos presentamos en el hospital público San Filippo Neri, no sé qué pasaba ese día que había un montón de gente y todas pariendo. A mí me tiraron en un pasillo en la camilla, sola, estaban todos los boxes ocupados. No me dejaban ni estar con la mamá de Leo, y encima yo no dominaba el italiano. Al poco tiempo llegó Leo con su chandal (equipo de gimnasia) de Lazio, se puso la bata verde encima, me pasaron a una habitación pequeñita y luego nos fuimos al quirófano a parir. Ian nació por parto natural, a Leo lo tenía acá al lado, cinco médicos atendiéndome delante de mí… y de golpe los médicos no estaban más. ¿Dónde estaban? A un costado, agachados, porque el hombre se había desmayao y nada, “yo sigo, no se preocupen por mí”, ja, ja, después recuperó la conciencia.

-¿Qué le había pasado?

-Le bajó la presión, pasa que Ian venía con el cordón corto y hubo un momento en que el médico a mí me dio un empujón con el brazo, me hizo daño y creo que Leo se puso algo nervioso por eso.

-Leo contó que fuiste un sostén importante cuando se retiró, que le insististe para que empezara a dirigir.

-Claro, porque llega un momento en que dejas de jugar y estás medio perdido, los días se hacen muy largos, no sabes qué hacer, no tienes horarios que cumplir. Ya lo has visto: él es eléctrico, es un nervio, y necesitaba activarse. Entonces, claro, le dijimos: “Venga, buscamos algo, vamos a hacer cosas”. Y la bici, que también lo salvó, tiró para adelante.

-¿Todos los días sale a andar en bici?

-Todos los días, fines de semana inclusive, mínimo dos horas. Y es normal que vuelva con moretones y raspones.

-¿Qué pensaste cuando lo nombraron técnico de la selección?

-“Venga, bien, para adelante, es un trabajo, cógelo, esto va a ser experiencia”, le dije. Estábamos comiendo por Alcúdia o Pollenza cuando lo llamó el presidente Tapia para decirle. (Las vueltas del destino: Alcúdia es una localidad en el norte de la isla de Mallorca, famosa por sus playas; La Alcudia o l’Alcúdia, en valenciano, es un municipio de Valencia, donde se disputa el famoso torneo que resultó ser el bautismo triunfal de Scaloni en AFA, el puntapié inicial).

Foto: Archivo

-¿Imaginaste que se iba a quedar tantos años?

-Para nada, siempre pensamos que iba a ser algo puntual, del momento.

-¿La pasaste mal con las críticas que recibió en los primeros años?

-Bueno, aquí no llegaba eso, pero la familia de Leo, que está en Pujato, me decía que sí, que era feo.

-¿Suelen viajar a los partidos?

-A veces, cuando los chicos no tienen colegio. Para Leo también está bueno ir para Argentina porque puede estar con su familia y se equilibra un poco, antes no los veía tan asiduamente.

-¿Cuál era la idea para Qatar, en qué momento viajaron?

-¡Es que no nos dejaba ir! Los niños decían: “Mamá, vamos de una vez”. Y yo les respondía: “Hasta que papá no nos diga, no podemos ir”. Ellos insistían, y en un momento Corina vino a España y ahí le metimos más presión: “Leo, acá ya estamos con tu hermana, vamos de una vez que va a acabar el Mundial y al final no vamos a poder verlo”.

-¿Por qué no quería que fueran?

-Porque es prudente, tampoco le gusta que lo distraigan, pero yo le digo siempre que nos arreglamos por nuestra cuenta, que no tiene que ocuparse de nada. Al final llegamos para el partido con Australia.

-¿Con quién veías los partidos, cómo los vivían?

-Estábamos nosotros tres, más Corina y Matías, su novio, siempre los cinco. Estos son unos locos, Corina les ha inyectado esa locura del hincha argentino, insultaban, decían cualquier cosa, también estábamos rodeados de hinchas argentinos, así que se dejaban llevar por esa locura.

-¿Los hinchas de alrededor sabían que eran la familia del DT?

