Las once camisetas de aquella noche histórica del 19 de mayo de 2021 ante Independiente Santa Fe —la de Enzo y los futbolistas de campo— tuvieron por última vez en el dorso, a la altura del cuello, la inscripción «El Más Grande», el eslogan que había acompañado a River en los 10 años anteriores, rebosantes de gloria. Ya al partido siguiente, el 25 de mayo, justo el día en que cumplimos 120 años, se inauguró el lema que acompañaría las temporadas siguientes: «Grandeza». Esa noche de estreno perdimos 3 a 1 contra Fluminense en el Monumental, en el cierre de la primera fase de la Libertadores 2021.

Frases o palabras como «El Más Grande» primero y «Grandeza» después, pero también la canción de Ignacio Copani que se convirtió en un himno de la década del 90 —la que empieza «El más grande sigue siendo River Plate / El campeón más poderoso de la historia» — y todo lo referido al eslogan ya institucionalizado en los últimos años, nacieron de una bandera estrenada por la hinchada en un superclásico de 1985. El 1 a 0 a Boca del 27 de octubre de 1985, por la 17ª del campeonato 1985/86, suele ser recordado por el golazo de Alejandro Montenegro —que alimentó una extraña racha, la de laterales izquierdos reconvertidos a goleadores contra Boca, empezada por Jorge García en 1981 y continuada también por Ricardo Rojas en 2002, Ramiro Funes Mori en 2014 y Enzo Díaz en 2023— y por cómo Oscar Ruggeri, tras soportar una patada desleal de Roberto Passucci, terminó en andas de frente a nuestra popular en el comienzo de un idilio inesperado: en enero había llegado de Boca junto al delantero Ricardo Gareca y luego sería clave para las Copa Libertadores e Intercontinental de 1986. Pero justamente, aquel día en la Sívori alta (entonces Almirante Brown) fue colgada por primera vez una bandera con la frase «El Más Grande» que daría inicio a un lema que sería indivisible de River.

Este sábado, en el Museo de River, se presenta el último libro de Andrés Burgo.

A mediados de los 80, el Monumental —y el resto de los estadios— recién se acostumbraba al color en las tribunas. Es cierto que hay registros de pequeñas banderas de River en la década del 10 y que incluso tal vez la pionera haya sido una nuestra, o al menos eso se desprende de la foto de un «trapo» con una banda roja sobre fondo blanco, como si fuera una camiseta, publicada en Historia del fútbol amateur en Argentina, el libro de Iwanczuk, con el epígrafe «una de las primeras fotos en que aparece una bandera partidaria». Sin embargo, las tribunas recién tomarían color en la última curva del siglo XX. Si bien en la década del 30 y el 40 ya había telas blancas y rojas colgadas en las barandas del Monumental, no tenían mensajes escritos o a lo sumo eran frases asépticas como «CARP» o «River», salvo una que en 1938 colgaron unas muchachas con la leyenda «¡¡Loor!! a los triples campeones, 1936-1937».

El club cumplió 125 años y el libro de Burgo recorre gran parte de su historia.

El lenguaje escrito recién avanzó a finales de los 70 con referencias geográficas del estilo «Filial La Plata», «San Andrés de Giles presente» o «Lomas del Mirador», pero todavía eran mensajes literales, sin poesía. Acaso la primera bandera personalizada fue una que la barra llevó al superclásico que ganamos 3 a 2 en la Bombonera, el 27 de septiembre de 1981, para reivindicar a Labruna, despedido el mes anterior. El trapo tenía una referencia a todos los años en los que Angelito se había consagrado campeón en River, primero como jugador y luego como técnico: «41-42-45-47-52-53-55-56-57 Gracias, Angelito! 1975-77-79-80». De hecho, aun en medio de la enorme bandera que estrenó la hinchada aquel día de 1985, de casi 100 metros de largo y dos de ancho que cubría toda la baranda de la Sívori alta, la tipografía de «El Más Grande» era pequeña y solo cubría el centro de la bandera.

Ese trapo fue ideado por alguien cercano al presidente Hugo Santilli, tal vez por el propio mandamás, acaso en una continuidad de otra idea dirigencial de ese año: el isotipo del león emergiendo del Monumental para contrarrestar el apodo gallina, hasta entonces identificado con nuestra falta de títulos internacionales. Si la bandera con la frase «El Más Grande» quedó en el olvido fue porque sería exhibida muy pocas veces más por la hinchada: ya en 1986, hay fotos que de muestran su presencia en la goleada 3 a 0 a Vélez del 9 de marzo, cuando River se consagró campeón de la temporada 1985/86, y en un partido contra Estudiantes de poca concurrencia. Aunque el trapo casi enseguida sería fraccionado para ser reconvertido en un par de los tirantes que las barras despliegan en el centro de la popular, el lema sobreviviría. En épocas de ropa oficial inaccesible para los hinchas, las ventas callejeras de camisetas truchas proliferaron y los vendedores sumaron «El Más Grande» a la indumentaria de River, una especie de alternativa a los apodos Millonarios y Gallinas o a las frases «El país menos algunos» y «River es el país» con las que Labruna había rebatido el eslogan incorporado por Boca previamente, el de «La mitad más uno», inventado por el presidente Alberto Armando en la década del 60.

