Awer Mabil, delantero de 30 años, nació en septiembre de 1995 en el campo de refugiados de Kakuma, al norte de Kenia, uno de los más grandes del mundo, que llegó a albergar a cientos de miles de desplazados por la guerra civil sudanesa entre 1983 y 2005.
Allí dio sus primeras patadas a una pelota hecha con medias o bolsas de plástico, siempre descalzo. En 2006 surgió una oportunidad para él y su familia, cuando un programa humanitario les permitió instalarse en Adelaida, Australia. Fue entonces cuando comenzó a formarse como futbolista profesional.
"Mi madre, mis tres hermanos y yo vivíamos en una choza de barro muy pequeña. Cada persona tenía derecho a una caja por mes con un kilo de arroz, un kilo de frijoles y aceite. Comíamos una sola vez al día, por la noche", contó.
Australia le dio una segunda oportunidad.
Foto: CC2
"No sabía lo que era desayunar o almorzar. En un campo de refugiados no podés abrir la mente y soñar; estás limitado a un espacio reducido y dependés de Naciones Unidas", recordó el jugador al medio portugués Mais Futebol.
Sus comienzos en Australia no fueron sencillos. No hablaba inglés y el deporte se convirtió en su principal herramienta de comunicación y adaptación. Al poco tiempo, su talento sobresalió y fue invitado a realizar una prueba en el Instituto Deportivo de Australia Meridional. A los 16 años firmó su primer contrato con Adelaide United y, un año después, debutó en Primera División.
"Juego por Australia porque les dio a mi familia y a mí una segunda oportunidad en la vida. Es mi casa y siento un gran orgullo al defender sus colores", expresó al vestir la camiseta de la selección nacional.
Tras destacarse en las categorías juveniles australianas, dio el salto al fútbol europeo, donde jugó en ligas de Dinamarca, Portugal, República Checa, España y Turquía.
Los hermanos Mabil en Kenia donando camisetas y botines. Foto: CC2
Actualmente juega en el Castellón, de la Segunda División española. El Mundial 2026 será el segundo de su carrera, después de haber participado en Qatar 2022. Uno de los momentos más recordados de su trayectoria llegó justamente en la clasificación a esa Copa del Mundo, cuando convirtió el penal decisivo frente a Perú. Tras aquel partido, declaró: "Fue la única manera de agradecerle a Australia en nombre de mi familia".
Más allá de su carrera deportiva, Mabil nunca se desligó de sus orígenes. A través de una fundación que impulsa junto a su hermano, lleva computadoras, pelotas, camisetas y material sanitario a Kakuma. Con visitas al campo de refugiados dos veces por año, la organización busca mejorar la salud, la educación, el deporte y la igualdad de género en comunidades vulnerables, especialmente en Kenia.
La labor de la fundación ha sido reconocida a nivel nacional en Australia. En 2023, Mabil recibió la distinción de Joven Australiano del Año. En palabras de su hermano, la organización nació para "iluminar la vida de los refugiados dondequiera que se encuentren".
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