-No, no, por suerte no, mejor así. Lo disfrutamos mucho, pero también lo sufrimos. O sea: los 90 minutos de partido eran una tensión insoportable. Eran dos minutos de tranquilidad y enseguida volvíamos a la tensión. En el partido con Holanda, que el árbitro fue un desastre y dio como diez minutos de descuento, a Corina se le salió la cadena y empezó a decirle de todo. Yo me tenía que tomar una tila antes del partido (un té de tilo) y otra después, tenía la barriga dura, una piedra.

-¿Cómo hace tu marido para no gritar los goles, para no hacer ni un gesto en el golazo de Di María en la final o en los penales atajados por el Dibu?

-Lo lleva por dentro, no quiere que sus jugadores lo vean nervioso. Eso sí: cuando acaba, ahí explota.

-Pero hay que tener mucho autocontrol.

-Muchísimo, sí, por eso le explota después la cabeza, pero es admirable que pueda controlar esos sentimientos. Lo hace por los chicos, para no contagiar descontrol. Está clarísimo: cuando le va a abrazar Paredes ahí explota y se nota que buahhhh, sale todo lo que llevaba adentro…

-¿Tenían cábalas?

-Siempre llevábamos la misma ropa, los chicos los mismos calzoncillos, la misma camiseta.

-No se te vio ni en una sola nota y te habrán querido hacer unas cuantas.

-No, y no se me verá tampoco.

-¿Te pidió Leo o a vos no te gusta?

-A mí no me gusta. Es más: si hubiera podido que ellos (señala a sus hijos) no salieran, lo hubiera evitado también, pero bueno, salís campeón del mundo, estás ahí celebrando y ya. Pero yo no quiero saber nada de este mundo del fútbol (risas), no va conmigo, no va con nosotros, eh, porque tampoco va con Leo.

-Lo que generó Lionel es muy fuerte, ¿es consciente de cuánto lo quiere la gente?

-Creo que no… y nosotros tampoco.

-Acá en Mallorca es todo muy tranquilo, casi ni lo paran.

-Aquí nada, son dos fotos y chau. Cuando fuimos a la Argentina ya campeones del mundo para el partido con Panamá, dijimos: “Uf, pero ¿qué ha pasado aquí?”. Fue impresionante. Leo recuerda ese momento con mucho cariño y emoción, estaba con los niños abrazados en el campo, los hinchas cantando muy fuerte, los padres, sus hermanos y nosotros arriba en el palco…

-Es de emoción fácil.

-Sí, antes era más fuerte, más contenido, pero los últimos años llora conmigo en las películas. Yo soy la llorona de la casa, pero es verdad que él se está acercando.

-¿Puede ser que le cueste disfrutar?

-Sí, ha empezado con un terapeuta, porque es verdad que la familia, que los amigos, que yo, pues estamos ahí, pero le dije: “Leo, necesitas ayuda, porque no puede ser que con todo lo que has conseguido, que tu vida está bien, tranquila, hay salud y que no disfrutes, que no seas feliz, hay algo que no va en tu cabeza, hay que ir un paso más allá de los que estamos al lado”. Está yendo ahora, y parece que le va bien, se lo ve contento. Después de la primera sesión llegó a casa y dijo: “Vengo nuevo, Elisa, ya está, esto es vida, aire, soy otro” (risas). “Fenomenal, es la idea, que disfrutes, joder”, le contesté.

-¿Se desenchufa en algún momento o está todo el tiempo pensando en el equipo y en los partidos?

-Si vemos una serie y le está gustando, sí, se ríe y se engancha, desconecta de su trabajo, eso lo hemos conseguimos, ahora estamos viendo la serie “Machos alfa”, por ejemplo, y la pasamos bien.

-La última, Elisa, ¿sos futbolera, te gusta ver los partidos?

-Me he acostumbrado. ¡Ahora encima están los de estos dos! Todavía sigo sin entender muchas veces el fuera de juego y pregunto “¿Qué ha pitao?”. Se me ríen. Me gusta más ver los partidos en los estadios que en la televisión, porque en casa la pantalla está en color verde todos los días y llega un momento en que decís “¡basta por favor!”.

Corina, la hermana: un poco de dulzura

Corina Scaloni es la benjamina de la familia. Nació en 1994, cuando parecía que Chiche y Lali ya habían cerrado la fábrica, 16 años después de Lionel y 18 después de Mauro.