Casi en continuado, los llamados hinchas «comunes» —es decir, por fuera de la barra— comenzaron a llevar al Monumental sus propias banderas, de menor tamaño, y les inscribieron leyendas personales: nuestros partidos se llenaron de trapos con nombres personales, frases de amor, estribillos de canciones y calles, barrios y localidades de pertenencia. Estrenada en la despedida del Beto Alonso, el 13 de junio de 1987, la primera fue la de «Querandíes», en referencia a la calle —una cortada de 300 metros, en Almagro— en la que vivía el dueño de la bandera, Juan Manuel Grassi. Precursor de los bandereros y uno de los impulsores de la Subcomisión del Hincha, Juan de Querandíes moriría demasiado joven, en 2008, y sería homenajeado a las pocas horas por la patria riverplatense en un partido de Copa Libertadores ante San Lorenzo en el Bajo Flores, el 30 de abril: esa noche, en el alambrado visitante del Nuevo Gasómetro se colgaron solo dos trapos, el legendario «Querandíes» y uno pintado para la ocasión, «Juan, siempre presente». Sus lugartenientes, sin embargo, mantienen el legado y consiguieron un imposible: burlar a las autoridades de seguridad del Santiago Bernabéu, que retuvieron todas las banderas en la previa de la final de la Libertadores 2018, y colgar «Querandíes» detrás del arco de Franco Armani en los últimos minutos del partido, como una guarda pretoriana ante los ataques agonizantes de Boca.

Entre finales de los 80 e inicios de los 90, nuestras tribunas cambiaron. Tras «Querandíes», irrumpió «Calzada», una localidad del sur del Gran Buenos Aires, de Fernando Benza, que durante más de una década siguió a River por cualquier geografía sudamericana. Como efecto dominó, año tras año se multiplicaron otras banderas que también se tornarían icónicas. En 1991, por ejemplo, surgió la de «Marcelo X Flores» —porque su dueño, Marcelo Oliva, del barrio de Flores, trabajaba en la organización de los shows de la cantante brasileña Xuxa—. En 1992 se sumó «Los Parques», de Fernando Guarini, una síntesis de un grupo de amigos que seguían a River y vivían en Parque Patricios, Parque Rivadavia y Parque Chacabuco. En 1993 le siguió «Yo quiero a mi bandera», una frase de Sumo pero con rostro de Bob Marley y, entre tantas otras, en 1994 apareció «Delirio y Carnaval», de un grupo de amigos de la zona norte bonaerense liderado por Cristian Panadeiros. En simultáneo, poco antes o después, también empezaron a acompañar a River por todo el mundo, incluso por España, Corea del Sur o Japón —y muchas de ellas lo siguen haciendo—, una lista infinita de banderas e imposible de completar: «Villa Luzuriaga» (desde 1989), «Ezeiza» (1991), «Lomas» (1994), «El Palomar» (1995), «River es el País» (1995, de 38 metros de largo), «KM 30», «San Andrés», «La Plata», «Zona Norte es mía», «Las Paredes», «Solano», «Villa de Mayo», «Quilmes», «Pilar», «42», «Depeche Mode», «Floresta», «Villa Adelina» y decenas más.

Uno de esos hinchas, Luis «Lucho» Landoni —luego presidente de marketing del club y vocal de la Comisión Directiva—, retomó aquella leyenda de «El Más Grande» y la estampó sobre su bandera personal, de nueve metros de largo, que acompañó a River a casi todos los partidos entre 1991 y 1995, de local o visitante. La frase había pegado de tal manera que otro hincha, Fernando Beni, colgó en aquellos años una bandera similar: «El más mejor». Fue entonces cuando aparecieron en escena un reconocido músico hincha de River, Ignacio Copani, y el entonces presidente del club, Alfredo Davicce, para dar el golpe definitivo. Según le contaría el artista a La Página Millonaria en 2018, «me llamó Davicce y me preguntó si me animaba a hacer una canción para River. Yo pensé que iba a ser una cosa alegórica para algún encuentro y listo. Y en menos de una semana tenía compuesta y grabada la canción».

Copani tomó esa frase relativamente nueva y multiplicó su popularidad. La canción, pegadiza, se reconvirtió en un himno moderno. Sin Spotify ni YouTube, la dirigencia comenzó a difundir el tema por los altavoces del Monumental antes de los partidos más importantes y, en caso de triunfo, también la hacían sonar a continuación. En rigor, la primera vez fue con una derrota: en las semifinales de la Copa Libertadores 1995, ante Atlético Nacional de Colombia, una dolorosa eliminación por penales. Pero, tras los títulos de la Libertadores 1996 y la Supercopa 1997, miles de personas cantaron «El Más Grande sigue siendo River Plate», así como también la Voz del Estadio, entonces a cargo de Enso Herrera Massa, se ocupaba de hacer referencia a la nueva consigna.

Ya incorporada por el club, la leyenda «El Más Grande» se sumó a la espalda de la camiseta, por debajo del cuello, por primera vez en 2008, aunque al comienzo fue únicamente durante una única temporada. Recién volvería, y se quedaría durante varios años consecutivos, desde 2014, en paralelo al inicio de nuestros años más felices en las competencias internacionales, ya con Gallardo. Aun con ligeros cambios, la frase también apareció al costado del campo de juego, en la desaparecida pista de atletismo, como «El más grande, lejos», o en una película oficial que el club estrenó en 2019, como River, el más grande, siempre.

Hasta que, después de aquel partido bíblico ante Independiente Santa Fe con Enzo Pérez de arquero y sin banco de suplentes disponible, «El Más Grande» le dejó espacio al nuevo eslogan institucional, estrenado contra Fluminense en mayo de 2021. Mientras «Vivir y jugar con Grandeza» fue escrito a un costado del campo de juego, el lema en la camiseta se simplificó a «Grandeza», nuevas derivaciones —acaso más frías y publicitarias— de una frase que nació hace más de 40 años en una bandera durante un superclásico ganado y que, como los apodos Millonario o Gallina, quedará para siempre asociado a River, nuestro club que nació hace 125 años con una pelota, un terreno baldío y un grupo de amigos, y que ya nunca nos dejará.