“Vino totalmente de rebote y como yo era el más mimado de todos me lo dijeron al final. A mis viejos les vino bien porque al poco tiempo nos fuimos a jugar a España con Mauro y se quedaron con la más chica”, cuenta Lionel, quien no duda a la hora de evaluar parecidos: “Cori soy yo en versión femenina, venimos de la rama de mi vieja; Mauro es muy parecido a mi papá”.

Scaloni y su hermana Corina hace casi 30 años. Foto:Archivo

A Corina ya la tuvimos de protagonista en este libro cuando relatamos el Mundial Sub 20 de Malasia 97. En ese momento tenía casi tres años, la cámara de la transmisión la enfocaba permanentemente en la tribuna por sus llamativos rulos rubios detrás de una bandera con la leyenda “Pujato” y después la vimos siendo entrevistada por su hermano, ya campeón mundial juvenil, para la televisión. Hay una foto que produjo El Gráfico después del gol de Lionel a Brasil que es ternura pura: allí el protagonista tiene a su hermanita a upa y la hermanita le rodea el cuello con sus brazos. “Era la mascota de la familia, básicamente”, sintetiza con humor Corina, y agrega: “Es increíble esa foto de Malasia, me pone la piel de gallina. Antes de la final con Francia, subí un posteo a mi Instagram con esa foto, y escribí que para nosotros Leo ya era un campeón, que no había nada que demostrar. Tuve sensaciones encontradas en Qatar porque sentía que los que tenían que estar ahí, en las gradas, eran mis viejos, y no podían”. Fuerte.

Corina Scaloni se recibió de contadora a los 22 años. Cuando era chica y no podía dormirse miraba “Utilísima” en la tele. De adolescente empezó haciendo medialunas en el quincho de la casa familiar. Tenía tan buena mano, herencia de su abuela Lucía, que los degustadores de su círculo más cercano le decían que tenía que vender esas delicias. La típica. Esta chica cumplió, hizo varios cursos, se perfeccionó y arrancó como hobby, por encargo. Entregaba los sábados porque de lunes a viernes trabajaba de contadora. Todo muy casero y artesanal.

A su emprendimiento le puso de nombre Scala Bakery. Ángel Scaloni, además de Gringo y Chiche, también es “Scala”. Al menos para Lali. “¡Buen día, Scala!”, “¿Qué planes tenés para hoy Scala?” le suele decir su esposa. Bakery se caía de maduro porque vendía medialunas, tortas, pastelería en general.

El 31 de agosto de 2023, con su hermano ya campeón del mundo, Scala Bakery era un sitio de Instagram con 2.678 seguidores, sin locales a la calle, con entrega por pedidos. Corina tenía en mente proyectar su actividad; los ACVs de sus padres le provocaron un click en su cabeza, la llevaron a replantearse si realmente quería ser contadora toda su vida. ¿Esa es mi real vocación? ¿Lo hago con pasión?

El libro de Lionel Scaloni. Foto: Biografía Oficial

Aquel 31 de agosto de 2023, en la antesala del arranque de las Eliminatorias para el Mundial 2026, Lionel fue invitado a AFA Estudio, el streaming de la selección.

“Me puse a verlo y como tengo buena onda con Nico Novello, encargado de prensa de la selección, le mandé un mensaje -me cuenta Corina-. Le dije que le pidiera a Leo que nombrara la pastelería. Lo hice para molestarlo a mi hermano, sé que no le gusta la exposición y ese tipo de cosas”.

Apenas recibió el mensaje, Novello le dijo en voz alta a Scaloni lo que le había escrito Corina. No se paró la grabación ni nada.

-Ella cree que porque yo le haga promoción va a vender más. ¿Quién le va a ir a comprar, si está en Pujato? -le salió decir al DT.

-Ese puede ser un super poder que tengas -comentó uno de los conductores, Sebas Fernández, auténtico visionario.

-Nahhh, dejá… -siguió Lionel, fastidioso- 2.600 seguidores, el pueblo tiene 4 mil, imaginate. No, si después se queja que trabaja mucho. Aparte no hace envíos al interior, ¿cómo haría?

-Bueno, Scala Bakery es, ¿no? -preguntó Seba Varela del Río, el otro conductor, dándole sentido al chivo-, está cotejado, ¿no? Cuya especialidad es…

-Medialunas, todo tipo de tortas, muy ricas -terminó tirándole finalmente un centro a su hermana.

Scala Bakery se fue para arriba 👊 pic.twitter.com/uFe3kMR4x4

— AFA Estudio ⭐️⭐️⭐️ (@AFAestudio) September 10, 2023

¿Resultado? En unos días, la cuenta de Instagram de Scala Bakery pasó de 2.678 seguidores a más de 360 mil. Hoy, existen dos tiendan propias, una sobre la ruta 33 en el ingreso a Pujato y, la otra, se encuentra en el Mercado Don Bosco, en Funes, en las afueras de Rosario. Hoy se ha invertido la ecuación y en los ratos libres, como hobby, Corina les lleva algunos temitas contables a sus amigas. ¡Cómo atreverse a subestimar los superpoderes de Lionel Scaloni!

-Fue increíble lo que pasó, una locura -prosigue Corina-, la verdad que no estaba preparada para todo lo que vino, no entendía nada, yo solo quería que él se riera en la nota, fastidiarlo un poco. Tenía en mente dejar de trabajar de contadora y poner un local, pero me lo tomaba con soda, y esto aceleró los cálculos: tuve que buscar un lugar, pensar en mayores volúmenes y en diciembre del 23 abrí el local en Pujato. Al principio fue tanto el ruido, que me llamaban de todos lados para hacer franquicias, y yo les decía “paren, paren”, no me gustaba ir así. Yo arranqué con un palo de amasar y hacía todo a mano, no tenía ni sobadora ni máquinas de nada, lo fui haciendo todo despacio, a pulmón, como son las cosas en Argentina.

-Imagino que la gente que va a los locales te pregunta por tu hermano.

-Claro. A mí no me gusta atender, prefiero estar adentro cocinando. Primero, porque me da vergüenza. Y segundo, porque el personaje principal es él. Leo también es de perfil bajo, somos parecidos. La gente trae regalos, estampitas, cartas, lo que te imagines, se saca fotos en el lugar, después van a la casa de mis viejos. Se armó como un circuito turístico en Pujato, ja, ja, pasan por acá, por la casa de mis viejos, por el club Matienzo, van a donde están los murales...

-¿Qué fue lo que más te sorprendió de lo que te dijeron o trajeron?

-Un día estaba con Leo en el negocio y vemos de repente a un chico que venía caminando de rodillas y llorando. Mi hermano lo miraba desconcertado, el chico le agradecía como si fuera un santo, San Lionel, ja, ja. Le han traído agua bendita, regalos para mis sobrinos, alfajores, vinos, pan dulce, es sorprendente. Pero lo del chico que entró de rodillas fue muy loco.

Lionel y Corina Scaloni en Scala Bakery. Foto: Instagram

-Dijiste que eran parecidos con Lionel, ¿en qué?

-En la exigencia personal, esa sensación de tener que dar el máximo y rendir bien todo el tiempo, esa obsesión también yo la tengo, es de familia, viene de mi viejo. En el sentido del humor también nos parecemos, Leo tiene muchísimo sentido del humor pero está medio contenido por el lugar que ocupa. En casa no te deja vivir: las tiene todas anotadas, te las va tirando, o te hace chistes o te está fastidiando con algo que no te gusta. Es cargoso, muy cargoso. Y Mauro nada que ver, es otro corte, es más relajado, le fluyen más las cosas, con Leo somos más de sobrepensar todo, estar pendiente de las cosas y de los demás. Leo se hace muchos problemas por la familia, está más pendiente del resto que de él mismo.

-¿Qué se siente ser la hermana del técnico campeón del mundo?

-Primero, orgullo total y admiración, aunque en el fondo para mí no deja de ser mi hermano, sigue siendo la misma persona que tiene un mal humor terrible cuando entra a casa y se queja por todo, el que no te hace un asado porque no sabe ni prender el fuego, ja, ja. Después, la verdad, me reconforta que la gente pueda apreciar que es un tipo muy humano, con buena leche, de buena madera, eso también habla de mis viejos, de los valores de mi familia. Me gusta que llegue eso, que la gente lo pueda percibir. Siento admiración por su trabajo. No es sorpresa para nosotros, no te digo que lo esperábamos, pero sabíamos que en algún momento algo bueno iba a pasar. Por su dedicación, porque es un tipo obsesivo, ¿la del cuadernito la sabías?

-No, contame.

-Tengo el recuerdo patente de su cuadernito en el que hacía la lista del Mundial. La venía armando desde la época del Fleni, en Escobar, cuando se quedaba a dormir ahí por la recuperación de mis viejos, te hablo de septiembre del 2021. Me acuerdo de haber visto ese cuadernito de AFA espiralado, era A3 o más chico, con canchitas dibujabas, formaciones y demás. Miraba, escribía, tachaba, escribía, tachaba, todos los días lo revisaba y lo iba modificando. Cuando ves todo eso, uno internamente piensa: no puede fallar.

-¿Lo que más le admirás como persona?

-Lo que es humanamente. La energía que tiene y ese sentimiento de estar siempre pendiente de los demás, que los demás estén bien. Tiene muy presente lo que a cada uno le hace bien o le gusta. Eso habla de lo buena persona que es. A simple vista te puede parecer frío, pero en el fondo es un flan, ¡un flan con mayúsculas, eh! Un tipo muy sensible, su familia es lo más grande que tiene y ¡que no le toquen a la familia! Siempre está con buena energía.

-¿Es cierto que arrasa con la pastelería cada vez que pasa por tus locales?

-Tremendo. Es dulcero a muerte, le encanta todo lo que tenga dulce de leche y sea bien empalagoso. Es el catador oficial. Le gusta muchísimo el Rogel, la Banoffi, que es un pastel de banana con dulce de leche que se come mucho en Europa, el Brownie bomba. Cada vez que llega a Pujato se come medio kilo de helado de dulce de leche de una heladería artesanal del pueblo. Y cuando está en España y pide un postre en un restaurante, me manda fotos y me dice “a vos no te sale así”, y se ríe, siempre descansando a la gente, ja, ja.

El “operativo Mundial” no fue tan dulce. Lo primero que Corina metió en su valija fue la bandera con la inscripción Pujato, la misma que arrancó su recorrido en Malasia 97 y viaja a todos lados; se hizo en la Lonera de Pujato. Tampoco faltó la provisión de cintitas rojas compradas y bendecidas en la basílica de Luján. “Mi papá es devoto de la virgen de Luján e iba seguido a pedir y a agradecer. De hecho, un día antes de la final de la Copa América del 2021 fuimos con mi papá y Mauro a Luján, hablamos con el sacerdote, todavía se usaba el barbijo. Mi mamá no pudo ir porque estaba internada. Antes del Mundial fuimos con la familia y compramos unas 20 cintitas en los puestos que están alrededor de la basílica, y repartimos. Es una cinta roja con la virgencita en plata. Leo se llevó un par”.

Lo del viaje a Qatar constituía un tema complejo. Ya leímos a Elisa contando que su esposo no quería que viajaran.

-En mi casa no se hablaba del tema Qatar, estaba prohibido. Prohibido hablar de entradas, de viajes, de cuándo podíamos ir, cero, porque Leo se ponía mal y nosotros lo respetábamos. En un momento le dije a Elisa: “Mi viejo ya estaría en Qatar, ¿cómo nosotros no vamos a ir?”. Después de la derrota con Arabia, Mauro me dijo que activara y arrancara para Mallorca. Mientras tanto, buscaba entradas con la gente de AFA sin que se enterara Leo. Reservamos hotel y vuelos como cosa nuestra. Viajábamos el día anterior al partido de octavos con Australia. Había tres vuelos diarios Madrid-Doha y nos estábamos tomando el último. Cuando presentamos los pasaportes de los cuatro en el mostrador de Qatar Airways, la chica nos dijo que Noah, el más chiquito, no podía viajar porque su pasaporte vencía en dos meses, creo, y para Qatar necesitás que tenga mínimo seis meses de vigencia. Nos queríamos matar.

-¿No chapeabas ahí con que eran la familia del técnico de la selección argentina?

-La chica nos mandó a hablar con alguien de la guardia civil. Ahí sí, bien caradura, chapeé un poco y les dije que los chicos eran los hijos del entrenador de Argentina. Ni bola el tipo. No sabíamos que hacer, era el último vuelo. Elisa me propuso que me fuera yo con Ian, el más grande, que me firmaba una autorización, y ella se quedaba a ver si podía resolver lo de Noah al día siguiente. No me parecía una buena opción.

-¿Cómo lo resolvieron?

-“Eli, vamos a tener que llamar a Leo, no nos queda otra”, le dije. Eran las 10 de la noche en Madrid, medianoche en Qatar, pero no teníamos alternativa, ja, ja, había que llamar a Leo, era el único que podía resolverlo.

-¿Puteó mucho?

-Llamó Elisa (risas) ¡pero qué carajo hacen, me van a hacer morir ustedes! Al final me terminan complicando, yo les dije… Ese tipo de cosas nos mandó. Cuestión que nos dio el número de un tipo y nos solucionó la situación. Después sí nos tiraron alfombra roja, pero no fue fácil el momento.

Futbolera desde chiquita porque no tenía muchas opciones en esa familia, Corina es hincha de Estudiantes pero por Matías, su novio durante muchos años, hincha de River, cambió las rayas verticales por la banda en diagonal. Y a sus sobrinos los llevó para ese lado. “Fue muy fácil hacerlos de River, agarraron la mejor época. Y fueron a ver una final de Copa Argentina en Mendoza y ahí se terminaron de enganchar”, detalla.

Lo que Ian y Noah no habían hecho aún era compartir un partido con Corina. ¡Y en un Mundial! Cuando Mateu Lahoz dio 10 minutos de adicionado en Argentina-Holanda, las puteadas de la tía repostera llamaron la atención de los chicos que, por supuesto, se fueron del estadio chochos, repitiendo una y otra vez “pelado hijo de puta” y todas sus variantes, creyendo que tenían una nueva tía, distinta a la que conocían. “Yo soy un manojo de nervios, los días de partido ya me levanto con dolor de panza -confiesa Corina-. No, pobre, ¡las cosas que le grité al árbitro ese día! Me salió la gama completa de insultos, los chicos se reían y me miraban como diciendo ‘¿qué le pasa a esta trastornada?’. ¿Viste que el Apple Watch te marca la frecuencia cardíaca? Bueno, en ese partido y el de Francia, el reloj me tiraba que me fuera a hacer ver por un médico”.

Las cábalas de la familia, por supuesto, se respetaban a rajatabla. “Básicamente era ir con la misma ropa a todos los partidos. Antes de la final lavé mi remera y después me quedé preocupada, a ver si el lavado tenía algún efecto”, se ríe Corina. Si Dibu no metía la pata justo, ya teníamos a quién echarle la culpa. También hubo promesas. “Con Elisa nos comprometimos a que si salíamos campeones nos tatuábamos la fecha del Mundial, y lo terminamos haciendo antes de la Copa América del 24, en enero, porque a ver si no la ganábamos por eso. Nos tatuamos en un local en Rosario, no dijimos quiénes éramos”, revive y muestra el dorso de su antebrazo derecho donde debajo de la cintita -que de rojo ya no tiene casi nada- se lee: “18.12.22”.

Al regreso de Qatar, Corina fue la encargada de intentar organizar el pedido de autógrafos y selfies del pueblo y alrededores en la puerta del hogar familiar. Y en los festejos con Panamá pudo apreciar de cerca la emoción de sus padres en las plateas del Monumental.

-Las cosas se dieron así por algo y mis padres lo disfrutaron a su manera, pero lo disfrutaron. Si bien mi papá no habla, está totalmente consciente de la situación y esa noche en que Leo dijo “el verdadero padre de la Scaloneta está allá arriba”, la sonrisa no se la podía sacar nadie, miraba a la gente con una cara de placer y admiración increíbles. Muchos que lo conocían se acercaban a felicitarlo y él estaba extasiado, feliz. Fue un momento único para toda la familia.

-¿Por qué creés que Leo tuvo dudas sobre si seguir o no en la selección?

-Fueron muchas cosas juntas en poco tiempo, creo que no las alcanzó a procesar, era lógico y normal que pasara eso.

-¿Te consultó?

-Nos ha preguntado a todos. Él pregunta, pero después… hace lo que quiere, ja, ja, yo siempre le dije que se tenía que ir después del Mundial, de hecho lo sigo pensando.

-¿Por qué?

-Porque creo que ya está, que no hay nada más que demostrar. Se tiene que ir muy tranquilo de que hizo las cosas muy bien.

-Por suerte no te dio bolilla, Corina.